Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
4 de Agosto de 2006
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Líbano
Algo no anda, señor Olmert
Las potencias occidentales fueron cómplices de Israel
en otra semana de destrucciones y masacres de civiles, como en
Qana, donde murieron 37 niños. Sin embargo la destrucción
sistemática de Líbano no obedece a la victoria militar contra
Hizbollá que sigue propagandeando Israel, mientras la
organización proiraní se fortalece políticamente.
Gennaro Carotenuto desde Roma
En el día 23 de una guerra
lanzada como una rápida operación de castigo, los muertos han
llegado a los 900 según cifras oficiales del gobierno libanés
presidido por Fuad Siniora. Casi todos son civiles libaneses
–19 son los civiles israelíes muertos– y entre ellos hay al
menos 200 niñas y niños. Muchos menos son los combatientes,
que serían 46 milicianos de Hizbollá, 36 soldados israelíes y
26 libaneses, un ejército que sin lograrlo intenta no ser
involucrado en una guerra de la cual saldría anonadado. Si
milicianos y soldados parecen casi a salvo, la guerra es real
y, como una plaga bíblica, ya ha causado un millón de
prófugos, la cuarta parte de la población libanesa, los cuatro
quintos de la población del sur del país invadido por Israel.
Este millón de personas no sabe a dónde ir. Un taxi a
Damasco sale 1.800 dólares, una suma inalcanzable para la
mayoría. Entonces se quedan, donde pueden; a veces se suman a
los palestinos en los campos de refugiados en una situación
que es ya humanitariamente explosiva y sigue deteriorándose.
La noche del martes, en el valle de la Bekaa, las tropas
especiales israelíes tomaron un hospital capturando a cinco
milicianos de Hizbollá internados allí. Buscaban jefes, pero
igualmente podrían ser útiles para canjearlos por los dos
soldados israelíes prisioneros desde el 12 de julio. Los
cuerpos especiales, cuando se retiraron, dejaron 16 cuerpos
sin vida en el hospital. La noche siguiente, después de nueve
días de gracia, los F16 con la estrella de David volvieron a
bombardear los barrios del sur de Beirut. Son los barrios
chiitas –afirman desde Tel Aviv, como si fuera una culpa– y
ahí pueden estar escondidos los combatientes de Hizbollá. Son
los barrios más pobres, y la gente se queda porque no tiene
dónde ir. Los puestos de los cascos azules, en el sur del
Líbano, han sido atacados por los israelíes ya ocho veces, y
cuatro soldados pertenecientes a la onu han muerto la pasada
semana. UNA GOTA EN EL MARDesde el inicio de los
bombardeos se habla de instituir un corredor humanitario para
hacer llegar ayuda a la población. Hasta ahora no hay nada. No
se puede hacer nada; hasta el gobierno de Bélgica ha
protestado oficialmente ante su homólogo israelí. Sin embargo,
es curioso que en el aeropuerto de Beirut, parcialmente
destruido, han logrado aterrizar siete aviones provenientes de
Amman, la capital de Jordania, y al menos 20 camiones han
llegado por tierra desde Kuwait. Son una gota en el mar, que
contribuye a desvelar un diseño político del gobierno israelí
que pretende minimizar el papel de las Naciones Unidas y de
los países occidentales. Al mismo tiempo –ametrallados,
humillados e impotentes los cascos azules de la onu, las
organizaciones humanitarias occidentales y los gobiernos
supuestamente amigos– Israel se da cuenta de lo insostenible
de la situación. Así, de manera más solapada y silenciosa,
permite que lleguen ayudas desde algunos países árabes que sin
embargo no cubren ni el 10 por ciento de las
exigencias.Mientras tanto el Tsahal, el ejército israelí,
se jacta de haber destruido al menos cien puentes en todo el
país, todos los depósitos petrolíferos, todas las carreteras
hacia el sur y hacia Siria. Son miles de millones de dólares
de daños, y lo más curioso es que tampoco le resultó difícil,
ya que la aviación israelí no tiene casi oposición. Según
Israel, son medidas necesarias para cortarle los suministros a
Hizbollá. La realidad es que también cortan el camino a las
ayudas humanitarias y a los prófugos que huyen. Para llegar
desde Beirut a Sidón son necesarias al menos siete horas por
carreteras de montaña, contra una hora apenas en tiempos de
paz pasando por la costanera. Los camiones –aunque no fueran
bombardeados– no pueden llegar porque no les alcanza el
carburante. Este recurso escasea en todo el país pero sobre
todo en el sur, donde al menos tres hospitales tuvieron que
cerrar. Un país densamente poblado, de unos diez mil
quilómetros cuadrados, es bombardeado desde hace más de tres
semanas desde tierra, aire y mar con bombas y municiones de
todos los calibres. Aumentan los rumores sobre el uso de armas
químicas y por lo menos cien bombas gbu-28 de uranio
empobrecido, entregadas por el ejército de Estados Unidos,
habrían sido ya utilizadas por los israelíes, expandiendo
también en estas tierras la misma peste radiactiva con la cual
Washington quiso contaminar Belgrado, Kabul y Bagdad. No son
los únicos proyectiles de uranio empobrecido, ya que también
los tanques Merkava han sido cargados con este tipo de arma. A
los daños humanos se suman los ambientales. La destrucción de
la central eléctrica de Jiyyeh, 30 quilómetros al sur de
Beirut, causó el derrame de 15 mil toneladas de combustible
que contaminaron 80 quilómetros de costa mediterránea. Una
marea negra que se va expandiendo en el Mediterráneo sin que
nadie pueda intervenir y ante el silencio de los
medios. Mientras en el Líbano hay guerra, el Tsahal no
descuida el frente sur. Ayer, en la Franja de Gaza, cien
tanques Merkava ingresaron varios quilómetros en territorio
palestino a la altura de Rafah. Dejaron ocho muertos, entre
ellos un niño de 8 años. En la microscópica Gaza, en apenas un
mes el ejército israelí causó 166 muertos –entre ellos 40
niños y 14 mujeres– y 948 heridos, 307 de los cuales menores
de edad. DESASTRE POLÍTICO Y DIPLOMÁTICOAl menos 12
mil soldados israelíes estarían actualmente violando el
territorio libanés. Una invasión. Entre ciudades y pueblos, al
menos 11 localidades estarían tomadas por los ocupantes. No ha
sido suficiente para impedir que Hizbollá lanzara, sólo
durante el miércoles, 200 misiles hacia el territorio israelí,
causando un muerto y 21 heridos en varios lugares de Galilea.
Si el poderío del ejército israelí pretende dar a cada
instante la idea de que puede lograr cualquier objetivo, más
de tres semanas de guerra han demostrado que la agresión a
Líbano está en punto muerto. No es creíble que la única
estrategia israelí sea la venganza. Pero lo único que el
Tsahal deja traslucir son los signos de una falta total de
estrategia más allá de los bombardeos, que han hecho
retroceder a Líbano 50 años en la historia, sin poder derrotar
militarmente a Hizbollá y fortaleciendo políticamente día a
día a esta organización. Cuando Ehud Olmert afirma que la
guerra terminará cuando sea eliminada Hizbollá, parece no
considerar que detrás de Nasrallah –líder de esa
organización– hay al menos 800 mil libaneses, pero muchos más
terminarán mirando con simpatía a esa organización. El mismo
Fuad Siniora, prooccidental y antisirio, tuvo que agradecer a
los milicianos de Hizbollá por la heroica defensa del
territorio nacional. Hoy en día el 87 por ciento de los
libaneses apoya la resistencia de Hizbollá a la agresión
israelí, entre ellos el 80 por ciento de los cristianos. Para
Israel es un desastre político-diplomático. También el rey
Abdallah de Jordania, un amigo de Israel y de Occidente,
condenó la estrategia israelí que sólo provoca el aumento de
la influencia de los movimientos radicales islámicos. Crear
una vez más una franja de seguridad en el sur, como pretende
volver a hacer el estado mayor del Tsahal, traslada el
problema un poco más al norte, como los 18 años de sangrienta
ocupación finalizada en 2000 deberían haber enseñado. La
pretensión sin sentido ni posibilidades de Ehud Olmert, que
exige el envío de 15 mil cascos azules “combatientes” que
hagan en el sur de Líbano el trabajo sucio que el Tsahal no
logra concluir, testimonia la caída vertical del realismo
político israelí. Israel, respaldado por Estados Unidos,
Gran Bretaña y pocos más, pretende que la onu haga respetar la
resolución 1.559 desarmando a Hizbollá, aunque no quiere
respetar ninguna de las decenas de resoluciones que la
involucran. Ningún país del mundo, pero mucho menos los
gobiernos de Francia, Italia y España, pueden permitirse dejar
en Líbano varias decenas de muertos –de eso se trata– en pos
de evitar que algunos misiles Katyusha caigan en territorio
israelí. Así, los pálidos intentos de la comunidad
internacional de obtener un alto el fuego a corto plazo, que
abra camino a la llegada de tropas internacionales, están
trabados por el respaldo sin límites angloestadounidense (y
alemán) a la continuación de la agresión y por la pretensión
del gobierno israelí de que las tropas internacionales lleguen
antes de un alto el fuego. Mientras, tanto Ehud Olmert como
su ministro de Defensa, el “pacifista” Amir Peretz, parecen
superados por los eventos. Mientras el dirigente del Likud,
Ariel Sharon, y el laborista Ehud Barak, los dos antecesores
de Olmert, eran generales cargados de medallas, tanto Olmert
como Peretz necesitan mostrarse fuertes, y así dejan las manos
libres al estado mayor del éjercito que, aparentemente, es
quien está realmente gobernando a Israel en este momento.
Publicado en Brecha el 4 de Agosto de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
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