Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
24 de Agosto de 2006
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Oriente Medio
La tregua se cae a pedazos
Mientras los veteranos israelíes cuestionan duramente
la conducción militar y política de la que consideran la
primera etapa de la guerra, y se intensifican las violaciones
de la tregua, la onu y la Unión Europea muestran sus
pretensiones y sólo los italianos parecen dispuestos a “morir
por Danzig”. La UNICEF calcula en 1.184 las víctimas civiles
de lo que Amnistía Internacional define como crímenes de
guerra.
Gennaro Carotenuto desde Roma
El escritor israelí Uri Avnery, fundador de Gush
Shalom, en un artículo publicado en su sitio personal cita un
fragmento de un discurso, retrasmitido por la tevé israelí, de
un oficial de alta graduación del ejército libanés frente a
sus tropas al tomar el control del sur del Líbano: “Hoy, en
nombre de la voluntad de todo el pueblo –afirma en árabe el
oficial del ejército libanés–, ustedes van al sur destruido,
codo a codo con las fuerzas de vuestra resistencia y vuestra
gente, que sorprendieron al mundo con su firmeza y
despedazaron la reputación de un ejército que se creía
invencible”. Es curioso y preocupante que el ejército que va a
tomar posesión del sur del Líbano “codo a codo con vuestra
resistencia” –los milicianos de Hizbollá– sea el mismo que,
según el gobierno israelí, las principales cancillerías
occidentales y la resolución 1.701 de las Naciones Unidas,
debería desarmar a aquella resistencia que por cierto no
quiere dejarse desarmar, ni por amigos ni por
enemigos.DEBILIDAD INTERNACIONAL Hace un mes, en la
conferencia de Roma, toda la comunidad internacional parecía
dispuesta a enviar tropas para frenar la guerra que estaba
conmocionando a Oriente Medio. Sobre la base de la llegada de
tropas internacionales y que alguien, supuestamente el
ejército libanés, hubiese desarmado a Hizbollá, Israel y sus
patrocinadores estadou-nidenses en la onu habían accedido a
aceptar la tregua. El envío de 15 mil cascos azules a la
región parecía cuestión de días. Muy pronto, sin embargo,
empezaron los problemas. Excluyendo, por muchas buenas
razones, a los impresentables países anglosajones, que nadie
quería que fueran y que no querían ir, se autoexcluyeron
también los alemanes, oficialmente por razonables motivos
históricos. Israel, por su parte, excluyó a algunos países
musulmanes como Indonesia y Malaysia que, en circunstancias
tan difíciles, son normalmente buenos proveedores de carne de
cañón para las situaciones más complicadas. En este punto,
los franceses, que reivindicaban el mando de la misión por el
repugnante motivo histórico de haber sido potencia colonial en
Líbano, declaraban en palabras del presidente Jacques Chirac
que seguían pretendiendo el mando, pero no estaban dispuestos
a enviar más que una fuerza simbólica de 200 o 400 hombres. El
único país importante que en estas circunstancias aún no se ha
echado atrás es Italia. En este país hay un ambiente casi
unánime –que va desde la derecha hasta los pacifistas– a favor
de una presencia importante de hasta 3.500 hombres, lo que
daría garantías de autoridad y hospitalidad a buena parte de
la galaxia de la izquierda pacifista. Para el gobierno
italiano es una ocasión para mostrarse confiable, y tanto los
israelíes como los libaneses han reconocido el papel de este
país y han pedido que Italia comande la misión, a pesar de que
Francia sigue reivindicando este papel. Sin embargo, la
reducción hasta un número insignificante en la oferta de
tropas por parte de demasiados países hizo que en las últimas
horas la propia onu hablara de una misión –de hecho simbólica–
con un máximo de 6 mil a 7 mil hombres. Según lo revelado
el miércoles por el diario francés Le Monde, los cascos azules
tendrían las siguientes reglas para intervenir: “Pueden abrir
el fuego en caso de ser atacados directamente o para defender
civiles atacados”. Las fuerzas internacionales “no deberán
desarmar a Hizbollá ni tomar partido en el caso de una
reanudación de las hostilidades”. Las tropas de la onu deberán
patrullar el territorio, establecer check-points y
eventualmente incautar transportes de armas. En el caso de que
descubran milicianos listos para realizar actos hostiles, sólo
deberán avisar al ejército libanés. Estas frágiles reglas dan
la medida de las escasas posibilidades de éxito de la misión y
de los grandes temores de que el conflicto se reanude.LAS
DENUNCIAS DE LOS VETERANOS El 14 de agosto, cuando ya se
estaba en vísperas de la tregua, el Tsahal, el ejército
israelí, lanzaba una ofensiva que pretendía llegar al río
Litani en pocas horas. A las cuatro de la mañana el ex
ministro de Defensa y hoy ministro de Transportes, Shaul
Mofaz, llamó por teléfono a Ehud Olmert implorándole que
hiciera parar y retroceder a los hombres –unas pocas decenas–
de la división 162 que estaban bloqueados en la llanura de
Wadi Saluki, peligrosa y rodeada de colinas. Mofaz es el único
miembro del gobierno que conoce esa zona. Olmert no le hace
caso, considera políticamente demasiado importante seguir
avanzando. Sin órdenes, expuestos al enemigo, los tanques
israelíes son una presa demasiado fácil, como nunca lo había
sido el ejército israelí para Hizbollá. En Wadi Saluki caen 16
hombres del Tsahal, casi la mitad de los caídos en la fase
final de la guerra. Hoy todo Israel se interroga sobre el
porqué de estas y otras muertes de soldados caídos
especialmente en las últimas 72 horas de guerra, cuando,
conscientes de que toda la acción militar había sido un
fracaso, y con Washington induciendo al aliado al alto el
fuego, un gobierno desesperado intentó alcanzar éxitos
simbólicos. “Han muerto para nada”, sentenció el diario
Haaretz. La opinión pública israelí, que ha respaldado la
guerra, comparte las críticas cada vez más furiosas. “Llegaban
órdenes incomprensibles”, “órdenes inconciliables, avanzar y
al mismo tiempo retirarse”; “el equipamiento era
insuficiente”, “no había comida”, “ni siquiera había agua”;
son las voces que se suman en la protesta de los veteranos
frente al Ministerio de Defensa. Piden las dimisiones del
general Dan Halutz, del ministro Amir Peretz y del primer
ministro Ehud Olmert, que en cuatro meses ha dilapidado toda
la herencia de Ariel Sharon. Ya era duro para la sociedad
israelí descubrir que el Tsahal no es invencible, pero saber
que hubo gravísimas responsabilidades y desorganización y que
los soldados fueron expuestos como blancos en pleno territorio
enemigo por la ineptitud de sus jefes, es difícil de aceptar.
Había comida, había equipamiento de sobra para el que sigue
siendo uno de los ejércitos más fuertes del mundo, pero el
caos de los mandos provocó lo irreparable. Las denuncias de
los reservistas son silenciadas por un gobierno que se está
enfrentando a un escándalo tras otro, y el criticado Amir
Peretz sólo aceptó formar una comisión investigadora interna
repleta de amigos. En estas semanas cayó el ministro de
Justicia por acoso sexual a una menor. El presidente de la
república, Moshe Katzav, está acusado de violación; el general
Halutz, de haberse dedicado a vender todos sus paquetes de
acciones bursátiles en las primeras horas de la guerra; y el
primer ministro Ehud Olmert es acusado de delitos económicos.
En su viaje al norte de Israel, golpeado duramente por los
misiles lanzados por Hizbollá, no ha encontrado a nadie
dispuesto a justificarlo. Sin embargo una eventual crisis de
su gobierno de centroizquierda no sería una buena noticia,
especialmente para los palestinos. El pésimo plan de Olmert de
retiro unilateral de algunas de las colonias ilegales
–definitivamente abortado por el fracaso bélico– sería
sustituido por el expansionismo colonial ante la eventual
vuelta al gobierno de la derecha del Likud.CRIMINALES DE
GUERRA Este miércoles se conoció el informe de Amnistía
Internacional sobre la guerra en Líbano. Esta organización,
que monitoreó la guerra estando constantemente presente en el
terreno y recogiendo cientos de testimonios directos, y que
paralelamente condena también a Hizbollá, acusa abiertamente
al gobierno israelí de crímenes de guerra por la deliberada
destrucción de infraestructuras libanesas. “Esta destrucción
fue deliberada y parte de una estrategia militar”, de ninguna
manera se puede hablar de “daños colaterales” y por lo tanto
está en deliberada violación de las leyes internacionales. Si
las mismas violaciones hubiesen sido cometidas por un “Estado
canalla” ya se estaría organizando, para Ehud Olmert, un
tribunal penal internacional como los que se armaron para
Slobodan Milosevic y Saddam Hussein. El ejército israelí
declara haber conducido 7 mil ataques aéreos y 2.500
bombardeos navales contra Líbano e –increíblemente– justifica
los daños a infraestructuras civiles y a personas como
causadas por la perversa voluntad de Hizbollá de utilizar
civiles como escudos humanos. La UNICEF estima en 1.183 los
civiles muertos –la tercera parte niños–, 4.054 heridos y 970
mil desplazados. Oficiales de las Naciones Unidas estiman que
al menos 15 mil viviendas civiles fueron destruidas y que más
de 100 mil personas perdieron definitivamente sus
hogares. El título del informe de Amnistía es “¿Deliberada
destrucción o daños colaterales?”, y su enfoque se dirige a
demostrar que hubo una estrategia –inicialmente reivindicada y
hoy sin embargo negada por el gobierno israelí– que pasaba por
la sistemática violación del derecho internacional para que la
población civil se levantara contra Hizbollá. Una vez más,
desde Coventry a Dresden, desde Belgrado a Bagdad, la cabeza
de un “milico” no entenderá que un pueblo bombardeado jamás se
levantará en favor de quien lo bombardea.
Publicado en Brecha el 24 de Agosto de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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