Serpentario
Las cárceles para militares son en realidad "paramilitares".
Significa que en los hechos se transforman en eficientes establecimientos auxiliares
y proovedores de soluciones a la situación apremiante de violadores de Derechos
Humanos integrantes de las Fuerzas Armadas en la dictadura, supuestamente alcanzados
por la Justicia.
Susana Andrade
Yo no soy yo, o alguien no es quien dice ser.
O hay un proceso de metamorfosis que envuelve sin ser visto a ciertas
personas que administran el país Uruguay. Mi país. El que soñamos libre de la
carroñera dictadura político-militar y sus residuos. Porque como dice mi querida
Dra. Hebe Martínez se les ha dejado solos, como si las Fuerzas Armadas
protagonistas del terrorismo estatal que asoló nuestra nación, a la hora de
disponer cúmulos de bajezas contra indefensos compatriotas librepensadores y
fieles a las leyes constitucionales, hubiesen actuado sin cómplices no
uniformados. Civiles coautores que se vienen salvando a duras penas. Algunos,
pavoneantes y entrajados doctores en recursos. Avezados intelectuales preparados
incluso por las públicas universidades de las que supieron succionar sabiduría
mal usada en extirpar democracia. Los más iguales que otros ante la ley.
Aquellos a los que generaciones de poder les han otorgado una especie de
escudo invisible más efectivo que cualquier ley de impunidad. A los que sin
embargo, la lava ardiendo de la revisión institucional alcanzará sin dudas más
temprano que tarde.
Pero en fin. Hablo ahora de la prisión exclusiva para detenidos fuera de
serie que se construye en estos momentos, donde según versiones de prensa con
aquiescencia del Ejecutivo, irían a parar los militares y policías acusados de
violaciones a los Derechos Humanos durante el proceso. Mi ignaro razonamiento
popular me dice que debe de haber una equivocación o hay algo que las personas
simples no sabemos. ¿Es absolutamente necesario ocultar? ¿Es digno? ¿Forma parte
de una estrategia? ¿Se pactó algo a cambio? ¿Vale la pena el precio de dolor y
humillación que nos hacen sentir?
Por supuesto las desconfianzas, indignaciones, comentarios y argumentaciones
sobre este asunto, están más que justificadas. Es de una obviedad tan apestosa
que ofende hasta comentarla. ¿Entonces qué pasa en realidad? ¿Tendrán miedo de
ellos los presos normales? Cometieron aberrantes delitos comunes. ¿Por qué irán
a establecimientos especiales? ¡Piden igualdad en un recurso dilatorio ante la
Suprema Corte y quieren cárceles para ellos solos!
De los que deben mandar, se espera únicamente un poco de coherencia y la
retribución de la confianza que ofrendamos con el voto progresista. Que se diga
por favor lo que realmente sucede. El pueblo es capaz de entender y únicamente
se crispa ante el ocultamiento y la falta de transparencia. "Que venga la
verdad, estamos preparados para recibirla", dijo Luisa Cuesta y nos hacemos eco
de ella muchísimas personas.
La morada del animal que da nombre a mi presente pensamiento escrito tal vez
no merece el insulto de la comparación. Por más que el histórico texto bíblico
del Génesis haya marcado su figura eternamente emparentada con el pecado y la
vesania, creo que aún ellas respiran más nobleza aunque se arrastren.
Definitivamente, es una postura biológica que la Naturaleza les dio. Lo otro, en
cambio, es filosofía de vida, una elección de ser que inevitablemente lleva a la
degradación y destrucción del opuesto. Es crimen nato sin sofismas viables
reclamando Justicia y sus consecuencias.
Sólo vale la comparación en mérito al hecho de la supervivencia de la
especie. ¿Con cárceles para torturadores no estaremos prohijando criaderos de lo
mismo?
Son reflexiones en público que trasuntan tanta esperanza como desazón e
impotencia. Cambian la piel, pero siempre son serpientes.
6 de setiembre de 2006