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10 de septiembre de 2006
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Venezuela: una política exterior ejemplar
Angel Guerra Cabrera
La
política exterior de un Estado es inseparable de la doméstica y por regla
general una continuación de ésta, como se observa en las relaciones
internacionales de la Venezuela bolivariana.
Toda vez que el proyecto del presidente Hugo Chávez se proponía una justa
distribución de la riqueza y rescatar la soberanía y la autodeterminación,
necesariamente tenía que quebrar con la subordinación del régimen anterior a los
intereses geoestratégicos del imperialismo estadunidense. Aquel era gerenciado
por una burguesía local parasitaria y corrupta a la que Washington permitía
quedarse una parte del pastel petrolero a cambio de su incondicionalidad,
mientras mantenía sumida en la pobreza a la gran mayoría de la población.
Es natural, en consecuencia, que el proyecto bolivariano haya implicado un
enorme desafío al orden neoliberal impuesto por Estados Unidos y sus aliados.
Por una parte, ha privado a Washington del control de los hidrocarburos de
Venezuela, una herejía intolerable siendo Caracas el sexto exportador mundial y
probablemente el poseedor de las mayores reservas de crudo del planeta. Por
otra, al canalizar la renta petrolera hacia programas educativos, sanitarios y
productivos de gran impacto social, como son las distintas "misiones" del
gobierno venezolano, ha sentado un paradigma que no sólo le proporciona un
imbatible apoyo interno de masas, sino que despierta una cada vez mayor
admiración y esperanza en América Latina, el Caribe y entre los pobres de todas
partes.
Inspirado en Bolívar y en la tradición del tercermundismo revolucionario,
Chávez comprende que un proyecto como el que impulsa exige la cooperación y la
solidaridad con los pueblos hermanos de la región y con los demás pueblos y
Estados sometidos a la explotación, las presiones y la agresión imperialistas.
Por eso ha trabajado incansablemente por la integración latinoamericana,
lanzando la iniciativa liberadora del ALBA frente al ALCA recolonizador que
propugna Estados Unidos, incorporando a Venezuela al Mercosur y poniendo la
riqueza petrolera y gasífera venezolana en función del desarrollo y el bienestar
de las naciones de la región. Petrocaribe, la Operación Milagro -que está
devolviendo gratuitamente la visión a cientos de miles de latinoamericanos-, el
Banco del Sur y el Gasoducto del Sur se inscriben en este esquema. Pero la
solidaridad venezolana ha ido más lejos y hecho llegar combustible a precios
preferenciales a los pobres en Estados Unidos por que para Chávez, un auténtico
internacionalista, ellos también son sus hermanos.
Chávez quiere un mundo más justo donde una sola potencia no se arrogue el
derecho a decidir el destino de las demás naciones, y todavía está por analizar
en toda su magnitud la valiosa contribución que ha hecho para democratizar las
relaciones internacionales de nuestra época y transformarlas de la unipolaridad
a la multipolaridad. Chávez revitalizó la OPEP, que estaba moribunda, y estrechó
relaciones con todos los países exportadores de hidrocarburos, entre ellos
Rusia, Irán y Angola.
Por primera vez Venezuela tiene una política exterior propia, que incluye a
Africa, Asia y el Medio Oriente. Su enérgica condena a la agresión yanqui a Irak
e israelí a Líbano le ha ganado un enorme prestigio en el mundo y entre los
árabes, como se pudo apreciar en su reciente visita a Siria. Su última estancia
en China ha dado un impulso espectacular a la cooperación con el gigante
asiático. La alianza con Cuba ha sido uno de los pasos más audaces y
revolucionarios de la Venezuela bolivariana. Más allá de propiciar una fecunda
interacción multiplicadora de las potencialidades de ambas revoluciones, su
saldo de solidaridad humana es un ejemplo del tipo de nexos ajenos al
mercantilismo que deben prevalecer entre los pueblos.
Otro tanto puede afirmarse de sus lazos con Bolivia. La Venezuela bolivariana
es una colosal fuerza impulsora de la integración y de las luchas populares en
América Latina y de la solidaridad con el movimiento altermundista. Ello le ha
granjeado el odio de los bushistas, que trabajan tiempo completo para derrocar a
Chávez. Pero también la ha dotado de una creciente solidaridad internacional,
como se habrá de corroborar en los próximos días en La Habana, en la 14 cumbre
del Movimiento de los No Alineados. Nadie se extrañe si pese a la tenaz
oposición de Washington, Venezuela es electa al Consejo de Seguridad de la ONU.
Pocos países se lo han ganado tanto.
Publicado en La Jornada el 7 de septiembre de 2006
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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