México
Un ministro torturador
Sobre la cabeza de Francisco Ramírez Acuña, flamante ministro
del Interior, penden 640 denuncias por tortura.
Gennaro Carotenuto desde Guadalajara
Mientras en Oaxaca se corre hacia la más
brutal de las represiones, el escritor Paco Ignacio Taibo II cuenta
a BRECHA un episodio de la última campaña electoral mexicana. En el
estado de Jalisco, gobernado en los últimos 12 años por el pan, y en
particular por Ramírez Acuña, parroquianos denunciaron que en sus
respectivas iglesias los párrocos hacían abiertamente campaña contra
Andrés Manuel López Obrador. “En todas las denuncias –afirma Taibo
II– los párrocos contaban que el demonio amlo les habría quitado los
zapatos a los niños de los fieles.”
Fue Ramírez Acuña quien el 28
de mayo de 2004 lanzó a Felipe Calderón como precandidato a la
presidencia. Por esa misma época cien chicas y chicos eran
torturados en los sótanos de la policía en Guadalajara.
Eran días
excitantes para Ramírez Acuña. En Guadalajara –la estupenda capital
del tequila– se desarrollaba la cumbre euroamericana con la
presencia de decenas de mandatarios, entre los cuales Jorge Batlle.
El actual ministro se jactó entonces públicamente de haber
infiltrado a los manifestantes que protestaban pacíficamente contra
la cumbre con el fin de generar choques con la policía. A la cabeza
de los manifestantes estaba un tal Evo Morales.
Esa misma noche
Ramírez Acuña ordenó: “¡Quiero cien detenidos, ya!”. Decenas de
camionetas recorrieron la ciudad cazando jóvenes. Los sacaron por
los pelos de restaurantes, boliches, jardines, hasta llegar al
número exigido. Un chico de Monterrey fue secuestrado en la misma
sede de la Cruz Roja, donde era atendido tras haber llegado cubierto
de sangre.
Todos los jóvenes fueron llevados directamente al
sótano de la jefatura de policía. Las mujeres fueron desnudadas y
abusadas sexualmente, los hombres golpeados salvajemente. A la
mañana siguiente la mitad fueron liberados, y los otros siguieron
siendo torturados hasta firmar confesiones fantasiosas por crímenes
nunca cometidos. Algunos quedaron presos un año o pagaron multas
astronómicas para salir de la pesadilla.
La cumbre de 2004 es
sólo uno de los episodios siniestros en los cuales está involucrado
Ramírez Acuña. Ya en 1999 un detenido por presuntos crímenes comunes
en Jalisco murió por las torturas recibidas. En 2002, en una
localidad aislada, una rave en la que participaban miles de jóvenes
fue interrumpida por la policía con la excusa de la presencia de
droga. Según la Comisión Estatal para los Derechos Humanos (cedh),
el trato que se dio a los 1.500 detenidos fue cruel, inhumano y
degradante.
La misma cedh denuncia que Ramírez Acuña garantizó la
impunidad de al menos 640 casos de tortura certificados en Jalisco
entre 2001 y 2005, año en el cual se llegó al récord de 132
denuncias por tortura. El presente año puede llegar a ser aun peor.
Los informes sobre Ramírez Acuña hablan de “persistente intolerancia
hacia las manifestaciones juveniles y el ejercicio, por parte de los
jóvenes, de derechos civiles y políticos”. Durante su gestión,
señala la cedh, el hoy ministro “instaló una ideología moral llena
de prejuicios sobre los jóvenes, sus formas de expresión e identidad
y sus derechos”. Más de 60 organizaciones humanitarias –entre las
cuales Amnistía Internacional y Human Rights Watch– suscribieron un
documento en el que consideran a Ramírez Acuña incompatible con el
cargo para el cual ha sido designado.
Publicado en Brecha el 8 de diciembre de 2006