Relato
Los días eternos en el mundo de los sueños
Desde el umbral de la puerta pudo ver que la habitación estaba en
penumbra, entró y siguió avanzando lentamente. Una lámpara sobre el
velador iluminaba tenuemente la oscuridad. Sus ojos se habían acostumbrado
a la poca luz cuando sus pasos se detuvieron en el centro de la estancia.
María Cristina Pi Arias
Norton Contreras Robledo
Miró a su alrededor tratando de encontrar algún indicio que le dijera
donde se encontraba. Nada le era familiar. Nunca antes había estado en ese
lugar. En el silencio se oía una respiración acompasada, regular. Sus ojos
se dirigieron hacia donde se encontraba la cama. Se aproximó con cuidado
intentando silenciar sus pisadas y entonces la vio. Una mujer estaba
acostada. En su rostro se reflejaban las horas de espera y cierta actitud
de entrega. Se quedó mirándola como queriendo grabar en su memoria cada
expresión, cada detalle que iba descubriendo en ella.
La estuvo contemplando hasta que la reconoció y entonces sintió el
inevitable deseo de besarla. Se estaba inclinando cuando escuchó que ella
le decía -no te preocupes, estoy despierta-. Él la miró con la alegría
del encuentro reflejado en sus ojos y le susurró al oído, -estás
despierta pero en realidad estás dormida, un ruido inesperado, la alarma
del despertador serían suficientes para que abrieras los ojos y
despertaras a la realidad olvidándote de mí hasta nuestro próximo
encuentro en el siguiente sueño-. Ella lo miró y en su mirada estaba
toda la decisión del mundo cuando le dijo: -Eso podemos cambiarlo para
siempre-.
No se conocían, no vivían cerca el uno del otro y nunca antes se habían
visto. Se habían encontrado por primera vez cuando ambos estaban dormidos.
Mientras sus cuerpos se reponían de la fatiga del día su esencia se
escapaba volando libremente por el espacio, alejándose de ellos en su
viaje nocturno. La fuerza de sus sueños empujó a sus almas a encontrarse.
Desde el primer momento en que la vio, supo que ella era la mujer que
siempre había estado buscando, y que lo más increíble era que la había
buscado cada día en su vida diaria pero fue en el mundo de los sueños
donde la halló.
No sé si alguna vez estaremos juntos... Cada noche me encuentro con ella y
a la mañana siguiente recuerdo vagamente lo que hacemos y conversamos,
pero nunca puedo recordar su nombre, ni donde vive. Por eso donde quiera
que vaya, la ando buscando entre la gente. Un día mientras caminaba creí
oír su voz, a veces, cuando converso con una colega me sorprendo
observándola tratando de reconocerla en un gesto, en una sonrisa o en una
mirada, otras veces, creo verla en el rostro o en la forma de ser de una
vecina.
Últimamente he sentido el deseo de escribir mi nombre en los muros y
paredes de la ciudad. He estado pensando que si pinto un graffiti y justo
debajo de él escribo mi nombre , cuando la gente se detenga para mirar
podrán ver mi nombre, sin sospechar que lo que en realidad hago es dejarle
una señal, un mensaje a la mujer de mis sueños. Yo creo que esta idea
puede estar relacionada con alguna conversación en la que yo le dije que
así podría encontrarme. Pero todo es tan confuso y tan vago que por ahora
es sólo una idea y no sé si algún día la llevaré a cabo.
Ella en sus sueños lo veía a él como su "ideal". Al poco tiempo de
conocerlo se dio cuenta que nunca antes había pensado tan intensamente en
un hombre y que jamás se había sentido tan amada y deseada como ahora.
Desde el primer instante en que lo vi, me sentí muy bien junto a él, era
como si lo conociese de antes. Era él el que me estaba esperando en la
estación de trenes, con él caminé por el paseo marítimo hasta llegar a
aquella terraza donde bebimos zumo de melocotón. Conversamos mucho ese
día, hablamos sobre nuestras respectivas vida y trabajos. ¿Fue un sueño o
realmente ocurrió? A medida que ha ido pasando el tiempo siento la
necesidad de saber si este hombre existe en la vida real o es producto
sólo de mi imaginación, si es fruto del deseo e ilusión de conocer un
hombre así que me quiera con su pasión, con su ternura y con su amor.
Yo estoy convencida que nunca me había sentido tan deseada y amada como él
me hace sentir y sigo mi búsqueda aunque sé que es muy difícil porque yo
casi nunca recuerdo los sueños y si lo hago vienen unas pocas secuencias
como de películas que pasan a una velocidad tan rápida que no retengo
apenas ningún detalle de nuestras vivencias juntos. Lo que sí sé es que
siempre están conmigo y todo el día me acompañan, las sensaciones y
sentimientos. Estoy pensando en dejarle una señal para que al verla me
pueda reconocer. Pero lo más seguro es que al igual que yo tampoco
recuerde los sueños.
Hasta hoy se habían encontrado en diferentes lugares, habían ido al museo,
habían estado en París a los pies de la Torre Effiel y, caminando por los
parques Eliseos habían navegado por el río y paseado en coche. Habían oído
la misma música, visto las mismas películas e intercambiado opinión sobre
diferentes libros.
Para ella su descanso era cuando estaba con él. Sus encuentros le daban
aire y un respiro a las prisas pasadas durante el día. Se sentía tranquila
y relajada. Sus momentos más felices eran cuando estaban juntos. Por eso a
medida que pasaba el tiempo se fue apoderando en ella el deseo de seguir
durmiendo para estar con él.
Cuando él la conoció, no pudo evitar el pensamiento de que a esa mujer la
conocía de toda una vida. Sintió que por primera vez en su vida estaba
enamorado de verdad.
A medida que pasaba el tiempo y el amor entre ellos crecía, fueron
sintiendo la necesidad de intentar verse en la vida diaria. Desde entonces
este tema fue siendo cada vez más frecuente entre ambos. Quedaron de
acuerdo de que en la vida diaria, se iban a dejar pistas, signos que los
llevaran a encontrarse, aunque eran conscientes de que ninguno de los dos
cuando despertaba recordaba los detalles del encuentro, y que sólo quedaba
en su alma la sensación y el recuerdo de las vivencias de esos encuentros.
Una mañana ella se despierta, se está arreglando para ir a trabajar, sus
pensamientos vuelan hacia ese hombre y se pregunta ¿será una ficción?
¿Existe en algún lugar?, ¿Dónde, como lo puedo encontrar?. De pronto queda
asombrada ante la evidencia de que conoce la respuesta. -Viene, vive en
mis sueños. Esta noche regresará como cada noche desde hace unos meses,
siempre puntual a nuestra cita. Las noches son los momentos más plenos de
mi vida-. Asombrada comprende que pueden estar siempre juntos. Podrían
quedarse dormidos y no despertar jamás.
Por eso cuando una noche el le digo, -Estás despierta pero en la
realidad estás dormida, y sería suficiente que te volvieras de un lado a
otro en la cama, o que sonara la alarma del despertador para que te
despiertes- Ella le respondió,
-Eso podemos cambiarlo para siempre.
Desde esa noche, cada vez que se encontraban iban apurando el tiempo un
poquito más cada día. A veces llegaban tarde al trabajo, pero no les
importaba. Al principio ella apagaba el despertador y seguía durmiendo,
pero llegó el día en que el sonido del despertador era tan lejano que ya
no se oía.
Estaban tan bien juntos que se olvidaron de todo y de todos. Cada vez
duermen más y más, hasta que un día olvidaron que tenían que despertarse,
quedándose hasta los días eternos en el mundo de los sueños, de sus sueños.