Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
25 de febrero de 2007
|
Italia
Prodi cayó en combate
Duró 281 días el gobierno de centroizquierda de Romano Prodi. Frágil en el
parlamento, cayó por una emboscada, como ya le sucedió en 1998. Prodi
fue incapaz de articular el pacifismo con la alianza con Estados Unidos
y la laicidad del Estado con las continuas injerencias del Vaticano.
Gennaro Carotenuto desde Roma
A las 4 de la tarde del miércoles, Romano Prodi entregó su renuncia al
presidente Giorgio Napolitano. Apenas una hora y 15 minutos antes su
gobierno había obtenido 158 votos en el Senado, dos menos de los
necesarios. De la inestable y efímera mayoría -de la que disponía
después del muy ajustado triunfo electoral de abril de 2006- se habían
abstenido o votado en contra cinco parlamentarios. Dos senadores de la
izquierda radical y tres senadores vitalicios que hasta ahora habían
garantizado la mayoría al gobierno: el ex presidente Francesco Cossiga,
cercano a los servicios del pacto atlántico, Giulio Andreotti, hombre
símbolo de medio siglo de vida política y tradicionalmente cercano a
las jerarquías vaticanas, y Sergio Pininfarina, empresario y hombre de
la Confindustria, la asociación empresarial italiana. Sin embargo,
sería superficial buscar en los poderes fuertes, Casa Blanca, Vaticano
y empresarios, los verdugos de un gobierno con demasiadas
contradicciones en su seno, conformado por una coalición de ex
democristianos y ex comunistas, además de todo lo que se podía juntar
para echar a Silvio Berlusconi del poder.EL PACIFISMO IMPOSIBLE
El sábado 17 unas 150 mil personas desfilaron en la ciudad norteña de
Vicenza, muy cerca de Venecia. Eran militantes de la izquierda, no
necesariamente radical, católicos, pacifistas. Exigían que el gobierno,
que todos habían votado, reconsiderara la decisión de autorizar la
construcción de la mayor base militar estadounidense fuera de ese país.
Para el ministro de Exteriores, Massimo D’Alema, no conceder millones
de metros cuadrados para la enorme base hubiese sido "una afrenta sin
sentido" al mayor aliado de Italia. A la vez, se debatía la
conveniencia de mantener las tropas en Afganistán. El artículo 11 de la
Constitución prohíbe la guerra, y todos los gobiernos de estos años han
inventado artificios para hablar de "misiones de paz". El 55 por ciento
de los italianos quiere una retirada inmediata. Sin embargo, en el
parlamento es evidente que el país real, y la democracia real,
coinciden cada vez menos con la política institucional. Mientras tanto,
el cardenal Camillo Ruini, gran elector de Joseph Ratzinger y
presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, anunciaba un documento
para forzar a los diputados católicos a votar contra el proyecto de ley
sobre las uniones de hecho: casi un anuncio de excomunión y todo un
quiebre en las difíciles relaciones entre las dos orillas del río Tíber. Para
la izquierda de la coalición, integrada por dos partidos comunistas,
más los Verdes, que representa a un 12 o 15 por ciento de los
italianos, la disciplina parlamentaria es difícil de tragar. Cuando
D’Alema pidió sus votos para una "política exterior activa", a pesar de
que los partidos de la izquierda radical apoyaron su moción, dos
senadores, inmediatamente expulsados por sus grupos, votaron en contra.
Como si fuera una emboscada, desde el centro se les unieron los
senadores vitalicios que poco antes habían prometido votar junto al
gobierno. Y a Romano Prodi, sin suficientes apoyos, no le quedó otra
que dimitir. Ahora se abre una crisis política oscura. Lo más
probable es que Napolitano vuelva a encargar a Prodi que intente
ampliar su mayoría incluyendo otro micropartido de centro, liderado por
un ex aliado de Berlusconi, Marco Follini. Sus tres senadores
garantizarían apenas la línea de flotación para el gobierno. Está claro
que sería una solución temporal. El desastroso sistema electoral
aprobado por la derecha el año pasado para impedir que Berlusconi
perdiera "demasiado", y definido por ellos mismos como "una porquería",
debe ser modificado. Es significativo que la oposición no se atreva a
exigir nuevas elecciones en las cuales probablemente triunfaría, pero
con un margen en el senado igualmente inmanejable. En este contexto
podrían levantar vuelo soluciones que limiten el poder de los pequeños
partidos. Son soluciones indigestas para muchos en los dos bandos, que
pasarían por una "gran coalición" a la alemana, donde gobiernan
democristianos y socialdemócratas. En Italia se juntarían los dos
mayores partidos de centroizquierda y los dos mayores de centroderecha,
desde los ex fascistas a los ex comunistas. No hay soluciones fáciles y
la política italiana está otra vez empantanada. Y no por culpa de los
pacifistas.
Publicado en Brecha el 23 de febrero de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
|