Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
17 de marzo de 2007
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Bush, apaleado por Chávez
Angel Guerra Cabrera
A
unas horas de finalizada la gira del carnicero de Irak por países
latinoamericanos, es evidente, si cupiera duda, que nada ha tenido que
ver, como aseguró antes de iniciarla, con impulsar la justicia social ni
disminuir la marginación y la pobreza en la región. El portador de "malos
espíritus" que dijeran los sacerdotes mayas de Guatemala no ha hecho ni
dicho nada en estos días que permita apreciar cambio alguno en la conducta
de saqueo, sometimiento y destrucción ecológica que ha sido la norma
histórica en la relación de Estados Unidos con los países al sur del río
Bravo.
Muy por el contrario, delirantes promesas sobre la famosa reforma
migratoria integral, que de lograrse sería mediante una larga batalla de
los hispanos y sus aliados en el coloso del norte, no por la gracia de
Washington y ningún reconocimiento a la infamia del muro fronterizo.
También, reiteradas menciones a la lucha conjunta contra el narcotráfico y
el crimen organizado, cuando éstos son rasgos intrínsecos cada vez más
pronunciados del capitalismo mafioso y especulador, y su causa fundamental
radica en la enorme demanda de estupefacientes del imperio, cuyo sistema
financiero, lavador de dólares, es su mayor beneficiario. Y, por supuesto,
la cantaleta del libre comercio como único medio de lograr la
"prosperidad". O sea, más gasolina para apagar el fuego social
latinoamericano
Según se esperaba, la mendaz promoción del procesamiento de etanol como
generador de empleo y remedio al calentamiento global ni siquiera fue
acompañada de una reducción de los leoninos aranceles impuestos al
energético brasileño. Si llegara a ponerse en práctica el proyecto en la
escala que Bush propone, implicaría el certificado de defunción de la
selva tropical en Brasil, el arrasamiento de su agricultura campesina y la
de extensas zonas de América Central y el Caribe, la profundización del
monocultivo y la liquidación de la biodiversidad en cientos de miles de
hectáreas. Una verdadera hecatombe que elevaría a la estratosfera el
precio de los alimentos, sumaría legiones a los cientos de millones de
hambrientos ya existentes, aumentaría las emisiones de gases contaminantes
y traería un incremento dramático en el uso de los agroquímicos altamente
perjudiciales para la vida. Esta estrategia, destinada a engordar a un
puñado de trasnacionales, a mantener el ecocida despilfarro energético de
Estados Unidos y a sabotear la integración latinoamericana, ya enfrenta
considerable renuencia social, como se desprende de la postura del líder
del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra de Brasil, Joao Pedro
Stédile. Lo más que puede lograr es una intensificación en América Latina
de las ya enérgicas acciones contra la política imperial.
En Colombia, aparte del caluroso apoyo al represor y desprestigiado
régimen de Uribe, receptor en suministros militares de gran parte de los
magros fondos de "ayuda" estadunidense a la región, el gobierno anfitrión
no obtuvo nada nuevo de Washington sobre la aprobación del Tratado de
Libre Comercio.
Mueven a la carcajada el barquito hospital y las becas bushistas,
monumento a la mezquindad, comparados con los crecientes millones de
latinoamericanos y caribeños beneficiados por los programas
cubano-venezolanos de educación y salud. Toda una metáfora del repudio
deparado a Bush y el calor popular que acompañó a Hugo Chávez en su
periplo paralelo, coronado con el desbordante recibimiento en Haití. Donde
el inquilino de la Casa Blanca se limitó a hacer promesas, el venezolano
concretó un sinfín de convenios de auténtica cooperación solidaria e
impulso al desarrollo social.
Así como el emperador hizo del etanol el plato fuerte de la parte
sudamericana de su gira, es probable que en México lo haya sido la
voracidad hacia sus reservas de petróleo y el fortalecimiento de la
Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte,
instrumento con que desde el norte se busca la neoanexión, ahora total,
del vecino sureño.
Una constante del tour ha sido el despliegue de seguridad más
aparatoso que recuerde América Latina, con la virtual ocupación por
fuerzas estadunidenses de los lugares visitados y batallas campales entre
las fuerzas del orden nativas e indignados manifestantes. Aparte de la
arrogancia imperial, su explicación es el pánico que le ocasiona la
rebeldía latinoamericana.
Del vigoroso rechazo en América Latina Bush pasa sin transición al
vendaval de escándalos, investigaciones a su gobierno y casi unánime
desaprobación que lo esperan en casa. Quien siembra vientos...
Publicado en La Jornada el 15 de marzo de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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