Clamor en EEUU y el mundo:
"¡Traigan los soldados de vuelta a casa!"
A cuatro años de la invasión a Irak
Al regreso de su gira por 5 países de América Latina el
presidente Bush se encontró con un creciente reclamo por el retiro de las tropas
de Irak. Se expresó en el Senado y en manifestaciones callejeras, y es el mismo
clamor que encontró a lo largo de su estadía en Brasil, Uruguay, Colombia,
Guatemala y México. En vísperas del cuarto aniversario de la invasión a Irak,
este reclamo es patrimonio de la comunidad internacional.
Niko Schvarz*
La invasión se desencadenó el 19-20 de marzo 2003, tras la reunión de Bush
con Blair y Aznar en las Azores y violando descaradamente la resolución de la
ONU. El 1º de mayo siguiente Bush declaraba a bordo de un portaaviones que "en
Irak, misión cumplida". Pero se han seguido acumulando los muertos y heridos,
las destrucciones y el saqueo.El día 15 el número de soldados norteamericanos
muertos se elevaba a 3199, los heridos padecen en condiciones dramáticas en el
hospital militar Walter Reed, entre ratas y cucarachas, los muertos irakíes
sobrepasan los 700 mil, más de dos millones han emigrado del territorio ocupado,
el Tigris y el Eufrates están contaminados al extremo, bibliotecas que son un
tesoro de la humanidad han sido arrasadas y las riquezas saqueadas. Para eso fue
la guerra, al fin de cuentas: que lo digan las petroleras y la Halliburton de
Cheney.
En el Senado y en las calles
Los demócratas, que pasaron a tener mayoría en el Senado, presentaron una
moción para traer de vuelta a casa a las tropas de Irak en el primer trimestre
de 2008. La respuesta de los republicanos fue doble: mientras maniobraban en el
Senado para que el tema no se tratara, el presidente Bush firmaba a bordo del
Air Force One en vuelo de San Pablo a Montevideo la orden de enviar 3100
soldados más al frente de guerra, en el marco de las 21500 soldados adicionales
que había resuelto enviar en enero. También le pedía a la presidenta de la
Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que le votara recursos suplementarios
para esos fines. El nuevo jefe del Pentágono, Robert Gates (sucesor del
defenestrado Donald Rumsfeld) defendió este pedido en el Congreso. Finalmente,
los demócratas lograron que su moción se tratara, pero fracasaron rotundamente:
se precisaban 60 votos de los cien senadores, y no sólo no los lograron, sino
que salió negativa por 48 votos a favor y 50 en contra.
Se organizan manifestaciones en EEUU con el mismo objetivo, y el estado de
Washington, al noroeste del país y fronterizo con Canadá, arrancó en punta, con
grandes actos de masas en Tacoma y en Seattle, la emblemática capital del estado
que se hizo famosa por las demostraciones que dieron al traste con el cónclave
de la OMC allí programado. Sorprende el número y diversidad de las
organizaciones convocantes: iglesias, sindicatos, filiales de la AFL-CIO,
entidades sociales de todo orden, de mujeres, jóvenes, profesionales,
pacifistas, de indios y otras. Ellos demuestran que con los recursos del estado
destinados a la guerra se podía haber asegurado la atención de la salud para
todos los niños desprovistos de seguro, 1500 viviendas para familias de bajos
ingresos, 4 años de estudios universitarios para alumnos de enseñanza superior y
de salarios para maestros. "It must stop now!", es la conclusión.
La mentira como arma
Estos días hemos visto a Valerie Plame, la bella ex agente de la CIA,
testificando ante un jurado federal. Fue "quemada" por Lewis "Scooter" Libby, ex
jefe de gabinete del vicepresidente Cheney. Por esa causa Libby ha sido
condenado por perjurio, falso testimonio, obstrucción a la justicia y otras
yerbas. La verdad de la milanesa es que reveló la identidad de la agente (lo que
es un crimen federal) para golpear a su esposo, el diplomático John Wilson,
quien había puesto al desnudo, tras investigar los hechos en Níger, que la
acusación del gobierno de EEUU de que Saddam Hussein se estaba proveyendo en ese
país de material para armas de destrucción masiva, era radicalmente falsa. Y fue
con ese pretexto que se desató la invasión. Días pasados días el anterior
presidente de Chile, Ricardo Lagos, publicó un interesante artículo titulado
"EEUU debe explicaciones por Irak" en que demuestra las mentiras flagrantes en
que incurrió el gobierno de Bush y fundamenta el voto de Chile contra la
invasión en el Consejo de Seguridad.
No es el único caso en que capitostes del gobierno de Washington están en la
cuerda floja. Lo mismo acontece con el ministro de Justicia (general attorney)
Alberto Gonzales, quien expulsó de un solo saque a ocho fiscales federales en
diciembre 2006, por lo cual los demócratas piden su cabeza, ya que algunos de
estos fiscales, como Carol Lam, de San Diego, estaban investigando casos de
corrupción que apuntaban directamente a la eminencia gris de la Casa Blanca,
Karl Rove, y a la consejera jurídica del presidente, Harriet Miers. Bush
respalda contra viento y marea a Gonzales, cuyo jefe de gabinete Kyle Simpson
renunció precipitadamente.
El jueves 15 se conocieron las presuntas confesiones del pakistanés Khaled
Cheikh Mohammed, detenido en mayo 2003, recluido en la base de Guantánamo e
interrogado por tres oficiales yankis como "combatiente enemigo". Se le hace
decir que reconoce haber planeado los atentados del 11 de setiembre 2001, los
atentados de Bali, de haber proyectado la destrucción del canal de Panamá y
decapitado al periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, en total unas
treinta acciones. Una crónica se interroga sobre la forma en que fueron
obtenidas estas declaraciones luego de años en prisiones secretas de la CIA, sin
testigos ni abogado.
Los muertos y los heridos
La guerra sigue y el horror se multiplica. Salió a luz que en el hospital
militar Walter Reed los soldados heridos son tratados como desechos inservibles,
carne de cañón que son reenviados al frente de guerra en forma inmisericorde.
Estadísticas practicadas con 103.788 militares muestran una epidemia de
enfermedades mentales (25%) y de suicidios. Hay deserciones de soldados a
Canadá. También hay víctimas del "fuego amigo": la investigación demostró que el
soldado británico Matty Hutt fue ultimado en el sur de Irak desde aviones
norteamericanos. El aumento de la represión en Irak es bestial: se irrumpe casa
por casa en Bagdad, en particular en el barrio de Sadr City, reducto del jefe
chiíta Moqtad al Sadr, opuesto a la ocupación. Las tropas también arrestan y
asesinan a refugiados palestinos. Los llamados planes de seguridad son un
fracaso total, con decenas de muertos un día tras otro, sin excepción. *
Atentados
Dos policías murieron y unas 350 personas resultaron intoxicadas en
tres atentados suicidas con cloro cometidos en la provincia de Al Anbar,
principal foco de la insurrección sunita en el oeste de Irak, según anunció ayer
sábado el ejército estadounidense.
Paralelamente, el primer ministro conservador australiano John Howard
efectuó una visita sorpresa a Irak.
Tres camiones conducidos por kamikazes que transportaban bombas de
cloro estallaron el viernes cerca de Faluya y de Ramadi, las dos principales
ciudades de la provincia de Al Anbar, con un saldo de dos policías muertos,
según una fuente castrense estadounidense. La televisión pública iraquí Iraqia
habló de por lo menos seis muertos.
"Unos 350 civiles iraquíes y seis soldados de la Coalición recibieron
atención médica por una exposición al cloro después de que dos kamikazes
hicieran estallar sendos camiones de basura en dos lugares diferentes al sur de
Faluya.
Un soldado y un civil resultaron heridos en un ataque de menor importancia al
nordeste de Ramadi", precisó el ejército norteamericano.
En Faluya, las víctimas "mostraban síntomas de exposición al cloro
(...) que iban desde irritaciones leves en la piel y los pulmones hasta
vómitos", según la misma fuente.
Con estos son ya cinco los atentados con cloro cometidos en la
provincia de Al Anbar desde el 28 de enero. También se registraron dos atentados
con cloro en Bagdad.
Publicado en La República, el 18 de marzo de 2007
Imagen tomada de La Jornada del 18 de marzo de 2007 - Foto AP