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28 de marzo de 2007
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rodolfowalsh.org de Argentina - 27 de marzo de 2007
Página/12 censura a Rodolfo Walsh
Roberto Baschetti
La semana pasada, el diario oficialista Página/12
llamó telefónicamente al historiador Roberto Baschetti para pedirle
un artículo sobre Rodolfo Walsh para publicarlo el domingo 25 de
marzo, a 30 años del asesinato y desaparición de Walsh. El escritor
entregó el presente material para que sea publicado en el
suplemento, ofreciendo simplemente la propia palabra de Walsh, para
dar una idea del compromiso político y su rol como intelectual, de
la propia boca de Rodolfo Walsh. Una vez que el artículo fue
entregado, el editor de Página/12, Juan Boido, llamó a Baschetti
para decirle que no estaba de acuerdo con el tenor de la nota y como
no fue modificada por el autor, voz más que autorizada para la
materia, Página/12 censuró el artículo y no fue publicado porque
Baschetti se negó a modificarla. A continuación, publicamos
íntegramente el artículo de Baschetti censurado por Página/12, y nos
soldiarizamos con él, dando a difusión el material. Y como pedía
el propio Rodolfo Walsh: "Reproduzca esta información, hágala
circular por los medios a su alcance. Mande copias a sus amigos. El
Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a
sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el
Terror. Haga circular esta información”.
Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh
Palabra de Walsh
En el trigésimo aniversario del secuestro y asesinato de Rodolfo
Jorge Walsh, con justa razón se suman homenajes y recordatorios en
su memoria. Sus trabajos de investigación periodística (Operación
Masacre, Caso Satanowsky, ¿Quién mató a Rosendo?) han dado lugar a
un nuevo genero literario, la novela de no ficción, anticipándose en
8 años a quien muchos creen su creador, Truman Capote el escritor de
“A sangre fría”. Cuando incursionó por el cuento policial
(Variaciones en rojo) fue acreedor a un Premio Municipal de
Literatura de la Ciudad de Buenos Aires en 1953. Y once años más
tarde en 1964, con muy buena crítica por parte de entendidos y
especialistas, estrena una pieza teatral de su autoría (La batalla)
y un año más tarde otra, (La granada), siendo esta última una
lograda sátira sobre los militares y el poder en la Argentina.
Claro que todos estos logros y reconocimientos a nivel
intelectual –que se irán acrecentando en el tiempo- van de la mano,
como vidas paralelas pero íntimamente ligadas e interrelacionadas,
con el accionar político que va potenciando. Su defensa de la
revolución cubana y la causa palestina, su paso por la CGT de los
Argentinos, el Peronismo de Base y su inserción en Montoneros, por
ejemplo, son eslabones ineludibles e imprescindibles para entender
su compromiso social en pos de una Argentina libre, justa, soberana,
socialista.
Sin embargo son muchos los que se resisten aún a visualizar, a
comprender, a analizar a Walsh como un todo, es decir su vena
intelectual sumada a su opción política, que creo es la única manera
de lograr un perfil acabado de su paso, de su existencia por este
mundo, sin caer en distorsiones o supuestos que luego se muestran
fácilmente refutables.
Me propongo entonces recuperar la palabra de Walsh sobre ciertos
temas concretos: molestos e incómodos para algunos, gratificantes y
reivindicativos para muchos, entre los que me incluyo.
Operación Masacre. “Escribí este
libro para que actuara; en este momento no reconozco ni acepto
jerarquía más alta que la del coraje civil. No puedo, ni quiero, ni
debo, renunciar a un sentimiento básico, la indignación ante el
atropello, la cobardía, el asesinato. Este caso está de pie resuelto
a impedir para siempre que un militarote prepotente juegue con la
vida de la gente mansa. Sólo un débil mental puede no desear la paz.
Pero la paz no es aceptable a cualquier precio”. (En el prólogo de
una de sus ediciones)
Revolución Libertadora. “El gobierno
de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada
huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se
extendió a todo el país. El decreto que prohibe nombrar a Perón o la
operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo
mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que no
escapan ni los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la
Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado ese nombre
que se concibe como demoníaco. Toda una obra social se destruye, se
llega a cegar piscinas populares que evocan el ‘hecho maldito’, el
humanismo liberal retrocede a fondos medievales: pocas veces se ha
visto aquí ese odio, pocas veces se han enfrentado con tanta
claridad dos clases sociales”. (Prólogo a la 4° edición de
“Operación Masacre. Junio 1973)
Peronismo. “¿Te considerás incluido
en el Movimiento Peronista? Rodolfo Walsh: “Si se admite que la
antinomia básica del régimen, antiperonismo-peronismo, traduce la
contradicción principal del sistema, opresores-oprimidos, yo no me
voy a anotar en el bando de los opresores ni en el de los
neutrales”. (Primera Plana N° 489 del 13-06-72).
Resistencia a la dictadura militar.
“Propaganda infatigable por medios artesanales. Si las armas de la
guerra que hemos perdido eran el FAL y la Energa, las armas de la
resistencia que debemos aportar son el mimeógrafo y el caño”. (Aporte a una hipótesis de
resistencia-Los métodos de acción. 02-01-77).
La historia. “Nuestras clases
dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan
historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada
lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la
experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La
historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los
dueños de todas las otras cosas”. (Reportaje de Ricardo Piglia a
Walsh. Marzo 1970).
Socializar el conocimiento. “¿Cómo
analizarías el paso de un trabajador intelectual desde su posición
individualista, reconocida, a una dimensión donde lo importante sea
la colectivo, lo anónimo? Rodolfo Walsh: Creo que es un paso muy
duro, pero nunca más duro que el que da cualquier persona de otro
sector social, el obrero y el estudiante por ejemplo, que abandona
su realización personal, su posible prestigio, para entrar en una
acción colectiva. Es un acto de renunciamiento donde se prescinden
en muchos casos de la tarea específica, de la vida en familia.
Existe un obstáculo inicial muy grande, que es la propia
conformación del intelectual dentro del sistema. Pero ese obstáculo
debe franquearse para poder recibir otras gratificaciones, las
auténticas y mucho más importantes, que consisten en percibir las
esperanzas, las inquietudes y los reclamos de la clase obrera; en
una elaboración común de sus consignas, de sus caminos de
salida...”.(Nuevo Hombre Nº 2. 28-07-71).
El 25 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh muere en un combate
desigual: él solo contra todos sus verdugos. Sabe que no puede caer
con vida. Unos días antes había redactado ese paradigma de denuncia
escrita y defensa de principios que es la Carta Abierta de un
Escritor a la Junta Militar, justamente al cumplirse un año del
golpe cívico-militar.
Es más que evidente que Rodolfo Walsh cumplió hasta el final de
su vida con su compromiso de “dar testimonio en momentos difíciles”
como enuncia en aquella carta. Por ejemplo, en los cables de Cadena
Informativa a partir de diciembre de 1976 y hasta su muerte, podía
leerse como un copete, de su propia autoría: “Reproduzca esta
información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a
mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez
las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se
basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la
satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el Terror. Haga
circular esta información”.
Los bien pensantes, los intelectuales “progresistas”, con el
retorno de la democracia en 1983, primero tratan de ignorar a Walsh,
luego de “ningunearlo”. Ante la contundencia de sus escritos y
valores deben resignarse a hacerle un lugar; eso sí, explicando
permanentemente o dando a entender que era un brillante intelectual
pero “políticamente equivocado”. Con lo que sin proponérselo están
dando lugar a la gestación de una equivocación gigante –que alguna
vez deberían tratar al menos de comenzar a explicar- a la que
adhirieron en vida (desde el peronismo revolucionario) no solo
Walsh, sino también Héctor Germán Oesterheld, Pedro Orgambide,
Roberto Carri, Rodolfo Puiggrós, Holver Martínez Borelli, Jorge
Cedrón, Rodolfo Ortega Peña y Francisco Urondo, entre tantos
otros.
Hay entonces un solo Walsh, único e indivisible, que conforman el
intelectual más el militante. Tratar deliberadamente de separarlos
es volver adrede hacia atrás, hacia la confusión deliberada, hacia
la oscuridad que nos iguala en la ignorancia.
Roberto Baschetti Historiador Obras
del autor: "Rodolfo Walsh, vivo", entre otros libros Buenos
Aires, 25 de marzo de 2007.
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