Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
29 de marzo de 2007
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Chávez: todo el poder para el pueblo
Venezuela es el corazón de la actual y decisiva batalla de las fuerzas
populares latinoamericanas por librarse de la sujeción al imperialismo
yanqui y avanzar hacia su emancipación plena, que pasa por la integración
de las naciones al sur del río Bravo.
Angel Guerra Cabrera
Para que su patria pueda dar un superior aporte a ese empeño, Hugo
Chávez ha puesto el pie en el acelerador a fin de profundizar y consolidar
las audaces formas de democracia popular generadas durante los ocho años
de su mandato, que van mucho más allá de la democracia formal y elitista.
Consciente de que una revolución, para no ser derrotada, no debe dormirse
sobre los laureles y ha de propiciar un creciente poder del pueblo, sujeto
y objeto principal de las transformaciones sociales, el mandatario
aprovechó el enorme apoyo recibido en las elecciones de diciembre pasado
para lanzar un conjunto de medidas que harán de Venezuela un inexpugnable
bastión de la revolución latinoamericana.
Abierto a todas las expresiones del pensamiento humanista y
revolucionario, firmemente arraigado en la cultura latinoamericana, con
todos los sentidos puestos en el alma de su tiempo y su pueblo, Chávez ha
sabido extraer lo más sustancioso de las ideas de Bolívar, Martí, Marx,
Lenin, el Che y Fidel, sin olvidar el cristiano "amaos los unos a
los otros". Con ese bagaje plantea la construcción del "socialismo del
siglo XXI", proyecto que rompe frontalmente con los fantasmas paralizantes
del estalinismo y de la socialdemocracia. Por eso, en boca de él suena tan
auténtica la evocación de Mariátegui cuando definió el socialismo
latinoamericano como creación heroica, ni copia ni calco.
Con ese rumbo, el venezolano ha convocado a poner en marcha cinco
motores complementarios entre sí: leyes habilitantes, reforma
constitucional, nueva geometría del poder, educación popular y "explosión"
del poder popular.
En síntesis, se trata de realizar algunas modificaciones a la
Constitución y dictar leyes complementarias que permitan la suplantación
del modelo económico actual por uno socialista, institucionalizando la
directa y sistemática participación popular en la planificación, ejecución
y control del trabajo gubernamental, incluyendo el presupuesto. Además,
una gran inyección de inversión pública en las regiones más rezagadas del
país, donde se prevé el surgimiento de nuevos polos económicos y ciudades
comunales con orientación socialista desde su misma concepción urbanística
"para los hombres y no para las máquinas", ha dicho Chávez.
Contrapuesto al socialismo (i)real, se prestará principalísima atención
a la creación de una nueva conciencia social y una nueva ética, cuyos
embriones se observan ya en el desplazamiento de los rasgos
individualistas de conducta por los solidarios en las múltiples "misiones"
y otros proyectos económicos y sociales cuanto en la identificación de
grandes masas de venezolanos con la política exterior internacionalista de
Caracas. Barrer con la corrupción y el burocratismo tradicionales del
Estado burgués, sustituyéndolo desde los cimientos por uno de raigambre
popular, es uno de los objetivos principales de estas acciones.
Venezuela, cuyo crecimiento económico y gasto social supera ya al de
todos los demás países del continente, no sólo por el petróleo sino por la
expansión de otros sectores, se propone superar esa cota, lo que implica
un gran impulso al agro y a la industrialización y una reforma para que
tributen más los que más ganan. Junto a un sector estatal, cooperativo y
mixto dominante se permitirá la propiedad privada siempre que acepte su
función social. Se fortalecerá la defensa, acentuando el protagonismo del
pueblo. Contrariamente a lo que afirman los pulpos mediáticos, las
reformas constitucionales y leyes habilitantes se consultan ya con los
sectores interesados y serán sometidas a referendo popular.
En su momento, Bolívar, enfrentado las maniobras divisionistas
británico-oligárquicas y las incipientes de Washington, se quejaba
amargamente de la desunión de sus compañeros de armas.
Atento a la historia, a su experiencia ante la constante conspiración
imperialista y al clamor de la calle, Chávez impulsa también ahora la
creación urgente de un solo partido de los revolucionarios, aglutinante y
multiplicador de la energía y diversidad popular, cuyos líderes y programa
surjan de asambleas de base y no de cúpulas. No un partido de cuadros sino
de masas, nacido de la experiencia bolivariana de ayer y de hoy.
Publicado en La Jornada el 29 de marzo de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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