Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
6 de abril de 2007
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Tañer la lira en Washington
Estados Unidos ya no es la avasalladora superpotencia unipolar que
aparentaba al derrumbarse la Unión Soviética. No lo es en lo económico,
pues su otrora incomparable máquina productiva ha sido muy mermada y sus
finanzas quebradas. Con una deuda externa estratosférica, un consumo muy
por encima de sus posibilidades, un desbalance comercial creciente y un
dólar ficticio que sostiene el mundo entero, su economía no puede
mantenerse a flote por mucho tiempo. En lo político, su influencia
internacional, no digamos su credibilidad, ha disminuido sensiblemente y
la opinión pública doméstica e internacional rechaza cada vez más la
ejecutoria del gobierno en casa y en el mundo.
Angel Guerra Cabrera
Esto no sólo se debe a su prepotente y genocida conducta mediante las
guerras de agresión, la práctica del saqueo a costa del hambre de las
naciones del sur y el desprecio por el medio ambiente. También obedece a
que abandonó a su suerte a los pobres y los negros durante el paso de
Katrina, a la vergonzosa desatención de los veteranos de Irak, a
la cascada de escándalos de corrupción entre el gobierno y las
corporaciones, a la legalización y práctica indiscriminada de la tortura,
a la abolición del derecho de habeas corpus, hechos que no son
más que la punta del témpano en un paisaje social profundamente desigual,
discriminatorio y antidemocrático, prueba de una grave crisis moral del
sistema.
Hasta en el terreno militar su hegemonía está en cuestión. Sin duda
ostenta un poder destructivo sin precedente, capaz de borrar varias veces
a la humanidad de la faz de la Tierra y es indiscutible su amplia
superioridad en sofisticados sistemas de armas y por la cantidad de
fuerzas y medios de guerra terrestres, navales y aéreos desplegados en el
planeta entero. Sin embargo, su impotencia y la de sus aliados ante la
resistencia armada en Irak, Afganistán y Líbano ha venido a recordarnos lo
históricamente comprobado muchas veces y ocultado por la cultura
dominante: no existe poderío bélico capaz de aplastar la lucha popular. Es
incalculable el aporte realizado por los pueblos árabes e islámicos,
incluido el de Palestina, al desenmascaramiento de la naturaleza agresiva,
colonial y expansionista del imperialismo estadunidense y de su imagen
estereotipada de gran democracia bonachona y respetuosa de los derechos
humanos.
Aunque no exista todavía una acción concertada de esas resistencias con
las de los pueblos y los estados progresistas de América Latina, las del
movimiento internacional contra la globalización neoliberal y contra la
guerra y las de gobiernos que, como los de Rusia, China e Irán, buscan
mayor margen de independencia, a todos ellos los une la oposición a las
pretensiones de Washington de esclavizar al género humano, incluyendo a
los propios estadunidenses.
Sólo en este contexto de degradación generalizada del imperio cabe
explicarse un imbécil como Bush II a la cabeza del Estado; pero mucho más
grave, la descomunal influencia en la Casa Blanca de la camarilla de los
neocon (nc), el verdadero poder tras el trono a través de Richard Cheney.
Este peligrosísimo grupo es el autor del Proyecto para un Nuevo Siglo
Americano, una suerte de Mein Kampf actualizado, sustento
filosófico de la actual Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Los nc, que no son imbéciles, aunque los ciegue la arrogancia y el
divorcio de la realidad social, llegaron hace años a la conclusión de que
para perpetuarse como única superpotencia y mantener su modelo económico
parasitario, Estados Unidos debía recurrir principalmente a su poder
militar, pisoteando descaradamente el derecho internacional en un saqueo
inaudito de los recursos del planeta, los energéticos en primer
término.
Mezcla de mesianismo, racismo, misoginia e irracionalidad, el
pensamiento nc ve con profundo desprecio al común de las personas e
inspirado en Leo Strauss propugna el uso de la mentira y la manipulación
del rebaño como ética de la elite gobernante. Sionistas consumados, los nc
consideran a Estados Unidos e Israel como los estados predestinados para
imponer a escala global la democracia y el libre mercado
estadunidenses.
Empantanado su ejército en Irak, planean alcanzar el obsesivo "cambio
de régimen" en Irán arrasando la nación persa desde el aire. De
consumarse, no hay palabras para calificar su impredecible y apocalíptico
costo en vidas y sufrimientos humanos. Como Nerón, Bush tañirá la lira
contemplando el incendio, canto de cisne del imperialismo yanqui.
Publicado en La Jornada el 5 de abril de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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