Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
15 de abril de 2007
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Posada y Bush: unidos por el crimen
En otro episodio de la farsa judicial montada por Bush II para impedir
la aplicación de la ley al veterano agente de la CIA de origen cubano Luis
Posada Carriles, la jueza federal de El Paso, Texas, Kathleen Cardone, le
concedió el viernes pasado la libertad bajo fianza. Cardone, como de
inmediato imputó Fidel Castro, no ha hecho más que cumplir instrucciones
de la Casa Blanca.
Angel Guerra Cabrera
La jueza había negado la solicitud de fianza según anunciaron varias
agencias de noticias y medios. Pero a las pocas horas desautorizó su
propia sentencia publicada el día antes en el sitio web del tribunal de El
Paso. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que es el inquilino
de la Casa Blanca in person quien con la asesoría de su
entrañable compinche Alberto Gonzales, procurador general (de la tortura,
la ilegalidad y la vendetta política), tira de los hilos desde
hace dos años para proteger al multiasesino.
Posada entró ilegalmente por mar en Estados Unidos, procedente de
México, en una nave tripulada por terroristas (anti)cubanos y estuvo un
mes paseándose por Miami sin ser molestado por autoridad alguna. Solamente
las reiteradas denuncias del presidente cubano y el espectáculo mediático
orquestado por el propio criminal obligaron finalmente a Washington a
ordenar su detención, pero como la de un simple mojado, reo de una falta
migratoria menor.
El gobierno de Bush posee todas las pruebas para acceder a la solicitud
de extradición de Venezuela, donde Posada Carriles se fugó de la cárcel
mientras esperaba ser juzgado. Podría también procesarlo en sus
tribunales. No tiene otra alternativa en estricto derecho debido a que lo
obligan las mismas leyes estadunidenses y varios instrumentos
internacionales de los que es firmante.
Bastaría que la Procuradoría General se remitiera a su expediente de la
CIA o siquiera a los papeles parcialmente desclasificados sobre las
andanzas del personaje. Los documentos evidencian que la central de
inteligencia conoció con casi cuatro meses de antelación el plan de Posada
y Orlando Bosch, perdonado por Bush I al final de su presidencia y hoy
residente en Miami, para atentar contra un avión cubano de pasajeros y que
posteriormente recibió confirmación de la autoría intelectual de la pareja
en la voladura de la aeronave de Cubana con 73 pasajeros a bordo sobre
aguas de Barbados, crimen por el que Venezuela, origen del vuelo, lo
reclama. Por supuesto, nada hizo Washington por impedir la acción
terrorista o alertar al gobierno cubano. Es muy sugerente que a la sazón
era director de la CIA George Bush padre.
Pero hay mucho más sobre Posada en los archivos de inteligencia
imperiales que hacen de este sujeto un espejo de la política de Estados
Unidos hacia América Latina. Entre sus hazañas, fue colaborador secreto de
la policía del dictador Fulgencio Batista, entrenado por la CIA en
explosivos, contrainsurgencia y tortura, y también egresado de Fort
Benning en esas disciplinas como teniente de rangers, autor de
atentados con saldo de muertos y heridos dentro y fuera de la isla contra
objetivos cubanos y de otros países, miembro de un selecto grupo de la CIA
encargado de asesinar fidelistas una vez que triunfara la invasión de
Bahía de Cochinos, jerarca de la policía política (Disip) y torturador de
revolucionarios en Venezuela, colaborador en el Plan Cóndor de
los servicios secretos de Guatemala, El Salvador, Argentina y el Chile de
Pinochet, operador de primera línea en el apoyo a la contra
nicaragüense y el tráfico de drogas por armas a las órdenes de la Casa
Blanca y autor de numerosos planes de asesinato contra Fidel Castro. El
último de ellos, el intento de volar el paraninfo de la Universidad de
Panamá repleto de estudiantes y profesores que escucharían al líder
cubano.
Posada, junto con otros contrarrevolucionarios de origen cubano, estuvo
nada menos que en Dallas el día del asesinato de John Kennedy, por lo que
varios investigadores independientes opinan que fue uno de los
francotiradores que dispararon contra el mandatario. Sabe demasiado sobre
las cloacas del terrorismo de Estado de la potencia del norte, incluyendo
el maridazgo entre la contrarrevolución de Miami, la familia Bush, la
mafia y la CIA. Procesarlo en serio equivaldría a juzgar la conducta
genocida de Estados Unidos y los Bush en América Latina. Por si quedara
alguna duda, este caso revela como ningún otro la patraña de la supuesta
guerra contra el terrorismo, frágil máscara de las nuevas guerras de
conquista de Washington.
Publicado en La Jornada el 12 de abril de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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