Angel Guerra Cabrera - rodelu.net |
6 de mayo de 2007
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Costa Rica hacia el alba
Casi al mismo tiempo que culminaba en Venezuela la V Cumbre de la
Alternativa Bolivariana para Nuestra América (ALBA), probado instrumento
de unidad y solidaridad de los pueblos latinoamericanos y de los gobiernos
con voluntad de acompañarlos, en Costa Rica se abría el proceso hacia un
referendo sobre el TLC con Estados Unidos. Si el fantoche de Oscar Arias
llegó a la presidencia por estrecho y dudoso margen a caballo del libre
comercio, el pueblo tico no ha cesado de combatir contra la aprobación del
TLC, negociado a sus espaldas como ha sido norma en la región.
Angel Guerra Cabrera
El rechazo
popular al tratado, construido desde que se acordara con Washington en
2004, ha ganado en amplitud mediante un debate nacional sobre sus nefastas
consecuencias para los sectores populares: trabajadores, campesinos,
estudiantes, empresarios que producen para el mercado interno, jubilados,
amas de casa. La contundente movilización en las calles y el surgimiento
de un gran frente de defensa de la soberanía nacional ha impedido que el
Legislativo sancione el convenio, como ocurrió en el resto de
Centroamérica y República Dominicana.
Arias, que se oponía tenazmente a la consulta popular hasta última
hora, fue forzado a enviar de urgencia un proyecto de referendo a la
Asamblea Nacional después que el Tribunal Supremo de Elecciones diera
entrada a una iniciativa ciudadana para convocarlo una vez que se
recabaran las firmas establecidas por ley.
No obstante que la acción del Ejecutivo es ilegal, por cuanto la
legislación de la iniciativa ciudadana establece que ante un mismo tema
"el primero en tiempo es primero en derecho", la aprobación de la
convocatoria por los legisladores es una gran victoria popular, como han
valorado las organizaciones y personalidades que se oponen al TLC. Mayor,
si se tiene en cuenta que según encuestas el apoyo al tratado ha caído de
51 a 35 por ciento.
En otras palabras, el referendo, sea que el máximo órgano electoral
dictamine la semana próxima si acoge la propuesta ciudadana o la
gubernamental, constituirá un plebiscito sobre la filiación neoliberal de
Arias que, de perderlo, se verá cuestionado por la mayoría de la población
y en serios aprietos para gobernar con su agenda antipopular, proyanqui y
anticubana.
El pueblo tico está respaldado por combativas tradiciones
antimperialistas y por la justicia social. Un ejército popular
costarricense fue decisivo en la derrota de los filibusteros gringos que
se habían apoderado del gobierno de Nicaragua a mediados del siglo XIX. En
los años 40 del siglo XX el movimiento sindical y de masas estimulado por
los comunistas fue determinante en la conquista de avanzados derechos
sociales, de un potente sector público en la economía y de instituciones
de seguridad social. Estas conquistas fueron desmanteladas gradualmente
por las políticas neoliberales, cuya expedita aplicación a rajatabla es el
objetivo de Arias y de la burguesía ligada al capital transnacional.
Los caminos de la lucha contra el neoliberalismo y por el derrocamiento
por vía política de sus portaestandartes en América Latina, son, como los
del Señor, inescrutables. Una victoria popular costarricense en el
referendo sobre el TLC exigirá una heroica brega de quienes lo adversan
porque Washington sabe que estremecería la zona y a toda América
Latina.
De modo que Arias dispondrá de carretadas de dólares para comprar
conciencias, de la complicidad de los medios de (des)información para
enajenarlas y de los empresarios vendepatria para coyundear el voto de los
trabajadores cuando cunde el desempleo, en un país sin ejército
pero ampliamente militarizado. Sin embargo, ya los movimientos populares
latinoamericanos han demostrado su capacidad para triunfar electoralmente
en muy adversas condiciones y no hay por qué pensar que Costa Rica será la
excepción. Por lo pronto, las organizaciones opuestas al TLC se preparan a
movilizar 200 mil activistas en todo el país para explicar la necesidad de
rechazarlo en el referendo.
No por haber sido derrotado en Irak, hundido al imperio en el mayor
descrédito internacional y ser repudiado en casa, el bushismo ha
descansado un solo instante para destruir el movimiento emancipador de
nuestra América. Pero estamos en tiempos de 13 de abril, cuando el pueblo
fulminó el golpe de Estado fraguado por Bush y Aznar contra la democracia
venezolana, emulado luego con las victorias en Bolivia, Nicaragua y
Ecuador, y esa es hoy la tendencia histórica en América Latina.
Publicado en La Jornada el 3 de mayo de 2007
Angel
Guerra Cabrera
Columnista
de La Jornada de México
aguerra_123@yahoo.com.mx
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