Una
anciana empezó a reír creyendo que eran petardos. Los niños
corrieron hacia el monte Pizzuta, de donde venían los estallidos.
Pero no eran fuegos artificiales para celebrar el Día del Trabajo en
Portella della Ginestra, cerca de Palermo, donde se habían reunido
alrededor de dos mil personas.
Como en un cuadro de Picasso, un mulo cayó con el vientre hacia
arriba, el maxilar de una niña se tiñó de sangre, algunos se
desplomaron en silencio para no levantarse más, otros escaparon.
También los caballos huyeron, arrastrando a los asistentes al
encuentro. Después de una pausa, de nuevo el ruido de petardos. Un
niño fue alcanzado en el hombro. Una mujer, con el pecho reventado,
cayó sobre lo que quedaba de su yegua destrozada.
La carnicería duró tres minutos. Después que la ametralladora
dejó de sembrar la muerte, se sintió un fuerte olor a pólvora y –en
el silencio cargado de miedo– volvió a oírse el ruido lento y
liviano del río Jato. Ese 1 de mayo de 1947 –con 11 muertos y más de
50 heridos- se había consumado la primera masacre en la Italia
Republicana.
Eran casi todos campesinos y habían llegado temprano -a pie, a
caballo o en carretas adornadas de fiesta- desde San Cipirello, San
Giuseppe Iato y Piana degli Albanesi. El Día del Trabajo era un
festejo tradicional en el mismo lugar donde, desde el siglo XIX, se
conmemoraban los "fasci siciliani". No era sólo una manifestación
política, sino una fiesta popular donde no faltaban los vendedores
de dulces y "focachas" (tortillas) además de los cortes de cordero
para hacer el asado. En esa oportunidad, se celebraba, además, el
triunfo en las elecciones regionales del 20 de abril, que permitía a
los campesinos pensar que podían salir de la miseria participando en
una incipiente Reforma Agraria.
¿Quién quiso esta masacre inútil? Después de las primeras
declaraciones de sobrevivientes que habían reconocido a algunos de
los responsables, se impuso drásticamente una versión oficial: había
sido el bandido Salvatore Giuliano en persona.
Al día siguiente de la masacre, el comunista Girolamo Li Causi,
miembro de la Asamblea Constituyente que llevaba sobre sus hombros
quince años de cárcel fascista, denunciaba como responsables no sólo
a los ambientes monárquicos y mafiosos de la isla, sino también a
"altos funcionarios de la policía" y al ministro del Interior que se
había apresurado a negar cualquier móvil político en los hechos.
El 15 de julio, comunistas y socialistas ya no formaban parte del
gobierno, pero estaban en la Constituyente y Li Causi -con otros
cinco miembros- hicieron una presentación ante el Presidente del
Consejo acerca de la gravedad de la situación en Sicilia. En ella,
se señalaban las contradicciones de lo sostenido por el gobierno, y
que se aparecía concentrando todas la responsabilidades en un sólo
personaje, un mito evanescente: Giuliano.
"Todo el resto no tiene nada que ver. ¿Qué tiene que ver la
mafia? ¡Todos hombres de bien! ¿Qué tienen que ver los partidos
políticos? Es impensable que pueda haber hombres en los diversos
partidos políticos que puedan ser individualizados como responsables
de tan horrendas fechorías", plantea Li Causi. El dirigente
comunista añade: "Se trata de crear en torno a nosotros una psicosis
de miedo, agregando que la policía nos protegerá, y que se hará toda
una acción en común para que Giuliano sea atrapado. Pero,
discúlpenme, ¿por qué Giuliano hasta ahora no ha sido atrapado?"
Y Giuliano nunca fue atrapado. Cuando murió asesinado el 5 de
julio de 1950, la policía quiso arrogarse el mérito de un
enfrentamiento. Finalmente se sindicó como autor a su cuñado y
lugarteniente Gaspare Pisciotta, que confesó haberlo matado mientras
dormía. Después del proceso en Viterbo, Pisciotta recibirá la muerte
el 9 de febrero de 1954, en la cárcel de Palermo, con una fuerte
dosis de estricnina disuelta en una tacita de café.
¿Quién quiso la masacre? ¿Quién se preocupó de adjudicarla a
Giuliano? La opinión generalizada fue que se trataba de un plan
demasiado bien diseñado como para ser considerado la iniciativa de
un grupo de bandidos.
Secretos de Estado
En la Mostra de Cine de Venecia 2003, el pisano Paolo Benvenuti
presentó su película "Secretos de Estado", reconstruye los hechos a
partir del juicio al que fue llevado Pisciotta.
"Lo que cuento en mi filme –señaló- está basado en pruebas
documentales precisas; detrás del filme hay seis años de
investigaciones históricas y miles de documentos inéditos: los
desclasificados en 1998 por la comisión antimafia italiana, las
actas del proceso de Viterbo contra la banda de Giuliano y también
documentos desclasificados en los Estados Unidos acerca de la
actividad de la OSS, la ex CIA, entre el '43 y el '53. De estos
documentos emergen pruebas incontrovertibles del diseño de una
matanza detrás de la masacre de Portella".
Según Benvenuti, muchos querían esta masacre del 1º de mayo: la
mafia, partidos de gobierno, iglesia y servicios secretos
norteamericanos. Todos contra un enemigo común: los comunistas en
Italia. Todos se iban uniendo en torno a los Estados Unidos,
vencedores sobre las cenizas y los horrores de la guerra apenas
concluida.
La Fiesta del Trabajo conmemora a los mártires de Chicago: la de
Sicilia habría sido también "una masacre de Estado fatalmente
cubierta por un secreto de Estado".