Niko Schvarz - rodelu.net |
20 de mayo de 2007
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Chiquita Brands y Drummond financian el terrorismo
La transnacional bananera Chiquita Brands International (nuevo nombre de la
United Fruit, vieja compañía expoliadora y gestora de golpes de Estado en
América Central), ahora con sede en Cincinatti, Ohio, admitió ante el
Departamento de Justicia de EEUU haber efectuado pagos millonarios en dólares a
las bandas paramilitares de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) y aceptó
pagar una multa de 25 millones de dólares. Prometió que en adelante respetará
los valores éticos. Otra empresa estadounidense que también financió a los
paramilitares, la minera Drummond, es acusada a la vez por el asesinato de tres
dirigentes sindicales colombianos.
Niko Schvarz*
Maridaje de empresas yankis, paramilitares y Uribe
Por medio de su subsidiaria en Colombia, Banadex (Bananos de Exportación),
los directivos de Chiquita Brands efectuaron medio centenar de pagos a las AUC,
con la particularidad de que los mismos, comenzados en 1997, prosiguieron
después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, cuando las AUC fueron
declaradas organización terrorista. Los últimos pagos registrados datan de 2004,
lo que no significa que no se hayan producido otros después. La empresa alega
que compró protección. El fiscal norteamericano Jeffrey Taylor respondió que
"los pagos a terroristas son delitos" y el fiscal general de Colombia, Mario
Iguarán, señaló que Chiquita Brands "apoyó a un grupo armado al margen de la ley
que tenía como proceder, entre otros, asesinar". Este fiscal tuvo participación
decisiva en el proceso que llevó a la cárcel a nueve senadores uribistas, al
padre de la ex canciller María Consuelo Araújo y al ex jefe de los servicios de
inteligencia (DAS) Jorge Noguera por connivencia con los paramilitares,
incluidos casos de secuestros extorsivos.
Por añadidura, la Chiquita hizo ingresar armas a Colombia (más de 3 mil
fusiles AK-47 y millones de municiones) con destino a los paramilitares. Una
nota periodística señala que en la región de Urabá, donde operaba la
transnacional, se registraron en el período señalado (de 1997 a 2004) 62
masacres en las que murieron 432 personas, en su mayoría campesinos pobres, y
muchos trabajadores de la bananera. La Drummond, por su parte, es objeto de un
juicio en EEUU llevado adelante por el juez Karon Bowdre en relación con el
asesinato de tres sindicalistas. El diario El Tiempo de Bogotá recoge
informaciones de los abogados de la organización sindical colombiana
Sintramienergética, según las cuales el ex jefe de informática del servicio
secreto colombianos, Rafael García, (que está preso por sus nexos con los
paramilitares y por haber eliminado la información sobre sus antecedentes
penales y sus vínculos con los narcotraficantes) actuará como testigo en el
proceso en curso en EEUU. García declaró con anterioridad que estuvo presente en
una reunión en la cual el presidente de Drummond en Colombia, Augusto Jiménez,
hizo entrega de un maletín con 200 mil dólares cash para que se pusiera en manos
del jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo.
Paraempresismo y paracocracia
Aquí vemos reaparecer en escena a uno de los máximos jefes paramilitares,
conocido por el alias de "Jorge 40" y que está condenado por haber perpetrado,
en operativo conjunto con el hoy también preso Alvaro Araújo Noguera (padre de
la renunciante canciller María Consuelo Araújo), el secuestro del dirigente
opositor Víctor Ochoa Daza, en un proceso en que se fraguaron elecciones y se
digitaron candidatos para favorecer la reelección de Uribe a través de diversos
partidos y coaliciones sostenidos por los paramilitares, que se jactaban por lo
demás de tener su propia bancada en el Congreso.
Tampoco es la primera vez que resurgen en primer plano los capitostes de los
servicios de inteligencia del régimen uribista. También está encarcelado el ex
jefe del DAS Jorge Noguera, (aunque al parecer ahora lo soltaron) porque pasaba
información privilegiada a las AUC para sus operativos criminales, lo que es de
extrema gravedad en un país en el cual se ha segado la vida en forma sistemática
de dirigentes opositores, candidatos presidenciales, líderes sindicales y
figuras democráticas.
Los hechos que ahora involucran a Chiquita Brands y a la Drummond fueron
definidos como "paraempresismo" y se ubican como un ingrediente de la
"paracocracia" o "democracia paramilitar" en que se ha transformado Colombia.
Según una definición periodística, "el paraempresismo se suma al escándalo de la
parapolítica, que tiene a nueve congresistas, un gobernador y el ex director del
más importante organismo de investigación en prisión". Todos estos hechos están
documentados con toda precisión (como surge del disco duro de la computadora de
Rodrigo Tovar, entre otros elementos) y se han ventilado en los tribunales.
(Véase al respecto mis notas: Colombia, democracia paramilitar; Rechazo conjunto
a la política de Bush y Uribe; y El padre, el hijo y la Interpol, de los días 4,
13 y 15 de marzo).
El aliado de Bush
Es precisamente sobre esta base podrida que se levanta el gobierno de Uribe.
El mismo que, para desviar la atención de sus conexiones flagrantes con el
paramilitarismo (sin hablar ya de las que mantuvo como gobernador de Antioquia)
tuvo la osadía de acusar de "terroristas con traje de civil" a los dirigentes
del Polo Democrático Alternativo (PDA), que unifican al conjunto de las fuerzas
de izquierda para bregar por la reinstauración de la democracia en Colombia.
Para seguir llevando adelante esta política, que incluye la negativa pertinaz al
intercambio humanitario, Uribe ha contado con el pleno apoyo del presidente Bush
en su reciente gira, expresado en particular en la ampliación del Plan Colombia.
27 de marzo de 2007
Niko
Schvarz
Analista internacional de La República
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
Amplio.
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