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20 de julio de 2007

Brecha de Uruguay - 20 de julio de 2007

Qué lástima pero adiós

Bush se queda solo

En el sexto año de una larga guerra los demócratas roen sin pausas las riendas políticas del presidente George W Bush, y los republicanos, con la mira en las elecciones de 2008, se apartan de la Casa Blanca. Inexorablemente, la campaña en Irak va hundiendo el legado de la administración más conservadora en medio siglo.

Jorge Bañales Desde Washington
Tiene 30 años de edad y ha pasado 13 en el ejército. Me lo encuentro, a veces, en el lavadero del edificio de apartamentos donde ambos vivimos. Dobla las ropas con prolijidad y habla poco. Pero me explica que lo han autorizado a tener su perro en este edificio, donde los animales están prohibidos, porque trajo un certificado del psiquiatra que lo atiende.
“Al regresar de mi segundo turno en Irak, mi esposa no me aguantó y me dijo que me fuera de la casa. Al menos conseguí que me diera el perro”, cuenta con voz quebrada. Todo su lenguaje gestual habla de depresión en tono mayor. “Cuando llegamos, en 2003, hicimos tantas cosas buenas. La gente, los iraquíes, nos invitaban a comer en sus casas, jugábamos con los niños. Después no, después todo se pudrió. Nunca hubo planes para lo que haríamos después de derrocar a Saddam. En pocos meses, los mismos niños nos tiraban piedras.”

NÚMEROS
Desde los ataques contra Nueva York y Washington de setiembre de 2001, el gobierno de George W Bush ha gastado 610 mil millones de dólares en su guerra global contra “el terror”. Actualmente, la campaña en Irak cuesta unos 10 mil millones de dólares mensuales, y la de Afganistán casi 2 mil millones de dólares por mes.
La semana pasada, en cumplimiento de un requisito impuesto por el Congreso, la Casa Blanca informó a los legisladores sobre el cumplimiento de 18 objetivos fijados por el Capitolio cuando autorizó meses atrás la escalada militar que agregó 30 mil soldados a los 130 mil que ya estaban en Irak. De acuerdo con la propia evaluación de la administración, ha habido resultados positivos en ocho de los objetivos, principalmente los militares; ha habido resultados negativos en otros ocho, especialmente los referidos a la estabilización política y económica de Irak, y resultados ambiguos en otros dos.
Esta semana el conjunto de las agencias de inteligencia, en su evaluación periódica de la situación global, informó que Al Qaeda se ha revigorizado en la frontera de Afganistán y Pakistán, y que en Irak esa misma Al Qaeda –que no existía antes de la invasión estadounidense en 2003– es ahora una amenaza grave para Estados Unidos.
Estados Unidos ha sufrido casi 4 mil bajas de soldados en ambas guerras, y decenas de miles han retornado mutilados y estropeados mentalmente.
Bush insiste en que hay que esperar a que en setiembre el jefe de las tropas en Irak, el general David Petraeus, informe sobre el efecto que ha tenido la escalada. La mayoría demócrata en el Congreso, que no tiene votos suficientes para aprobar medidas inmunes a un veto presidencial, sigue haciendo todo lo que puede para aproximar la fecha de comienzo de la retirada de las tropas de Irak. En el Senado, 21 de los 49 republicanos que encaran su reelección en 2008, poco a poco van abandonando las filas gubernamentales y estudian propuestas alternativas.

ODIERNO, EL OPTIMISTA
El general de tres estrellas Raymond Odierno, comandante de la Fuerza Multinacional –94 por ciento de tropas estadounidenses y el resto de una decena de aliados– sostiene que desde comienzos de este año se ven signos alentadores en el panorama militar de Irak.
“Empezamos a ver que los iraquíes mismos se organizan para combatir a Al Qaeda”, indicó Odierno. “La violencia sectaria ha disminuido, y la tarea ahora es la eliminación de Al Qaeda como amenaza para el gobierno y el futuro de Irak.”
Hace un año el Cuerpo de Infantería de Marina había evaluado que la provincia de Anbar, en el oeste de Irak, estaba fuera del control de la Fuerza Multinacional y del gobierno del primer ministro Nuri al Maliki, y prácticamente al borde de caer en manos de Al Qaeda en Irak y otras bandas de islamistas. Desde enero, sin embargo, los jefes de numerosas tribus sunitas se han acercado a los estadounidenses para coordinar operaciones, o para emprenderlas por cuenta propia contra los extremistas, tanto iraquíes como extranjeros, que emplean indiscriminadamente ataques suicidas con explosivos, secuestros e intimidaciones para agravar la confrontación con la mayoría chiita de Irak.
Aparentemente, numerosos caciques sunitas se dan cuenta de que un conflicto más violento con los chiitas fortalecerá la intromisión ya notoria de Irán en Irak, y antes de quedar desamparados buscan al menos la tolerancia de Estados Unidos.

HERTLING, EL DOLIDO
La pérdida de respaldo popular a la guerra “ciertamente pesa sobre el soldado. Sentimos igual el apoyo de la ciudadanía, pero lo que sentimos es que esto es un ejército en guerra, no una nación en guerra”, dice el general Hertling. “Es lindo que la gente diga eso de que ‘apoyamos a nuestras tropas’, pero a veces, pienso que los militares no vemos acciones que respalden las palabras. Sentimos que estamos dando una cuota desproporcionada en comparación con el resto de los estadounidenses.”
“Todos entienden que nosotros sacrificamos mucho, pero no conocen la medida del sacrificio, no saben del tiempo pasado lejos de los seres queridos. No entienden los servicios fúnebres, los varios ritmos del servicio, del toque a silencio, el saludo de los rifles. Después del servicio, los soldados van adelante y saludan las botas, el casco, y la fotografía. No, los civiles no entienden, no comprenden la hermandad de la familia militar.”

PACE, EL PREVISOR
La semana pasada, durante una conferencia de prensa regular en el Pentágono, el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general de Infantería de Marina, Peter Pace, discutieron ampliamente con los periodistas los mecanismos de una eventual retirada de las tropas estadounidenses de Irak. Esta semana el diario The Washington Post dedicó un amplio artículo a que, para la retirada estadounidense de Irak, los mandos militares y los responsables políticos estudian las lecciones de otras reculadas en la historia reciente a las que se han visto forzados otros ejércitos.
Gates recordó que tras la victoria en la primera Guerra del Golfo, en 1991, a Estados Unidos le llevó un año entero sacar a sus tropas de Kuwait, que era un país aliado y contaba con un excelente puerto. En la circunstancia actual, Estados Unidos tiene apostados en diferentes regiones de Irak a más de 160 mil soldados con todos sus equipos, vehículos, pertrechos, almacenes y hospitales, y la ruta de salida transcurre sobre más de 300 quilómetros de territorio hostil hasta la frontera de Kuwait.
Pace explicó que el sistema logístico actual permite el incremento o la disminución de una brigada por mes, esto es entre 3.500 y 5.000 soldados. “Si, por ejemplo, hay 20 brigadas con sus territorios asignados y su estructura de mandos y se retira una, antes hay que reajustar la distribución del territorio entre las diecinueve restantes y establecer claramente las líneas de mando”, precisó.

DILEMA REPUBLICANO
En New Hampshire una encuesta reciente mostró que el senador republicano John Sununu, un veterano en el Congreso, tiene una desventaja de dos dígitos frente a un posible retador demócrata, que es un novato. En Minnesota el senador Norm Coleman recolectó en fondos de campaña, durante el segundo trimestre, 300 mil dólares menos que su retador demócrata, el comediante Al Franken.
La explicación para estos y otros reveses que encaran los republicanos es una sola palabra: Irak. Y el dilema es difícil para estos políticos. Si se mantienen leales a Bush corren el riesgo de perder sus bancas por la desazón de muchos votantes republicanos, el desapego de los independientes y el repudio de los demócratas. Pero si se pasan totalmente a la oposición en cuanto a Irak, arriesgan el voto de “la base”, esto es el núcleo de republicanos más conservadores y cristianos evangelistas.
Los demócratas quieren que la salida de tropas comience dentro de 120 días y esté completa para abril de 2008. Un puñado de senadores republicanos propone que empiece la disminución gradual y ordenada del contingente estadounidense en Irak, al tiempo que los soldados se abstienen de involucrarse en la lucha de facciones y sectas, y se apostan de manera de poder actuar en forma rápida y decisiva contra formaciones y posiciones de Al Qaeda y otros grupos a los que se percibe como “yihadistas trasnacionales”.
 
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