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7 de octubre de 2007
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Brecha
de Uruguay - 5 de Octubre de 2007
Huellas orientales del Che
Pasaje clandestino y discusiones sobre estrategia y táctica
La participación uruguaya en la cruzada que encabezó Ernesto
Che Guevara en Bolivia comienza a develarse, cuatro décadas después
de la ejecución del “guerrillero heroico”.
Sergio Israel
BURLANDO A LA CIA
Una mañana de la primavera de 1966 –apenas unos meses antes
de comenzar a convertirse en mito luego de su muerte en Bolivia–
Ernesto Che Guevara hacía cola, algo nervioso, aguardando la
revisación de pasaportes en el aeropuerto de Carrasco. Pese a que
estaba caracterizado como otra persona y que había podido ingresar
al país sin problemas, un viejo militante socialista uruguayo que
regresaba ese día a Montevideo lo reconoció. Muchos años después
confió su extraordinaria vivencia al periodista Miguel Aguirre,
cuando éste comenzó a elaborar un libro acerca de la anterior visita
del Che, como ministro de Industrias de Cuba, en agosto de
1961.1
Los lazos entre los uruguayos y el Che se profundizaron en
esa visita a la Conferencia de Punta del Este, en la cual la
seguridad del argentino estuvo a cargo del Partido Comunista
Uruguayo (Pcu).
Hasta ahora el punto se ha mantenido en un cono
de sombra, pero la escala clandestina en Montevideo y otras zonas
del país fue parte de la operación para que el Che ingresara a
Bolivia, según confirmaron a Brecha el ex dirigente comunista León
Lev y otros.
Guevara venía de hacer la guerrilla en el Congo,
había pasado por Cuba y visitado a su familia y el campamento de
Pinar del Río, donde se entrenaban los combatientes que irían a
Bolivia, pero no se había dejado ver en público desde
1965.
Cuando finalmente cayó en manos de la cia y el ejército
boliviano, en octubre de 1967 en la escuela de La Higuera, tenía dos
pasaportes uruguayos. Uno de ellos figuraba como expedido el 2 de
diciembre de 1965 a nombre de Ramón Benítez Fernández y el otro
correspondía a Adolfo Mena González, con el número 130748. En ambos
documentos el Che tenía pelo corto, estaba medio calvo y no usaba
barba ni bigote. También portaba una acreditación de la oea como
enviado para realizar estudios acerca de la situación económica y
social de Bolivia.
La operación clandestina para que el Che
pudiera llegar a Bolivia, punto de partida para una guerrilla
argentina y continental, fue coordinada entre el secretario general
del pcu, Rodney Arismendi, y el máximo dirigente cubano Fidel
Castro, con la estrecha colaboración del encargado del Departamento
de América Manuel “Barbarroja” Piñeyro. Ninguno de los tres reveló
nunca detalles acerca de cómo el Che obtuvo esos documentos, ni
confirmó la presencia del guerrillero argentino en Uruguay luego de
agosto de 1961, aunque existen testimonios y fuertes indicios de la
misma.
De hecho, el pasaje clandestino del Che por Uruguay antes
de su ingreso a Bolivia, que habría durado entre una y dos semanas,
según las distintas versiones, continúa siendo un secreto que
guardan los servicios cubanos y el pcu, aunque también es posible
que la inteligencia estadounidense y la uruguaya hayan accedido a
más datos que los pocos que se conocen.
Alcira Legaspi, viuda de
Arismendi, dijo a Brecha que la reserva que se mantiene acerca de
ese episodio es una decisión correcta para no pasar información al
enemigo, porque los partidos que aspiran a hacer una revolución no
documentan ciertas cosas.
El ex agente de la cia Phillip Agee
reveló algunos detalles acerca del seguimiento que le realizó la
inteligencia estadounidense. En una entrevista con un periodista
cubano,2 Agee contó que la cia temía al Che a causa de su
conocimiento de América Latina. “Se estaba librando la guerra en
Vietnam y se quería evitar otra insurgencia aquí en América Latina y
eso era lo que estaba promoviendo el Che organizando estas
guerrillas”, evaluó el ex espía estadounidense que estuvo destinado
en las estaciones de Quito, Ciudad de México y Montevideo.
“En
Montevideo la estación cia montó una trampa, como se hizo igualmente
en toda América Latina, por si él intentaba entrar al continente por
allí”, explicó Agee.
Como no había foto del Che sin barba, un
dibujante de la agencia hizo un retrato que fue distribuido
profusamente. Pero la operación fue un fracaso: “La estación de la
agencia en Uruguay dio copia de ella a cada miembro del destacamento
que tenía en el aeropuerto de Montevideo. Se les dijo que trataran
de grabar aquella imagen en su cerebro y no la olvidaran. Ellos en
realidad estaban más motivados con el contrabando que con cualquier
otra cosa. Yo por lo menos nunca supe por dónde entró, si fue por
Montevideo, San Pablo, qué otro lugar. No fue detectado. Como
sabemos, la cia tardó meses en enterarse de que el Che había entrado
a Bolivia”.
La versión difundida una década después de la muerte
del guerrillero, en plena dictadura, por la inteligencia militar
uruguaya, también confirma que el Che estuvo aquí, y agrega que los
documentos que usó para arribar a Bolivia fueron robados del
Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo, que en esa época era
el emisor de pasaportes: “Las impresiones digitales de ambos
documentos son auténticas y también los sellos hurtados del
ministerio. Vale decir que Ernesto Guevara estuvo en Montevideo
algunos días, realizando todas sus actividades apoyándose en la
infraestructura del Partido Comunista”.3
Jaime Pérez, sucesor de
Arismendi al frente del pcu, escribió en sus memorias que se enteró
de la estadía del Che una vez que éste se había ido, pero también
confirmó que “el Che salió de Montevideo y de aquí fue para Bolivia
y mientras estuvo en Montevideo fue bajo protección del partido”.
El ex diputado Ariel Collazo explicó a su vez a Brecha que
aunque Arismendi nunca se lo confirmó, también tuvo la información
de que el Che estuvo en Uruguay apoyado por el pcu. Collazo, que en
ese tiempo como dirigente del Movimiento Revolucionario Oriental
(Mro) era muy apreciado en Cuba, obtuvo la versión de que el Che
llegó a Bolivia en un vuelo clandestino que salió desde Tacuarembó.
Algunos ex dirigentes tupamaros consultados por Brecha señalaron
por su lado que, durante la estadía clandestina del Che en Uruguay,
llegó a haber una reunión entre responsables del incipiente mln y el
comandante de la revolución cubana, en la cual polemizaron acerca de
las tácticas de guerrilla urbana que estaba aplicando la
organización uruguaya. Por el contrario, un actual dirigente del mln
dice desconocer la existencia del encuentro. Lo que sin lugar a
dudas hubo en Montevideo por aquellos mismos días y sobre los mismos
temas, fue un prolongado encuentro entre el francés Régis Debray,
estrechísimo colaborador del Che en Bolivia, y el dirigente tupamaro
Jorge Torres, según relató este último a Brecha.
Algunas
biografías, sin embargo, sostienen que ingresó a Bolivia por vía
aérea directamente desde San Pablo, previo paso por Europa,
utilizando el pasaporte uruguayo, lo que indicaría que la
información aportada por la dictadura acerca de su estadía en
Uruguay fue equivocada o deliberadamente falsa para realzar la
peligrosidad del enemigo que entonces estaba derrotado.
La tesis
de que el periplo fue La Habana-Moscú-Praga-París-San Pablo-La Paz
es sostenida también por el periodista francés Jean Cormier, quien
en 1995 publicó una biografía con la colaboración de Hilda Guevara y
Alberto Granado, hija y amigo de la infancia del Che,
respectivamente.
URUGUAYOS A BOLIVIA
El Pcu no solamente
habría dado cobertura al Che. También envió un grupo de militantes a
prepararse para combatir en Bolivia. El entrenamiento se realizó en
la provincia cubana de Pinar del Río, según reconoció en octubre de
1991 en el diario La República el encargado de la brigada, Raúl
Rezzano, que entonces era miembro del Comité Central. El grupo,
formado por unos 18 militantes que en su mayoría habían sido
reclutados entre los jóvenes integrantes del aparato armado del pcu,
llegó a la isla en dos tandas a través de Checoslovaquia utilizando
documentos falsos proporcionados por la embajada cubana en Praga.
Luego de pasar unas semanas en La Habana, a partir de la segunda
quincena de agosto de 1967 los seleccionados realizaron cursos de
táctica, armamento, tiro, explosivos, sanidad, topografía y
política. También recibieron entrenamiento en guerrilla urbana que
incluía defensa personal, fotografía, seguimientos.
Aunque oficialmente nunca fueron informados de que irían a combatir
a Bolivia con el Che, todos estaban al tanto de la misión; durante el
entrenamiento uno de ellos sufrió una crisis de pánico, fue dado de
baja y se quedó descansando en Isla del Pino para no poner en riesgo
la operación.
Cuando el curso ya había finalizado y comenzaba la
preparación del viaje llegó la noticia de la muerte del Che. Los
frustrados expedicionarios regresaron a Uruguay recién en setiembre
de 1968.
Los tupamaros también recibieron una invitación para
sumarse a la guerrilla del Che. A fines del verano de 1967, cuando
ya había comenzado la campaña en Bolivia, los dirigentes Raúl Sendic
y Eleuterio Fernández Huidobro concurrieron a una reunión convocada
por el Pcu para invitarlos a sumarse al contingente uruguayo. Ambos
formaban parte de una organización pequeña, que todavía no usaba el
nombre mln y que se estaba reponiendo de los golpes recibidos a
partir del 22 de diciembre del año anterior, cuando la muerte de
Carlos Flores. Para eludir la represión habían recibido ayuda de los
comunistas, que durante varias semanas alojaron en sus casas (entre
ellas la de la actriz Rosa Baficco y el luego desaparecido Eduardo
Bleier) a una veintena de clandestinos perseguidos por la
Policía.
Según relató a Brecha Héber Mejías Collazo, el único
tupamaro que aceptó ir a combatir con el Che, la organización
discutió la propuesta que le trasladó el pcu y resolvió dejar en
libertad de acción a sus miembros. La mayoría estuvo en contra. Los
tupamaros estaban abocados al desarrollo de una estructura
guerrillera urbana en Uruguay (el propio Che discrepaba con esa
postura) y pensaban que apoyar con combatientes el proyecto de un
foco en el centro del continente sencillamente les restaría fuerzas.
Mejías, sin embargo, consideraba que era una buena oportunidad
para adquirir experiencia y zafar de la represión, además de ayudar
al Che. El resto de sus compañeros, en cambio, interpretó que viajar
demostraba una falta de confianza en el proyecto propio y que además
los comunistas, cuyos dirigentes no arriesgaban el pellejo, querían
mandarlos al exterior para sacárselos de encima.
Finalmente
Mejías, que tenía ascendencia cubana, había estado dos veces con el
Che en la isla y admiraba ese proceso, no pudo incorporarse porque
al poco tiempo cayó el local donde los tupamaros tenían instalado el
servicio de documentos. La tensión que se produjo por el eventual
viaje a Bolivia lo alejó de la organización y, aunque no era
anarquista, desde 1969 terminó militando en la fau y la opr 33. Como
era uno de los fundadores de los tupamaros, esa decisión le costó
duras críticas e incluso una condena a muerte.
Al mismo tiempo
que los comunistas, pero de forma compartimentada, un grupo de
militantes del mro, entre ellos Jorge Zabalza, también recibió
entrenamiento en Cuba para incorporarse a la guerrilla boliviana.
“Yo estaba en Cuba entrenándome con un grupo de uruguayos destinado
a incorporarse a la guerrilla en Bolivia. Después de la muerte del
Che hubo desconcierto entre los cubanos”, recordó Zabalza en el
libro Sendic, de Samuel Blixen. En esa misma época Sendic estaba en
Cuba pero, según dijo Fernández Huidobro en el mismo libro, “el
relacionamiento fue malo” porque “los cubanos no entendían el tema
de la lucha urbana”.
un problema de foco
La operación de
apoyo al Che estuvo a cargo del aparato militar del pcu al mando de
Arismendi y Aurelio Pérez González. Polémico aparato militar:
durante muchísimos años su existencia permaneció oculta para gran
parte de los propios militantes comunistas (algunos incluso la
negaban), y de hecho ningún documento interno del Pcu menciona una
estructura de tal tipo ni el tema fue nunca objeto de discusiones en
el partido. No obstante, Rodney Arismendi habló acerca del aparato
militar al menos una vez durante una conferencia que dio a exiliados
uruguayos y chilenos en Cottbus (ex rda), a fines de la década de
1970.
Lo cierto es que pocos discuten hoy que el aparato haya
existido, hacen remontar su origen a fines de los años cincuenta, y
su reestructuración hacia 1964. Todo indica que el aparato militar
fue desmantelado en 1975 por el Ejército tras la caída de Álvaro
Coirolo, que era encargado de la logística y colaboró con los
militares tras su detención. Coirolo había participado en casi todas
las etapas del proyecto Bolivia.4
El apoyo sotto voce dado por
Arismendi al plan guerrillero contrastaba con la postura oficial del
pcu, que a diferencia de otras organizaciones de izquierda uruguayas
mantenía públicamente una actitud crítica hacia la concepción
“foquista” que caracterizó a Fidel y al Che en esa época. De hecho,
Arismendi no había aplaudido el pasaje final del discurso con el que
Castro cerró, en agosto de 1967 –mientras el Che peleaba en
Bolivia–, la conferencia en La Habana de la Organización
Latinoamericana de Solidaridad (olas), en el que el líder cubano
hizo un llamado a la lucha armada urbe et orbi. A la primera y
última reunión de la olas asistieron también otros uruguayos, como
Ariel Collazo y los dirigentes socialistas Reinaldo Gargano y José
Díaz.
Los socialistas uruguayos habían sufrido una sangría de
militantes con el surgimiento de los tupamaros y tampoco creían en
el proyecto de Bolivia, ya que consideraban que no estaban dadas las
condiciones para un plan de ese tipo y que los proyectos
guerrilleros que comenzaban a surgir en el continente eran más que
nada producto de la imitación al proceso cubano, según dijo a Brecha
José Díaz. La corriente anarquista que se expresaba en la FAU y
luego en la ROE y su brazo militar la opr 33 apoyó moralmente al
Che, pero no participó de la expedición boliviana.
El pcu, por su
parte, continuó en la línea que había comenzado en 1964 y siguió
perfeccionando su aparato militar. Aun después del 8 de octubre de
1967 destinó a esa tarea a decenas de sus mejores militantes,
recibió 500 fusiles Colt ar-15 que los vietnamitas habían ganado al
ejército estadounidense, e incluso llegó a fabricar armas.
La
estructura clandestina, organizada en centurias supuestamente
compartimentadas, estuvo “acuartelada” en 1971, cuando se habló de
la posibilidad de un golpe de Estado y una posible invasión
brasileña en caso de triunfo del Frente Amplio en las elecciones de
aquel año, y durante la huelga general de 1973, pero dos años más
tarde cayó sin haberse “estrenado”.
Para ese entonces, en todo el
mundo el Che ya se había convertido en un ícono que se pintaba en
los muros, imprimía en camisetas y autoadhesivos, y en la propia
Bolivia hacía poco había sido derrotado el proyecto revolucionario
encabezado por el general Juan José Torres.
Notas
1. Che. Ernesto
Guevara en Uruguay, de Miguel Aguirre Bayley, Montevideo, Cauce
Editorial, 2002. 2. Publicada por Heriberto Rosabal en Juventud
Rebelde el 27-VII-97 y citada en Gigante moral, de Adys Cupull y
Froilán González, Capitán San Luis, La Habana, 1999. 3.
Testimonio de una nación agredida, Montevideo, 1978. 4. Acerca de
Coirolo, estudiante de ciencias económicas que era sobrino de un
coronel del Ejército y primo del dirigente colorado Julio María
Sanguinetti, existen dos versiones: una dice que a fines de 1975 fue
detenido en Durazno cuando intentaba huir del país y que fue
entonces que se pasó al enemigo para evitar la tortura y la cárcel,
y otra que era un topo infiltrado en el aparato clandestino.
Falleció de muerte natural en junio de 2004.
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