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20 de noviembre de 2007
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Granma digital de Cuba
- 19 de noviembre de 2007
Reflexiones del presidente Fidel Castro
El diálogo con Chávez
Fidel Castro Ruz
Hice
referencia el pasado día 15 de noviembre a una
tercera reflexión sobre la Cumbre Iberoamericana;
dije textualmente "que por ahora no publico". Me
parece, sin embargo, más conveniente hacerlo antes
del referéndum del 2 de diciembre.
Señalaba en
aquella reflexión, escrita el día 13, lo
siguiente:
Ayer nuestra
población pudo escuchar a Chávez en el programa de
la Mesa Redonda. Lo llamé cuando afirmó que Fidel
era un hombre de otro mundo, que el 11 de abril de
2002 habló con él, cuando sus comunicaciones
oficiales estaban interceptadas, a través de un
teléfono ubicado en la cocina.
Yo estaba
reunido el día del golpe con el Presidente del
Gobierno del País Vasco. Los hechos se sucedían
uno tras otro. Aquella fatídica tarde, por esa
misma vía habían llamado para despedirse varios de
los que allí estaban dispuestos a morir junto a
Chávez. Recuerdo con exactitud lo que le dije ya
de noche cuando le pedí que no se inmolara: que
Allende no disponía de un solo soldado para
resistir y él en cambio contaba con miles.
En nuestro
diálogo telefónico durante el acto de la Cumbre de
los Pueblos, traté de añadirle que morir para no
caer prisionero —como me ocurrió una vez y estuve
a punto de serlo nuevamente antes de llegar a las
montañas— era una forma de morir con dignidad. Yo
había afirmado lo mismo que él dijo: que Allende
murió combatiendo.
De un balazo
en la barbilla, dirigido al cráneo, sobrevivió uno
de los generales más gloriosos de nuestras guerras
de independencia, Calixto García Íñiguez. Su
madre, que no creía la noticia de que su hijo
estuviera prisionero, al conocer toda la verdad,
exclamó con orgullo: ¡ese sí es mi hijo!
Tal idea
quise transmitirle por el teléfono celular sin
amplificador, que esta vez portaba Lage,
Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de
Ministros de Cuba. Chávez apenas podía oír mis
palabras, como ocurrió también con la orden de
callarse que le espetó el Rey de España.
En ese
instante del acto llegó Evo, genuino indio aymara,
que también habló, como lo hizo Daniel, en cuyo
rostro Chávez ob-servó, con razón, rasgos
mayas.
Estoy de
acuerdo con él cuando afirmó que soy una extraña
mezcla de razas. Tengo sangre taína, canaria,
celta y quién sabe cuántas más.
Estaba
impaciente por escucharlos de nuevo a los tres.
Antes dije: ¡Vivan los miles de chilenos que
murieron combatiendo contra la tiranía impuesta
por el imperialismo! Y concluí proclamando junto a
Chávez la consigna bolivariana, guevarista y
cubana de: "Patria, Socialismo o Muerte"
¡Venceremos!
Ayer lunes
12 escuché a través de una conocida emisora
privada de televisión venezolana, al servicio del
imperio, una declaración y un discurso elaborados
de punta a cabo por la Embajada de Estados Unidos.
¡Qué hueco y ridículo sonaba todo frente al
discurso vibrante de Chávez en el
debate!
¡Gloria al
Bravo Pueblo que el yugo lanzó!
¡Viva Hugo
Rafael Chávez!
Fidel Castro Ruz
Noviembre 18 del 2007
3 y 16 p.m.
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