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23 de noviembre de 2007

Brecha de Uruguay - 23 de noviembre de 2007

(Medio)ambiente enrarecido

El control de Botnia por duplicado

Con la planta de Botnia en funcionamiento, la batalla bilateral se concentra ahora en los controles ambientales. Argentina dispuso 2 millones dólares para eso y Uruguay podría requerir ayuda técnica internacional. Desde ambos lados del río se mira hacia La Haya, adonde llegan los ecos de un áspero intercambio epistolar.
Fabián Werner

La directora nacional de Medio Ambiente, Alicia Torres, celebró que los controles realizados hasta ahora por la Dinama hayan dado “perfecto”, aunque reconoció que para tener un panorama general de la situación ambiental habrá que esperar alrededor de seis meses. Más allá de este optimismo, el ministro Mariano Arana dijo que es partidario de que ese monitoreo uruguayo sea supervisado por técnicos internacionales, como forma de dar mayor sustento a la posición uruguaya.

Mientras Uruguay realiza estos estudios por su cuenta, el gobierno de Néstor Kirchner destinó 5 millones de pesos argentinos (en el entorno de 2 millones de dólares) para el financiamiento de análisis ambientales en el río Uruguay. El objetivo es recopilar datos que confirmen la presunción argentina sobre la polución que generará Botnia en el recurso compartido, y anexar esos datos a la causa que se presentó ante La Haya. El control estará coordinado por la Secretaría de Ambiente que encabeza Romina Picolotti, y participarán varias dependencias federales, provinciales y municipales.

El canciller Reinaldo Gargano evaluó como “positivo” este control unilateral argentino, aunque aclaró que no tiene “validez” porque “lo ideal es que se realice de manera conjunta”. Gargano envió el miércoles 21 la réplica uruguaya a la protesta que su par argentino le había enviado la semana anterior por el comienzo de la actividad de Botnia, considerando la decisión como “unilateral” y violatoria del Estatuto del Río Uruguay.

La misiva, de una carilla y media, puso énfasis en la “decisión soberana” del país, “fundada en el derecho inalienable que tiene Uruguay a determinar que se instalen en su territorio plantas industriales”. Como el gobierno uruguayo ya anunció que enviará una copia de la carta a La Haya, la administración de Kirchner evalúa enviar una dúplica, que entregaría al embajador Francisco Bustillo, y remitir una copia al mismo tribunal en Holanda.

El debate ambiental a dos orillas fue abonado por un informe de la consultora canadiense Ecometrix –la misma que asesoró al Banco Mundial para la concesión del préstamo a Botnia– en el que se consignó la utilización de nueve sustancias potencialmente “peligrosas”, tres de ellas “tóxicas” y cuatro “irritantes”. Mencionó también la eventualidad de 16 posibles accidentes por el manejo de estos químicos que pueden afectar el ambiente y la salud, seis de los cuales ocasionarían “serios” efectos, nueve de ellos presentarían consecuencias “significativas” y sólo uno tendría derivaciones “moderadas”. Además, el documento señala que Botnia producirá anualmente entre 100 y 150 toneladas de residuos peligrosos, mientras que la planta química Kemira –también propiedad de Botnia– producirá entre 300 y 350 toneladas de residuos por año adicionales, que también presentan peligrosidad.

A pesar de estos datos, el informe sostiene que Botnia ya cumplió con todos los requisitos exigidos para prevenir accidentes, y que en algunos casos esos requerimientos son cumplidos en exceso. Añade que “la planta se construyó de acuerdo a los cánones de las mejores técnicas internacionales disponibles”, y por lo tanto las sustancias peligrosas “serán manipuladas de forma apropiada”.

En medio de este intercambio epistolar, los ambientalistas de Gualeguaychú contrataron al abogado uruguayo Gustavo Casola Perezutti para iniciar una ofensiva jurídica en nuestro país, que tiene como objetivo lograr que la justicia obligue al Estado a detener los trabajos de Botnia hasta que exista un pronunciamiento en la Corte Internacional de La Haya. Antes de eso se planteará una petición para que se entregue a los denunciantes toda la información disponible sobre el funcionamiento de la planta.

En esta misma línea, el fiscal Enrique Viana –quien ya fue contactado por los argentinos y dijo estar dispuesto a declarar en el juicio que se sigue en Argentina contra los directivos de Botnia– pidió informes al gobierno sobre el traslado de sustancias tóxicas en las barcazas de la pastera finlandesa y acerca de la realización de al menos ocho perforaciones, cuya profundidad oscila entre 60 y 100 metros, en el predio de la zona franca de la empresa en Río Negro.

Por si todo esto no fuera suficiente para poner el tema ambiental en el centro de la discusión, en los últimos días continuaron los “episodios de olor” en las inmediaciones de la fábrica, y esta vez afectaron directamente a seis escolares fraybentinos que sufrieron mareos y debieron ser asistidos. “El olor quemaba la nariz, fue realmente insoportable. Antes no lo habíamos sentido de esa manera”, dijo la maestra de los niños, Erika Perroux (El País, de ayer jueves). Más allá de estos inconvenientes, la empresa informó oficialmente que “fue un evento transitorio y de corta duración” y que “no genera ni generará ningún impacto en la salud”.

DESBLOQUEO COMO GESTO

Después de que el viernes 16 la intervención de la gendarmería argentina abortara el intento de los ambientalistas de bloquear los tres puentes binacionales, como parte de los festejos por el primer aniversario del corte del puente general San Martín,* comenzó a manejarse la posibilidad de que este “gesto” fuera respondido desde Uruguay con otro similar. Así fue que el levantamiento del cierre del paso de frontera comenzó a manejarse en el Poder Ejecutivo, lo cual fue rechazado desde Nueva Zelandia por el presidente Tabaré Vázquez, ante el anuncio de nuevas protestas por parte de los ambientalistas de Gualeguaychú.

Es que a pesar de aquel traspié, los festejos continuarán mañana sábado en la noche con una movilización nocturna que terminará sobre el puente general San Martín, con antorchas, avanzando “hasta donde la Policía uruguaya nos deje llegar”, según explicó uno de los asambleístas. Al día siguiente está previsto cruzar a Uruguay por Colón y dirigirse al balneario Las Cañas, aunque en los últimos días comenzó a analizarse la posibilidad de dejar sin efecto la protesta debido a la reacción que se generó en Uruguay. El intendente de Río Negro, Omar Lafluf, ya anunció que se comunicará con la ministra del Interior para manifestarle su preocupación por esta nueva “provocación” de los ambientalistas.

Con este panorama parece difícil que el cierre de frontera sea levantado en los próximos días, dados los informes de inteligencia policial y militar que recomiendan lo contrario.


* A propósito de este aniversario, el Poder Ejecutivo resolvió resarcir a los damnificados por el corte del puente General San Martín. El Estado destinará un monto de 2,5 millones de pesos para indemnizar a alrededor de 50 familias de comerciantes, entre quienes se encuentran despachantes de aduana, trabajadores del sector gastronómico y funcionarios de free shops.


Malas aguas para Buenos Aires

La barcaza Buenos Aires, la más pequeña de las tres que utiliza Botnia para trasladar la pasta de celulosa por el río Uruguay, quedó encallada cerca de la desembocadura del Río Negro cuando transportaba 1.300 toneladas de carga desde el muelle de Botnia hasta la terminal de Nueva Palmira. El hecho, que es usual debido a las complicaciones de navegabilidad del río, se produjo en la madrugada del martes 20, cuando la proa de la embarcación tocó uno de los veriles del canal (debido a la falta de señalización y la baja marea) y quedó encallada. Según medios argentinos, los ambientalistas aprovecharon la ocasión para realizar una incursión en lancha hasta la barcaza en la noche del miércoles 21 y pintaron con aerosoles en uno de los costados de la embarcación las inscripciones “Fuera Botnia” y “No a las papeleras”.
 
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