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Latinoamérica - rodelu.net
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20 de abril de 2008
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Elecciones reñidas en Paraguay
Por la boca muere el pez
José Antonio Vera
Este domingo 20, en elecciones generales, el pueblo paraguayo tendrá oportunidad de cambiar 60 años de su vida política secuestrada por el Partido Colorado, centenaria organización que, en las últimas seis décadas, ha degenerado en una empresa privada al servicio de una cúpula conformada por grupos familiares, que se han enriquecido inmensamente, en paralelo con el deterioro económico, social y cultural del pueblo.
En su carácter de jefe inconstitucional de la campaña electoral, el mandatario paraguayo Nicanor Duarte Frutos, ha tropezado muchas veces con sus propios exabruptos, pero el más grosero de todos lo ha cometido esta semana al declarar que llegan guerrilleros, armas y explosivos al país, entre los cientos de observadores internacionales que vienen con la intención de darle garantía legal a una elección que se presenta muy reñida y puede provocar cambios políticos importantes.
En su habitual exceso verborrágico, cuyo volúmen aumenta y le genera un ronquido que hace casi inaudibles sus palabras a medida que se acaba la semana y se acorta el espacio para la propaganda, el Jefe de Estado expresa una enorme inquietud porque todas las encuestas dan perdedor al Partido Colorado, tras 60 años de dominio cuasi feudal.
Esa posibilidad ha convertido al mandatario en un histrión que habla de infiltrados, venidos de Bolivia, Venezuela, Ecuador y otros países, para desestabilizar y cuestionar el “inobjetable triunfo colorado”, que han introducido pertrechos en los Departamentos de San Pedro y Caaguazú, norte y este del país, donde las esconden en radios comunitarias y otras organizaciones afines, contrarias a la democracia.
Sorprende doblemente la grosería del mandatario al nombrar a esos tres países, con cuyos gobiernos ha mantenido buenas relaciones en los cuatro años de su administración, sin sumarse nunca a las campañas de desprestigio impulsadas por los gobiernos de Estados Unidos y algunos de Europa, apoyados en una descomunal ofensiva mediática que, incluso, ha intentado atizar otro conflicto bélico con Bolivia.
Sin duda que el desenfreno de Duarte Frutos lo provoca el exObispo Fernando Lugo, favorito en todas las encuestas, como cabeza de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) que, en un año de vida, concretó la suma de partidos, personalidades independientes y movimientos sociales y sindicales dispares, dispuestos a terminar con el deterioro social y la corrupción generalizada.
Otro elemento que desestabiliza emocionalmente al Presidente es su impotencia para imponerse como jefe de una familia partidaria que está amaestrada en la obediencia pero que se siente huérfana desde el derrocamiento del General Alfreso Stroessner en 1989 y diez años después por la desaparición de su último caudillo, el Vicepresidente Luis María Argaña, asesinado en Asunción, en un crimen palaciego sin dilucidar aún, que acarreó desbande y enterró la vieja unidad granítica.
Padrón con 2.861.916 entre vivos y muertos
Estas elecciones significan mucho para el futuro del país, por dos elementos principales.
En primer lugar, enfrenta a tres candidatos fuertes, hecho inédito en el último siglo, quienes presentan esbozos programáticos muy diferenciados, que van de un gatopardismo maquillado, emparentado con el pregón de Dios, Patria y Familia, hasta la propuesta de una transformación estructural.
El sufragio puede terminar con seis décadas de una dictadura constitucional, si Lugo derrota a la oficialista Blanca Ovelar quien, a su vez, tiene posibilidad de convertirse en la primera mandataria en los casi 200 años sin dominio colonial de Paraguay.
Detrás de ellos, siempre de acuerdo con las encuestas, llegaría el General Lino Oviedo, disidente colorado y con ínfulas mesiánicas, quien estaría recuperando muchos adherentes en las últimas semanas entre sus correligionarios, decepcionados en las internas de febrero pasado.
Importantes sectores del partido consideran un acto inconsulto de Duarte Frutos la designación de la candidata, porque no le reconocen militancia, aparte de siete años al frente del Ministerio de Educación, cuyo desempeño ha merecido notas muy bajas entre los sindicatos de docentes, especialistas y familiares de alumnos.
Entre esos ambientes, se califica de desatinada y de lamentable fracaso la reforma de la educación que la presidenciable impulsó y que continúa generando una formación mediocre desde la primaria hasta la universidad, incapaz de formar conciencia de la identidad de esta población mayoría mestiza, culturalmente tribal, que se niega a reconocerse como tal y se averguenza de los 100 mil aborígenes que mal sobreviven en 17 etnias, con muchos casos de tuberculosis y sida, desatendidos por el Estado.
El padrón electoral registra a dos millones 861 mil 916 personas habilitadas para sufragar, entre las cuales el Partido Colorado tendría la garantía de unos 700 mil votos “duros”, según cálculos elaborados por equipos de expertos después de las internas, en las que participaron 800 mil afiliados y que terminaron en escandalosas disputas y el quiebre de la vieja verticalidad del aparato partidario.
En el análisis de la identidad de los futuros votantes, según la nómina confeccionada por el Tribunal Electoral, se ha detectado que figuran personas nacidas en 1868, en plena Guerra de la Triple Alianza, además de centenas de muertos, menores de 18 años y votantes con cédulas hasta sextuplicadas, distribuídas en mesas diferentes en varios distritos de todo el territorio nacional. Error electrónico o mala fe?. A saber.
Grandes desafíos para la oposición
Las fuerzas opositoras, coincidentes sin vacilación en la necesidad de generar un virage en la vida política del país, que combata el desempleo y a las roscas mafiosas enquistadas en el poder, aplicando programas de desarrollo integral, parece que han interpretado claramente el reclamo de la mayoría de los seis millones y medio de paraguayos, de los que ha emigrado el 35 por ciento y alrededor de un millón sobrevive con menos de dólares diarios.
Los propósitos de la membresía de la APC, enunciados con mucho voluntarismo e idealismo pero aún sin diseñar con hondura y prolijidad y que, por ahora no supera el mero marco de objetivos clonados por las corriente progresistas en decenios, tendrá que enfrentar tres grandes desafíos en fechas inmediatas.
Primero, ganar las elecciones, logrando el voto de un alto porcentaje de los 300 mil jóvenes que ingresaron este año al padrón electoral y de los muchos indecisos que dicen querer un cambio, pero que, a último momento pueden ser arrastrados por la maquinaria colorada, que está utilizando todos los recursos del Estado.
El segundo desafío y quizás el más difícil, sera afirmar y profundizar la frágil unidad de la APC, que ha tenido el mérito de mantenerse cerrando filas hasta este domingo, pero que su propia disparidad doctrinaria puede generarle graves disensos hasta e, incluso después del 15 de agosto, cuando deberá producirse el traspaso de la banda presidencial, en el caso de victoria.
En tercer lugar, la Alianza puede perder y ahí deberá superar una difícil prueba de fuego que medirá el legítimo alcance del liderazgo de Lugo y las verdaderas intenciones de las fuerzas que lo acompañan.
Una derrota decantará, separará o unirá las piezas en torno a quienes llegaron sólo con un propósito electoral o aquellos convencidos en continuar la lucha para unificar y consolidar la vida de este nuevo combatiente en la remozada política paraguaya, paralizada desde décadas en un bipartidismo que hizo del Partido Liberal, principal fuerza aliada ahora al renunciante Obispo, el furgón de cola de la tiranía stronista, a la que le facilitó por años un burdo maquillaje constitucional.
17 de abril de 2008
José AntonioVera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
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