Perfil del nuevo presidente
Paraguay en catarsis
José Antonio Vera
Fernando Lugo, cincuentón tranquilo, comprometido desde joven con su pueblo, primero fue maestro de una escuelita rural, luego vistió sotana casi treinta años, llegando a altos mandos eclesiásticos, los que abandonó para buscar un espacio más amplio para pelear por la justicia social e ingresó a la actividad política en la
cual siguió acumulando prestigio y capacidad de decisión, pero ahora, elegido presidente de su país, tiene por delante desafíos tan complejos como los de un equilibrista caminando sobre una cuerda floja.
Mientras que las recientes elecciones nacionales abren esperanzas de que, políticamente, Paraguay ingrese a la siempre riesgosa fase de la convalescencia y hasta puede exhibir signos de catarsis en ciertos ámbitos, en todo lo que toca a economía, situación social general y vida cultural, el país permanece en terapia intensiva, con uno de los niveles mundiales más graves, que dificultarán enormemente su recuperación, al menos en los cortos plazos que, en cualquier nación, siempre exige la mayoría ilusionada a los autores de los discursos de buenas intenciones.
Fernando Lugo Méndez, tres décadas y media atrás maestro de una escuelita rural, en el sur del país, y que por méritos propios escaló la mayor parte de la carrera eclesiástica, hasta llegar a Obispo Emérito, privilegiada posición a la que sorprendentemente renunció hace año y medio para consagrarse a la lucha política, podría estar, paradojalmente, en vísperas de convertirse en equilibrista, atleta o bioquímico, tras ganar las elecciones presidenciales el pasado domingo 20.
Tal cual un conquistador de multitudes, como experimentado y brillante saltador de obstáculos, infinidad de vallas le están esperando para enriquecer su consagración o, si se situara en prolijo investigador científico, deberá solucionar complicados ensayos de laboratorio, de los que depende la vida de todo un pueblo de seis millones de habitantes, con 35 por ciento expulsados al extranjero por la pobreza y más de un millón asfixiados por la miseria, en ocasiones absoluta.
Producto de un masivo reclamo de cambio de la situación general, del hartazgo de una población secuestrada por una terrorífica maquinaria platócrata, y por méritos de su propia lucidez personal y de un grupo de activistas políticos y sociales, Lugo ha conseguido, en pocos meses, algo que sorprende a todos, incluso a él mismo, quien está rodeado por personas con muchos años de lealtad con las luchas sociales, pero también por muchos camaleones travestidos.
El Partido Colorado implosiono
Al frente de una heterogénea alianza de sindicatos, mayoría débiles y divididos, de unos partidos políticos que, hasta ayer nomás, eran indignos del calificativo de opositores, de un mosaico de movimientos sociales y de algunos intelectuales sueltos, el renunciante Obispo logró derrotar en las urnas a 61 años de mando discrecional de un desgastado y fraccionado Partido Colorado.
Mediante la corrupción y el pisoteo de la decencia, las direcciones coloradas del último medio siglo convirtieron el país en una empresa privada de unos pocos cientos de familias, tan multimillonarias como hipócratas, ignorantes y retrógradas, de profundo desprecio por los reclamos populares que, junto a otros vicios, culminaron en la implosión del propio partido.
Podría pensarse que la fruta estaba tan madura que, con el menor viento se caía sola del árbol, pero entre quienes conocen el asistencialismo que por años ha ejercido el Estado sobre el pueblo, impidiendo su desarrollo cultural, estrangulando el pensamiento libre, estimulando su dependencia y alienándolo en una conducta acrítica, parasitaria e indiferente, con el fin de alejarlo de toda rebeldía política, fácilmente pueden coincidir en que la victoria electoral de Lugo constituye una hazaña electoral y cívica, toda una fiesta popular.
Con muy pocos recursos financieros, con candidatos al parlamento que hicieron su campaña a pie, barrio por barrio, casa por casa, Lugo consiguió en pocos meses una adhesión popular soprendente, que le permitió imponerse por más del 40 por ciento del total de los votos verificados, diez puntos arriba de Blanca Ovelar, candidata del Gobierno, y más del doble del exGeneral Lino Oviedo, personaje amante de un desquiciado mesianismo, invocador de Dios, Patria y Familia.
La pileta estaba vacía
Primer político y alto jerarca religioso en la historia paraguya en salir durante un año por todas las aldeas y villorrios más humildes, para preguntarle a los pobladores qué ideas tienen para encontrar las soluciones a sus conocidos problemas, ayudándole a elevar su depreciada autoestima, Lugo se convirtió en candidato presidencial formado esencialmente por la propia ciudadanía, en otro hecho de singular trascendencia e inédito en un país desbordado por la demagogia y el extremo prebendarismo.
Una vez que tuvo entre sus apuntes la opinión directa de todo el abanico nacional, sin ninguna clase de exclusiones, pluralista, con amplitud de miras y mucha paciencia frente a los egoísmos, dobles intenciones, enconos de grupos, personalismos y el sempiterno veneno de la división, Lugo recién aceptó “echarse a la piscina”, que muchos sectores le ofrecían, pero vacía.
Convencido de que era posible llenar la pileta, y despejado del temor de ser pasado por una licuadora por algunas de las fuerzas que decían apoyarlo, Lugo recién aceptó conformar la fuerza que dio en llamar Alianza Patriótica para el Cambio, con la suma de nueve partidos políticos, de todos los colores, del Movimiento Tekojojá y de decenas de organizaciones sociales.
Mejorar ingresos para prevenir decepción
En el ejercicio de mandatario, que comenzará el próximo 15 de agosto, Lugo estrenará una función que deberá responder, en los acuciantes primeros cien días, a las demandas más urgentes de esa masa de adherentes que, contra vientos y mareas, se atrevió a darle su apoyo, entre ellos el 50 por ciento de los 300 mil empleados públicos, a quienes el Partido Colorado de nuevo les exigió el voto individual acompañado por otros diez, como condición para conservar el salario.
Con la intención de disipar una creciente ola de rumores, el flamante presidente ha precisado que los únicos funcionarios que podrán tener problemas con el nuevo Gobierno son los ineptos y corruptos. “Ninguna persona, que se ajuste a la ley, debe temer la menor represalia, porque en nuestras prioridades hay tres enemigos bien identificados, que son la corrupción, la pobreza y la ignorancia”.
En la fase actual del armado de su futura gestión gubernativa, el exjerarca católico tiene posibilidad de ahorrarle una inmensa fortuna al fisco si decide limpiar y transformar el Estado, con especial empeño en despartidizar el Poder Judicial, “único prostíbulo que abre de mañana”, comenta alguna gente, que mantiene años presos y sin proceso a ladrones de gallinas y libera en pocas horas a grandes mafiosos del contrabando y el tráfico de marihuana, autos y personas.
La maquinaria burocrática tiene más de 500 puestos “de confianza”, con altísimos salarios, diseminados en inútiles Consejos de Administración, empresas públicas que son cotos cerrados del partido, entes descentralizados, viceministerios y en las seccionales coloradas, cuyos capangas están acreditados como anexos a la Presidencia de la República, con todo el rango y beneficios inherentes.
El Banco Central tendría 4.500 millones de dólares de reserva, pero la mitad de su población está bajo la linea de pobreza y más de un tercio en la miseria absoluta, con el 70 por ciento de la tierra en manos del 2,5 pc del total de los propietarios, muchos extranjeros, frente a 300 mil familias sin el mínimo palmo, rémora de la “reforma agraria” de la tiranía stronista, que convirtió a sus amigos más íntimos en los latifundistas que sangran el país y que, con sus herederos, han conformado una oligarquía rural sin conciencia ni capacitación empresarial.
La unánime decisión de la Alianza y uno de los primeros objetivos de su incierto programa de gobierno, y que mayor apoyo popular concitó en la campaña electoral, tiene relación con el Tratado de Itaipú, la gigantesca represa binacional sobre el Paraná, un tema difícil de abordar por estos dos miembros del MERCOSUR, que podría generar roces serios en los próximos meses entre la nueva administración paraguaya y el Gobierno de Lula.
Desde 1973, la hidroeléctrica representa la clásica relación abusiva del tiburón contra la sardina, dado que la producción energética, que pertenece a ambos países a partes iguales, es utilizada por Brasil en un 95 por ciento, pagando a precio de estafa el 45 pc que este pequeño socio no consume.
Mientras la sardina recibe 400 millones de dólares por año, el tiburón ocho mil millones, injusticia que Lugo pretende combatir renegociando el acuerdo, lo cual aparece como un movimiento legítimo pero con poca posibilidad de éxito. A mediano plazo, quizás tendría alguna probabilidad de conseguir mejorar el precio.
Con Argentina, la otra potencia del mercado regional, igualmente Paraguay tiene en común la Hidroeléctrica de Yaciretá, inferior a Itaipú pero también importante con una asimetría comercial y financiera desventajosa, que la Alianza Patriótica, se propone ir renegociando, al tiempo de impulsar una cooperación en democracia, que sepulte los contenidos y métodos de los acuerdos entre las dictaduras militares.
La promesa de aplicar una reforma agraria, es otra de las grandes reivindicaciones de Lugo, aunque esa propuesta tiene mucho menos aceptación popular, en especial por dos razones. Primero, suena a consigna izquierdista, en un país con mucho prejuico anticomunista y, segundo, persiste como enunciado sin fundamentación. El pueblo paraguayo, su parte más evolucionada y más influyente, base del triunfo de Lugo, ha aprendido a reclamar argumentos para después pronunciarse.
El 80 por ciento de la tierra, sembrada en su mayor parte de soja transgénica, por la cual apenas restan 600 mil hectáreas de bosques, de ocho millones hace 40 años, está en manos del 2,5 por ciento de la población, mayoría sin títulos de propiedad, producto de una de las tantas regalías del coloradismo entre sus allegados. Lugo ya ordenó realizar una prolija investigación del Catastro Nacional.
Frente a ello, hay 260 mil familias residiendo en minifundios, con hacinamiento extremo, carentes de los servicios sociales básicos, bolsones de una marginalidad víctima y victimaria,cuyo rescate requeriría programas integrales de recuperación, con énfasis en la educación y capacitación profesional, con planes de producción diversificada en el marco de asociaciones, cooperativas o comités vecinales de pequeñas y medianas empresas.
La población económicamente activa está constituída por 4,5 millones de personas, entre las cuales el 35 por ciento busca un empleo que, en la mayoría de los casos se puede conseguir sólo bajo apadrinamiento partidario o sentimental.
Hay 50 mil jóvenes buscando el primer salario de su vida, mayoría con baja capacitación, con secundaria terminada en apenas cuatro de diez alumnos, bajo la batuta de un ministerio con un presupuesto anual de 475 millones de dólares, duplicado en los últimos cinco años, sin que haya disminuído la mediocridad pedagógica ni dignificara algo al cuerpo docente.
23 de abril de 2008