Paraguay
Al traumatólogo
se le acabó su suerte
Hay un sujeto repugnante a quien la suerte lo ha abandonado. Se llama Norberto Bianco, es un mayor retirado del Ejército argentino, de 67 años, que ejercía la profesión de médico y hoy está en una celda del penal de Tacumbu. Su currículo presenta aristas sorprendentes. Durante el último cuarto de siglo el hombre hizo lo imposible por intentar pasar desapercibido y, sin embargo, goza de una incómoda notoriedad. Se la debe a la persistente tarea de las Abuelas de Plaza de Mayo que lo acusaron de haberse apropiado de los hijos recién nacidos de mujeres detenidas-desaparecidas durante la dictadura militar argentina.
Alfredo Boccia Paz
Resbaloso, Bianco. Es especialista en traumatología, pero su mala fama se la ganó en una maternidad clandestina. Es la que funcionaba en el tétrico centro de detención llamado Campo de Mayo -”El Campito”, en la jerga milica-, a treinta kilómetros de Buenos Aires, por el que pasaron unos cinco mil detenidos políticos. Su nombre es poco conocido porque el predio fue demolido en 1983 y porque muy pocos de esos presos vivieron para contarlo. En particular, las 35 mujeres embarazadas que dieron a luz en un recinto al que solo Bianco y otros pocos médicos tenían acceso. Según la justicia, era Bianco quien las llevaba allí en un Ford Falcon para el parto y luego “repartía” los bebés entre las familias de militares que los adoptaban, cambiándoles la identidad.
Amnésico, Bianco. No recuerda a esas mujeres. Nada sorprendente, pues en las pocas historias clínicas rescatadas se las registraba como NN. ¿Qué importaban sus nombres? Aún convalecientes, estas puérperas eran llevadas a la pista de aviación cercana y subidas a un Hércules que solía despegar cerca de la medianoche con rumbo este. El avión volvía una hora después, sin pasajeros.
Bianco y su esposa no podían tener hijos. Era inevitable, pues, que se quedaran con dos de aquellos huerfanitos. Los llamaron Carolina y Pablo. Casi perfecto, si no fuera porque sus padres habían sido asesinados por los camaradas del médico militar. Y porque las Abuelas dieron con él. Y porque la dictadura argentina había caído. En 1986, buscaron refugio en el Paraguay, donde Alfredo Stroessner llevaba 32 años en el poder. Los chicos fueron a un colegio asunceno con un apellido falso -Polimeni- y la tranquilidad parecía haber retornado a esa extraña familia. Pero tres años después también caería Stroessner y una aggiornada justicia paraguaya concedería su extradición. Bianco interpuso todo tipo de recursos, logrando retrasar su retorno hasta 1997.
Su reclusión argentina -por retención de menores y falsificación de documentos- fue breve. Salió libre a fines de 1998, porque una insólita interpretación judicial consideró los años de prófugo en Paraguay como asimilables a una “prisión domiciliaria”. La suerte seguía estando del lado de Bianco, pero eso duraría poco. Surgieron otras imputaciones por apropiación de bebés en el marco del Operativo Cóndor y su hijo Pablo, ahora con 29 años, se realizó voluntariamente un análisis de ADN que demostró que sus verdaderos padres eran dos jóvenes desaparecidos. Es el nieto con identidad recuperada por las Abuelas número 86. La memoria es implacable, no puede borrarse por decreto.
Curioso, Bianco. Salió impune de su repugnante labor en una maternidad clandestina, pero acaba preso al terminar de operar en un elegante sanatorio de Asunción. Hasta asistía a las reuniones de la Sociedad de Traumatología. Alguien debería explicar con qué documentos ejercía como médico en este país. Por ahora, queda claro que se le ha acabado su suerte. Ya era tiempo.
Publicado en
el diario Última Hora de Asunción el 10 de mayo de 2008