Héctor Abarca
10 de Diciembre de 2002
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Héctor Abarca, periodista chileno, es director de Radio Nueva América, decana de las radios de cercanía de Estocolmo en español
 
El negociado de la Teletón
Héctor Abarca
El viejo y sabio refrán ” A río revuelto ganancia de pescadores” o “ En el país de los ciegos el tuerto es rey” este aún más biblico y más sabio sirve para aplicarlo a una parte de la sociedad chilena compuesta por la gran masa de seres trabajadores y cesantes de bajos recursos que se adoctrinan a través de la ”Cajita de los idiotas” elemento mediático que no sólo cumple con la función de adoctrinar a los espectadores a ciertos consumos, sino también a formarse opiniones de acuerdo a los datos entregados por estos medios a través de noticieros, programas de recreación, programas de caridad pública y conversaciones de grupos de ”intelectuales que vomitan su pobredumbre ideológica”

Este es el caso típico de la televisión Chilena y sus conspicuos personajes, uno de ellos es el multimillonario empresario más conocido por don Francisco, cuya fortuna lograda a través de vender un producto de la caridad humana que le ha dado excelentes resultados a la hora de sumar sus ganacias, conocedor profundo del comportamiento y la indiosincracia de la mentalidad de la compleja sociedad chilena ha sacado adelante sus empresas especialmente durante la dictadura militar... por eso no es de extrañarse que elementos que comparten la concepción de la Caridad/negocio sean los primeros en acoplarse al negociado de la Teletón, y para no ser menos los generosos y “caricativos chilenos” aparecen en el exilio defendiendo y apoyando a un fraudulento fariseo y comerciante de la desgracia ajena, los defensores lo promueven como “el ángel bueno de niños minusválidos”. Escondiendo detrás de ello una verdadera maquinaria de hacer dinero – ocupando parte de éste en hacer caridad a nombre personal para ayudar a los niños minusválidos, cuando esta responsabilidad debe y tiene que caer sobre los hombros de un gobierno que se dice humanista, la atención prioritaria a estos niños y adultos es responsabilidad absoluta del ministerio de la salud en Chile, pero como la corrupción llega a esferas de gobierno... allí en ese país de ciegos el tuerto seguirá siendo rey...

He aquí algunas opiniones discrepantes con el llamado Show del año de la televisión y radios chilenas. Show donde todos los auspiciadores, hasta los que dicen apoyar en el exterior, sacan provecho y tajada de la desgracia de miles de niños indefensos e inocentes del negociado que se realiza en el nombre de todos ellos.

Las opiniones vertidas más abajo son algunos ejemplos sacados del diario cibernético www.granvalparaiso.cl

Radio Nueva América – Estocolmo

Héctor Abarca
radiona@hotmail.com


"¡Oiga, pero si este hombre es un santo!

¿No ve que fue el inspirador de la Teletón y que se ha jugado todo este tiempo por la causa de los niños lisiados?" Hablemos en serio, esta iniciativa de carácter benéfico ha sido un negocio redondo para Don Francisco y para los empresarios que lo secundan. La vinculación del animador con una causa noble le permitió fortalecer su imagen pública, abriéndole las puertas a numerosos nuevos contratos.

Las masas de buen corazón, enternecidas por la bondad desinteresada de don Francisco, están dispuestas a escuchar los consejos que él les prodiga para que compren tal o cual detergente, este jabón, aquella cocina, o para que ingresen a la AFP equis o la ISAPRE ye.

Y las cuentas corrientes del animador no cesan de engrosarse.

Todos los millonarios apoyan alguna iniciativa de caridad pues eso les ayuda a mostrar una cara más amable en un mundo en el que la brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más profunda. Así que lo que hace don Francisco no tiene mayor mérito. Al menos no desde el punto de vista cristiano. El animador ha obtenido dividendos con creces con esta promoción de la caridad fariseica. El Evangelio enseña que cuando hagas caridad, "que tu derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda".

En las teletones y las cenas de pan y vino, en cambio, sólo los pobres dan en forma discreta cada vez que compran determinados productos adheridos a la campaña. Los ricos disponen de generosas cámaras, que muestran lo buenos y generosos que son, a pesar de que ellos tiran apenas unas migajas de sus enormes fortunas.

La Teletón sirvió para que la dictadura de Pinochet y los gobiernos de la concertación se desentendieran de una obligación que compete en lo fundamental al Estado, atender a los niños minusválidos de escasos recursos, también ha servido para promover la imagen de un país bueno y solidario. Pura cháchara, ya que un estudio académico que acaba de conocerse revela que en las últimas décadas los chilenos nos hemos vuelto más intolerantes, racistas, clasistas e individualistas.

Don Francisco es un hombre de éxito, qué duda cabe. Pero ya tiene bastante con toda la plata que ha ganado y la influencia de que dispone en los círculos ansiosos de poder y de prestigio. De modo que cualquier homenaje a su persona en nombre de valores trascendentes constituye un absurdo. El hecho de que algunos lo hayan canonizado, elevándolo a los altares de la veneración nacional, es un síntoma alarmante de descomposición moral y deterioro intelectual y cultural de Chile.

La discusión acerca de La Teletón me lleva a concordar con aquellos que plantean que la atención a personas minusválidas debe ser una responsabilidad de las sociedades civilizadas y en último término del estado. Esta es una forma de terminar con este show de caridades gritadas a los cuatro vientos para conseguir altas tasas de retorno de inversión. Por otro lado, y siguiendo la línea capitalista de este negocio, si ya que el Estado no puede asumir su rol, ¿Por qué no se han hecho inversiones que permitan financiar la teletón a largo plazo? 

Eduardo Cisternas, Temuco, ecisternas@telsur.cl


He llorado a moco tendido

José, Iquique, pepelacable2002@hotmail.com

Es verdad que a veces he llorado a moco tendido durante la transmisión de la Teletón. No lo niego, ni me da vergüenza reconocerlo. Cómo no voy a sufrir si Don Francisco y su Teletón exhiben a niños y niñas impedidas arrastrándose por tratar de parecer normales. Qué culpa tengo yo, si las imágenes son fuertes y me piden que ayude. 

Esa técnica eficaz, que logra su objetivo conmigo es una estrategia de marketing "sabadogigantero"; que usa este señor para "ablandar"; los corazones y donemos algo de nuestro escuálido dinero. No envuelve en ese sentimiento de culpa, si no ayudamos. Su práctica se parece a algunas iglesias protestantes que te "machacan"; que eres pecador desde el nacimiento. ¿Qué culpa tuve yo, si nací en 1970, de la muerte de Cristo? 

Don Francisco sabe cómo somos los chilenos. Conoce nuestra forma de pensar, no por nada lleva 40 años en su "Sábado Gigante"; atormentándonos cada fin de semana con su circo-empresa. Un Dios en el ambiente televisivo, su palabra es ley. Muchos artistas ni siquiera lo tocan con el pétalo de una flor, excepto "Viking"; Valdés, que se aburrió de ser parte del circo.

Una empanada entregada a un ex preso político en 1973, no lo absuelve de su silencio ante los atropellos de los derechos humanos durante la dictadura. Mientras en oscuros cuartos de la policía secreta de Pinochet se torturaba y violaba, él y su trompeta circense bullían de alegría llenándose los bolsillos de dinero.

Alegría cómplice que ni cien libros autobiográficos lo pueden salvar de mi dedo acusador.

Los niños minusválidos necesitan nuestra ayuda, pero es una responsabilidad exclusiva del gobierno.

Siento pena con las imágenes y reportajes que se exhiben en el programa de "27 horas de amor". Hoy sus seguidores apoyan cualquier cosa que haga el "Gurú"; de la televisión chilena.

Muchos artistas se pelean por aparecer en la Teletón, no por ayudar desinteresadamente como creemos todos. Cada artista utiliza la Teletón y su convocatoria como escenario para futuros contratos.

¿Acaso la marca X que aporta la Teletón no se beneficia con el aumento de las ventas de sus productos? ¿Los canales no aumentan sus ingresos por concepto de publicidad de la Teletón?

Creo en la ayuda sincera, no en esa "voluntarias"; de cajas de supermercados y faranduleros de televisión.


Cruel mezcla de ayuda al prójimo y negocio

Luis Eduardo Silva, lesilva@terra.cl

Hace ya varios años, en el diario "La Mañana" de Talca, escribí sobre el denominado don Francisco. Lo hice con motivo de habérsele declarado Hijo Ilustre de nuestra ciudad natal. De hecho, estos inmigrantes judíos llegaron a vivir a Talca, donde nació este personaje. Nada más paradojal que en una ciudad de estirpe y tradición de nuestro país, se llame talquino a una persona que representa todo, menos lo que Talca representa en la historia de Chile.

En fin, cuando Kroisberger fue querellado en Miami por molestar a una modelo, querella que al parecer se arregló con plata, cuyo arreglo nunca se ha dado a publicidad, volvía escribir en "La Mañana" de Talca y en "La Región.

Pienso que lamentablemente este animador representa a estos " nuevos chilenos " del mediopelaje criollo que carece de toda sustentación, que adora la vulgaridad, el dinero, y abusan del dolor de muchos pobres de bolsillo y espíritu, y van a estos programas a servir de espectáculo para los demás.

Una nación, con ídolos públicos como éste marca su decadencia, la ausencia valórica del entretenimiento, la falta absoluta de escrúpulos.

Lo triste de este guaton frauduliento, es que el 90% de sus cosas son copias, y malas copias.

El Teletón fue creado por Jerry Lewis en los Estados Unidos; la Cámara viajera fue creada por Tom Tracy, un animador americano etc. Esta mezcla cruel entre la ayuda al prójimo y el negocio, este permanente uso de la miseria humana, me da asco y pena, y seguramente es aún más triste ver como un país entero y su clase política sucumbe ante el brillo de los dólares y el mal gusto, bajo la carta de presentación de sanar a niños enfermos. Don Francisco le presta servicios a un Estado incapaz de asumir sus responsabilidades sociales, y él les cobra carísimo, ni se dan cuenta. Felicitaciones a Gran Valparaíso, por tener la valentía moral de no sucumbir.


Desenmascarado

Marcela Quiroz, Quilpué maquba1@hotmail.com

Por fin en más de 15 años, tengo 29 actualmente, me he sentido identificada en mis opiniones acerca este pseudo personaje. Lo que se expresa en el artículo es más o menos lo que he tratado de expresar a los cuatro vientos. La verdad, mi opinión no siempre ha sido bien recibida: en la mayoria de los casos, criticada, por hablar así de alguien que "ha hecho tanto por los niños". C laro que no se daban cuenta que lo que más atraia eran dolares a su bolsillo, porque no encuentro otra forma de explicar su salida con exito al extranjero, sino gracias a la teleton.

Tengo una imagen grabada en mi cabeza de una de las ultimas veces que vi sábados gigantes, hace ya 15 años que no lo hago, y era la de una persona humilde que habia ganado un premio en un concurso, no recuerdo el premio en especial, pero este personaje no paró de hacerla sentir tan bajo en la escala social, que lo que habia ganado era algo realmente inalcanzable para ella, que si no se lo hubiera ganado alli nunca lo hubiera tenido, hasta que esta persona se largó a llorar por lo bueno que le había pasado.

Sólo ahí don Francisco estuvo feliz. Le encanta hacer llorar a la gente, sobre todo a la gente que es mas humilde y que es justamente la que lo ha llevado donde está; qué quieren que les diga, estoy realmente feliz de saber que no estoy sola y que alguien piensa igual que yo. Ya era hora de desenmascararlo; bien por el hecho de que haya sido en este medio de comunicación.


DESDE QUE DON Francisco se decidió a copiar la Teletón en Chile, grandes empresarios, personajes de la farándula y el propio asesino Augusto Pinochet se percataron de que se trataba una idea genial.

Al tirano le servía porque ayudaba a lavar su imagen, empañada por rumores de corruptela y brutalidades sin límites que circulaban pese a la férrea censura sobre los medios informativos.

A las empresas se les aparecía como una veta de oro, pues, aprovechándose del buen corazón y la ingenuidad de las masas, podían disponer de una audiencia cautiva y receptiva para su publicidad, lo que transformaba la Teletón en un excelente instrumento para promover ventas justo antes de la Navidad. Y para animadores y artistas, partiendo por el propio Don Francisco, era una ventana excepcional para mostrarse ante los poderosos encargados de programación de los canales.

Por desgracia, nada de eso ha cambiado en el largo tiempo transcurrido desde que se inició la transición a la democracia. Pocos ejemplos resultan más elocuentes para mostrar con mayor elocuencia el fracaso de los sucesivos gobiernos de la Concertación en su poco empeño por construir una sociedad más justa y civilizada.

NINGUN CAMBIO DE FONDO

En efecto, igual que hace un cuarto de siglo, 18 o 12 años, miles de niños minusválidos continúan mendigando al país la atención a la que deberían tener derecho por su sola condición de tales.

Pese a que la economía nacional es hoy mucho más fuerte y desarrollada que en la década de los ochenta, el Estado sigue siendo incapaz de atender la demanda por rehabilitación de esos niños y también las instituciones surgidas de la filantropía privada están lejos de dar abasto.

La principal de ellas en este campo, la Teletón, vive en permanente desfinanciamiento.

A fines de 2002 se encuentra una vez más, al decir de sus ejecutivos, al borde de la quiebra, por lo que no les queda otra que recurrir a una nueva campaña, desatada hace algunas semanas y que ha de concluir a fines de noviembre con la tradicional jornada de las 28 horas de amor, según la llaman con fruición quienes son sus principales beneficiarios. Que no son, precisamente, los menores minusválidos.

El gigantesco despliegue publicitario impide ver el bosque. Al cabo de tantas teletones, uno se pregunta cómo es posible que no haya habido personajes más visionarios dentro de la Sociedad Pro Ayuda al Niño Lisiado, que en lugar de destinar cada recaudación en el pago de deudas o a la cobertura de gastos corrientes, hubiesen dedicado el fruto de estas colectas a inversiones que generaran un flujo más o menos estable de recursos.

Queda la sensación de que a las grandes empresas, el mundo de la farándula y los poderosos en general, entre ellos las autoridades, les conviene que la Sociedad Pro Ayuda al Niño Lisiado llegue en forma periódica a la inopia, pues de esa manera se justifica la campaña de emergencia que permite a unos entonar sus ventas con una publicidad especialmente eficaz, y a otros limpiar o mejorar su imagen o perfil.

Si el espíritu ciudadano se conduele en forma tan solidaria ante el sufrimiento de los niños con muletas, sería muy simple que todos los partidos políticos y sectores de opinión convinieran en subir el IVA en apenas tres décimas, de 18 a 18,3%, sin que nadie alegara, para recaudar anualmente mucho más que lo que consigue Don Francisco con sus 28 horas de amor interesado. Ni por nada esos fondos extras debieran quedar a merced de burócratas o políticos: podrían ir en forma directa a la mencionada Sociedad, que debería, claro, rendir cuenta pública detallada y periódica de lo que hace y deja de hacer con tales recursos.

Pero eso no sucederá porque hay poderosos intereses detrás de la corrupta mano de la caridad.

 
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