Hebert Abimorad |
4 de Marzo de 2003
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El director de El Siglo, periódico montevideano, me ofrece por entonces la posibilidad de hacerle una entrevista a Isidore Ducasse. Mi primera gestión fue dirigirme a la calle Andes, lugar donde su padre se desempeña como diplomático. Francois me cede la dirección de su hijo en París y la de su tutor Jean Dazet. Además de la inquietud de conocer al poeta, me anima el interés de estar por primera vez en esa ciudad tan maravillosa. La casa donde vive Isidore Ducasse
es un edificio viejo, exactamente el 15 de la Rue Vivienne, encuentro su
nombre en una de las puertas en la cual golpeo. Me recibe un joven de aspecto
enfermo, de ojos pequeños y hundidos, y con los dientes hacia afuera.
Me de la bienvenida con cortesía. Cuando examino su habitación,
descubro su afición por la música al ver al costado izquierdo
un piano, y sobre él unas tazas de café sin lavar. Es entonces
que aprovecho para lanzar mi primera pregunta.
¿Bebe mucho café,
señor Ducasse?
¿Por qué su estadía
en París?
Tengo en mis manos dos ediciones
de su poesía, una editado por la Casa Editorial de M. Lacroix de
la calle Boulevard Montmartre, año 1868, y una corrección
posterior, ambas me la cedió su padre.
¿Ha notado diferencias
entre los dos originales?
Mi amigo George que es hijo de mi tutor, se cansó de mi amistad, él lo daba todo y yo absorbía el beneficio de su bondad. Fue un juego inconsciente en donde él fue la víctima. No lo veo desde hace muchos meses. Otra cosa que se destaca en
su poesía es el mal trato que le da a las mujeres. ¿Cuál
es su relación con el mundo femenino en la realidad?
¿Por qué tanto
odio? La lectura de su manuscrito me lleva a pensar de una vida triste
y sin esperanza. «Lo he decidido desde el día de mi nacimiento.
Ellos no me quieren. Verá la humanidad los mundos destruidos ...”
Un ejemplo de muchos. Destrucción y autodestrucción.
Realmente pienso que la enfermedad
de Isidoro ha trastornado su psiquis, de manera automática le pregunto:
¿Pero antes de la enfermedad usted era otro hombre?
¿Piensa que su poesía
llegará al público?
¿Cuándo será?
Isidore comienza a toser. Espero unos minutos pero su tos no se detiene. Tomo mi grabador de la mesa y con amabilidad intento retirarme. Incómodo por mi decisión el poeta brama. ¡Usted tiene miedo del contagio, por eso se va! Como no parece dispuesto a aceptar mis disculpas, con un cabeceo le niego que así sea. Le sonrío. De esta manera me retiro de la casa de Isidore Ducasse. Pasarán algunos años en que nadie mencionará el nombre del Conde de Lautréamont. Es solo con la aparición del movimiento surrealista, cuando el mundo poético europeo lo recuperará. Más tarde será conocido en el idioma español, gracias a la traducción del inquieto y curioso Ramón Gómez de la Serna. Décadas después retorno a París, esta vez para entrevistar a Jaques Lacan. Cuál fue mi sorpresa al constatar, que el famoso sicoanalista vivía en la misma dirección donde el poeta escribió Los cantos de Maldoror . Hoy 4 de abril del 2000 recordando los 150 años de su nacimiento, en Montevideo, llevo una rosa al monumento que Isidore Ducasse comparte con otros dos franco-uruguayos, Jules Laforge y Jules Supervielle. Hebert
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