Hebert Abimorad |
5 de April de 2003
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¿Cuál es la principal
acusación de sus inquisidores?
¿Sus poemas parecen
haber sido el detonante de estas acusaciones?
Mis recuerdos vuelan a una entrevista que le hice al artista español, Francisco Goya, siglos más tarde, que fue amonestado por la iglesia por su serie de aguafuertes Los Caprichos, que también satirizaban la supersticiones de la iglesia. ¿Con esos pensamientos
usted se acerca a la filosofía de la kabbalah judía?
¿Cómo se dejó
apresar, teniendo usted tantos conocidos y amigos en otros países
por donde ha viajado, Francia, Inglaterra, Suiza, Alemania?
¿De qué manera
piensa que en el año 2000, el teólogo Rino Fisichella nombrado
por Juan Pablo como auxiliar de Roma, explicó el hecho de que usted
no ha sido rehabilitado como lo hicieron con Galileo?
A Giordano Bruno lo mantendrán cautivo en el Palacio del Santo Oficio en el Vaticano siete años, este hombre que se inició como Domínico, se le adjudicaron cargos de blasfemia, herejía e inmoralidad; y principalmente por sus enseñazas sobre sistemas solares y sobre la infinitud del Universo, fue condenado por el papa Clemente VII y por el tribunal del Santo Oficio a morir en la hoguera. Una idea me persigue y es la de quiénes podrían ser los inquisidores y herejes contemporáneos. La respuesta inmediata es, la burguesía y el Estado que tienen como enemigos: a los que no cumplen con un horario de trabajo determinado; los que consumen lo imprescindible; los que no viven comiendo para comer a otros; los que no piensan en las jerarquías, para los que el tiempo no es oro, para los que no creen que la libertad de expresión tiene sus límites; a los que no hacen valer sus palabras en el mercado; a los que no compiten para estar en la gloria; los antibelicistas; la lista es larga... A mi regreso de Italia me llevo algunas palabras de Giordano Bruno y las hago mías, “cada individuo es un universo”. Hebert
Abimorad
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