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11
de setiembre de 2005
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Brecha de Uruguay - 12 agosto de 2005
Cortos, sostenidos, intensos
"Poemas
frugálicos", de Hebert Abimorad
La clasificación neológica de “frugálicos” describe
convenientemente a estos poemas de Hebert Abimorad
(Montevideo, 1946), poeta que utiliza, con habilidad y
eficiencia, el haiku japonés, el epigrama clásico grecolatino
y la sentencia ingeniosa a la manera de las greguerías de
Ramón Gómez de la Serna, para lograr un efecto lapidario sobre
el lector. Lapidario, no simplista, ni reducidor.
Álvaro Ojeda
Son frugales entonces
estos textos –métricamente hablando– porque la acepción de
frugal opera como una guía por la cual Abimorad pretende
connotar cierto carácter de parquedad que en este caso
involucra a la extensión de la escritura y no al comer o al
beber. Despejada la clasificación neológica queda por
delante la poesía y ésta presenta suerte variada. El primer
sector del poemario parece ser el estrictamente frugálico y
avanza hacia un segundo sector que se denomina Exilio y que a
la vez inaugura tres sectores más; Ayer hoy y mañana, Méjico,
y Destinos, ya en una clave más tradicional en cuanto a
extensión y a propuesta, aunque la parquedad y la concisión
acompañan la creación poética como una especie de disciplina
asumida, de ejercicio de estilo, de vocación por sugerir mucho
escribiendo muy poco por poema, aunque en honor a la verdad el
libro acumula desde su brevedad, y alcanza las 124 páginas en
un discurso que vuelve una y otra vez sobre los mismos asuntos
con variantes caleidoscópicas de enfoque, de ángulo, o con
consolidaciones más o menos rastreables. En el poema “La
cadena”, el poeta escribe: “La cadena/ de eslabones grandes y
pequeños/ se está oxidando/ los eslabones pequeños/ frágiles/
se descomponen primero/ los eslabones grandes/ fuertes/ se
desesperan/ al ver la cadena romperse.”. Unas veinte páginas
antes el poeta había escrito sentenciosamente: “El eslabón
débil fortalece la seguridad de la cadena.” En ambos textos
subyace la defensa de los débiles como apología engañosa,
aunque necesaria, de la fortaleza también engañosa o en todo
caso provisoria, de la cadena. Una cadena que contribuye a
mantener la cohesión pero que a poco de observar su estructura
presenta signos de fragmentación. Su contrapartida podría ser
una lectura desde la debilidad siempre aparente de los
elementos más frágiles de un objeto, y su viceversa. Una
lectura que encuentra en la frugalidad del neologismo una
nueva razón de ser: poemas cortos que escandalizarían a las
lecturas político ideológicas al uso del siglo xx en una nueva
vuelta de tuerca de las connotaciones de un texto poético y a
la vez una ratificación de esas mismas lecturas ideologizadas
que hacían hincapié en lo subyacente de los actos de los
hombres. Es sin duda más disfrutable ese primer sector más
decididamente frugálico del libro en donde Abimorad consigue
ingeniosas reflexiones fotográficas –como los haikus
aconsejan– que el intento no del todo logrado de mantener el
soplo de lo instantáneo en los sectores más tradicionales del
libro. Como muestra de semejante operación de síntesis se
encuentra el arte poética del autor, práctico y conciso:
“Poesía. Camino recto/ Con diferentes finales/ Elección”, o el
mismo procedimiento para definir a la prosa: “Prosa. Un
laberinto./ Disposición./ Un solo final.”. No obstante el
intelecto no gana toda la partida y la poesía de tono más
secular logra redondear una idea de eterno retorno bastante
pesimista, sobre patria y pueblo, con antecedentes en la
poesía uruguaya más o menos reciente. “ayer los uruguayos/
más o menos/ le cantábamos a los farolitos/ los cruces de
calle/ algo del 32/ y dos goles casuales/ hoy/ más o menos/ la
misma cosa.”
Poemas frugálicos, de Hebert Abimorad.
Ediciones Libertarias, Madrid, 124 págs.
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