José "Pepe" Alanís |
8 de julio
de 2002
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Cuentos
de la crueldad
José "Pepe" AlanísTránsito de María María -distraídamente- toma entre el pulgar y el índice la delgada y afiladísima hoja de afeitar. Se dirige aparentemente hacia su gato amarillo... lo ignora, sale María al jardín, -la única rosa cárdena tiembla... María cruza el jardín, sale a la calle, a su paso; niño rubio que mira a María con ojos enormes y azules... entra María en el almacén, hace su compra en tanto que clientes la observan... María esta, la cual gira sobre sí misma y sale nuevamente a la calle, calle que cruza para entrar a su casa, la misma María que deposita el pan adquirido sobre la mesa de la cocina, la misma María que adereza el corazón del gato amarillo y lo deposita en el horno, ella, la que introduce en el florero la rosa cárdena, para luego dirigirse al baño, María quien arroja la hoja de afeitar en el inodoro y la que luego de hacer correr el agua, entra en la pequeña sala de descanso, enciende el estéreo, escucha música - !Ah! Vivaldi! susurra María... en tanto, desde una foto suspendida en la pared,sonríe el niño de enormizados ojos azules... sonríele a María, quién también, ahora, precisamente ahora, esboza una sonrisa...
Tránsito
de Juan
A diario se detiene y mira hacia una casa de cerradas persianas. A veces -por las tardes- comprueba de que las luces están encedidas; ¡hay gente dentro! dícese a sí mismo... el tiempo continúa y Juan esboza una sonrisa... ha medido los riesgos, las consecuencias y la rabia... ¿Dónde abandona Juan a su poeta, su sentido solidario y su paciencia, para llenarse de rencor y crímenes??? ¿Qué le han hecho? ¿Porqué lo han empujado hacia el delirio de la rabia y hacia el erizado anhelo de la venganza??? Cada noche regresa hacia su casa
y su esposa interroga sin palabras... los glaucos ojos de su mujer, indagan,
inquieren, desconfían casi... pero Juan no dice nada, enciende un
cigarrillo y escribe: salir a caminar no es andar de cacería, debiera
ser, andar con parsimonia, recomprobar la dimensión del árbol,
las jóvenes mujeres parloteando y riendo, la flor y sus aromas,los
amigos y los tantos vecinos de este barrio colmado de nacionalidades y
de sueños... salir a caminar debiera ser; sentirse en paz y sonreir,
Juan deja de escribir.
A su mujer de ojos verdes se le escapa una lágrima, dos, ...el gato de Juan huye despavorido sólo porque Juan se ha incorporado, abandona su poema, besa a su mujer y se hunde nuevamente en la noche, apretando en el bolsillo, la empuñadura de su daga... De "Cuentos de la crueldad" de próxima aparición. José
"Pepe"Alanís
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