l dispendioso e inútil periplo de Alejandro Toledo por Israel, Medio
Oriente y China, junto a sus íntimos, adulones y gandules, ha servido para
algo. En mi artículo anterior daba a entender que Toledo, a pesar de él
mismo, se había constituido en una especie de gobernante que no gobierna
sino que va a la deriva como cualquier hoja llevada por el viento. Con menos
del diez por ciento de aprobación ciudadana, vapuleado por toda la "clase
política" pero utilizado al máximo por ésta a fin de atrapar el poder del
Estado en las próximas elecciones generales del 2006, Toledo es en realidad
la tapa de la olla de presión. Una olla repleta de corrupción e inmoralidad,
de entreguismo y desnacionalización del país, y por último de traición a las
banderas que llevaron al propio Toledo al poder luego de la marcha de los
"cuatro suyos." Gran marcha ciudadana y popular que trajo abajo el ilegal
tercer mandato del delincuente prófugo Alberto Fujimori. Por ello mismo, la
salida inmediata de Toledo, forzada por una movilización social capaz de
cambiar el fácil procedimiento de unas elecciones generales de continuidad
del Estado putrefacto, en el que se desarrolla la actividad política en el
país, se convierte en indispensable. Los ejemplos de Argentina, Ecuador,
Bolivia son elocuentes por cuanto si las instituciones han dejado de ser
representativas (Congreso desaprobado por el 85%) son incapaces de asumir su
responsabilidad es el pueblo fiscalizador el llamado a torcerles el brazo.
En realidad, Toledo no está en juego como persona, porque bien podría
llamarse "Juan Pérez" o perico de los palotes. Lo que está en juego es lo
que él representa y lo que los intereses de la continuidad en el marasmo de
la inmoralidad lo hacen representar. Entonces, una salida forzada de Toledo
cambiaría todo el panorama político nacional en tanto y en cuanto se podría
regresar a la legalidad de la Constitución de 1979 o se convocaría a una
Asamblea Constituyente que devuelva el verdadero orden constitucional al
país; y por consiguiente, de darse esta situación dejaría de funcionar la
espuria vigencia del estatuto dictatorial de Fujimori con el cual se
gobierna a pesar que éste fue des-promulgado por el Congreso actual. Como
señalamos líneas arriba el problema de fondo es que Toledo es la tapa de la
olla de la podredumbre en la cual todos se escudan y el pedir su relevo, es
decir, al sacar la tapa saldrán primero los insectos, luego saltarán los
gusanos y el mal olor y finalmente se podrá vaciar la olla. Esa será la
única manera de salir de la crisis política y social peruana; y lo será, que
duda cabe, cuando se resuelva la cuestión de la representatividad de los
gobernantes a través de un nuevo pacto social (Constitución) que logrará
iniciar la reconstrucción del país.
Sólo con la salida de Toledo se podrá destruir el amarre político de la
corrupción y la inmoralidad y cambiar de hecho la situación anti-jurídica
del país. Porque así no quieran aceptarlo los actuales gobernantes y
representantes son, por esta situación adulterada, netos usurpadores del
poder. Y cambiará esa situación porque a Toledo no se le echará de palacio
de gobierno porque no nos gusta sino para evitar el uso manipulador que de
él se hace. Además, él se ha constituido en el principal tránsfuga del país,
en el hombre que abdicó de sus promesas electorales, de sus compromisos con
el pueblo, de la lucha contra la corrupción, del firme ofrecimiento de
terminar con las leyes de la dupla Fujimori-Montesinos, llamando por ello a
su gobierno de transición hacia la democracia. Tránsfuga no es quien deja un
partido político sino, fundamentalmente, quien abdica o se retira de los
orígenes de su ser político, quien se aleja de los principios y de las
promesas que le otorgaron el poder o la representatividad ciudadana.
Se hace evidente que nadie despide a un presidente por las puras sino con la
intención de un cambio radical como los ocurridos en Argentina, Bolivia y
Ecuador. A final de cuentas las políticas de gobierno necesitan, sobre todo
en América Latina, de una fiscalización permanente y si las promesas
principales no se cumplen se debe cambiar al mandatario. Así de simple.
Además si de reformas constitucionales se trata debemos estar completamente
de acuerdo con la revocatoria de los mandatos. Lo que los pueblos perciben
casi por instinto ante la ausencia de una ideología, es un buen gobierno o
un mal gobierno; un gobierno que lo favorece y otro que lo perjudica.
Todavía hay mucho por hacer en Venezuela, y se está haciendo, pero desde ya
los pobladores perciben en el presidente Hugo Chávez una voluntad de cambio
que los favorece y el apoyo que le dieron para derrotar a todas las fuerzas
de los partidos tradicionales bajo el auspicio de la Casa Blanca en el
revocatorio, es una muestra de esta afirmación.
Señalé al principio que el dispendioso periplo de Toledo y sus amigos ha
servido para algo. Bueno sí. Exactamente, para comprobar en los hechos la
necesidad de su relevo. El presidente Toledo y su comitiva se fue de viaje y
en apenas una semana, su ausencia es bastante notoria debido a las acciones
tomadas por el vicepresidente David Waisman, quien en medio de las críticas
de los elementos más dogmáticos del neoliberalismo y el libre mercado, hace
notar que desde el despacho presidencial se debe gobernar. Waisman ha
resuelto tres conflictos de huelgas, algunos con bloqueos de carreteras, que
Toledo hubiera dejado flamear por días o semanas de acuerdo a su conocida
incompetencia y falta de resolución. El propio Waisman ha exigido a sus
ministros trabajo positivo y urgente o que se vayan a sus casas presentando
sus respectivas renuncias. Ha criticado con fuerza al ciudadano
norteamericano Pedro Pablo Kuczynski, ministro de Economía, para que suelte
la mano y financie los programas de gobierno y los incrementos de salario
prometidos. En fin en esta primera semana, el presidente interino se ha
ganado la aprobación de la población de cualquier encuesta; sin embargo,
también, las críticas mas acerbas, ásperas y crueles de los partidos de la
oposición y de la derecha tradicional unida a los diarios y los medios de
comunicación.
Un editorial de El Comercio, el principal diario del país, llama "temerarios
exabruptos" a las medidas asumidas con acierto, prontitud y rapidez. Además
califica a las acciones de Waisman de liderazgo endeble, peligroso y
"populista" que amenaza con traerse abajo los notables logros del gobierno."
Indudablemente, este periódico está macerado en la decadencia de una "clase
política" corrompida y parasitaria, de aquella que vimos filmada recibiendo
millones de dólares de manos de Montesinos por ordenes directas de Fujimori,
junto a empresarios, magistrados, militares, periodistas, políticos y
parlamentarios. Para estar en lo cierto ¿podría señalarnos El Comercio
cuáles son esos notables logros a que se refieren? ¿Tan estúpido es el
noventa y cinco por ciento de la población que no percibe los notables
logros de Toledo y su gobierno?
El periódico de marras también advierte: "Se trata de decisiones políticas
improvisadas y poco serias (las de Waisman) que pueden quizá aumentar la
popularidad pero que son contraproducentes a mediano o largo plazo." He ahí
la madre del cordero que por supuesto no menciona El Comercio gobernar es
tomar decisiones no quedarse en el limbo como Toledo, gobernar es solucionar
problemas no crearlos con una política económica errada a favor de las
empresas transnacionales sacrificando al empobrecido pueblo peruano hasta
límites de la miseria y la pobreza absoluta. Gobernar es educar a la
población, proveerla de trabajo y salud de acuerdo a los estándares
internacionales. Nada de esto hemos visto, ni veremos a como siguen las
cosas en el país donde cerca de treinta partidos se disputan la torta
podrida del Estado que no se quiere reconstruir y sanear.
¿Qué molesta a El Comercio y a su satélite el mini diario Perú 21 que
titula las "payasadas" de Waisman, para luego en la columna de su director
llamarlo "payasito" de cuarta categoría? Muy sencillo, a estos señores les
molesta la ruptura del esquema de gobierno; les molesta un atisbo en otra
dirección que no sea el entreguismo neoliberal y dogmático del libre
mercado. Eso y nada más. Allí está los ecos del editorial de El Comercio. La
ultraderechista Lourdes Flores se unió rápida al coro pidiendo serenidad a
Waisman, el camaleón ex furibundo fujimorista Carlos Ferrero actual primer
ministro perdió los controles, se horrorizó y salió a defender a Kuczynski,
quien muy suelto de huesos había reclamado el malgastado "principio de
autoridad," que en su mentalidad significa hacer uso de la fuerza pública y
la represión. El presidente del Congreso Antero Flores se asustó por el
"ruido político" y el Natale Amprimo su vicepresidente acuso "un clima de
confrontación y desgobierno." En resumen, el pataleo es elocuente porque
estos críticos aprovechados defienden a capa y espada el status quo del
Estado putrefacto del cual usufructúan descaradamente, el mismo dejado por
García Pérez y Fujimori que Toledo jamás se ha atrevido a quebrar a pesar de
haberse comprometido a la transición hacia la democracia plena.
¿La franqueza de Waisman los ha puesto nerviosos? ¿Es criticable decirle a
los ministros que trabajen eficientemente o se vayan a sus casas, o acaso se
creen "vacas sagradas"? ¿Acaso no cobran más que lo suficiente (grosero
insulto a los bajos salarios) para esforzarse en sus respectivas carteras en
beneficio del país, o solamente están buscando las coimas de las
transnacionales, los sobornos y las comisiones? ¿Es criticable resolver
conflictos sociales? Por supuesto que no ¿verdad? No, nada de lo que hizo
Waisman hasta ahora es criticable. Sin embargo, la indignación de los
sectores plutocráticos, serviles al capital extranjero, es inocultable; al
parecer sus representantes y testaferros están sumamente intranquilos y
angustiados. El Comercio alarmado señala además: "un aumento a las
enfermeras, una compra de la sobreproducción agrícola" y se pregunta: "¿y de
dónde sale el dinero? ¿Quieren retrotraernos al estatismo del que tanto nos
ha costado salir?" Ahí los vemos poniendo el grito al cielo. Pero, por favor
señores, estas dos medidas nada tienen que ver con el estatismo ni con el
populismo sino con la justicia y el buen manejo de un gobierno. El costo de
ambas medidas escasamente llega al 15 por ciento de la pretendida aplicación
del anunciado plan Pro Perú, aquel de la masiva caridad pública para los
menesterosos, propuesta de Toledo para este tiempo electoral, políticamente
aprobada por Kuczynski. ¿No hay dinero? ¿Y de dónde va a salir la caridad
pública o la compra de votos que pretende el gobierno? Un poco raro es todo
esto, ¿o nos parece? pues no se han fijado en el financiamiento de esa
desvergonzada "caridad" y menos en los excesivos gastos del Congreso y en
los desproporcionados sueldos de los parlamentarios, ejecutivos, ministros y
técnicos del gobierno; tampoco se han fijado en los avisos publicitarios
para levantar la figura de un presidente, precario y escuálido, que hace
agua por todos lados. ¿Tampoco en los derroches de los viajes, las
cuchipandas y las borracheras de palacio?
Basta ya señores ¿hasta cuándo van a pensar que el pueblo en su noventa y
cinco por ciento es estúpido de toda estupidez? El relevo de Toledo es
indispensable por la salud del país, porque de acuerdo a las actuales
circunstancias continúa siendo una vergüenza mayúscula, una infamia sin
nombre, ir a elecciones generales para cambiar mocos por babas, sin
transición a la democracia para que la misma putrefacta "clase política" se
apodere del Estado, cinco años más, en aplicación del espurio estatuto
dictatorial del delincuente prófugo Alberto Fujimori.