Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
23 de octubre de 2005

Coletillas al Margen

Perú:
el cambio está sólo en el campo popular

Carlos Angulo Rivas
La derecha peruana y sus diversos matices está empecinada en quedarse en el poder. No satisfecha con las calamidades sociales que perpetró durante los gobiernos de Morales Bermúdez, Belaúnde Terry, García Pérez, Alberto Fujimori y Alejandro Toledo, todavía ambiciona continuar la gran estafa nacional de los últimos treinta años. Muchas fortunas propias y extranjeras se han creado y consolidado en ese largo período sin importarle la perpetuación de la miseria y la desgracia humana en la inmensa mayoría de los hogares peruanos.

Dice el último informe de la FAO, a raíz de la celebración del día mundial de la alimentación, que en el Perú nueve millones doscientas mil personas están subalimentadas y que el 25 % de los niños padecen de desnutrición infantil crónica, es decir que más de la tercera parte de la población nacional no tiene para las necesidades básicas del ser vital y se agudizan estas cifras tristes y sombrías en los departamentos más pobres como Huancavelica, Ayacucho, Apurimac, Cusco y Puno. Y siendo el Perú un país rico en recursos naturales de toda índole, porque indudablemente rico lo es y bien lo sabemos todos ¿cómo se ha llegado a una situación de penuria e indigencia permanente? La respuesta a esta pregunta yace en la conciencia de todos los peruanos; además es simple y desnuda: la razón principal de la pobreza se debe a la apropiación ilícita de los fondos del Estado por parte de los políticos tradicionales (corrupción consentida entre ellos mismos y los magistrados); a la entrega de los recursos naturales mineros (principalmente) en regalías, privilegios y contratos onerosos con las empresas transnacionales (previas comisiones, hasta el colmo de no cobrarles impuestos); al empeño antinacional de las privatizaciones de los servicios públicos, la banca, las financieras y los seguros; al pago de la deuda externa con altos intereses de financiación y refinanciación; a la promoción festiva de bonos soberanos, endeudamiento externo con distinto nombre; etc. Y todo ello sucede bajo el prurito de la necesidad del consenso político (Acuerdo Nacional para desvalijar al Estado y a los peruanos de la mejor manera, a fin el dinero succionado alcance a todos los metidos en la descomposición política).

A nadie le cabe duda que esta evidencia inconfundible ha sido la faceta de los gobiernos anteriores y de Toledo, a quien todos critican en público pero a su vez todos apoyan en privado, ya que la verdad monda y lironda se expresa en el comportamiento del conjunto de la clase política tradicional, brindando apoyo irrestricto, incondicional y categórico al neoliberalismo y a la globalización en beneficio de los países industrializados, hasta el exceso de convertirnos regresivamente en un país primario exportador. Situación que a la derecha peruana no le importa y por consiguiente mueve y financia a los partidos tradicionales que quiere continuar la danza lúgubre de seguir enterrando desnutridos. Sí, señores, la responsabilidad de la crisis perpetuada es de la derecha y sus diversos matices que quiere seguir bajo el concepto del Estado botín putrefacto. Sin embargo, las cartas de opción de los dueños circunstanciales del país, para permanecer en el gobierno, después de las elecciones del 2006, son pocas y dan vueltas alrededor de tres desgastados personajes tradicionales de la política corrupta del país y la conservación del Estado putrefacto que defienden, de lo contrario, como señalé en artículos anteriores, el relevo de Toledo ya se hubiera dado porque se hacía indispensable y aún ahora, si se quiere cambiar verdaderamente al país, continúa siendo indispensable.

El desgobierno de Toledo dura y probablemente durará hasta el final por una suerte de arreglo político mendaz y cínico entre la mañosa oposición (Lourdes Flores, Alan García y Valentín Panigua,) y el gobierno. Y en estos dominios, la derecha apuesta sólo para asegurarse al próximo presidente de la república entre estos mismos sujetos, sus candidatos, quienes haciendo malabares y trampas electorales en el parlamento juegan a las divertidas ocurrencias de los seudónimos. Distintivos buscados bajo la almohada para parecer diferentes bajo el auspicio de los dueños de la prensa, la radio y la TV; y entonces lanzan alianzas y frentes como globos de ensayo (frente de derecha, frente de centro, frente de costado, frente social) como si los peruanos no los conocieran con su nombre propio y sus posiciones también propias de defensores del neoliberalismo actual y la desnacionalización del país. Y para mayor vergüenza los partidos chicos (nuevos) que pululan por ahí están sólo en la búsqueda de un asiento parlamentario en cualquier gobierno. Y aquí señalamos sólo un artículo de fe porque: ¿acaso todos ellos, Flores, García, Paniagua, no sostienen a Toledo y sus trapacerías y por supuesto al ciudadano norteamericano Pedro Pablo Kuczynski que hace las veces de Primer Ministro?

Ese y no otro es el panorama real auspiciado por la prensa empresarial, en la majadera creencia de convencer a los electores que por fin con la salida de Alejandro Toledo de palacio de gobierno sobrevendrá el cambio para todos. Nada más falso de toda falsedad. Pues el único cambio que puede haber, obvio, es el de personas; de ninguna manera un cambio político, económico y social, ni siquiera un viraje promisorio. Por eso hablamos de matices de la derecha y nada más. Lourdes Flores como la más definida ultraderechista lleva la ventaja de la exposición por ser claramente pro empresarial; Valentín Paniagua se enreda en la imposibilidad de un neutralismo decadente y el desprestigiado Alan García se empeña en posesionarse del centro haciendo malabares pro-imperialismo y pro-empresa, tratando de demostrar que ha madurado. Y es justamente por todo lo señalado que para un pueblo demolido por el pesimismo y la apatía un relevo de personajes alrededor de los mismos individuos delincuenciales no cambia nada, ya que a ello criollamente se le llama cambiar “mocos por babas.” Estos individuos y sus respectivos liderazgos han tenido durante los últimos cinco años aposentos en el parlamento para realizar el tránsito hacia la democracia y no hicieron nada, absolutamente nada en ese sentido, sino reafirmarse en el espurio estatuto del delincuente prófugo Alberto Fujimori; estatuto que usado a manera de Constitución Política les ha valido para consolidar el Estado mafioso y servil a los intereses foráneos mientras todos ellos se han enriquecido individual y colectivamente. Y conste que no los acusamos de puro gusto o por ser adversarios políticos sino única y exclusivamente por su hoja de ruta presente que, en estos tres singulares casos, es un prontuario reñido con la moral, la ética y la decencia. ¿Quién de los tres mencionados se libra de una acusación que llenaría de vergüenza en cualquier país civilizado?

Ciertamente este trío de la derecha y sus matices no inspira confianza en el electorado. Ninguno de ellos tiene el triunfo asegurado. Y hasta podríamos asegurar que si juntos formaran un FREDEMO al estilo Mario Vargas Llosa que logró juntarlos a excepción del APRA en su anterior definición populista, tampoco tendrían las de ganar con toda seguridad. En consecuencia, en la perspectiva inmediata el terreno electoral se viene abonando para la aparición de un cuarto candidato de fuerza, unitario y de raigambre popular, que sintonice con la población, en tanto y en cuanto aún observando las encuestas predilectas de la derecha y los medios de prensa empresariales, el trío Flores, Paniagua, García, sumados apenas sobrepasa el 50% de la intención del voto. En esta dirección corresponde y es labor del campo popular organizado centrar el debate del cambio político, económico y social, que necesariamente atraviesa por el cuestionamiento radical del corrupto sistema gubernativo actual y la vehemencia su dirigencia tradicional de permanecer, contra viento y marea, en el esquema antinacional del neoliberalismo. Y el problema aquí no es puramente de ideologías sino de nacionalismo y antiimperialismo. En otras palabras, corresponde al campo popular defenderse perentoriamente, en primer lugar del voraz imperialismo y luego, de los con-nacionales pro-imperialistas. Existe un bolsón de votos no definidos que son anti-sistema, anti-corrupción e inmoralidad, que aunque pesimistas irán a definir la elección en el tramo final apostando por un cambio viable. Se habla con insistencia de Ollanta Humala, el nacionalista comandante del ejército pasado a retiro, quien para llegar a convertirse en el outsider buscado deberá entender la política con el más amplio criterio consensual y pluralista del campo popular. Si así lo entiende bien podría ser el candidato presidencial en un frente amplio de todas las fuerzas sociales innovadoras. Por ahora su labor proselitista congrega expectativa y concurrencia en el sur del país, pero recién su candidatura podrá cuajar como un líder de ascendencia real cuando ingrese a la campaña en Lima y a los barrios marginales, donde necesitará de las fuerzas sociales organizadas, partidarias, gremiales y de juventudes. Y si realmente se posesiona de la candidatura del cambio político y social, lo fundamental será el compromiso que asuma a fin no ocurra un fenómeno similar al de Lucio Gutiérrez en Ecuador.

No está demás señalar que entre los compromisos fundamentales se debe precisar la convocatoria a una Asamblea Constituyente que termine con el espurio estatuto de Alberto Fujimori, única forma de lograr la tan ansiada transición democrática; la revisión de los contratos de privatización onerosa y la mal llamada estabilidad jurídica; la reforma de régimen tributario con miras a la equidad y la justa redistribución de la riqueza nacional; la reforma del Estado, del sistema de justicia; del sistema de educación y cultura; la promoción y protección de la inversión privada y pública; la promoción y protección del agro; la seguridad y protección ciudadana; la política laboral de amparo, garantía y salud ambiental; la descentralización y regionalización; la política de puertos nacionales marítimos y aéreos; la Fuerza Armada; política exterior autónoma y de fronteras. Y junto a estas medidas de realización inmediata, la extirpación del cáncer de la corrupción, la inmoralidad, el libertinaje político y la falta de escrúpulos que caracterizan a los políticos peruanos gracias a esa suerte de impunidad hacia los delitos cometidos. Como vemos hasta ahora esta probable agenda del campo popular se transforma en un asunto imposible e incompatible para el trío de candidatos de la derecha y sus matices imperceptibles cuando nos referimos a los problemas de fondo de la crisis política nacional. Ni Flores, ni Paniagua, ni García, pueden sostener un programa de independencia respecto al gobierno de Bush, el mismo que contribuye a la debilidad de los gobiernos en toda la región a consecuencia de la polarización de las fuerzas sociales en pugna y la ausencia de gobernabilidad de sus aliados más afines como lo fueron De la Rúa, Sánchez Lozada, Lucio Gutierrez; y lo son Toledo y Uribe. Tanto es así que el trío de la continuidad Fujimori-Toledo ha conciliado de manera lamentable con el primer ministro Pedro Pablo Kuczynski, el ciudadano norteamericano y broker internacional de los intereses financieros de su país escogido De ahí la voluntad férrea de los pueblos de la región para deshacerse de los mandatarios subordinados a la Casa Blanca en aras de recuperar la soberanía y dar inicio al cambio político, social y económico ya sea a través de los golpes de la insurgencia popular o de la votación masiva en apoyo a los candidatos con propuestas nacionalistas y de izquierda.

En conclusión debemos evitar la discusión entre cual candidato es mejor o peor, o si es hombre o mujer; pues la orientación periodística a la fecha, las encuestas y los intereses empresariales pretende engañar a todos con sus letanías sobre las virtudes y los defectos de elementos, para el caso político iguales; y para la corrupción hermanos gemelos. Quede constancia que en las cercanas elecciones generales del 2006 no debemos discutir un cambio de personas sino de rumbo: un cambio político, económico y social.

18 de octubre de 2005

Carlos Angulo Rivas

reppam@sympatico.ca
 
PORTADA CARLOS ANGULO RIVAS