Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
1 de noviembre de 2005

Coletillas al Margen

A ocupar la silla vacía en Mar del Plata

Carlos Angulo Rivas
En un momento de definiciones cada vez más claras a nivel de los pueblos, no de los gobiernos, la cita cumbre de las Américas en la ciudad de Mar del Plata, convocada por el hasta hoy desgastado instrumento norteamericano, la OEA, no tiene una agenda despejada y responsable, menos aún fraterna y solidaria. En un ambiente caldeado por el rechazo multitudinario a la presencia del presidente George W. Bush en Argentina, expresado en la convocatoria a un Paro Nacional, banderazos, piquetes y movilizaciones populares de protesta en todo el país, el principal objetivo será cumplido: Rescatar la Dignidad de América Latina y la soberanía de los pueblos. Lo anunciamos así, porque tal será la presión social que a los presidentes títeres de la Casa Blanca, la mayoría de los 34 asistentes, no les quedará otro escenario que disimular la vergüenza frente al continuismo obsecuente. Históricamente este tipo de reuniones organizadas por la OEA han servido para dar a conocer las líneas directrices de Estados Unidos para la obediencia de los gobiernos de la región, donde que recordemos el más vergonzoso acto fue la expulsión de Cuba del organismo interamericano, silla vacía que inmediatamente fue llenada de espíritu revolucionario, no de posaderas poltronas y serviles, porque desde entonces la silla vacía es el asiento-símbolo de la dignidad ausente, de la rebeldía y de la voz de los sin voz que justamente se expresará mayoritariamente en las calles de las ciudades argentinas.

Empezando por el nombre dado a la reunión de todos los presidentes de la región a excepción de Cuba, éste constituye una contradicción en sí mismo "Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática". Título lírico cuando no imposible de alcanzar con las políticas fracasadas del neoliberalismo impuesto, la globalización, las privatizaciones y la expoliación de los recursos naturales regionales a precios irrisorios y sin la paga de los impuestos equitativos a la producción y comercialización. Y una cosa trae a la otra, porque si no puede haber bienestar económico que redunde en educación, salud, trabajo, viviendas adecuadas, agua, salubridad y servicios indispensables ¿cómo pedir gobernabilidad? Para la administración Bush esta paradoja es de solución sencilla puesto que ella entiende la gobernabilidad como la lucha contra el supuesto terrorismo y por consiguiente la militarización de nuestros países, cuyo ejemplo más claro es el de los colombianos bajo la subordinación contumaz de Alvaro Uribe en la aplicación del Plan Colombia. Y también, la reciente aceptación de Paraguay de la penetración de tropas norteamericanas en su territorio.

Las últimas experiencias de los golpes de la insurgencia popular en varios países latinoamericanos con el derrocamiento de los presidentes elegidos, incluido el del país sede de la Cumbre, nos demuestran meridianamente la imposibilidad de intentar la gobernabilidad cuando existe un abismo entre la concepción de Washington de cuidar sus intereses económicos, políticos y militares, y la construcción de países soberanos, libres y por consiguiente democráticos y gobernables. La exigencia de cada vez más concesiones, exigidas por la Casa Blanca, en cuanto a políticas de Estado aceptadas por los gobiernos latinoamericanos satélites no tiene porvenir, de ahí el rotundo fracaso del Área de Libre Comercio para las Américas ALCA anunciado pomposamente en una reunión similar a la de ahora, realizada en Miami en 1994. El propósito de adueñarse de los mercados latinoamericanos bajo la tutela de la OEA, el BID y la CEPAL, impulsado por Bush padre, sufrió el fiasco de la ausencia de respuestas positivas, de allí la insistencia en Santiago, Québec y Monterrey de llegar a un ALCA a futuro a través de la política de "divide y reinarás." No de otra manera se entienden los acuerdos bilaterales o multilaterales (Centroamérica) de los Tratados de Libre Comercio llevados a cabo por separado. Y por ello también la insistencia de la administración Bush de incluir en la agenda el incompatible Consenso de Washington, una reafirmación más pastoral que práctica en consonancia a las cumbres anteriores, puesto que encarpetado el ALCA (Bush prometió en Québec que para el 2005 todo estaría sobre ruedas) la debilidad de propuestas hegemónicas se dejara sentir.

En efecto, Bush llega al Mar del Plata a comprobar el raquitismo de la injerencia de su gobierno en los asuntos latinoamericanos, llega cuando propuestas alternativas de integración económica se vienen estudiando, las que corresponden mucho más a la situación real de nuestras naciones en su espíritu de unidad, solidaridad, bien común y tratados comerciales equitativos. Llega cuando los principios del neoliberalismo a toda vela enfrentan al movimiento social, ya advertido del engaño de la creación de empleo y la superación de la pobreza en la perspectiva de la gobernabilidad; y cuando la mayoría de países se encuentran en manifiesta crisis política. Llega cuando la agenda de la Alianza Social Continental y la Cumbre de los Pueblos, que se desarrollará paralela a la de los presidentes, está más clara por oposición a las políticas neoliberales y a la deuda externa y por su cercanía al proyecto ALBA de la revolución bolivariana. Ya que en la lucha contra la pobreza el ALBA propone el derecho a establecer políticas de fomento a la agricultura sin restricciones que el ALCA niega; y, en cuanto a los derechos económicos, sociales y civiles, el ALBA promueve la solidaridad, la soberanía y la independencia como irrenunciables, formulando los mecanismos que permitan crear ventajas cooperativas entre las naciones a fin de compensar las asimetrías existentes. Todos estos con acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo que erradique la pobreza y el analfabetismo, corrija las desigualdades sociales y asegure la calidad de vida de los pueblos. En esta dirección y como adelanto de acuerdos, el presidente Hugo Chávez ha alcanzado convenios de integración energética como Petro Caribe y Petro Sur, en materia de comunicaciones la formación de TELESUR y se encuentra abocado en la formulación de un organismo financiero regional.

Y aunque varios gobiernos andinos siguen promoviendo con fuerza inusitada los TLC a contracorriente de la realidad existente, Uribe y Toledo principalmente; y a pesar que Canadá piensa en el relanzamiento del ALCA; los aires aún frescos de la Cumbre Iberoamericana donde se condenó el embargo y el bloqueo a Cuba y la protección brindada al terrorista Posada Carriles, hacen posible una distinción en el trato soberano de proponer los temas políticos, la integración física, el multilateralismo, la defensa del medio ambiente, la financiación de la deuda externa, la integración energética, las asimetrías en el desarrollo, la educación y la justicia social. Y si se atreven por la dignidad latinoamericana, propia de los tiempos, la reincorporación a la OEA de Cuba, por pleno derecho de pertenecer al sistema interamericano.

1 de noviembre de 2005

Carlos Angulo Rivas

reppam@sympatico.ca
 
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