os
acuerdos de integración, vía la cooperación económica y política, son
pasos de un gran avance hacía la configuración de un nuevo mapa continental
de independencia y soberanía. El resultado de la Cumbre de las Américas
realizado en Mar del Plata ha mostrado una realidad difícil de ocultar y
éste constituye por sí solo una derrota para la administración de George W.
Bush. Allí en esa cumbre, concebida por la OEA, sucumbió la visión miope de
la Casa Blanca de querer someter a la fuerza a los pueblos latinoamericanos,
sujetándolos al ALCA, mercado común hegemónico donde el NAFTA (Estados
Unidos, Canadá y México, éste último país en menor medida) tendría la
libertad de actuar de manera explotadora y abusiva aprovechando las enormes
utilidades de un intercambio desigual y privilegiado.
En ese contexto de interrupción a la voluntad impositiva de Washington, el
MERCOSUR y Venezuela, que en su conjunto representan el 75% del Producto
Bruto Interno latinoamericano, se opusieron radicalmente a discutir el ALCA
en las condiciones planteadas por los norteamericanos a través del bien
llamado "cachorro" imperial Vicente Fox, denominación que posteriormente,
palabras duras de por medio, dio lugar al retiro de embajadores entre México
y Venezuela. Pero aparte de este incidente diplomático, lo destacable es que
el freno impuesto al ALCA en la reunión de presidentes abre la puerta de
entrada a acuerdos mucho más importantes, donde lo fundamental no será
solamente lo utilitario y rentable sino también la solidaridad como carril
de fortalecimiento de una economía independiente y soberana de nuestros
países y de la región.
Los recientes acuerdos entre Argentina y Venezuela van por caminos
complementarios; de un lado se vigoriza el MERCOSUR y de otro el proyecto
ALBA se inscribe como una posibilidad real de integración. Los convenios de
cooperación por 500 millones de dólares y el compromiso de Venezuela de
comprar bonos de la deuda Argentina firmados durante la visita del
presidente Kirchner al país caribeño, asignará un nuevo rol a un MERCOSUR
ampliado, por el momento sólo conformando un eje Atlántico de grandes
posibilidades en proyectos energéticos comunes y de construcción de la
infraestructura necesaria de carreteras, puertos y diferentes formas de
transporte, donde bien pueden caber a futuro inmediato Bolivia, Perú y
Ecuador. En perspectiva, la situación de independencia económica y soberana
se presenta un poco más clara y se sostiene en lo fundamental en decisiones
políticas. De ahí la importancia de la derrota de los partidos políticos
tradicionales, corruptos e inmorales, empeñados hasta los huesos a los
intereses foráneos. Sin gobiernos como los de Chávez en Venezuela, Kirchner
en Argentina, Lula en Brasil y Tabaré en Uruguay, hubiera sido imposible un
enfrentamiento a la superpotencia como el visto en Mar del Plata.
Los cambios de gobierno en cierne
En un mundo globalizado la integración es una pieza clave para el progreso
de los pueblos, pero el inconveniente de fondo está en saber defender los
intereses nacionales por encima de cualquier inclinación pro imperialista; y
para ese logro se necesitan sistemas políticos ajenos a la corrupción y la
inmoralidad de la clase política tradicional que ha conducido a nuestros
países a la actual situación de postración y miseria. De allí la importancia
de saber elegir un gobierno y que a su vez éste viva sujeto a la facultad
popular de la revocatoria de los mandatos constitucionales a la que se
sometió Hugo Chávez sin temor alguno. Porque de conciencia plena los líderes
políticos deben saber que cuando un gobierno actúa con acierto a favor de la
solución de los problemas más sentidos de la población nada tienen que
temer, mucho menos a la consulta popular. Todos fuimos testigos del
entusiasmo de la Casa Blanca, los medios de comunicación nacionales y
extranjeros, de la derecha internacional unida y hasta de algunos gobiernos
de la región por la consulta popular del revocatorio destinado a derrocar al
presidente Hugo Chávez; millones de dólares se invirtieron en ese objetivo,
sin embargo la respuesta popular venezolana fue de afirmación patriótica y
soberana.
Hoy en día, la facultad del mandato revocatorio es una necesidad
latinoamericana urgente habida cuenta de la arbitraria imposición de
gobiernos corruptos e inmorales no deseados, como por ejemplo los de
Alejandro Toledo, Sánchez de Lozada, Lucio Gutierrez, etc. en la parte
sudamericana, de los cuales sólo por una suerte de equilibrio oportunista y
pancista se mantiene precariamente el peruano. Los otros dos como es
conocido fueron derrocados por los golpes de la insurgencia popular con
carta de ciudadanía, de cierta manera institucionalizados desde las caídas
de Alberto Fujimori, Fernando De la Rúa y Jamil Mahuad. El mandato
revocatorio entonces debe ser un compromiso ineludible que evitaría la
insurgencia popular; y si ha sido muy buena y auspiciada por la derecha
internacional y la Casa Blanca en el caso de Hugo Chávez, resultará de
enorme beneficio en todos los países latinoamericanos que se dicen
democráticos; empero, esta medida tan saludable ni se menciona ni se discute
en los cenáculos de la misma clase política tradicional que promocionó hasta
las lágrimas el referendo revocatorio en Venezuela. ¿Tan insegura es la
clase política tradicional y sus mecanismos de engaño público que impulsaron
el revocatorio a toda máquina en el caso de Chávez que no se atreven a una
auto-aplicación?
El momento político actual en la región se presenta propicio hacia un cambio
verdaderamente democrático. La farsa de la democracia de aparato estatal y
control de masas a través de la represión está llegando a su fin. El
despertar de la conciencia política de los pueblos adquiere día a día un
asentamiento capaz de revertir y transformar el obsoleto sistema político de
los partidos tradicionales enfeudados al esquema del visto bueno de la Casa
Blanca. Esa maduración política popular no se presenta bajo la forma de la
exclusión sino por el contrario de la inclusión de todos en la sabiduría que
la participación democrática en el voto y la acción es capaz de derrotar a
las castas minoritarias que asumen una representatividad que no poseen y que
disfrazan a través de cascarones partidarios de distinto nombre pero de
idénticos intereses. Las sucesivas consultas populares en Venezuela desde la
elección de Hugo Chávez con la vieja constitución, pasando por la de la
nueva constitución hasta el revocatorio y las elecciones de gobernadores y
municipios, muestran las derrotas cíclicas de los partidos tradicionales con
todos sus aparatos de prensa, propaganda y finanzas a manos llenas. Y lo más
importante, sin exclusión alguna, a pesar de la utilización del sabotaje
directo (golpe de Estado frustrado, huelga petrolera y otros mecanismos,) al
que son muy afines los sectores de la derecha usando el poder económico.
El camino está trazado y para amurallar esta primera acción integradora de
MERCOSUR y el ALBA, el eje andino de Bolivia, Perú y Ecuador; y tal vez más
tarde Chile y Colombia, se presenta auspiciante. En Bolivia el movimiento de
masas está comprometido a llenar el vacío político luego de las salidas
forzadas de Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, siendo las elecciones de
diciembre un hito histórico decisivo a favor de la nacionalización de los
hidrocarburos y la nueva institucionalidad democrática. Al mismo tiempo en
Ecuador la movilización social ha centrado una salida política al gobierno
provisorio en torno a la convocatoria a una Asamblea Constituyente con
plenos poderes populares, la caducidad del contrato con la OXY, la no firma
del Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos y la anulación de
cualquier vínculo con el Plan Colombia. Sin embargo, en el Perú, otro de los
países que concentra los bolsones de pobreza de la parte sur del continente,
las elecciones de abril 2006 quieren ser arregladas a la vieja usanza de los
partidos tradicionales que critican pero apoyan a Alejandro Toledo, el más
impopular y subordinado de los presidentes latinoamericanos.
Las elecciones peruanas
La ruptura con el esquema imperialista (neoliberalismo, ALCA, TLC, etc.) en
la región atraviesa por el cambio político; y a consecuencia de éste se
podrá dar la transformación en lo económico y social de Bolivia, Perú y
Ecuador. Bolivia y Ecuador se proyectan hacia esa transición o reforma de su
sistema político dada la movilización popular activa. El Perú en estado de
efervescencia electoral ha caído en el desencanto respecto a los partidos
tradicionales porque es notorio que sus gastados líderes empujan el coche en
la dirección mentirosa, en la de un nuevo reparto de la torta con cheque en
blanco a fin de repetir el fujimorismo sin Fujimori y el toledismo sin
Toledo. Pésima apuesta si se tiene en cuenta el descrédito del sistema
político imperante y la ausencia de institucionalidad jurídica, la que no
fue disipada por la abolición del espurio estatuto de Fujimori que todavía
la clase política tradicional utiliza como si fuera la constitución del
Estado. De allí el éxito de Ollanta Humala como el candidato antisistema,
que en realidad no es antisistema sino pro democracia real en función de
crear un sistema de gobernabilidad participativo, institucionalizado,
jurídicamente estable y sobre todo constitucional. En otras palabras no
continuista ni usurpador; y antisistema, si se quiere, en tanto no irá en
pos de la profundización del modelo colonialista de la clase política
tradicional y sus prehistóricos partidos políticos, cuyas única
institucionalidad es la corrupción, la inmoralidad, la descomposición y la
estafa pública.
No todo está dicho en relación a Ollanta Humala, aunque su presencia empiece
a ser temida por los tradicionales que esperaban una contienda entre ellos y
un campo popular disperso de varias candidaturas de izquierda. Que
esperaban, para decirlo con todas sus letras, una contienda que al final
resultara un voto nacional por el "mal menor" entre Lourdes Flores de la
ultraderecha, Valentín Panigua de la derecha propiamente dicha y Alan García
el simulador populachero adscrito hoy a la derecha, tal como fue el que
eligió a Alejandro Toledo. El outsider que es Ollanta Humala en estos
momentos debe ser ante todo deferente y auditivo; y dar oídos al clamor
popular y a sus organizaciones de base, gremiales, sindicales, campesinas,
estudiantiles, partidarias, empresariales progresistas, hasta encabezar el
gran frente amplio del campo popular. De ser el hombre íntegro en la
coyuntura, de ninguna manera puede marearse con la posibilidad de llegar a
ser presidente de los peruanos. Si las intenciones de rescatar el país de la
miseria moral en que se encuentra son serias no puede ser excluyente ni
temer o asustarse a las acostumbradas calificaciones de los enemigos de
políticos como aquellas de "autoritario" "mesiánico" "violentista"
"dictadorzuelo" "comunista" "racista" "militar rebelde" etc. En Brasil Lula
encabezó desde los empresarios progresistas, los cristianos, los
trabajadores, los socialistas hasta los comunistas; en Uruguay Tabaré
Vásquez igual hasta a los ex guerrilleros Tupamarus. Ollanta Humala no puede
ser excluyente dentro del campo popular como tampoco con sus enemigos o
rivales políticos, a quienes debe derrotar como Hugo Chávez lo ha hecho en
Venezuela.
Es evidente que la clase política tradicional rechaza a Ollanta Humala y
ello era de esperarse, igualmente rechazó y aún, después de muerto, rechaza
al general Juan Velasco Alvarado, única excepción o intento cabal de
independencia y soberanía nacional en la historia reciente. Y esta
animadversión hostil junto al nacionalismo que enarbola es justamente el
gran capital político de Humala contra el neoliberalismo y los daños
irreversibles que está ocasionando en el Perú y América Latina, sometiendo a
los pueblos a la exclusión, la pobreza extrema, la ignorancia, el desempleo,
la insalubridad, la delincuencia, el abandono, la mortalidad infantil, el
analfabetismo y la inseguridad. Males sociales que lejos de disminuir se
mantienen o incrementan mientras la riqueza se concentra en pocas manos y en
las arcas de los emporios bancarios y financieros internacionales. Las ideas
y buenas intenciones para con el país están allí, en la gente honesta, en
los líderes populares, en las organizaciones políticas cristianas,
socialistas, nacionalistas, patrióticas, democráticas y progresistas, que en
su conjunto conforman el vasto campo popular bajo el gran deseo de terminar
de una vez por todas con la putrefacción nacional instituida. Una nueva
república más equitativa y distributiva, más justa y soberana, más
democrática y representativa, eficiente y nacionalista, es el proyecto que
bien pueden suscribir todas las fuerzas comprometidas con el campo popular.
Y corresponde a las fuerzas políticas de la izquierda ser mucho más maduras
y responsables porque, ahora, no se trata de recuperar la cuota
parlamentaria de los años 80 sino de la posibilidad de ser gobierno. Y la
unidad del campo popular no debe ser rota por la presencia de purismos
triviales, secundarios o baladíes.
De nada nos sirve la ironía de la democracia con los estómagos vacíos. De
nada las cifras macroeconómicas de Alejandro Toledo esperando la estafa del
"chorreo" cuando millones de millones de dólares salen del país para no
regresar nunca más. La situación del Perú es muy seria y la responsabilidad
de revertir este orden de cosas requiere de las mejores capacidades
políticas, analíticas, técnicas y especializadas, abundantes en el campo
popular de la unidad más amplia posible. Si el consenso se necesita es
justamente allí, en una mesa de diálogo y acuerdo de orientación social y
popular donde se elabore un plan de alcances y objetivos económicos,
políticos, sociales, culturales, éticos, morales, donde la prioridad sean
los ciudadanos, los recursos humanos indispensables para la explotación
nacional de las riquezas naturales; y, también se conciba un programa de
gobierno en lo inmediato (nueva constitución del estado, mandato
revocatorio, estructuración de un modelo económico alternativo al
neoliberalismo, reforma tributaria, reestructuración de la deuda externa,
descentralización y regionalización, defensa nacional, moralidad pública y
anticorrupción, seguridad social y jubilación digna, fiscalización activa
del gasto público, revisión de los contratos de privatización y de
concesiones, reforma del Estado, desarrollo humano y educación, políticas de
empleo, apoyo económico y técnico al agro, preservación del medio ambiente,
integración continental, etc.)
En conclusión el Perú se encuentra en la disyuntiva de elegir nuevo
gobierno, simplemente porque de acuerdo a sus propias leyes la clase
política tradicional no puede alargarle el mandato a Toledo como seguramente
los candidatos a perdedor quisieran, para no verse en la posibilidad de
perderlo todo como en Venezuela. Los peruanos han aprendido mucho desde la
traición de Francisco Morales Bermúdez a la fecha y son concientes que votar
por Lourdes Flores o Alan García significaría un gobierno peor que el de
Alejandro Toledo; y votar por Valentín Panigua uno igualito.
25 de noviembre de 2005