Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
27 de noviembre de 2005

Coletillas al Margen

Perú y el eje andino

Carlos Angulo Rivas
Los acuerdos de integración, vía la cooperación económica y política, son pasos de un gran avance hacía la configuración de un nuevo mapa continental de independencia y soberanía. El resultado de la Cumbre de las Américas realizado en Mar del Plata ha mostrado una realidad difícil de ocultar y éste constituye por sí solo una derrota para la administración de George W. Bush. Allí en esa cumbre, concebida por la OEA, sucumbió la visión miope de la Casa Blanca de querer someter a la fuerza a los pueblos latinoamericanos, sujetándolos al ALCA, mercado común hegemónico donde el NAFTA (Estados Unidos, Canadá y México, éste último país en menor medida) tendría la libertad de actuar de manera explotadora y abusiva aprovechando las enormes utilidades de un intercambio desigual y privilegiado.

En ese contexto de interrupción a la voluntad impositiva de Washington, el MERCOSUR y Venezuela, que en su conjunto representan el 75% del Producto Bruto Interno latinoamericano, se opusieron radicalmente a discutir el ALCA en las condiciones planteadas por los norteamericanos a través del bien llamado "cachorro" imperial Vicente Fox, denominación que posteriormente, palabras duras de por medio, dio lugar al retiro de embajadores entre México y Venezuela. Pero aparte de este incidente diplomático, lo destacable es que el freno impuesto al ALCA en la reunión de presidentes abre la puerta de entrada a acuerdos mucho más importantes, donde lo fundamental no será solamente lo utilitario y rentable sino también la solidaridad como carril de fortalecimiento de una economía independiente y soberana de nuestros países y de la región.

Los recientes acuerdos entre Argentina y Venezuela van por caminos complementarios; de un lado se vigoriza el MERCOSUR y de otro el proyecto ALBA se inscribe como una posibilidad real de integración. Los convenios de cooperación por 500 millones de dólares y el compromiso de Venezuela de comprar bonos de la deuda Argentina firmados durante la visita del presidente Kirchner al país caribeño, asignará un nuevo rol a un MERCOSUR ampliado, por el momento sólo conformando un eje Atlántico de grandes posibilidades en proyectos energéticos comunes y de construcción de la infraestructura necesaria de carreteras, puertos y diferentes formas de transporte, donde bien pueden caber a futuro inmediato Bolivia, Perú y Ecuador. En perspectiva, la situación de independencia económica y soberana se presenta un poco más clara y se sostiene en lo fundamental en decisiones políticas. De ahí la importancia de la derrota de los partidos políticos tradicionales, corruptos e inmorales, empeñados hasta los huesos a los intereses foráneos. Sin gobiernos como los de Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil y Tabaré en Uruguay, hubiera sido imposible un enfrentamiento a la superpotencia como el visto en Mar del Plata.

Los cambios de gobierno en cierne

En un mundo globalizado la integración es una pieza clave para el progreso de los pueblos, pero el inconveniente de fondo está en saber defender los intereses nacionales por encima de cualquier inclinación pro imperialista; y para ese logro se necesitan sistemas políticos ajenos a la corrupción y la inmoralidad de la clase política tradicional que ha conducido a nuestros países a la actual situación de postración y miseria. De allí la importancia de saber elegir un gobierno y que a su vez éste viva sujeto a la facultad popular de la revocatoria de los mandatos constitucionales a la que se sometió Hugo Chávez sin temor alguno. Porque de conciencia plena los líderes políticos deben saber que cuando un gobierno actúa con acierto a favor de la solución de los problemas más sentidos de la población nada tienen que temer, mucho menos a la consulta popular. Todos fuimos testigos del entusiasmo de la Casa Blanca, los medios de comunicación nacionales y extranjeros, de la derecha internacional unida y hasta de algunos gobiernos de la región por la consulta popular del revocatorio destinado a derrocar al presidente Hugo Chávez; millones de dólares se invirtieron en ese objetivo, sin embargo la respuesta popular venezolana fue de afirmación patriótica y soberana.

Hoy en día, la facultad del mandato revocatorio es una necesidad latinoamericana urgente habida cuenta de la arbitraria imposición de gobiernos corruptos e inmorales no deseados, como por ejemplo los de Alejandro Toledo, Sánchez de Lozada, Lucio Gutierrez, etc. en la parte sudamericana, de los cuales sólo por una suerte de equilibrio oportunista y pancista se mantiene precariamente el peruano. Los otros dos como es conocido fueron derrocados por los golpes de la insurgencia popular con carta de ciudadanía, de cierta manera institucionalizados desde las caídas de Alberto Fujimori, Fernando De la Rúa y Jamil Mahuad. El mandato revocatorio entonces debe ser un compromiso ineludible que evitaría la insurgencia popular; y si ha sido muy buena y auspiciada por la derecha internacional y la Casa Blanca en el caso de Hugo Chávez, resultará de enorme beneficio en todos los países latinoamericanos que se dicen democráticos; empero, esta medida tan saludable ni se menciona ni se discute en los cenáculos de la misma clase política tradicional que promocionó hasta las lágrimas el referendo revocatorio en Venezuela. ¿Tan insegura es la clase política tradicional y sus mecanismos de engaño público que impulsaron el revocatorio a toda máquina en el caso de Chávez que no se atreven a una auto-aplicación?

El momento político actual en la región se presenta propicio hacia un cambio verdaderamente democrático. La farsa de la democracia de aparato estatal y control de masas a través de la represión está llegando a su fin. El despertar de la conciencia política de los pueblos adquiere día a día un asentamiento capaz de revertir y transformar el obsoleto sistema político de los partidos tradicionales enfeudados al esquema del visto bueno de la Casa Blanca. Esa maduración política popular no se presenta bajo la forma de la exclusión sino por el contrario de la inclusión de todos en la sabiduría que la participación democrática en el voto y la acción es capaz de derrotar a las castas minoritarias que asumen una representatividad que no poseen y que disfrazan a través de cascarones partidarios de distinto nombre pero de idénticos intereses. Las sucesivas consultas populares en Venezuela desde la elección de Hugo Chávez con la vieja constitución, pasando por la de la nueva constitución hasta el revocatorio y las elecciones de gobernadores y municipios, muestran las derrotas cíclicas de los partidos tradicionales con todos sus aparatos de prensa, propaganda y finanzas a manos llenas. Y lo más importante, sin exclusión alguna, a pesar de la utilización del sabotaje directo (golpe de Estado frustrado, huelga petrolera y otros mecanismos,) al que son muy afines los sectores de la derecha usando el poder económico.

El camino está trazado y para amurallar esta primera acción integradora de MERCOSUR y el ALBA, el eje andino de Bolivia, Perú y Ecuador; y tal vez más tarde Chile y Colombia, se presenta auspiciante. En Bolivia el movimiento de masas está comprometido a llenar el vacío político luego de las salidas forzadas de Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, siendo las elecciones de diciembre un hito histórico decisivo a favor de la nacionalización de los hidrocarburos y la nueva institucionalidad democrática. Al mismo tiempo en Ecuador la movilización social ha centrado una salida política al gobierno provisorio en torno a la convocatoria a una Asamblea Constituyente con plenos poderes populares, la caducidad del contrato con la OXY, la no firma del Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos y la anulación de cualquier vínculo con el Plan Colombia. Sin embargo, en el Perú, otro de los países que concentra los bolsones de pobreza de la parte sur del continente, las elecciones de abril 2006 quieren ser arregladas a la vieja usanza de los partidos tradicionales que critican pero apoyan a Alejandro Toledo, el más impopular y subordinado de los presidentes latinoamericanos.

Las elecciones peruanas

La ruptura con el esquema imperialista (neoliberalismo, ALCA, TLC, etc.) en la región atraviesa por el cambio político; y a consecuencia de éste se podrá dar la transformación en lo económico y social de Bolivia, Perú y Ecuador. Bolivia y Ecuador se proyectan hacia esa transición o reforma de su sistema político dada la movilización popular activa. El Perú en estado de efervescencia electoral ha caído en el desencanto respecto a los partidos tradicionales porque es notorio que sus gastados líderes empujan el coche en la dirección mentirosa, en la de un nuevo reparto de la torta con cheque en blanco a fin de repetir el fujimorismo sin Fujimori y el toledismo sin Toledo. Pésima apuesta si se tiene en cuenta el descrédito del sistema político imperante y la ausencia de institucionalidad jurídica, la que no fue disipada por la abolición del espurio estatuto de Fujimori que todavía la clase política tradicional utiliza como si fuera la constitución del Estado. De allí el éxito de Ollanta Humala como el candidato antisistema, que en realidad no es antisistema sino pro democracia real en función de crear un sistema de gobernabilidad participativo, institucionalizado, jurídicamente estable y sobre todo constitucional. En otras palabras no continuista ni usurpador; y antisistema, si se quiere, en tanto no irá en pos de la profundización del modelo colonialista de la clase política tradicional y sus prehistóricos partidos políticos, cuyas única institucionalidad es la corrupción, la inmoralidad, la descomposición y la estafa pública.

No todo está dicho en relación a Ollanta Humala, aunque su presencia empiece a ser temida por los tradicionales que esperaban una contienda entre ellos y un campo popular disperso de varias candidaturas de izquierda. Que esperaban, para decirlo con todas sus letras, una contienda que al final resultara un voto nacional por el "mal menor" entre Lourdes Flores de la ultraderecha, Valentín Panigua de la derecha propiamente dicha y Alan García el simulador populachero adscrito hoy a la derecha, tal como fue el que eligió a Alejandro Toledo. El outsider que es Ollanta Humala en estos momentos debe ser ante todo deferente y auditivo; y dar oídos al clamor popular y a sus organizaciones de base, gremiales, sindicales, campesinas, estudiantiles, partidarias, empresariales progresistas, hasta encabezar el gran frente amplio del campo popular. De ser el hombre íntegro en la coyuntura, de ninguna manera puede marearse con la posibilidad de llegar a ser presidente de los peruanos. Si las intenciones de rescatar el país de la miseria moral en que se encuentra son serias no puede ser excluyente ni temer o asustarse a las acostumbradas calificaciones de los enemigos de políticos como aquellas de "autoritario" "mesiánico" "violentista" "dictadorzuelo" "comunista" "racista" "militar rebelde" etc. En Brasil Lula encabezó desde los empresarios progresistas, los cristianos, los trabajadores, los socialistas hasta los comunistas; en Uruguay Tabaré Vásquez igual hasta a los ex guerrilleros Tupamarus. Ollanta Humala no puede ser excluyente dentro del campo popular como tampoco con sus enemigos o rivales políticos, a quienes debe derrotar como Hugo Chávez lo ha hecho en Venezuela.

Es evidente que la clase política tradicional rechaza a Ollanta Humala y ello era de esperarse, igualmente rechazó y aún, después de muerto, rechaza al general Juan Velasco Alvarado, única excepción o intento cabal de independencia y soberanía nacional en la historia reciente. Y esta animadversión hostil junto al nacionalismo que enarbola es justamente el gran capital político de Humala contra el neoliberalismo y los daños irreversibles que está ocasionando en el Perú y América Latina, sometiendo a los pueblos a la exclusión, la pobreza extrema, la ignorancia, el desempleo, la insalubridad, la delincuencia, el abandono, la mortalidad infantil, el analfabetismo y la inseguridad. Males sociales que lejos de disminuir se mantienen o incrementan mientras la riqueza se concentra en pocas manos y en las arcas de los emporios bancarios y financieros internacionales. Las ideas y buenas intenciones para con el país están allí, en la gente honesta, en los líderes populares, en las organizaciones políticas cristianas, socialistas, nacionalistas, patrióticas, democráticas y progresistas, que en su conjunto conforman el vasto campo popular bajo el gran deseo de terminar de una vez por todas con la putrefacción nacional instituida. Una nueva república más equitativa y distributiva, más justa y soberana, más democrática y representativa, eficiente y nacionalista, es el proyecto que bien pueden suscribir todas las fuerzas comprometidas con el campo popular. Y corresponde a las fuerzas políticas de la izquierda ser mucho más maduras y responsables porque, ahora, no se trata de recuperar la cuota parlamentaria de los años 80 sino de la posibilidad de ser gobierno. Y la unidad del campo popular no debe ser rota por la presencia de purismos triviales, secundarios o baladíes.

De nada nos sirve la ironía de la democracia con los estómagos vacíos. De nada las cifras macroeconómicas de Alejandro Toledo esperando la estafa del "chorreo" cuando millones de millones de dólares salen del país para no regresar nunca más. La situación del Perú es muy seria y la responsabilidad de revertir este orden de cosas requiere de las mejores capacidades políticas, analíticas, técnicas y especializadas, abundantes en el campo popular de la unidad más amplia posible. Si el consenso se necesita es justamente allí, en una mesa de diálogo y acuerdo de orientación social y popular donde se elabore un plan de alcances y objetivos económicos, políticos, sociales, culturales, éticos, morales, donde la prioridad sean los ciudadanos, los recursos humanos indispensables para la explotación nacional de las riquezas naturales; y, también se conciba un programa de gobierno en lo inmediato (nueva constitución del estado, mandato revocatorio, estructuración de un modelo económico alternativo al neoliberalismo, reforma tributaria, reestructuración de la deuda externa, descentralización y regionalización, defensa nacional, moralidad pública y anticorrupción, seguridad social y jubilación digna, fiscalización activa del gasto público, revisión de los contratos de privatización y de concesiones, reforma del Estado, desarrollo humano y educación, políticas de empleo, apoyo económico y técnico al agro, preservación del medio ambiente, integración continental, etc.)

En conclusión el Perú se encuentra en la disyuntiva de elegir nuevo gobierno, simplemente porque de acuerdo a sus propias leyes la clase política tradicional no puede alargarle el mandato a Toledo como seguramente los candidatos a perdedor quisieran, para no verse en la posibilidad de perderlo todo como en Venezuela. Los peruanos han aprendido mucho desde la traición de Francisco Morales Bermúdez a la fecha y son concientes que votar por Lourdes Flores o Alan García significaría un gobierno peor que el de Alejandro Toledo; y votar por Valentín Panigua uno igualito.

25 de noviembre de 2005

Carlos Angulo Rivas

reppam@sympatico.ca
 
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