a última elección parlamentaria en Venezuela nos da espacio a varias
lecturas. La primera de todas es el insólito boicot propiciado a última hora
por lo principales partidos de la oposición (Acción Democrática,
Socialcristiano COPEI, Proyecto Venezuela y Primero Justicia) luego del
solemne compromiso ante la OEA y la Unión Europea de participar
democráticamente. A los líderes de estas organizaciones acostumbradas a
ejecutar políticas arbitrarias, ilegales y maniobreras, se les comprobó
haber fraguado un acuerdo de última hora, en consulta con la Casa Blanca,
por el que decidieron retirarse de la contienda electoral. La evaluación
hecha por ellos fue que mucho más beneficiosa a la posición
contrarrevolucionaria era presentar una cara de inhibición antes que de
derrota por novena vez consecutiva. Y la verdad inocultable fue que todos en
su conjunto (así hubieran ido en alianza como en el referendo revocatorio)
no podían soportar el contundente avasallamiento de los votos, el
significado de no representar, nunca más, a la mayoría del pueblo venezolano
desde que el presidente Hugo Chávez asumió el poder.
El inicio del fin de la clase política tradicional camina desde hace mucho,
no sólo en Venezuela sino en América Latina. El tren de la historia avanza a
contra corriente de la voluntad de todos los partidos corruptos e inmorales
que detectaron el poder gracias a la falsedad de un sistema democrático
representativo limitado y diseñado exclusivamente para servir de aparato
represivo y controlador de los ciudadanos. Un sistema circunscrito al engaño
electoral masivo, protegido por el conglomerado de las empresas
transnacionales, los empresarios nativos enfeudados al imperialismo, los
políticos tradicionales de la malversación y el desfalco, la fuerza armada,
los jueces y fiscales, la prensa y la TV, los burócratas dorados y los
profesionales mercenarios. Este sistema político perfeccionado en la
confabulación o componenda de las elecciones libres, a fin de entregar a los
elegidos un cheque en blanco cada período de gobierno, ha constituido y aún
constituye en la mayoría de países de la región una fórmula sacrosanta. Pero
todo aquello se ha ido desdibujando y se acabó, fundamentalmente en
Venezuela, cuando la incapacidad de quienes no podían comprender a los
políticos deshonestos, sus falsas promesas y sus cantos de alabanzas
lisonjeras en tiempos electorales, se ha convertido en lucidez y rechazo. La
maduración política de los pueblos es también una lucha contra el pesimismo,
la decepción, la desconfianza y el hartazgo, de ahí que los golpes de la
insurgencia popular en Argentina, Bolivia, Ecuador, trayéndose abajo a los
presidentes elegidos es un aprendizaje necesario en defensa del voto popular
estafado. Y el desprestigio, el descrédito absoluto, de una clase política
tradicional arrinconada debido a sus excesos impúdicos y obscenos es también
el resultado del aprendizaje ciudadano. En buen castellano, nadie da medio
centavo por aquellos que de la representatividad otorgada por el pueblo
hicieron un negocio lucrativo personal y desvergonzado.
La derecha internacional, el imperialismo, la clase empresarial, los medios
de difusión masiva, los partidos políticos tradicionales, han señalado
siempre que el sistema democrático de elegir y ser elegido es la mejor forma
de gobierno, mejor cuando a esta definición le agregan la libertad que
tienen para hacer y deshacer del destino de los gobernados, dejándoles a
ellos la otra libertad, la libertad de morirse de hambre sin clemencia
alguna ni remordimiento. Democracia y libertad son las palabras favoritas,
fundamentales, del mal uso de los significados o mejor dicho del ventajoso y
eficaz uso del engaño, la falsedad y el embuste consuetudinario. Democracia
y libertad, inclusive en la voz de George W. Bush o de cualquiera de sus
antecesores son palabras huecas con las cuales se sostiene el estado
imperial de las empresas transnacionales y la dictadura del capital, porque
ni siquiera en Estados Unidos, el país más desarrollado del planeta,
funciona la república de la justicia social, la igualdad y la fraternidad. Y
este carácter de la democracia representativa transplantado a las repúblicas
latinoamericanas y del tercer mundo constituye la burda caricatura de la
despiadada manipulación de los pobres y necesitados. Parodiando a Bertold
Brecht la definición redonda de lo que tenemos como sistema político sería
"la democracia de los estómagos vacíos" con sus leyes e instituciones.
Y cómo no, esta democracia encasillada y sometida, restringida y dosificada,
resulta formidable a la clase política tradicional para la corrupción, el
control de la población y la obediencia ciega; así en esta única perspectiva
la democracia es útil, representativa, legal, legítima, benigna y generosa.
En otras palabras cuando el voto ciudadano es maniobrado y favorece al
sistema de la inmoralidad y el libertinaje de los tradicionales es elogiado
y bendecido, pero cuando el voto lo pierden consecutivamente como en el caso
de Venezuela con Hugo Chávez, en presencia de todos los representantes
internacionales habidos y por haber, veedores, especialistas, peritos,
técnico y expertos, la elección es tramposa y los elegidos "dictadorzuelos"
o representantes de él. Entonces, cualquier arma subalterna es válida para
estos forajidos de la alcurnia política tradicional: el golpe de Estado, el
sabotaje a la producción, la violencia, el terrorismo, el crimen político,
el boicot electoral. Demostrado está, en el caso venezolano, que este lastre
putrefacto de los pueblos no quiere ser oposición política responsable sino
gobierno y poder para seguir saqueando el país con el apoyo imperial.
Demostrado está que no quieren aceptar la realidad de las ánforas
electorales ni reconocer el haberse convertido en una minoría nacional. Con
la última decisión del boicot electoral lo han establecido para asombro
internacional: o el poder es de nosotros o no hay democracia, o el poder es
de nosotros o el gobierno es ilegitimo, o el poder es de nosotros o el
gobierno es dictatorial y autoritario; o el poder es de nosotros o no es de
nadie. Igualito al comportamiento descarado de George W. Bush, la ONU hace
lo yo digo y sirve a los intereses de nosotros, la superpotencia, o no sirve
para nada.
Esa es la situación en que se encuentra la clase política tradicional
venezolana. Ha perdido los papeles por completo y se ha convertido en una
negación en sí misma, tanto que ni siquiera se tiene confianza para
continuar su rol en democracia, de allí que recurrieron al golpe de Estado
2002; huelga patronal petrolera 2003; boicot electoral 2005. A la fecha, a
los partidos políticos tradicionales nadie les ha negado el derecho a
participar, a proponer alternativas, a conquistar el voto popular perdido, a
dar mejores soluciones de gobierno para la producción industrial, el agro,
las finanzas públicas; la educación la salud, la pobreza; tampoco se les ha
negado la oportunidad de hacer un planteamiento global coherente. Por tales
motivos, de ninguna manera pueden constituirse en víctimas de Hugo Chávez
porque han tenido libertades en excesos punitivos en el país y en el
exterior y nada les ha pasado; además de la totalidad de la prensa y la TV.
Han contado con todos los socorros, sostenes y refuerzos menos con la
mayoría del pueblo y esa es su derrota total; y visiblemente su próxima
desaparición como fuerzas políticas alternativas a un proyecto nacional que
marcha sólido en el continente bajo el aura precursora del libertador Simón
Bolívar. A esta clase política arcaica y antediluviana de nada le ha servido
el pretendido boicot electoral, excepto para hacer alarde de su orfandad y
aislamiento, ya que el propósito de dibujar una democracia en crisis, un
caos político, ha caído en el saco roto de querer destacar el abstencionismo
del 75% average normal en Venezuela, si se tiene en cuenta que el caudal
electoral de los opositores al gobierno, los que no fueron a votar, bordean
un doce por ciento. Y matemáticamente de no ser por el boicot, el
abstencionismo hubiera reducido el tremendamente el normal con un 63 % o
menos, dado que el voto no es obligatorio. Recordemos que en las elecciones
municipales últimas (agosto 2005) donde los partidarios de Chávez barrieron
a los candidatos de la oposición, el abstencionismo llegó a 64 % a nivel
nacional.
Impugnada por los partidos políticos tradicionales de Venezuela la
democracia del voto, a la que son adictos cuando le es favorable, la
estrategia del padrinazgo imperialista se dirige a una fase superior de
intervencionismo y desestabilización que por supuesto nada tiene que ver con
la democracia y la participación del pueblo sino con medidas económica y
militares; de ello estemos seguros. La democracia participativa de Hugo
Chávez, el eje de la revolución bolivariana de la consulta popular
permanente para seguir avanzando, de la solidaridad y la fraternidad de los
pueblos; de la democracia más amplia y auténtica, entendida como la igualdad
en derechos a la salud, la educación, la alimentación, el trabajo; y de
integración continental competitiva, asociada y plural, no puede ser (en la
mentalidad imperialista) el mal ejemplo de la desobediencia a los diseños
elaborados en la Casa Blanca, el Pentágono, el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y
organismos internacionales afines a la globalización. En otras palabras se
quiere condenar a América Latina a la democracia encasillada, sometida y
encadenada; mientras nuestro destino (no tenemos otra vía) está en la
democracia soberana, participativa, plural y autónoma. La excomunión de Hugo
Chávez por Washington llamándolo "una amenaza para la estabilidad de la
región" significa una instigación abierta a la violencia y el terrorismo.
Felizmente la respuesta a esta incitación a la violencia por parte de la
Casa Blanca está siendo respondida con muestras de simpatía y aliento a la
soberanía venezolana. Donde sin lugar a dudas destaca la aceptación de
MERCOSUR de incorporar a Venezuela, con amplio respaldo de Brasil y
Argentina, los socios principales del bloque que cuenta también como
integrantes asociados a Chile, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia.
10 de diciembre de 2005