esde
que Hugo Chávez, presidente de Venezuela, llamó con mucho acierto
representante de la oligarquía peruana a la candidata de Unidad Nacional,
Lourdes Flores, los elementos más recalcitrantes de la derecha peruana se
han desesperado hasta la locura de intentar la demolición de la candidatura
y persona de Ollanta Humala, el comandante nacionalista que a mediados de
enero se colocó como puntero en las encuestas de intención de voto a nivel
nacional. Y digo locura porque la falta de imaginación para inventar
maquinaciones e intrigas caen por sí solas en el descrédito de una prensa
mediática que confunde, día a día, el periodismo de investigación con burdas
confabulaciones delincuenciales. Además, a través de los medios de difusión
a Ollanta Humala se le exige la pureza inmaculada que, en el centro de la
putrefacción nacional de los partidos tradicionales, responsables de esta a
podredumbre, se pasa por alto. Y todo obedece a la defensa del sistema
político que las clases dominantes quieren perpetuar en el país:
entreguismo, corrupción e inmoralidad. Es verdad que el entorno de Humala,
por la rapidez de los acontecimientos de su inscripción como candidato
presidencial y las zancadillas puestas con la aplicación de una "ley de
partidos" de último minuto, acomodada a los intereses de los tradicionales,
no exhibe lo mejor de la vidriera en cuanto a representantes políticos
populares; sin embargo, esto es remediable en la perspectiva de la fundación
de una segunda república donde la decantación vendrá por sí sola. La
realidad es que todo no puede arreglarse de la noche a la mañana.
En la última semana se trató de culpar a Ollanta Humala de ordenar un
asesinato político vía dos elementos delincuenciales conocidos (hecho
ampliamente difundido en la TV) y a continuación se fraguó una versión de
violación de los derechos humanos atribuida también al candidato
nacionalista, por supuesto sin poseer ese mismo celo periodístico en
verdaderos casos de crímenes de lesa humanidad, confirmados y adjudicados a
Alan García, candidato presidencial aprista y a su compañero de fórmula como
vicepresidente el almirante Giampetri (casos de Lurigancho, El Frontón,
Accomarca y otros). Pero al margen de estos hechos de demolición
intencionada de la derecha peruana contra el candidato nacionalista
antisistema, el enorme trabajo de presentar a Lourdes Flores como la futura
presidenta tiene una serie de vacíos y debilidades propios de un andar
circular, que no es otro que el de marchar a contracorriente de la historia.
Y me refiero no solamente al panorama internacional de la región donde la
oleada de los cambios políticos hacia la izquierda (de rechazo a la política
de la Casa Blanca) se acentúa vertiginosamente desde México hasta la Tierra
del Fuego, sino a que en el Perú la oligarquía con su propia cara o la de
sus nítidos representantes (Bedoya Reyes, Vargas Llosa y hoy Lourdes Flores)
nunca ha ganado una elección desde 1956 con Manuel Prado y gracias al apoyo
aprista brindado por Haya de la Torre, en ese entonces creando la famosa
convivencia apro-pradista.
La candidata Lourdes Flores y sus desesperados seguidores buscan salvar el
putrefacto sistema político actual por cualquier medio, luego de haber
aprovechado al máximo el consentimiento de Alberto Fujimori y Alejandro
Toledo para la aplicación del ultra neoliberalismo que depredó el país a
favor de las empresas transnacionales y los enriqueció a ellos (empresarios
nacionales sin escrúpulos) a manos llenas. Tanto Toledo como Fujimori
engañaron a un grueso sector de la población con una serie de promesas de
reforma institucional, progreso económico, trabajo, educación, salud, etc.
que luego fueron traicionadas para entregarse a los brazos de la oligarquía.
Pero ahora tan segura se siente esa oligarquía que participa en las
elecciones con su propia cara, Lourdes Flores, absolutamente, desde el punto
de vista social, menos creíble que la de los tres últimos presidentes
García, Fujimori y Toledo. Desde ocho meses atrás la candidata de la ultra
derecha fue inflada en las encuestas de opinión para caer vertiginosamente a
principios de enero frente a un bisoño candidato como Ollanta Humala; la
reacción ante este hecho sorpresivo, lejos de morigerar el discurso de esta
oligarquía antidiluviana, sin programa gubernamental sólido y posible a
favor de la población mayoritaria del país, ha sido el ataque personal y la
diatriba rabiosa, por sí mismo monstruoso y mentiroso. Sin darse cuenta que
con patrañas, como las utilizadas por Mario Vargas Llosa en 1990 no se ganan
elecciones.
Los compromisos de Lourdes Flores con la oligarquía y la ultra derecha son
mayúsculos y muy bien representados por su compañero de fórmula a la
vicepresidencia, Arturo Woodman, millonario empresario ligado íntimamente al
grupo Romero, propietario del Banco de Crédito, el más grande ente
financiero del país. Lo cual no tendría nada de malo porque ambos candidatos
están en su derecho de representar a la oligarquía, pero lo diabólico del
asunto es que el banquero Dionisio Romero, el jefe de la banda, es nada
menos que un gangster vestido de terno y corbata tal como se ha comprobado
con infinitas denuncias de tráfico de influencias y mal uso del poder
político, dada su estrecha colaboración con la mafia de Montesinos y
Fujimori. Denuncias que sin embargo han merecido la impunidad, admitido que
con su poder económico tiene en el bolsillo el Poder Judicial y a casi todos
los políticos tradicionales que velan por él, a pesar de sus fechorías. Por
estas y otras razones es prácticamente imposible que la señorita Flores
presente un plan de gobierno acorde cuando menos con la reducción de la
pobreza extrema del país, pues tendría la necesidad de romper lazos con su
entorno empresarial y lo que hemos visto más bien es que lo ha fortalecido
con la presencia de Woodman. De esta manera las promesas de la señorita
Flores en los Pueblos Jóvenes y regiones del interior del país son
simplemente demagógicas, convertibles a vulgares mentiras por la falta de
financiamiento real; promesas peores que las de Alejandro Toledo candidato.
No olvidemos que la señorita Flores mantiene sus ofrecimientos firmes y
serios con los empresarios de CADE no con los pobres del país a quienes
engaña con saña y sonrisas teatrales e hipócritas, es decir, apelando a ser
simpática con postizas criolladas de mujer prosaica y campechana.
Su esbozo de plan de gobierno exhibido hace dos meses en la conferencia
anual de CADE (la flor y nata de los empresarios nacionales y extranjeros)
trata con prioridad uno el dejar intocados los contratos de privatización y
concesiones gravosas por donde el país desecha recibir millones de millones
de dólares en impuestos, gracias a las políticas del consenso de Washington
aplicadas por Fujimori y Toledo; también su plan trata de aprobar el TLC e
inscribirse en el ALCA como protagonista estrella al igual que Vicente Fox
(México) Toledo (Perú) y Uribe (Colombia); y para rematar su tesis de
gobierno tuvo un enorme desliz, el mismo que marca la improvisación de una
salida cualquiera e inconsistente frente a la pregunta de una joven
preocupada por su futuro; la señorita Flores afirmó en la TV que ella en
contraposición del famoso "chorreo" de Toledo dará como salida a la crisis
de la falta de trabajo la posibilidad de auto-emplearse (¿?) a los peruanos
y luego confirmó su bobería o simpleza diciendo que creará la autogeneración
del empleo. Más clara y gaseosa no pudo ser. Todo está dicho porque según
esta versión no inventada por nadie, la señorita Flores piensa dejarnos como
país exportador primario tal cual somos en el mundo globalizado que admira y
como esta situación no genera empleo, ante la ausencia de un plan de
industrialización le está diciendo a la juventud búsquensela como puedan. A
auto-emplearse se ha dicho.
Sin financiamiento posible ante el acatamiento de no cobrar impuestos a las
transnacionales y respetar las pavorosas concesiones de nuestros recursos
naturales, todos y cada uno de los programas sociales de la señorita Flores
caen en saco roto. No valen ni siquiera como propósito de buena voluntad. Si
no, echemos un vistazo al presupuesto aprobado para el 2006, donde cerca del
25% de los ingresos, unos 3,200 millones de dólares se irán en el pago del
servicio de la deuda externa que luego de los gastos corrientes de la
manutención del Estado burocratizado, para la "deuda social" (salud y
educación) no queda casi nada o sea aquí existen peores déficit que los ya
exhibidos por Toledo. Y qué nos promete la señorita Flores frente a este
desolador panorama que la mayoría de los economistas señalan con estas
palabras: "Es escandaloso que el Perú siga ocupando uno de los peores
lugares de inversión presupuestal en salud y educación en América Latina a
pesar que su economía ha venido creciendo por varios años consecutivos". Muy
simple, la señorita Flores no ofrece ninguna enmienda., porque para ella los
capitales succionados a la nación, con malas artes, son sagrados. Ya lo
hemos señalado hasta el cansancio en varias oportunidades, que el
crecimiento del país puede ser real, pero se ha crecido para exportar
capitales, para que las transnacionales y los empresarios nacionales sin
escrúpulos, los que rodean a la señorita Flores, se la lleven fácil al
extranjero. Y este problema es el que la señorita Flores no quiere enfrentar
y que Paniagua y García tocan tangencialmente, dando vigor a la aparición y
crecimiento de Ollanta Humala con toda la improvisación de un político
nuevo, aunque al parecer honesto y nacionalista comprobado. Candidato
nacionalista que indudablemente con la decantación a propósito de la
fundación de la segunda república (proyecto de su ideario) eliminará a los
elementos contaminantes de su alrededor, a los oportunistas de último minuto
que nunca faltan en un ambiente político corrompido.
No hay opción, los más amplios sectores populares apuestan por el cambio
económico y social. El hartazgo de mantener a la "clase política"
tradicional y a Alejandro Toledo es descomunal y la señorita Flores defiende
a capa y espada la política económica de Fujimori, Toledo y Kuczynski, tal
como se observó en CADE 2005 donde fue aplaudida a rabiar por todos los
multimillonarios. Y, de lo que no se da cuenta la oligarquía antidiluviana
del Perú es que en el ambiente de la región el neoliberalismo a ultranza
lleva a una derrota segura. En climas de confrontación mayor como la de
Bolivia (dos presidentes bajados al llano) la oposición desde la izquierda
al neoliberalismo ha dado un triunfo completo y ejemplar a Evo Morales. En
Chile, donde la situación política es más estable y existe la economía mixta
del neoliberalismo junto a la intervención estatal, el triunfo se situó
también hacia la izquierda moderada del partido socialista de la Bachelet,
especie de socialdemocracia que bien quisiera representar Alan García (hoy
anulado por el catástrofe de su gobierno anterior y las acusaciones de
crímenes de lesa humanidad). Además, en el caso episódico de un triunfo de
la señorita Flores que quiere aprovechar al máximo su condición de mujer,
comparándose con Michelle Bachelet, la duración de su gobierno no llegaría
más allá que el del Sánchez de Losada, sacado en carbonización por el golpe
de la insurgencia popular boliviana. Seamos claros, la señorita Flores será
mujer pero no tiene la trayectoria de lucha social de la señora Bachelet,
prisionera, torturada y exiliada por la dictadura de Pinochet, como tampoco
su posición política social demócrata de aplicación moderada de la economía
globalizada.
De todo este razonamiento se desprende que la polarización extrema entre la
señorita Flores y Ollanta Humala le crea una ilusión ciega a la oligarquía,
una especie de ficción triunfadora momentánea, empujada por encuestas
falsificadas o maquilladas, repitiendo la historia de Mario Vargas Llosa;
habiendo sido éste mejor carta de presentación que la señorita en cuestión.
Por supuesto que de ello no se darán cuenta hasta que pierdan en las urnas.
La oligarquía en el país nunca pudo representarse a sí misma después de
Manuel Prado y mejor, en las actuales circunstancias, le iría con un
moderado Valentín Paniagua como le fue con fue Fernando Belaúnde. Sin acudir
al voto volátil que ahora, por el miedo fomentado con Humala, circunda la
señorita Flores, su candidatura no pasa del 20% habitual de los
conservadores, incapaces de construir una alternativa distinta a la del
padrinazgo prehistórico de Luis Bedoya Reyes del PPC. Y esos votos volátiles
son tan efímeros que pueden desaparecer de la noche a la mañana, por la
simple razón de su extremismo derechista y su auténtico alineamiento como
candidata de los ricos como la acusan vastos sectores populares y el APRA.
Entonces, la mejor opción de oponerse a un Ollanta Humala con la fuerza del
antisistema sería el candidato de centro Valentín Paniagua, a quien se le
asigna el mayor techo para crecer, después del imparable ascenso del
candidato nacionalista.
La hora de los invitados
La acción demoledora contra la candidatura de Ollanta Humala de la última
semana, puede haber tenido un mínimo efecto, agrandado por los medios y las
encuestas mentirosas como parte del batallar para bajarlo al llano. Y el
supuesto descenso del comandante en el peso electoral se puede atribuir a
los ataques personales, denuncias y críticas y un poco a las rabietas de
niñas engreídas del periodismo mercenario, pero nada más, pues la solidez
del mensaje de cambio económico y social (aún como una generalidad) subsiste
en la mente del voto de protesta contra la corrupción e inmoralidad que
pinta por igual a la señorita Flores, García y Panigua. Evidentemente, en la
candidatura de Humala hay varias debilidades, la principal como bien dijo su
padre don Isaac Humala es la de mantener a los "forajidos;" todas las demás,
inclusive ésta vinculada a la lumpenería política, son superables. El ataque
de ser una candidatura improvisada, es simplemente eso, un ataque, una
especie de patatús de los tres candidatos principales restantes, pues ellos
tampoco tienen un plan o programa alternativo a la desastrosa política de
hambre y miseria de Alejandro Toledo, porque han sido justamente los
partidos tradicionales quienes han sostenido al "cholo" en el poder con
todos sus vicios y la perpetuación del status quo corrupto e inmoral bajo el
espurio estatuto del delincuente prófugo Alberto Fujimori, hoy preso en
Santiago de Chile.
Sin embargo, como recomendé en mi articulo anterior:
"Perú: Humala y
la unidad de izquierda", la candidatura nacionalista del
comandante debe reforzarse con dirigentes sindicales y
populares conocidos e intachables, con técnicos progresistas
idóneos y con políticos de izquierda de amplia trayectoria, los mismos que
se encuentran en las canteras de tres listas de oposición al status quo sin
mayor opción de llegar al éxito deseado (Frente Amplio de Izquierda, Partido
Socialista y Avanza País); y todavía se está a tiempo de llegar a un
acuerdo, porque se puede coordinar con la dirigencia a fin de lograr ese
gran frente comprometido con la fundación de la segunda república o
refundación del país. No olvidemos que esta salida es un verdadero reto para
quienes de a verdad quieren cambiar el país desde un estado de postración,
vergüenza e inmoralidad hacia un nuevo Estado de vanguardia, progreso
nacional y esperanza para la juventud. La convergencia de todas estas
fuerzas políticas innovadoras, aparte de fortalecer una opción de ganar el
poder del Estado dará el alimento suficiente y necesario para un plan
económico y social sólido y de también de dirección calificada de gobierno.
Y si el cuestionamiento de los partidos tradicionales viene en el sentido de
la improvisación y la ausencia de cuadros políticos consistentes, todavía la
posibilidad de reestructurar y fortalecer la lista de congresistas, con
invitados seleccionados, está abierta hasta el ocho de febrero; convergencia
con la cual Ollanta Humala entraría vía las coincidencias de programa del
campo popular en el camino de Evo Morales y contaría, por consiguiente, con
un mejor equipo de gobierno.
28 de enero de 2006