Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
14 de febrero de 2006

El cultismo poético
frente a Neruda y Vallejo

Carlos Angulo Rivas
La estética del lenguaje, la retórica bien elaborada, la sintaxis cultivada, el culto a las palabras sonoras y grandilocuentes no pueden reemplazar de modo alguno y en ningún momento a la fibra de la poesía (musicalidad, ritmo y mensaje) o sea al nervio, brío y empuje de la voz original del mundo poético a través de la historia. De ahí que los movimientos vanguardistas casi siempre han marcado la dirección de las corrientes literarias de todos los tiempos. Y aunque en nuestra época aún persiste la antigua discusión entre poética y retórica, las poesías de Pablo Neruda y César Vallejo, originales e inconfundibles, tanto en sus procedimientos de expresión típica como en el material simbólico, marcan la gran diferencia en esta polémica y el punto de partida contemporáneo de las definiciones, sobre todo entre los poetas latinoamericanos. Siendo ambos los más célebres poetas de Hispanoamérica del siglo pasado, ellos convergen en la poesía humana de la lucha social por caminos dispares luego de sus primeras etapas. Los dos, marcados por la desgracia de la guerra civil española, por el impacto de ese desgarrador episodio histórico se unen a la visión del mundo solidario de los pobres, los indefensos y desamparados, poniendo de manifiesto su identificación y fe en la revolución socialista marxista. De allí para adelante se observan diversas etapas de una creación posmodernista de respuesta a la explotación capitalista que, sin embargo, por esa identificación socialista ha sido caracterizada por los críticos y académicos, simplonamente, como poesía social y punto.

En la primera etapa de César Vallejo se observa claramente, a través de los Heraldos Negros (1919) y luego Trilce (1922), una huella renovadora del leguaje poético del habla hispana que rompe con todo lo tradicional explorado: la profundización acerca de la consternación del ser humano condicionada por la supervivencia en condiciones adversas. Y lo que podría considerarse como una queja de situación personal, en realidad no lo es, pues la desazón con la vida va mucho más lejos hasta situarse en la institucionalización de una crítica mordaz a la condición humana. Posterior a esta instancia poética su enfoque del mundo cambia radicalmente, abandonando la inclinación vanguardista de sus amigos Vicente Huidobro y Gerardo Diego, para vincularse al marxismo y a la militancia comunista de los años treinta (Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin) momento donde sus poemas adquieren un carácter político definido; sin embargo, ese perfil misantrópico íntimo permanece como el sello representativo de toda su obra, tanto que muchos han visto en el tono personal de Vallejo una de las rupturas de mayor profundidad de la lengua castellana de su época, abierta a todas las licencias y libertades. Y es que para Vallejo el tono desgarrador de desencanto y dolor, de queja de la vida, llevado al surrealismo propio y de la corriente de André Breton y Paúl Elouard eran parte integrante de una misma revolución socialista.

No podemos asegurar si hubo mutua influencia política entre Vallejo y Neruda, empero, de cierta manera la unidad de sus pensamientos sale a luz en los poemas “España aparta de mi este Cáliz” del poeta peruano y “España en el Corazón” del chileno. Y queda claro en el tratado “Poesía y estilo de Pablo Neruda” del filólogo de Harvard, Amado Alonso, que el poeta chileno sufre una conversión poética después de su obra Tercera Residencia (1935) libro donde se publicita el poema a España. Amado Alonso señala: “Pablo Neruda se ha escapado de su terrible tela de araña gracias a una total conversión. No conversión a Dios, sino al prójimo; pero una verdadera conversión en sentido técnico psicológico: todas sus fuerzas espirituales, las ejercitadas y las dormidas, reunidas de pronto y organizadas con una imantación nueva, enardecidas por un entusiasmo nuevo, justificadas ahora y satisfechas por los nuevos fines. El comunismo de Pablo Neruda como acontecimiento de su biografía sólo nos concierne en cuanto ha tocado y cambiado la índole de su poesía. Pues la poesía de Pablo Neruda ha cambiado de la noche a la mañana radicalmente: ya no más de ensimismada soledad, de angustia metafísica y de visión de muerte, o para decirlo con sus propias palabras, ya no más poesía “solitaria en el mundo muerto” (Débil del alma); desde ahora su poesía es la del hombre con los hombres, encerradas y selladas las angustiosas preguntas que el hombre se hace a solas consigo mismo; una poesía social y de combate político, de adhesión y repulsión para el prójimo, de alegato y execración, de esperanza y rabia: de acción.”

Vista esta transmutación poética de Neruda, “España en el Corazón” es un punto de partida continuado en Canto General; y en Vallejo “España aparta de mi este Cáliz” es una consolidación de su pensamiento que culmina con su muerte temprana y la posterior publicación de Poemas Humanos, donde lejos de cualquier nihilismo (Trilce) incorpora la fe revolucionaria en la lucha de los hombres por la justicia social. Tal vez de ahí que Amado Alonso en el mismo tratado, sin observar cercanía entre el peruano y el chileno, señala una Crisis Poética en Neruda y nos dice: “El poeta se ha ido abriendo con los pies el nuevo camino, hallando el modo de hacer clara su poesía sin cambiar su onza de oro en prosa.” Y destaca que “Su adhesión al comunismo es de fe y no de crítica; de entrega. Por eso su visión e interpretación de la lucha es también lucha, y los hombres quedan separados en dos inmensos grupos: los amados y los odiados, los puros y los abominables. Sin duda las luchas entre hombres, vista desde el enclavamiento de la poesía anterior, no son más que materia episódica y cutánea, que sólo tiene sustancia poética como manifestación y ejemplo de la lucha y destrucción esencial, en donde todos los hombres –el hombre- se juntan e igualan en la misma angustia de naufragio.” En otras palabras, siguiendo la interpretación de Alonso, la primera etapa de Pablo Neruda (poesía hermética) de sentimiento, enajenación, angustia, desintegración, ensimismamiento y fantasía (La canción de la fiesta, Crepusculario, El Hondero Entusiasta, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Tercera residencia) se enlaza, aunque personalísima, con los poetas modernos de la época anterior a la guerra civil española, todos aquellos de índole erudita (explotación del cultismo y la retórica) y en los más auténticos expresionista.

América no anda menos extraviada que las anteriores. La actual generación en América es tan retórica y falta de honestidad espiritual, como las anteriores generaciones de las que ella reniega. Levanto mi voz y acuso a mi generación de impotente para crear o realizar un espíritu propio, hecho de verdad, y de vida, en fin, de sana y auténtica inspiración humana. Presiento desde hoy un balance desastroso de mi generación, de aquí a unos quince o veinte años. Estoy seguro de que estos muchachos de ahora no hacen sino cambiar de rótulo y nombres a las mentiras y convenciones de los hombres que las precedieron. La retórica de Chocano, por ejemplo, reaparece y continúa, acaso más hinchada y odiosa en los poetas posteriores. Así como en el romanticismo, América presta y adopta actualmente la camisa europea del llamado espíritu nuevo, movida de incurable descastamiento histórico. Hoy como ayer, los escritores de América practican una literatura prestada que les va trágicamente mal. La estética -si así puede llamarse esa grotesca pesadilla simiesca de los escritores de América- carece allá, hoy tal vez más que nunca, de fisonomía propia. Un verso de Neruda, de Borges o de Maples Arce, no se diferencia en nada de uno de Tzara, de Ribemont o de Reverdy. En Chocano, por lo menos, hubo el barato americanismo de los temas y nombres. En los de ahora, ni eso.”

La audaz aseveración de Vallejo seguramente muy cierta en 1927 propuso la gran polémica no sólo de la modalidad estilística sino también del contenido de la poesía. Su radical apreciación de lo que sucede en poesía y en todo intento de poetizar, liga el proceso de creación con la realidad, con las vivencias, con el curso de la historia, con la imaginación, el sentimiento y el pensar cotidiano, ocioso está mencionar que rechaza la retórica en todas sus formas. Pues el problema de fondo se define cuando, desde este punto de vista, los poetas dominan los elementos y se enseñorean con el mundo de su alrededor en lucha constante, no tomando parte de ella, pero observándola o contemplándola con intimidad y presencia, imaginándola desde el presente o desde el pasado. Neruda en Alturas de Macchu Picchu (Canto General) por ejemplo establece sin abandonar su tristeza la unidad de las ruinas Incas con los pasos de la vida en cualquier tiempo a través de la fantasía de las imágenes a fin de descubrir el sentido de los factores, actores y magnificencia arquitectónica. Y este nuevo temperamento de su poesía transfigurada lo continúa en Canción de Gesta, Cantos Ceremoniales, Plenos Poderes, Memorial de Isla Negra, La Espada Encendida, etc.

Neruda y Vallejo en esta dirección son los exponentes de mayor rigurosidad en cuanto a la exigencia del contenido en las unidades rítmicas de los versos y hasta en la prosa de sentido poético; requerimiento básico para la creación personal donde en todos los poetas debería ahondarse la conciencia reflexiva de lo humano, a fin de poder interpretar y comprender el mensaje rodeado de fantasía y estética en la perspectiva de dejar libre el pensar no los pensamientos cerrados; el sentir no los sentimientos individuales; el imaginar no las imágenes constituidas; pues la seducción de la poesía tiene que ver con la zambullida en el universo creado por el poeta. A la manera de ver de Neruda y Vallejo social y humano. Y así en las dos grandes vertientes para no ingresar al rubro de las subdivisiones, los poetas pueden distribuirse entre clásicos y románticos; en los primeros se da el equilibrio expresivo de la intuición-percepción y el sentimiento; en los segundos el desequilibrio a favor del sentimiento; y en ambos casos, en la poesía moderna, la musicalidad, el ritmo y el mensaje forman oleadas de ímpetus o impulsos de moldeo estilístico que no afectan la comprensión del texto, donde puede sacrificarse la sintaxis en beneficio del ritmo. Y lo vemos en Neruda y Vallejo donde el orden de las palabras es extraño, atrevido frente a los usos estándares del idioma, presentándose el genial desenvolvimiento del estilo peculiar, difícil de encontrar en otros autores, mucho menos en los retóricos donde se destaca la atención a la intuición clara sacrificando el sentimiento por purismo académico o neoclasicismo lo que en realidad ya no es poesía.

Publicado en Signos Culturales: http://www.canariasdigital.org/

9 de febrero de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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