Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
26 de febrero de 2006

Coletillas al Margen

Perú:
Nacionalismo o más de lo mismo

Carlos Angulo Rivas
Agotadas las primeras municiones de demolición mediática contra el candidato nacionalista Ollanta Humala, el periodismo tradicional peruano no tiene como demostrar su eficiencia frente a los propietarios de los medios. Y estos últimos a los de más arriba quienes en su conjunto, con anuencia de la embajada norteamericana en Lima, conspiraron la estrategia de tirarse abajo al candidato de las simpatías del presidente venezolano Hugo Chávez. De resultas que ahora los empresarios y su candidata Lourdes Flores ya están llamando incompetentes a los mercenarios de la pluma y la imagen, debido a que el fruto de sus campañas es casi inútil. Las encuestas de opinión son relativas y maquilladas de acuerdo a quienes las pagan para favorecer a uno u otro candidato. Sin embargo es muy difícil ocultar las tendencias o las inclinaciones del voto ciudadano. Y para confabularse en la estrategia demoledora fue suficiente que el candidato nacionalista se encumbrara en primer lugar, a mediados de enero, para que se soltaran las baterías de demolición personal hacia Ollanta Humala, las mismas que diariamente en TV, periódicos y radio, fueron soltadas inmisericordes. La pasión puesta en la campaña de destrucción, sin escrúpulo alguno, fue desde la acusación de ser un improvisado, un racista, un dictador, un autoritario fascista, antijudío, legionario de Hugo Chávez hasta la peor de ellas, aquella de que los peruanos están frente a un implacable violador de los derechos humanos, uno tan feroz que jamás el país pueda imaginar. Tanto que rasgándose las vestiduras los que nunca defendieron los derechos humanos en radio, TV y periódicos, por considerar a estos un asunto de comunistas e infiltrados se convirtieron a rabiar en adalides de ellos.

Digo agotadas las primeras municiones porque seguro inventaran otras en la misma línea de acción, pero de menor efecto por cuanto la población está vacunada ante la epidemia de mentiras fabricadas a favor del continuismo gubernamental que representan los partidos tradicionales de la derecha y sus matices (Unidad Nacional, APRA y Frente de Centro). Una cosa está clara, los cuarenta días de campaña demoledora contra Ollanta Humala no ha obtenido los resultados esperados y la rabieta continua. El fracaso de la prensa tradicional, cien por ciento alineada con la candidatura de la representante de la oligarquía y las transnacionales, Lourdes Flores, es evidente. Las recientes encuestas, de ser ciertas, indicarían que el candidato nacionalista fue mellado en un porcentaje ínfimo de apenas 5% del voto simpatizante pero no fue golpeado en el núcleo duro de apoyo hacia el cambio económico y social; o sea el que representa la opción contra el continuismo que inevitablemente avanzará en los próximos días. Situación que crea un nuevo escenario de polarización, donde las encuestas pasaran de relativas a mentirosas como sucedió en Bolivia donde si bien colocaban a Evo Morales en la delantera, le daban como máximo un 35% de los votos que los resultados reales trajeron a la realidad con 53.7% sin necesidad de ir a la segunda vuelta electoral.

Otro ejemplo, son las sucesivas votaciones (más de diez en total) realizadas en Venezuela donde los pronósticos arrojaban derrotas para el gobierno bolivariano y Hugo Chávez salió triunfante en todas ellas, hasta que en la última elección para el Congreso los partidos tradicionales se corrieron para no caer en la vergüenza de una brutal paliza o debacle institucional. También podemos recordar el total fracaso de todas las encuestadoras peruanas en las elecciones del año 2000 que dieron como ganador a Alejandro Toledo sobre Fujimori, a boca de urna, para cambiar los resultados cinco horas después dando como ganador al ahora delincuente capturado en Santiago de Chile. Asimismo, debe tenerse en mente el inesperado resultado de las elecciones en Palestina donde el partido Hamas se impuso contra todo vaticinio encuestador.

Las encuestas son relativas porque no analizan el sentimiento preciso de los votantes y porque además son maquilladas o mienten de acuerdo a intereses en juego, por supuesto cuidando de cierta forma su credibilidad. No obstante, las empresas de sondeos sí saben las reales inclinaciones de la votación y las comunican sólo a sus patrocinadores con los peligros que ellas encierran. De ahí la desesperación de los candidatos tradicionales por contrarrestar tendencias desafiando la realidad concreta. Es un hecho que la incursión de Ollanta Humala en el proceso electoral actual ha dado un vuelco a las propuestas de los candidatos de la derecha que la veían fácil como sucesores del programa neoliberal a ultranza de Toledo y su cerebro norteamericano Pedro Pablo Kuczynski. El vuelco se observa a gran distancia porque hasta la candidata ultraderechista Lourdes Flores viene proponiendo programas sociales de raigambre populista que nadie en su sano juicio sabe cómo va a financiar sin tocar a las empresas transnacionales. Alan García no se queda atrás en promesas electorales, ya que en irresponsable carrera competitiva con la Flores, ofrece el oro y el moro de acuerdo a cada auditorio, a sabiendas que el papel y su acostumbrada palabrería hueca aguanta todo. Y Valentín Panigua, aunque más moderado, también comenzó a tomar distancia de la Flores y a anunciar la revisión del contrato de gas de Camisea II. La explicación a este fenómeno de propuestas innovadoras de la derecha en sus diferentes matices es simple, el factor Humala les ha cambiado el discurso político.

Entonces a la luz de este nuevo escenario la aniquilación de Ollanta Humala es una consigna del status quo, un mandato del sistema político inmoral y corrupto que trata por cualquier medio de salvarse para continuar con el secuestro del país. Y es justamente aquí donde las evidencias contradicen a todas las encuestas habidas y por haber. Los partidos tradicionales parten de la premisa que la mayoría de los peruanos son olvidadizos, frágiles e ignorantes, fácilmente manipulables, manejables y hasta portátiles. Las encuestas ayudan a esta visión ilusoria de creer en la manipulación eficaz por enésima vez, porque a buen decir de los demócratas tramposos la historia debe repetirse. Sin embargo, existe una realidad que no puede ser soslayada, menos olvidada. La clase política está en plena decadencia y si bien Alejandro Toledo termina de pura casualidad su periodo de gobierno es única y exclusivamente por el apoyo recibido de los partidos tradicionales que hoy participan en la lid electoral para reemplazarlo (Unidad Nacional, APRA y Frente de Centro). El régimen de Toledo así inestablemente sostenido por Lourdes Flores, Alan garcía y Valentín Panigua, ha gobernado de espaldas al pueblo obedeciendo ciegamente los dictados de Washington, del FMI y los organismos internacionales, además protegiendo los intereses de las empresas transnacionales sin importarle un comino el incremento de la pobreza y la miseria que en el país llega al 54% de la población. De ahí que las mismas encuestadoras que hoy elaboran pronósticos electorales registraron un precario apoyo popular a Toledo que en momentos llegó a confundirse con el error estadístico (5%). Qué no decir de la opinión y apoyo que reciben el Congreso (6% de aprobación) y del Poder Judicial (8% de aprobación.)

Con estos resultados, también estadísticos, estamos frente a un desolador panorama institucional no representativo de la opinión pública y menos del poder soberano otorgado a través del voto a sus representantes. Más todavía, el rechazo al sistema político de la inmoralidad y la corrupción es de tal naturaleza que los representantes del poder público han perdido la vergüenza en un carnaval de repartijas y aprovechamiento. Precisamente, en esta dirección las encuestas tendrían que explicar la meridiana contradicción existente. ¿Cómo si el gobierno actual en su conjunto no llega al 10% de aprobación incluido el Congreso, la misma gente que lo representa como su clase política y lo aprovecha a más no poder (Flores, García y Panigua) se arrogan entre los tres un poquito más de 50% del voto popular? Por eso repito: o los peruanos somos olvidadizos, frágiles e ignorantes, o la ecuación de las encuestadoras no funciona.

Por supuesto, la ecuación no funciona porque la realidad es otra y choca con la manipulación electoral puesta de fiesta. ¿Vamos a reelegir a los mismos representantes políticos que como gobierno rechazamos en todas las formas posibles? ¿Vamos a darles nuestra confianza a estos mismos representantes que impugnamos en las marchas de protesta, los paros nacionales, la voz de los mercados y las amas de casa? ¿No nos damos cuenta que aparte de las tres figuras que nos muestran Flores, García y Paniagua, que ya han estado en los diferentes gobiernos, también en más de 40% los candidatos al Congreso son los mismos? Indudablemente para dar una respuesta masiva a estas preguntas no se necesita de mucho pensar. Sin embargo, como la corrupción institucional coloca a estas tres candidaturas fuertes, aunque quemadas, desea que escojamos a alguna de ellas, de preferencia a Lourdes Flores, queriendo obligar nuevamente "al si no hay por quien votar, escogeremos el mal menor." Pese a que un elemento es bastante claro, Toledo ha sido sólo la tapa de la olla de podredumbre y no el único responsable de la burla nacional que el gobierno actual representa. La mayoría de los peruanos no somos obtusos, la clase política tradicional (Unidad Nacional, APRA y Frente de Centro) quiere continuar el asalto al Estado presentándose ante el electorado con vestido nuevo y propuestas que nunca llegaran a cumplirse; en esto último si la historia se repetirá porque es la misma gente que antaño prometió electoralmente millones de todo hasta de empleos y una vez en el gobierno se llenaron los bolsillos para luego fugarse del país y regresar como si nada hubiera pasado.

¿Qué es el cambio?

No cabe la menor duda que a la fecha la única alternativa de un cambio real en lo económico y social en la dirección de derrotar la pobreza del país está en el campo popular representado por el nacionalismo y las fuerzas de la izquierda. El camino lo desbrozó la izquierda y sus movilizaciones nacionales y regionales hasta abrir un espacio electoral que ha sido llenado por el nacionalismo enarbolado por Ollanta Humala y un programa de intenciones abiertamente opuestas al neoliberalismo extremo y sus nefastas consecuencias de convertir el país en una colonia de empresas extranjeras que no pagan impuestos. Los planes de gobierno de la derecha y sus matices representada por los partidos tradicionales (Unidad Nacional, APRA y Frente de Centro), si es que los tienen, no se van cumplir; no tienen cómo cumplirse como nunca se cumplieron en el pasado. Y en el aspecto social para revertir la pobreza, la falta de educación, salud y trabajo, menos aún, por la sencilla razón que respetando sacrosantamente a las empresas transnacionales que se llevan todo el excedente nacional sin pagar impuestos, no tendrán presupuesto para atender las urgentes demandas estatales. Y entonces ya en el gobierno empezaran con la cantaleta de no hay plata y para que haya debemos respetar a la inversionistas privados extranjeros que crearan trabajo.

A diferencia de los partidos tradicionales el campo popular sí tiene un programa nacionalista y de izquierda, forjado en la lucha social contra la dictadura neoliberal del delincuente Alberto Fujimori y la desnacionalización del país continuada alegremente por Alejandro Toledo y la clase política gracias al estatuto constitucional del ciudadano nipón que aún no desean cambiar. Las coincidencias programáticas entre los partidos de izquierda y el nacionalismo enarbolado por Ollanta Humala son de naturaleza intrínseca nacidas de la lucha popular en diferentes instancias de choque con el poder de la derecha encaramada en el gobierno y el Estado. Y no son pocas sino constituyen casi el 90% de las líneas de acción inmediata como son la oposición al ALCA hacia un alcance de integración latinoamericana (ALBA); la defensa del Mar de Grau y las 200 millas marinas; la negativa a la firma entre gallos y medianoche del TLC con Estados Unidos negociado por los agentes del imperialismo encabezados por Toledo y Pedro Pablo Kuczynski; la renegociación de la deuda externa; y en cuanto al proyecto económico antineoliberal, la revisión y nueva negociación de los contratos de explotación minera y energética reservándose el Estado el derecho de la nacionalización de los recursos naturales estratégicos; la revisión de las prebendas de la estabilidad jurídica y las concesiones; la participación soberana del Estado en las empresas de los sectores vitales para el desarrollo independiente (los hidrocarburos, la electricidad, el agua potable y el saneamiento, las comunicaciones, el espacio aerocomercial, los puertos y los aeropuertos); etc.

En todas estas coincidencias de líneas programáticas del nacionalismo con la izquierda en la dirección de crear un modelo antineoliberal está incursa la reforma tributaria y la eliminación selectiva de las ventajas de las exoneraciones de impuestos otorgadas de manera arbitraria e ilegal a un sinnúmero de empresas sumamente rentables. Sólo de esta manera, cobrando impuestos a todos por igual, las promesas electorales de orden social se podrán cumplir debido a su financiamiento y tomarán vida los programas de educación masiva y alfabetización, atención hospitalaria y de salud; mejora de salarios a los maestros, profesores universitarios, médicos, enfermeras, policías, etc.; atención digna a los jubilados y protección de sus pensiones; la generación de empleo a través de la industrialización y la capacitación de agricultores, ganaderos y pequeños empresarios; apoyo a la ciencia y la tecnología; defensa del medio ambiente; alimentación y apoyo a las madres solteras y desamparadas; atención a la niñez; saneamiento y agua potable para los pueblos jóvenes; y además de todo ello, la construcción de infraestructura de electrificación, vías de comunicación, irrigaciones y otras obras públicas.

La opción por el cambio es antagónica a la posición del continuismo y los partidos tradicionales inmorales y corruptos. La polarización en el país está dada entre el campo popular y el status quo; así la apuesta por Ollanta Humala a la presidencia de la República es la única salida electoral por el momento y el apoyo a las listas de izquierda (Frente Amplio de Izquierda, Partido Socialista, Avanza País) es también una alternativa para reforzar un Congreso afín con los aires renovadores de América Latina, aunque de ser cierto el temperamento de la creación de una segunda república (programa de Ollanta), la restitución de la única Constitución del Estado válida en reemplazo del estatuto del japonés Alberto Fujimori, llevará a la convocatoria de una Asamblea Constituyente, la que llevará a cabo las reformas legislativas a que hubiere lugar.

Lo escrito, escrito está y en el fragor de la campaña electoral, los traspiés del candidato nacionalista Ollanta Humala son contingencias de alto riesgo que bien nos pueden llevar a un Hugo Chávez peruano o a un Lucio Gutierrez ecuatoriano. En el primer caso el apoyo popular bien ganado estaría descontado, en el segundo quedaría el camino de la insurgencia popular.

24 de febrero de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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