gotadas
las primeras municiones de demolición mediática contra el candidato
nacionalista Ollanta Humala, el periodismo tradicional peruano no tiene como
demostrar su eficiencia frente a los propietarios de los medios. Y estos
últimos a los de más arriba quienes en su conjunto, con anuencia de la
embajada norteamericana en Lima, conspiraron la estrategia de tirarse abajo
al candidato de las simpatías del presidente venezolano Hugo Chávez. De
resultas que ahora los empresarios y su candidata Lourdes Flores ya están
llamando incompetentes a los mercenarios de la pluma y la imagen, debido a
que el fruto de sus campañas es casi inútil. Las encuestas de opinión son
relativas y maquilladas de acuerdo a quienes las pagan para favorecer a uno
u otro candidato. Sin embargo es muy difícil ocultar las tendencias o las
inclinaciones del voto ciudadano. Y para confabularse en la estrategia
demoledora fue suficiente que el candidato nacionalista se encumbrara en
primer lugar, a mediados de enero, para que se soltaran las baterías de
demolición personal hacia Ollanta Humala, las mismas que diariamente en TV,
periódicos y radio, fueron soltadas inmisericordes. La pasión puesta en la
campaña de destrucción, sin escrúpulo alguno, fue desde la acusación de ser
un improvisado, un racista, un dictador, un autoritario fascista, antijudío,
legionario de Hugo Chávez hasta la peor de ellas, aquella de que los
peruanos están frente a un implacable violador de los derechos humanos, uno
tan feroz que jamás el país pueda imaginar. Tanto que rasgándose las
vestiduras los que nunca defendieron los derechos humanos en radio, TV y
periódicos, por considerar a estos un asunto de comunistas e infiltrados se
convirtieron a rabiar en adalides de ellos.
Digo agotadas las primeras municiones porque seguro inventaran otras en la
misma línea de acción, pero de menor efecto por cuanto la población está
vacunada ante la epidemia de mentiras fabricadas a favor del continuismo
gubernamental que representan los partidos tradicionales de la derecha y sus
matices (Unidad Nacional, APRA y Frente de Centro). Una cosa está clara, los
cuarenta días de campaña demoledora contra Ollanta Humala no ha obtenido los
resultados esperados y la rabieta continua. El fracaso de la prensa
tradicional, cien por ciento alineada con la candidatura de la representante
de la oligarquía y las transnacionales, Lourdes Flores, es evidente. Las
recientes encuestas, de ser ciertas, indicarían que el candidato
nacionalista fue mellado en un porcentaje ínfimo de apenas 5% del voto
simpatizante pero no fue golpeado en el núcleo duro de apoyo hacia el cambio
económico y social; o sea el que representa la opción contra el continuismo
que inevitablemente avanzará en los próximos días. Situación que crea un
nuevo escenario de polarización, donde las encuestas pasaran de relativas a
mentirosas como sucedió en Bolivia donde si bien colocaban a Evo Morales en
la delantera, le daban como máximo un 35% de los votos que los resultados
reales trajeron a la realidad con 53.7% sin necesidad de ir a la segunda
vuelta electoral.
Otro ejemplo, son las sucesivas votaciones (más de diez en total) realizadas
en Venezuela donde los pronósticos arrojaban derrotas para el gobierno
bolivariano y Hugo Chávez salió triunfante en todas ellas, hasta que en la
última elección para el Congreso los partidos tradicionales se corrieron
para no caer en la vergüenza de una brutal paliza o debacle institucional.
También podemos recordar el total fracaso de todas las encuestadoras
peruanas en las elecciones del año 2000 que dieron como ganador a Alejandro
Toledo sobre Fujimori, a boca de urna, para cambiar los resultados cinco
horas después dando como ganador al ahora delincuente capturado en Santiago
de Chile. Asimismo, debe tenerse en mente el inesperado resultado de las
elecciones en Palestina donde el partido Hamas se impuso contra todo
vaticinio encuestador.
Las encuestas son relativas porque no analizan el sentimiento preciso de los
votantes y porque además son maquilladas o mienten de acuerdo a intereses en
juego, por supuesto cuidando de cierta forma su credibilidad. No obstante,
las empresas de sondeos sí saben las reales inclinaciones de la votación y
las comunican sólo a sus patrocinadores con los peligros que ellas
encierran. De ahí la desesperación de los candidatos tradicionales por
contrarrestar tendencias desafiando la realidad concreta. Es un hecho que la
incursión de Ollanta Humala en el proceso electoral actual ha dado un vuelco
a las propuestas de los candidatos de la derecha que la veían fácil como
sucesores del programa neoliberal a ultranza de Toledo y su cerebro
norteamericano Pedro Pablo Kuczynski. El vuelco se observa a gran distancia
porque hasta la candidata ultraderechista Lourdes Flores viene proponiendo
programas sociales de raigambre populista que nadie en su sano juicio sabe
cómo va a financiar sin tocar a las empresas transnacionales. Alan García no
se queda atrás en promesas electorales, ya que en irresponsable carrera
competitiva con la Flores, ofrece el oro y el moro de acuerdo a cada
auditorio, a sabiendas que el papel y su acostumbrada palabrería hueca
aguanta todo. Y Valentín Panigua, aunque más moderado, también comenzó a
tomar distancia de la Flores y a anunciar la revisión del contrato de gas de
Camisea II. La explicación a este fenómeno de propuestas innovadoras de la
derecha en sus diferentes matices es simple, el factor Humala les ha
cambiado el discurso político.
Entonces a la luz de este nuevo escenario la aniquilación de Ollanta Humala
es una consigna del status quo, un mandato del sistema político inmoral y
corrupto que trata por cualquier medio de salvarse para continuar con el
secuestro del país. Y es justamente aquí donde las evidencias contradicen a
todas las encuestas habidas y por haber. Los partidos tradicionales parten
de la premisa que la mayoría de los peruanos son olvidadizos, frágiles e
ignorantes, fácilmente manipulables, manejables y hasta portátiles. Las
encuestas ayudan a esta visión ilusoria de creer en la manipulación eficaz
por enésima vez, porque a buen decir de los demócratas tramposos la historia
debe repetirse. Sin embargo, existe una realidad que no puede ser soslayada,
menos olvidada. La clase política está en plena decadencia y si bien
Alejandro Toledo termina de pura casualidad su periodo de gobierno es única
y exclusivamente por el apoyo recibido de los partidos tradicionales que hoy
participan en la lid electoral para reemplazarlo (Unidad Nacional, APRA y
Frente de Centro). El régimen de Toledo así inestablemente sostenido por
Lourdes Flores, Alan garcía y Valentín Panigua, ha gobernado de espaldas al
pueblo obedeciendo ciegamente los dictados de Washington, del FMI y los
organismos internacionales, además protegiendo los intereses de las empresas
transnacionales sin importarle un comino el incremento de la pobreza y la
miseria que en el país llega al 54% de la población. De ahí que las mismas
encuestadoras que hoy elaboran pronósticos electorales registraron un
precario apoyo popular a Toledo que en momentos llegó a confundirse con el
error estadístico (5%). Qué no decir de la opinión y apoyo que reciben el
Congreso (6% de aprobación) y del Poder Judicial (8% de aprobación.)
Con estos resultados, también estadísticos, estamos frente a un desolador
panorama institucional no representativo de la opinión pública y menos del
poder soberano otorgado a través del voto a sus representantes. Más todavía,
el rechazo al sistema político de la inmoralidad y la corrupción es de tal
naturaleza que los representantes del poder público han perdido la vergüenza
en un carnaval de repartijas y aprovechamiento. Precisamente, en esta
dirección las encuestas tendrían que explicar la meridiana contradicción
existente. ¿Cómo si el gobierno actual en su conjunto no llega al 10% de
aprobación incluido el Congreso, la misma gente que lo representa como su
clase política y lo aprovecha a más no poder (Flores, García y Panigua) se
arrogan entre los tres un poquito más de 50% del voto popular? Por eso
repito: o los peruanos somos olvidadizos, frágiles e ignorantes, o la
ecuación de las encuestadoras no funciona.
Por supuesto, la ecuación no funciona porque la realidad es otra y choca con
la manipulación electoral puesta de fiesta. ¿Vamos a reelegir a los mismos
representantes políticos que como gobierno rechazamos en todas las formas
posibles? ¿Vamos a darles nuestra confianza a estos mismos representantes
que impugnamos en las marchas de protesta, los paros nacionales, la voz de
los mercados y las amas de casa? ¿No nos damos cuenta que aparte de las tres
figuras que nos muestran Flores, García y Paniagua, que ya han estado en
los diferentes gobiernos, también en más de 40% los candidatos al Congreso
son los mismos? Indudablemente para dar una respuesta masiva a estas
preguntas no se necesita de mucho pensar. Sin embargo, como la corrupción
institucional coloca a estas tres candidaturas fuertes, aunque quemadas,
desea que escojamos a alguna de ellas, de preferencia a Lourdes Flores,
queriendo obligar nuevamente "al si no hay por quien votar, escogeremos el
mal menor." Pese a que un elemento es bastante claro, Toledo ha sido sólo la
tapa de la olla de podredumbre y no el único responsable de la burla
nacional que el gobierno actual representa. La mayoría de los peruanos no
somos obtusos, la clase política tradicional (Unidad Nacional, APRA y Frente
de Centro) quiere continuar el asalto al Estado presentándose ante el
electorado con vestido nuevo y propuestas que nunca llegaran a cumplirse; en
esto último si la historia se repetirá porque es la misma gente que antaño
prometió electoralmente millones de todo hasta de empleos y una vez en el
gobierno se llenaron los bolsillos para luego fugarse del país y regresar
como si nada hubiera pasado.
¿Qué es el cambio?
No cabe la menor duda que a la fecha la única alternativa de un cambio real
en lo económico y social en la dirección de derrotar la pobreza del país
está en el campo popular representado por el nacionalismo y las fuerzas de
la izquierda. El camino lo desbrozó la izquierda y sus movilizaciones
nacionales y regionales hasta abrir un espacio electoral que ha sido llenado
por el nacionalismo enarbolado por Ollanta Humala y un programa de
intenciones abiertamente opuestas al neoliberalismo extremo y sus nefastas
consecuencias de convertir el país en una colonia de empresas extranjeras
que no pagan impuestos. Los planes de gobierno de la derecha y sus matices
representada por los partidos tradicionales (Unidad Nacional, APRA y Frente
de Centro), si es que los tienen, no se van cumplir; no tienen cómo
cumplirse como nunca se cumplieron en el pasado. Y en el aspecto social para
revertir la pobreza, la falta de educación, salud y trabajo, menos aún, por
la sencilla razón que respetando sacrosantamente a las empresas
transnacionales que se llevan todo el excedente nacional sin pagar
impuestos, no tendrán presupuesto para atender las urgentes demandas
estatales. Y entonces ya en el gobierno empezaran con la cantaleta de no hay
plata y para que haya debemos respetar a la inversionistas privados
extranjeros que crearan trabajo.
A diferencia de los partidos tradicionales el campo popular sí tiene un
programa nacionalista y de izquierda, forjado en la lucha social contra la
dictadura neoliberal del delincuente Alberto Fujimori y la
desnacionalización del país continuada alegremente por Alejandro Toledo y la
clase política gracias al estatuto constitucional del ciudadano nipón que
aún no desean cambiar. Las coincidencias programáticas entre los partidos
de izquierda y el nacionalismo enarbolado por Ollanta Humala son de
naturaleza intrínseca nacidas de la lucha popular en diferentes instancias
de choque con el poder de la derecha encaramada en el gobierno y el Estado.
Y no son pocas sino constituyen casi el 90% de las líneas de acción
inmediata como son la oposición al ALCA hacia un alcance de integración
latinoamericana (ALBA); la defensa del Mar de Grau y las 200 millas marinas;
la negativa a la firma entre gallos y medianoche del TLC con Estados Unidos
negociado por los agentes del imperialismo encabezados por Toledo y Pedro
Pablo Kuczynski; la renegociación de la deuda externa; y en cuanto al
proyecto económico antineoliberal, la revisión y nueva negociación de los
contratos de explotación minera y energética reservándose el Estado el
derecho de la nacionalización de los recursos naturales estratégicos; la
revisión de las prebendas de la estabilidad jurídica y las concesiones; la
participación soberana del Estado en las empresas de los sectores vitales
para el desarrollo independiente (los hidrocarburos, la electricidad, el
agua potable y el saneamiento, las comunicaciones, el espacio aerocomercial,
los puertos y los aeropuertos); etc.
En todas estas coincidencias de líneas programáticas del nacionalismo con la
izquierda en la dirección de crear un modelo antineoliberal está incursa la
reforma tributaria y la eliminación selectiva de las ventajas de las
exoneraciones de impuestos otorgadas de manera arbitraria e ilegal a un
sinnúmero de empresas sumamente rentables. Sólo de esta manera, cobrando
impuestos a todos por igual, las promesas electorales de orden social se
podrán cumplir debido a su financiamiento y tomarán vida los programas de
educación masiva y alfabetización, atención hospitalaria y de salud; mejora
de salarios a los maestros, profesores universitarios, médicos, enfermeras,
policías, etc.; atención digna a los jubilados y protección de sus
pensiones; la generación de empleo a través de la industrialización y la
capacitación de agricultores, ganaderos y pequeños empresarios; apoyo a la
ciencia y la tecnología; defensa del medio ambiente; alimentación y apoyo a
las madres solteras y desamparadas; atención a la niñez; saneamiento y agua
potable para los pueblos jóvenes; y además de todo ello, la construcción de
infraestructura de electrificación, vías de comunicación, irrigaciones y
otras obras públicas.
La opción por el cambio es antagónica a la posición del continuismo y los
partidos tradicionales inmorales y corruptos. La polarización en el país
está dada entre el campo popular y el status quo; así la apuesta por Ollanta
Humala a la presidencia de la República es la única salida electoral por el
momento y el apoyo a las listas de izquierda (Frente Amplio de Izquierda,
Partido Socialista, Avanza País) es también una alternativa para reforzar un
Congreso afín con los aires renovadores de América Latina, aunque de ser
cierto el temperamento de la creación de una segunda república (programa de
Ollanta), la restitución de la única Constitución del Estado válida en
reemplazo del estatuto del japonés Alberto Fujimori, llevará a la
convocatoria de una Asamblea Constituyente, la que llevará a cabo las
reformas legislativas a que hubiere lugar.
Lo escrito, escrito está y en el fragor de la campaña electoral, los
traspiés del candidato nacionalista Ollanta Humala son contingencias de alto
riesgo que bien nos pueden llevar a un Hugo Chávez peruano o a un Lucio
Gutierrez ecuatoriano. En el primer caso el apoyo popular bien ganado
estaría descontado, en el segundo quedaría el camino de la insurgencia
popular.
24 de febrero de 2006