Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
12 de marzo de 2006

Coletillas al Margen

Necesitamos un Hugo Chávez peruano

Carlos Angulo Rivas
Las elecciones peruanas para el cambio de gobierno se vienen desarrollando en un escenario cada vez más definido, donde las fuerzas de la derecha y la oligarquía se enfrentan contra las del campo popular. Y este fenómeno, en la región sudamericana, no es nuevo. Las derrotas consecutivas sufridas por la oligarquía venezolana, representada por los partidos tradicionales, significan por primera vez en la historia de ese país una conquista total del campo popular por la vía pacífica de los sufragios. Hugo Chávez, a pesar de la enorme oposición vandálica centralizada en Washington y, de los varios intentos de desestabilización del gobierno legítimamente elegido y confirmado, sigue marcando la agenda con relativo éxito por la sencilla razón de haber logrado gran apoyo popular en base a programas sociales, educativos, de salud, empleo y bienestar.

Asimismo, lo ocurrido en Bolivia con la elección de Evo Morales, hoy en la contingencia de volver a fundar la república a través de la Asamblea Constituyente convocada, expresa meridianamente la voluntad de un cambio sustancial en la política económica y social de ese país. Demás está recorrer los acontecimientos de los últimos años en la región, donde la insurgencia popular trajo abajo gobiernos constitucionales enfrentados a la población debido a sus políticas neoliberales extremistas y pronorteamericanas. Y si la oligarquía y sus partidos tradicionales de cada país no se dan cuenta de ello es simplemente por la ceguera de querer imponer a toda costa las mentiras acostumbradas de las promesas electorales y los planes de gobierno manufacturados por el Fondo Monetario Internacional. Planes que se cumplen en cuanto a las Cartas de Intención firmadas con ese organismo pero nunca en las promesas electorales huecas hechas por los presidentes elegidos (ofrecimientos sociales desfinanciados y de sus propias cosechas sólo con la intención de ganar votos.)

A cuatro semanas de las elecciones generales en el Perú, la polémica oligarquía-derecha versus izquierda (campo popular) está planteada como para no irse por la tangente. Sin embargo, de acuerdo al progreso de las campañas electorales de los candidatos principales se elude el tema central del debate nacional a conveniencia de las candidaturas de la derecha y sus matices. La finalidad de esta evasión es caer interesadamente en los ataques personales. La cuestión de fondo no es confrontar ideas sino destruir candidatos e imágenes, ganar votos a la mala. Demolición mediática coordinada y elaborada por los expertos en psicosociales, quienes tienen a su disposición los principales medios de comunicación. Demolición que aunque fracasada en Venezuela, Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay, aún intenta su prueba de fuego en el Perú. Los ensayos de sepultar al candidato nacionalista Ollanta Humala, son un ejemplo clásico de aniquilación mediática cuyos efectos han sido contraproducentes, en realidad un boomerang que lo ha colocado en la dirección de ser el hombre representativo del campo popular contrapuesto a la continuidad Fujimori-Toledo. Esta revelación política no es puramente una casualidad sino que tiene sus raíces profundas en la movilización social anterior a la convocatoria electoral (protestas, marchas populares, paros regionales, paros nacionales, etc.) dirigida contra la política del gobierno de Toledo y el congreso de los partidos tradicionales haciéndole la corte. Las mayorías nacionales que dan a Toledo no más del 10% de aprobación, siendo su punto más bajo el 7% el año pasado y al congreso apenas el 6% han entrado, en parte, a un ambiente de confusión debido a la fantasmal creación de un monstruoso candidato que les arrebatará la tranquilidad. Pero, ¿cuál tranquilidad es la que se espera? la de la pobreza, el hambre, la ignorancia, la enfermedad, el desempleo, el abandono, la desdicha y la indigencia. ¿La tranquilidad de los resultados vividos durante los gobiernos peruanos en los últimos treinta años, que los partidos tradicionales desean continuar una vez más?

El ambiente de esta confusión es real y muchos no saben por quién votar, sobre todo los miedosos, azuzados por la TV, la radio y los periódicos: si por la candidata genuina de los ricos Lourdes Flores Nano o por el candidato de las farsas, los dobleces y la hipocresía para finalmente servir a los ricos, Alan García Pérez. Y lo que está pasando es que, sólo en estos miedosos, algo de los ataques personales a Ollanta Humala, ha hecho efecto. Primero porque a éste lo compararon con Hugo Chávez y su “dictadura” a ojos de la gusanería de Miami; segundo porque dijeron que era un improvisado sin plan de gobierno; tercero porque como militar era mandón, fascista y dictador; cuarto porque estaba rodeado de incompetentes y oportunistas; quinto porque lo convirtieron en un sanguinario violador de los Derechos Humanos listo a ser condenado por incapacidad moral; sexto porque ahora misteriosamente desapareció su legajo personal de oficial del ejército; y de seguro se continuará con la campaña de aniquilamiento cuando más cerca se esté del domingo nueve de abril, el día de la verdad no mediática sino efectiva. O sea el día de la realidad y no de las conjeturas, porque la confrontación está planteada desde afuera del juego político corriente o vulgar: la continuidad del modelo económico Fujimori-Toledo (incluida la corrupción, la inmoralidad y la impunidad) o el cambio radical económico y social.

Los representantes de la continuidad del modelo, con moderada posibilidad de constituir gobierno son Lourdes Flores y Alan García; y ambos se disputan los votos conservadores palmo a palmo a fin de enfrentar a Ollanta Humala en una hipotética segunda vuelta. Y ambos también se han visto forzados a asumir posturas izquierdistas de populismo demagógico, que no tenían en sus respectivas agendas. Y por supuesto sin sustento posible en cuanto a financiamiento, debido a que precariamente están dirigidas sólo a no quedar rezagados frente al candidato nacionalista. Así la candidata de la oligarquía sin camuflajes Lourdes Flores ha firmado un documento de promesas inverosímiles e imposibles de cumplir sin cambiar un ápice el curso económico del país. Como Fernando Belaúnde ofreció electoralmente (1980) un millón de empleos en cinco años, la señorita Flores ofrece ahora 650,000 trabajos estables por año o sea tres millones doscientos cincuenta mil en el mismo periodo; no hay nada que hacer el papel aguanta todo porque Belaúnde en su gobierno no creo ni siquiera doscientos mil empleos. La candidata derechista piensa sacar de la pobreza extrema a tres millones de peruanos sin decir cómo, sabiendo además que los pobres llegan a 54% de la población (15 millones aproximadamente); piensa dar seguro integral de salud a 8 millones de ciudadanos que no lo tienen cuando no cuenta con hospitales ni infraestructura; destinar 6% del PBI a la educación; doblar el número de policías en la calle de 25,000 a 50,000; créditos a los agricultores por mil millones de dólares (no señala en que tiempo); etc. ¿Y cómo creerle si en ninguno de los casos señala las fuentes de financiamiento de sus multimillonarias propuestas, que además la actuación de sus partidarios en el congreso actual han negado en todos los idiomas?

Por su parte Alan García opera de la misma forma ofreciendo siempre un poco más que Lourdes Flores, puesta en el disparadero por él, pues su estrategia electoral consiste en quitar votos a la misma cantera, dado que el voto duro de Ollanta Humala es de por sí inamovible. Los ofrecimientos del candidato aprista no sólo son exagerados sino producto de una verborrea incontrolable y vaga. Pero a diferencia de la Flores el candidato del APRA es inaceptable a ojos de quienes lo conocen porque arrastra un tenebroso pasivo de gobierno corrupto, criminal y patético (quiebra del país 1985-1990) con el agravante de no haber purgado expiación alguna debido a la impunidad existente en el ámbito judicial e institucional. Alan García no sólo se escuda en la impunidad sino que la promueve en la creencia de salvar sus responsabilidades como violador nato de los Derechos Humanos en los penales de Lima y en las masacres de las comunidades campesinas (ver informe de la CVR). Tanto es así que lleva como compañero de fórmula presidencial al almirante Giampetri, autor material de la matanza de El Frontón y al general Tafur, promotor de la impunidad para todos los militares incursos en juicios de asesinatos colectivos, violación de mujeres, tortura y desapariciones. Felizmente Alan García es el candidato menos creíble y más fúnebre y siniestro, ya que en pleno siglo XXI propugna la instauración de la pena de muerte en el país a pesar de la enorme oposición de la comunidad internacional a este castigo.

En el otro lado del escenario, el campo popular actúa confrontado a la continuidad del neoliberalismo corrupto e inmoral de Fujimori-Toledo y aspira a tener un Hugo Chávez peruano o un Evo Morales en cuanto opción política antiimperialista e integracionista. Actúa a favor de un proyecto nacional que dé solución a los problemas de la pobreza y el desempleo mediante un despegue económico independiente e industrialista, es decir, de ruptura con el modelo exportador primario actual, explotado por las transnacionales de la globalización. En esta dirección la identificación de vastos sectores populares con Ollanta Humala parte de la concepción de Estado Nación descrito en el ideario político del Partido Nacionalista Peruano PNP, punto de partida de la instauración de una Segunda República realmente representativa de la sociedad peruana como ente único e indivisible; situación planteada que va en serio en los discursos del candidato y en la propuesta de la Asamblea Constituyente, aunque esta campaña innovadora sea ridiculizada por la clase política tradicional y el natural comportamiento de ella en las operaciones de demolición que hemos descrito líneas arriba respecto a Venezuela, Bolivia y otros países de la región. Por lo mismo también la clase política tradicional peruana y los medios de comunicación apenas han mencionado la receptividad de los presidentes Kirchner de Argentina y Lula de Brasil al candidato nacionalista Ollanta Humala durante su reciente visita a esos países.

El ideario del PNP contiene las líneas de acción programática de forma precisa e inconfundible, todas ellas basadas en el concepto de independencia y soberanía. Líneas de acción de franca rebelión a la forma de mantener el estado corrupto e inmoral de lo instituido en el país por el ilegítimo estatuto de Fujimori. Misión patriótica dirigida a la recuperación de los recursos naturales mediante la nacionalización de su explotación sin recurrir necesariamente a la estatización; al rechazo a ALCA en pos de la integración latinoamericana (ALBA); a la defensa del Mar de Grau y las 200 millas marinas; a la necesaria renegociación del TLC con Estados Unidos; al análisis negociable de la deuda externa. Y en cuanto al proyecto económico de corto plazo la revisión auditada y el nuevo entendimiento respecto a los contratos de explotación minera y energética, reservándose el Estado el derecho a su intervención empresarial frente a recursos naturales estratégicos; la eliminación de las prebendas de la estabilidad jurídica, las regalías y las concesiones; la participación soberana y de accionariado del Estado en las empresas de los sectores vitales para el desarrollo independiente (hidrocarburos, electricidad, el agua y saneamiento, comunicaciones, espacio aerocomercial, puertos y aeropuertos) en concordancia a que los servicios públicos no pueden ser regidos por el afán de lucro. Y precisamente acerca de estas líneas de acción programáticas se debería debatir puesto que ellas marcan el campo definido de las elecciones; sin embargo, los candidatos Flores y García representantes del corrupto poder establecido rehuyen de mil maneras para refugiarse en la aniquilación personal del adversario Ollanta Humala.

Otra tarea de corto plazo propuesta por Humala es la reforma tributaria y la eliminación selectiva de ventajas otorgadas a determinadas empresas; y la anulación de las exoneraciones de impuestos dispuestas de manera arbitraria e ilegal a un sinnúmero de consorcios sumamente rentables. Única manera de incrementar la recaudación fiscal a por lo menos a 18% del PBI y poder financiar así las propuestas de orden social en educación y alfabetización; atención hospitalaria y de salud; mejora de salarios a los maestros, profesores universitarios, médicos, enfermeras, policías, etc.; atención digna a los jubilados y protección de sus pensiones; generación de empleo a través de la industrialización y la capacitación de agricultores, ganaderos y pequeños empresarios; apoyo a la ciencia y la tecnología; defensa del medio ambiente; alimentación y apoyo a las madres solteras; atención a la niñez; saneamiento y agua para los pueblos jóvenes; y además de todo ello, la construcción de infraestructura de electrificación, vías de comunicación, irrigaciones y otras obras públicas.

Son esencialmente estas medidas de orden económico, no tocadas en los planes de gobierno de los candidatos Lourdes Flores y Alan García, las que darán la posibilidad de cumplir a cabalidad con los urgentes programas sociales en un gobierno nacionalista de Ollanta Humala. Lo demás es pura fanfarria electoral en el aire, puesto que tanto el exagerado documento de promesas de la señorita Flores como el aluvión de ofrecimientos del “oportunista y mentiroso” así calificado por ésta, Alan García, carecen de financiamiento por cualquier lado que se les mire. Además, porque todos, absolutamente todos, los planes de gobierno de la historia republicana en el Perú nunca se han cumplido y se han convertido en grotescos y extravagantes elementos aleatorios de las campañas electorales. Lo que vale realmente en una elección son las líneas programáticas, la intención política de renovación total, el ideario para realizar la acción de gobierno, la honradez de la propuesta, la integridad y la conciencia social de los participantes, porque lo demás como dijo el poeta Machado se hace al andar: “caminante no hay camino se hace camino al andar.”

11 de marzo de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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