fines de enero pasado el candidato Ollanta Humala empezó a liderar las preferencias del electorado peruano. Bruscamente todos los medios de difusión iniciaron una campaña difamatoria acusándolo de improvisado y lo más grave, de presunto violador de los derechos humanos por su conducta militar en la localidad de Madre Mía, a orillas del río Huallaga. La cruzada de los periódicos, la radio y la TV, si bien melló la candidatura en algunos puntos no logró el propósito de desaparecerla como opción política de gobierno. Durante el mes de febrero las candidaturas de la oligarquía y la derecha, del continuismo neoliberal Fujimori-Toledo, o sea Lourdes Flores y Alan García, recuperaron posiciones gracias a estos despiadados ataques. Nuevamente por escasos puntos la señorita Flores pasó a liderar el voto manteniendo Humala una votación estable. Sin embargo, disipadas las acusaciones por falta de sustento, hoy por hoy, mucho más cerca de las elecciones del 9 de abril, el comandante nacionalista consolida su liderazgo con un primer lugar a todas luces inamovible. Este acontecimiento de mediados de marzo ha sacudido los cimientos de la clase política tradicional con la fuerza de un cataclismo político de imprevisibles consecuencias.
La reanudación de las agresiones contra Ollanta Humala, según la grita de los políticos tradicionales, los empresarios, los periodistas, los analistas, algunos intelectuales y hasta Alejandro Toledo, en defensa del sistema democrático, del Estado de Derecho y la libertad, no puede dejar de llamarnos la atención. La voz de alarma donde todos se han alineado al unísono ha sido un insolente editorial de El Comercio, decano de la prensa nacional, en el que se llama a la unidad militante de todos los partidos contra el comandante nacionalista líder de las encuestas, a quien llama candidato sin credenciales democráticas que acabará con la democracia. ¿Tiene credenciales democráticas la señorita Flores, quien apoyó el autogolpe y la autocracia del japonés Alberto Fujimori, la tiene la abogada defensora de los banqueros corruptos, la que lleva en su lista al congreso a elementos delincuenciales como Castro Stagnaro, Kurt Woll, etc; la que firmó el regalo a Ecuador de parte del territorio nacional? ¿Tiene credenciales democráticas Alan García, el violador de los derechos humanos en las masacres campesinas de Accomarca, Cayara y otras; y ejecutor de los presos acusados de terrorismo sin juicio ni sentencia en Lurigancho y El Frontón; el que arregló sus crímenes y latrocinios al Estado con los vocales supremos nombrados por Montesinos? No toco aquí a otros candidatos tradicionales por estar ellos casi fuera de la contienda.
Todo país tiene sus momios y los nuestros en una exquisita marcha de paquidermos han salido a la luz para realizar el último esfuerzo de salvar su democracia, no la verdadera sino la de ellos; pues los momios y sus partidos tradicionales entienden por democracia a la extensión de la propiedad privada sobre los electores, su conciencia política y por supuesto su derecho a elegir. Y debemos decirlo con toda claridad, porque para este conglomerado de sujetos que han detectado el poder por años de años en medio de la corrupción y la inmoralidad, tapándose los entuertos unos a otros en una comparsa de burla periódica y constante, la democracia sólo existe si ellos la utilizan para enriquecerse a través del gobierno y control de el Estado; y si pierden ese dominio despótico en elecciones limpias e inobjetables ya no es democracia sino autoritarismo; ya no es democracia sino tiranía; ya no es estado de derecho sino salto al vacío; ya no hay libertad sino opresión; ya no hay avance sino retroceso, en fin ya no es democracia sino dictadura. Esa es la óptica, la lógica de la enorme manipulación política que ejerce la clase política tradicional y sus partidos sobre el pueblo, a fin de continuar la operación saqueo del Estado considerado un codiciado botín imposible de perder.
Señores momios, la democracia no es una propiedad privada de ustedes, de la que pueden hacer y deshacer, de la que pueden disfrutar en su beneficio. La democracia es un sistema representativo del poder soberano del pueblo que es delegado a través de las elecciones a quienes se cree puede representarlo mejor. La democracia no es el cheque en blanco que ha usado Alejandro Toledo para traicionar al electorado de la manera más notoria. O Alberto Fujimori, en su momento, dándose un autogolpe para convertirse en autócrata y corromper el sistema. Toledo y los partidos tradicionales que compitieron con él prometieron la transición hacia la democracia y la configuración de un estado de derecho respetado por todos, sin embargo, perfeccionaron el estatuto del delincuente japonés preso en Chile, para continuar la expoliación y el ultraje del país. ¿Es esa la democracia que debemos defender? Toledo engañó al pueblo apoyado por los partidos tradicionales con el llamado “gabinete de todas las sangres” importando a dos cabecillas norteamericanos Danigno como primer ministro y Kuczynski como ministro de Economía, para llevar a cabo sus planes subalternos con las transnacionales y el FMI ¿Es esa la democracia que debemos defender? Toledo bajo la estela de estas trampas continuó con la política ultra neoliberal corrupta de Fujimori prometiendo el “chorreo” del hambre, mientras con el crecimiento de la economía peruana hacia afuera alimentaba la codicia de los usureros internacionales. ¿Es esa la democracia que debemos defender? Toledo prometió una lucha frontal contra la corrupción, pero se incorporó a ella con sus amigos y su familia; ¿Es esa la democracia que debemos defender? Toledo no quiere revisar los onerosos contratos mineros y de servicios de Fujimori, ni cobrar impuestos a las transnacionales; ¿Es esa la democracia que debemos defender? Toledo burlándose del país quiere firmar el TLC con Estados Unidos como última maniobra vende patria de su gobierno; ¿Es esa la democracia que debemos defender? Los poderes del Estado, el Ejecutivo de Toledo llega apenas a 7%, el Congreso a 5% y el poder judicial a 8% de aprobación nacional; ¿son esas las instituciones democráticas y representativas que debemos defender? No nos cubramos los ojos, la situación real del país ha sido desastrosa, inaguantable e insufrible. Más aún con Alejandro Toledo, salvado en mil y una oportunidades por los partidos tradicionales que lo han hecho durar para reemplazarlo; por supuesto, sin imaginar la aparición de un Ollanta Humala.
Se ha querido dar a entender que la amargura, el desencanto, el hartazgo, de las grandes mayorías nacionales frente a la clase política tradicional es una venganza emotiva e irracional a consecuencia del desbarajuste y la deshonestidad existente en el país; de ahí el caudal electoral de Ollanta Humala, un outsider que recoge esta protesta generalizada. En mínima parte esta premisa puede ser cierta, pero en lo fundamental no es así; porque no se trata de una venganza contra los políticos tradicionales sino de hacer justicia y toda justicia tiene necesariamente su castigo, su sanción y escarmiento. El castigo para la clase política tradicional será la derrota, pero la justicia a la que aludo tiene que ser construida en un programa de transformación económica y social, creador de la segunda república prometida. Justamente para eso es la democracia verdadera, a la que los momios temen en todos los países de la región; y por consiguiente ahora en el Perú. Entendamos de una vez y por todas que ellos no defienden la democracia sino sus intereses. Ellos no defienden el Estado de derecho sino sus empresas; ellos no defienden la libertad del pueblo sino la libertad de empresa. En pocas palabras, ellos se defienden utilizando la palabra democracia como el orden establecido que aprovechan para sus negocios inmorales y coimeros. Todos ellos tienen pánico a la consulta popular y a los referendos. Aborrecen las elecciones cuando no los favorecen y por consiguiente a los candidatos que no siguen sus normas. No aceptan la revocatoria de los mandatos, salvo les convenga. Ellos se aterrorizan con la democracia auténtica del mandato popular que se manifiesta por la transformación y el cambio fiscalizador de sus trapacerías, estafas y negociados.
En conclusión la democracia real, promovida por el contrato social y los enciclopedistas franceses que dio origen al sistema representativo, delegando el poder soberano del pueblo para establecer el Estado de Derecho, no les conviene. Los momios alaban el sistema representativo de gobierno cuando sacan ventaja de él a través del manejo del poder económico y de los medios de comunicación masiva, y si este no es como ellos desean llaman al golpe de Estado (Odría, Pinochet, Videla.) Como estamos viendo, los momios defienden un estado de derecho deformado, hecho a su medida, como el diseñado por el estatuto de Fujimori, que sabiéndolo espurio e ilegal no quieren reemplazarlo. Entonces, Ollanta Humala no es la expresión de una aventura, tampoco de la improvisación, sino de una espera prolongada del país en la búsqueda de reorganizarse orgánicamente en pos del bienestar de las mayorías, luego de la autocracia impúdica del japonés Fujimori y el gobierno embaucador y mentiroso de Alejandro Toledo. Es la expresión de la renovación frente a políticos consumidos en la putrefacción de las instituciones llamadas a representar a la sociedad. Es la expresión de quien piensa en la posibilidad de construir un país soberano y libre, no sujeto al mandato de intereses foráneos. Es la expresión de una democracia participativa que cree en la consulta popular periódica y en la revocatoria de los mandatos de los gángsteres políticos. Es la expresión de quienes creen en el estado de derecho respetado por una constitución válida. Es importante recalcar aquí la monumental diferencia entre la democracia actual desfigurada por la clase política tradicional, la que convoca a la unidad de las mafias para defenderla, de la que se quiere construir con instituciones sólidas, representativas, jurídicamente legales y respetadas por todos.
La democracia verdadera es un grave peligro para los partidos tradicionales que nunca la respetaron, para quienes usaron sólo el membrete democrático a fin de satisfacer sus apetitos de poder y enriquecimiento. Todo ello está muy claro en la conciencia de la gente que se inclina por Ollanta Humala y el ideario nacionalista de poner cada cosa en su lugar. Ya que recién cuando los abusadores del poder ven amenazados sus intereses llaman a defender el sistema corrupto e inmoral desde las supuestas antípodas del pensamiento social: Mario Vargas Llosa desde la ultra derecha y Julio Cotler desde la seudo izquierda alimentada por la Ford Fundation. Quienes descaradamente en defensa de la burda caricatura de democracia, reconocen algunas fallas y vacíos reparables. Los golpes bajos, la guerra sucia, los ataques desmedidos y las mentiras, pueden continuar; el libertinaje de la prensa y la TV seguirá su camino de periodismo mercenario, pero la creación de pánico contra la candidatura del comandante nacionalista no pasará por la sencilla razón que este mal, de pavor y espanto, está vivo en la clase política tradicional. Y felizmente no se contagia. A los degenerados políticos les espera el juicio pendiente por sus actos inmorales.
25 de marzo de 2006