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debate nacional entre los candidatos Ollanta Humala y Alan García en pos de la presidencia de la república no tendrá mayor trascendencia. La exigencia aprista de no ir a las entrañas del asunto, continuidad o cambio, convertirá a la confrontación en un show mediático de carácter circense dados los recursos histriónicos del candidato que atropellando quiere ganar una elección bailando el carnaval, el reaggaton y ofreciendo promesas sociales al estilo de Alejandro Toledo que no cumplió ninguna. Por los factores exhibidos cada vez se hace más evidente la forma irresponsable de tratar los asuntos gubernativos y económicos por la clase política tradicional y su hoy claro representante, Alan García, promovido, apadrinado y lanzado a la obligación de salvar el sistema de la inmoralidad, el soborno y la entrega del país a manos extranjeras. Sistema defendido al unísono por los medios informativos empresariales bajo el falsificado boceto de la democracia que enfrentará el autoritarismo.
Y como la falta de seriedad es la característica principal de los partidos tradicionales, acostumbrados a acordarse de la existencia de los electores cada cinco años, el candidato Alan García presionado por el público planteó para el debate cinco temas gaseosos: generación de empleo, educación, salud, seguridad ciudadana y la posición del Perú ante el mundo. Sin embargo, se vio obligado a aceptar ante las acusaciones de escapatoria, una agenda mucho más precisa aunque no completa: 1. Democracia, gobernabilidad y derechos humanos. 2. Política económica y lucha contra la pobreza. 3. Política social y anticorrupción. 4. Descentralización. 5. Seguridad ciudadana. Terminada la etapa preparatoria y por tratarse de un debate eminentemente político, lo fundamental saldrá a relucir en la confrontación global de la ideas que tienen que ver con la visión del país en su conjunto. Con el modelo a seguir para cuando menos poder cumplir con el 50% de las promesas que por el momento electoral, de arrancharse los votos, se ofrecen en una competencia de quién proporciona más. Desde esta visión existen, pues, dos escenarios frente a los electores. El primero respecto al modelo de desarrollo que permita la acción concreta de gobierno hacia las metas propuestas (promesas;) y el segundo los alcances de la agenda acordada y sus acápites donde prevalecerá el razonamiento más verosímil y creíble de los candidatos, del que no tiene rabo de paja ni un prontuario de infracciones y violaciones a la conducta humana y personal.
Sólo en el primer aspecto, el modelo de desarrollo, está la esencia de la polémica por cuanto el sistema putrefacto defendido por Alejandro Toledo, Alan García y la derecha conservadora en su totalidad, apadrinados por Estados Unidos, no tiene porvenir a pesar de estar acompañados unánimemente por los medios de difusión. La escalada de descalificación suprema a Ollanta Humala, el candidato nacionalista que sin salirse del esquema de la globalización aspira a un gobierno de examen exhaustivo al fracasado neoliberalismo del tercer mundo, quedará desvirtuada. Ya que el modelo que tiene que ver con las privatizaciones, la inversión extranjera sin control, los tratados de libre comercio unilaterales e indefensos, el fracaso de la integración y el crecimiento económico sin desarrollo, quedará en evidencia como muy negativo para el país. No obstante la feroz y arcaica vocinglería de los partidos tradicionales y sus medios de comunicación continuará la guerra sin cuartel. Guerra en la cual sus referentes son Venezuela de Hugo Chávez, Bolivia de Evo Morales y Cuba de Fidel Castro, a sabiendas que los procesos históricos país a país, no pueden ser iguales, menos reproducciones o remedos. Por consiguiente, un gobierno de Ollanta Humala no tiene porqué copiar o calcar a Chávez, Morales o Castro. Sin embargo, la artillería pesada de los ataques de descalificación a los nacionalistas se basa en el miedo a una artificial injerencia extranjera que les sirve de campaña diabólica contra un opositor que vislumbra el cambio político, social y económico, como única salida a la crisis de gobernabilidad que no permite el desarrollo sostenido. En otras palabras, se trata de vender el miedo de la derecha y la oligarquía a perder sus privilegios. ¿Y qué tiene que ver ese miedo plutocrático de los ricos con el 54 % de los más pobres del país? Absolutamente nada, pero vender miedos ajenos en una población ignorante de un lado y desprotegida del otro, siempre ha constituido el mejor negocio del poder de explotación establecido.
Ese miedo de los ricos que se quiere inculcar en los pobres no tiene sustento de ninguna clase. Además, los mercaderes del miedo son tan contradictorios y majaderos que escogen a dos países latinoamericanos (Venezuela y Cuba) que en el orden social son los primeros de acuerdo a los informes de la CEPAL. En efecto, la CEPAL informa que cerca de 8,8 millones de niños menores de cinco años padecen hambre de manera crónica, lo que representa el 16% de la población de esa edad. En Guatemala, un 46% de los niños de menos de cinco años sufren de desnutrición, un 29% en Honduras, un 27% en Ecuador, un 26% en Bolivia y un 25% en Perú. Mientras la producción de alimentos es tres veces superior a las exigencias energéticas de la población, cerca de 53 millones de personas no tienen acceso al mínimo vital diario. Y agrega que Venezuela figura entre los tres países más avanzados de Latinoamérica con una tasa de desnutrición infantil de un 4,4%, detrás de Cuba (4,1%) y Chile (0,8%). Y esto es sólo un ejemplo porque también la UNESCO ha constado cero de analfabetismo desde el año pasado en Venezuela; además de la eliminación del trabajo infantil debido al apoyo alimentario a las familias y la educación gratuita para todos los niños y jóvenes en edad escolar.
Por supuesto que las cifras internacionales de esta clase no le interesan a los medios de comunicación peruanos y menos a Alan García convertido en el candidato de los ricos que los salvará del “autoritarismo” de Ollanta Humala. A ellos les interesa vender su miedo a la supuesta desestabilización que traerá cualquier transformación del país. Para ese objetivo se inventan mentiras y cataclismos nacionales, “saltos al vacío” y hostilidad hacia el candidato que resulta ajeno a sus intereses inmersos en la continuidad corrupta que los alimenta. ¿Pueden los pobres tener miedo a comer? ¿Miedo a la educación? ¿Miedo a saber leer y escribir? ¿Miedo a proteger a sus familias? ¿Miedo a tener trabajo e ingresos decorosos? ¿Miedo a estar sanos y vitales? ¿Miedo a la dignidad nacional? ¿Miedo a la participación en la democracia revocando mandatos a los políticos farsantes y corruptos? ¿Miedo a pensar y tener conciencia política? ¿Miedo a la libertad de expresarse como sólo lo hacen los poderosos? No señores, la verdad es que no hay que tener miedo, porque el mayor de los miedos es dejarse llevar por el miedo de otros, de aquellos que lo proclaman por intereses propios.
Que el presidente venezolano Hugo Chávez estará en el debate presidencial peruano, claro que sí. El primero en traerlo a colación será Alan García como ya lo ha hecho en muchísimas oportunidades. Les molestan a García Pérez y a Alejandro Toledo las simpatías del líder bolivariano por Ollanta Humala tanto como también a George Bush, Condolezza Rice y su embajador James Curtis Struble. Venezuela dispone de recursos financieros importantes debido al petróleo, como también dispusieron de ellos otros presidentes de ese país. La diferencia es que Hugo Chávez “ha activado una revolución social que ha mejorado notablemente el nivel de vida de la población. Gracias al crecimiento económico más alto de Latinoamérica con un 17,9% en el 2004 y un 9,4% en el 2005. Hugo Chávez ha creado el Fonden, un fondo especial destinado a financiar los programas sociales, al que la empresa petrolera del Estado PDVSA contribuye con más de 5.000 millones de dólares al año. En 2004 más de 13.000 millones de dólares se destinaron exclusivamente a los programas sociales (vivienda, salud, educación, subvención a madres solteras y jubilación)” informe de la CEPAL. Además, el petróleo para consumo interno se vende al costo (primero los venezolanos dueños del recurso natural) y no a los altísimos precios internacionales como ocurre en la mayor parte de los países del mundo, dando como resultado que el integro de población venezolana se beneficie por el bajo costo de la energía, siendo la gasolina la más barata del mundo (3 centavos de dólar el litro.)
Nada comparable en tan corto tiempo, porque la revolución social del presidente Hugo Chávez no tiene precedentes en la región latinoamericana en cuanto a la reducción drástica de la pobreza. Allí está la respuesta a Alan García y la demagogia de preguntarse a cada momento sobre los 70 mil millones de dólares al año que provienen del petróleo venezolano. Pero eso no es todo. La visión de Chávez va más allá de su propio país no en términos impositivos de “intervención imperialista” como acusa la derecha peruana y su candidato Alan García sino en intenciones liberadoras. Nadie en su sano juicio va a pensar que las iniciativas de integración a fin de conformar un bloque económico latinoamericano similar al proceso llevado a cabo por la Unión Europea, empezando por América del Sur, conlleva la ambición de un “extraviado” liderazgo. Por ejemplo, los acuerdos energéticos que garantizan la supresión de los intermediarios y especuladores en la comercialización del petróleo, como los iniciados con Petrocaribe (13 países) permiten las tarifas preferentes en el suministro de los combustibles. ¿Y quienes son los beneficiados? Los pueblos. ¿Y quienes son las perjudicadas? Las empresas transnacionales y sus usureras ganancias.
A simple vista, en este somero escrutinio de lo que viene ocurriendo en nuestro continente encontramos el porqué del odio visceral a Hugo Chávez de parte de los grupos de poder acostumbrados a la burla y estafa a los pueblos. El porqué su liderazgo se ha convertido en un ejemplo, no a imitar sino a complementar en el camino conjunto de la integración como sólido bloque regional sudamericano en contraposición a los TLCs unilaterales con Estados Unidos, siguiendo la política imperialista del “divide y reinarás.” La IV Cumbre de la América Latina y el Caribe-Unión Europea, recientemente clausurada, recomienda justamente este camino de acuerdo comercial bloque a bloque y no país por país. De ahí que Hugo Chávez y Evo Morales hayan sido los principales protagonistas de la Cumbre debido a que ambos gobernantes promovieron una efectiva integración latinoamericana y caribeña.
En este contexto internacional de acercamiento regional y de vocación de cambio de política económica y social, las fuerzas retardatarias del capitalismo sin patria niegan la intervención de Estado en la planificación de la economía y peor aún si de nacionalización de los recursos naturales estratégicos se trata. Y si bien es cierto que cada país tiene sus propias características, las empresas estatales no pueden ser buenas y rentables sólo para Chile, Brasil, Argentina, México, Colombia, etc. y pésimas administradoras para el Perú y Bolivia. La reciente nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia y la toma de la Occidental Petroleum OXY por Ecuador ponen en la orden del día la renuencia de los líderes de los partidos tradicionales y de su candidato Alan García, cuyo discurso para los pobres es tan ambiguo como certero para el frente “democrático” que hoy lidera mediante el discurso neoliberal expresado con toda claridad por él mismo, en diciembre pasado, en la reunión de CADE 2005. En el reemplazo de Lourdes Flores por García Pérez está el respaldo franco y directo recibido por el escritor Mario Vargas Llosa, líder de la oligarquía internacional que se atrevió a hablar en voz alta. Existe, pues, un complot, una conjura antinacional de oponerse a quien entraña en sus propuestas una corriente ideológica de centroizquierda (Ollanta Humala) versus el espacio de centroderecha conformado por los partidos tradicionales encabezados por el nuevo salvador Alan García. En lo político, la conjura se expresa por la continuidad del sistema neoliberal construido por Fujimori, continuado por Toledo en prolongación hacia Alan García frente al cambio democrático y popular de los ajustes y revisiones de lo actuado (privatizaciones, concesiones, exoneraciones de impuestos, regalías, etc.) Y en lo práctico la conjura es la defensa de la impunidad, la inmoralidad y la corrupción contrarias a la posición nacionalista del saneamiento ético y moral. La conspiración se manifiesta en todo su vigor frente al nacionalismo como un proyecto de ideas nuevas, abierto a todas las vertientes del pensamiento social emancipador y antiimperialista.
19 de mayo de 2006