Carlos Angulo Rivas - rodelu.net |
24 de mayo de 2006
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Coletillas al Margen
Perú: debate con corsé
Carlos
Angulo Rivas
Aunque
hubo algunas anécdotas explotadas por la prensa anti Ollanta Humala, es decir la totalidad de los medios peruanos, la evaluación de los resultados de la polémica también se han llevado por ese mecanismo de historietas mal elaboradas y peor contadas. Los comentaristas o panelistas invitados antes de la exhibición pública tenían ya un claro ganador y un virtual perdedor, de la misma manera todos los periódicos y las encuestadoras, esto a vista y paciencia de los electores atónitos de verse envueltos por la vorágine de falsedades frente a sus propias narices. O sea que nadie vio lo que vio y nadie escuchó lo que escuchó porque para enterarse estaban justamente ellos los entendidos y no la masa de tardos y lentos ciudadanos. Pero no importan los detalles, porque desde ese punto de vista hablar de un ganador y de un perdedor o de un empate en la contienda termina también en lo anecdótico. En el poco valor asignado a un debate nacional que debió ser mucho más exhaustivo y profundo. Se reafirma aquí que los negociadores del candidato Alan García, temerosos de ver a su jefe huyendo de la interpelación histórica, le pusieron un drástico corsé al temario y a la metodología, tanto así que el moderador no tenía nada que moderar sino cronometrar los tiempos. Por consiguiente, lo más importante no fue lo anecdótico del evento sino lo que allí se dijo y lo que allí se silenció.
Entonces, le restaremos importancia a que Ollanta Humala llegó quince minutos tarde, porque luego de comprar un agua mineral estaba previsto que llegaría puntual a la cita y nosotros vimos, no los comentaristas, que tuvo que caminar un corto trecho a paso de procesión del Señor de los Milagros debido a que periodistas y “curiosos” le cerraban el camino y los policías trataban de abrirlo. ¿Otra vez el incidente de la Ricardo Palma de cuando fue a votar? Tal vez. Restemos importancia del mismo modo al incidente de la banderita peruana en el podio del líder nacionalista que el cronometrador Álvarez Rodrich, a indicación de García Pérez, instó a retirar y que él mismo tuvo que quitar porque el comandante Humala, recordando, como militar de honor, a Francisco Bolognesi en Arica, no podía arriar el símbolo patrio. Además, porque a hablar de la patria trataba la cita. Hasta aquí las anécdotas explotadas por la prensa para buscar defectos en el candidato nacionalista sin mencionar la violación de la reglas del debate realizadas por Alan García cuando a la salida del museo se despachó en declaraciones a la TV, cuando había la prohibición de hacerlas hasta una hora después. La cuestión es que la pelea entre David y Goliat, de fondo y contenido, la ganó nuevamente David y el Goliat, García Pérez, no se dio un paseo como habían adelantado los observadores. Alan García ganó en la pose, en la corbata y en el gesto postizo de hombre docto o “estadista;”ganó en el “nivel de jefe de estado tradicional” así sea pervertido y ladrón, condiciones que la clase política enraizada en el poder disculpa en aras de mantener la democracia de la putrefacción y la inmoralidad
Durante el debate Alan García perdió el brillo de las manifestaciones callejeras porque como nuevo representantes de los ricos, las empresas transnacionales y la embajada norteamericana, se dirigió al público de Lourdes Flores en la valoración de conquistarlo a sabiendas que por su fanatismo el voto alanista le es cautivo, aunque muchos apristas humillados por su alianza con la derecha le pueden ser esquivos. Sin convicción alguna el candidato tradicional Alan García repitió la cháchara de sus más importantes proyectos: sierra exportadora, agua para todos y defensa de los derechos laborales; y obligado por las circunstancias señaló a regañadientes la posibilidad de ajustes a los contratos con las transnacionales y la restitución de la Constitución de 1979, aunque después se retractara en un enredado y gaseoso final de “cambio responsable” en el que por supuesto nadie cree por ser la versión de la continuidad de la política neoliberal de Fujimori y Toledo, la misma que sigue matando de hambre a la mayoría de los peruanos. Ollanta Humala, a diferencia de su reblandecido contendor hizo todo lo contrario a lo esperado por sus críticos más acérrimos, no se “blanqueo” ni pretendió hacerlo. Más bien fue enfático en el proyecto nacionalista y en el ideario de volver a fundar la sociedad peruana con la finalidad de alcanzar la democracia, la gobernabilidad y el respeto a los derechos humanos, para lo cual señaló sin dudas la necesidad de restituir la Constitución de 1979 y a partir de ella la convocatoria a una Asamblea Constituyente para evitar los vacíos jurídicos. El candidato nacionalista insistió en el tema al denunciar que el Estado había sido secuestrado por los grupos de poder, el canibalismo político de la repartija corrupta y el enriquecimiento ilícito de funcionarios, ex ministros, ex parlamentarios y ex presidentes.
A buen raciocinio se vio en el debate de propuestas un “cambio responsable” cuyo significado es la continuidad del neoliberalismo antinacional y el cambio verdadero con ideas fuerza cuyo proyecto nacional de desarrollo, no de simple crecimiento, estipula un modelo económico combinado de industrialización e integración social orientado a la generación de empleo real, no informal; y a la redistribución de la riqueza generada respetando el medio ambiente y la inversión privada nacional y extranjera. Cambio político, económico y social para la construcción de un Estado democrático, descentralizado, participativo, inclusivo y popular, donde la corrupción y la inmoralidad políticas serán desterradas, las mafias sepultadas y el narcotráfico eliminado. Fue en este acápite que Ollanta Humala anunció que en su gobierno se eliminaría la prescripción de los delitos de corrupción e invitó a un esponjoso Alan García a que, en esta nueva etapa "limpie su honor" de las acusaciones de enriquecimiento ilícito que enfrenta de acuerdo a los inexplicables signos exteriores de riqueza. Agregando, que reabrirá El Sepa, antiguo penal de la selva, para que allí sean encarcelados los funcionarios corruptos, incluyendo a los ex presidentes; en un programa de rehabilitación social que le llamaremos desde ahora selva emprendedora.
Donde se notó con mayor nitidez las diferentes propuestas fue en el tema dedicado a Política Económica y Lucha contra la Pobreza. Allí Ollanta Humala lanzó la primera de sus mejores promesas populares: reducir en un 30% el precio de los combustibles (gasolina) y en un 25% el del gas doméstico; además la de revisar los onerosos contratos de privatización con las empresas transnacionales y el TLC suscrito con Estados Unidos. Y la ruptura se da por el lado de las fuentes de financiamiento de los proyectos sociales, sin las cuales los ambiciosos anuncios son irrealizables. Aquí Ollanta Humala es mucho más creíble, no sólo por tener un pasado íntegro y honrado sino por apostar a la obtención de mayores rentas del Estado a través de la nacionalización de los recursos naturales estratégicos y la revisión de los contratos lesivos al país, así como de una reforma tributaria; y por creer en la integración sudamericana (MERCOSUR, ALBA) como eje comercial principal siguiendo el proceso de creación de la Unión Europea. Alan García, a diferencia de Humala, arrastra la incredibilidad total debido a su desastroso gobierno de 1985-1990 y a las falsas promesas del “Futuro Diferente,” además de su actuación presente en la dirección de un partido que avala la corrupción de los gobiernos regionales del APRA y del binomio Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski. Pero eso no es todo, la debilidad de sus proyectos sociales (Sierra Exportadora, Agua Para Todos y generación de empleo) está en la pretensión de querer financiarlos con ahorro fiscal, eliminando los sueldos dorados y gastos innecesarios, lo cual como sabemos resulta demagógico, ridículo e insuficiente. Este tipo de ahorros no llega en el mejor de los casos a mil millones de soles y los proyectos anunciados por él sobrepasan fácilmente los ocho mil millones de dólares. Otra de las fuentes de financiamiento de Alan García en su desesperación por aparecer lógico y no tocar a las transnacionales es la de exonerar del impuesto IGV a las municipalidades como si éstas con sus exiguos presupuestos tuvieran capacidad de compra.
En cuanto al desarrollo del país y la gobernabilidad los puntos descritos líneas arriba fueron los principales. En la segunda parte del debate igualmente Ollanta Humala sacó ventaja cuando trajo a colación a Agustín Mantilla ex ministro de Alan García y los millones de dólares que recibió del ex asesor Vladimiro Montesinos durante el régimen de Alberto Fujimori. Asimismo, por la absoluta falta de seguridad ciudadana del gobierno aprista en medio de la guerra de sendero luminoso y los atentados terroristas. Recordando a su vez la formación del grupo paramilitar Rodrigo Franco a cargo del mismo Mantilla que asesinó a dirigentes sociales y sindicales. Otro de los aspectos de extremo silencio de Alan García fue el referente al cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación CVR asumido solemnemente por el candidato nacionalista Ollanta Humala en contraposición a la soterrada impunidad de los apristas y su entorno militar y policial violador de los derechos humanos. Y el candidato de los alanistas remató muy mal cuando expuso sobre la seguridad ciudadana confundiéndola con la represión: aumento del número de policías e incremento de las condenas en vez de una política que busque la disminución de los delitos a través de la prevención como platean los nacionalistas de Ollanta Humala mediante la intervención ciudadana y de los gobiernos locales.
En fin, en todo momento quedó demostrada la poca voluntad de debatir por parte de Alan García, quien de conformidad a sus compromisos con la derecha prefirió soslayar los temas candentes. De esta suerte lo que vimos en la TV no fue un debate, ni siquiera un diálogo sino una muestra incompleta debido al corsé puesto por los organizadores y al temor de Alan García para no poner en evidencia su proyecto neoliberal de continuidad de los gobiernos de Fujimori y Toledo, los cuales en lo económico suscribe (CADE 2005) como una involución total de lo que fue el aprismo de los años primigenios. No de otra manera se explican los ecos posteriores al figurado debate de los proyectos, expresados entusiastamente por dos defensores del neoliberalismo a ultranza en apoyo de su candidato Alan García Pérez. El escritor Mario Vargas Llosa, fiel intérprete de la Casa Blanca, señaló que “en el Perú la democracia está en peligro” en las próximas elecciones presidenciales y él no sabe si va a “sobrevivir” o “desaparecer.” A juicio del escritor frente a esta situación, Alan García "sería el mal menor" y por ello sostuvo que con él la democracia "sí va a sobrevivir" porque su Gobierno (1985-1990) "fue muy malo, pero la democracia sobrevivió". ¿Se olvidó el escritor que esa “democracia” nos trajo la dictadura del fujimorismo por diez años? “De lo contrario va a desaparecer la democracia una vez más y vamos a tener un caudillo, militar, nacionalista" que es lo que "sería Perú con el señor Humala" agregó Vargas Llosa. De otra parte el delincuente Alberto Fujimori anunció desde su mansión en Chile su apoyo solapado al alanismo en correspondencia a los enjuagues del pasado y la ayuda brindada a Alan García, de quien dijo ha “madurado,” para que regrese al Perú a través de la prescripción de sus delitos acordada por lo jueces supremos montesinistas; además su hija Keiko, instruida por el ex autócrata anunció su apoyo al candidato de la corrupción y la inmoralidad supérstite.
24 de mayo de 2006
Carlos
Angulo Rivas
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