Carlos Angulo Rivas - rodelu.net |
31 de mayo de 2006
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Coletillas al Margen
No al miedo… ¡Sí se puede!
Carlos
Angulo Rivas
En
la definición del presidente peruano el próximo 4 de junio se juega mucho más que un simple relevo de gobierno. Tanto en el debate presidencial entre Ollanta Humala y Alan García como en el de los equipos técnicos han quedado meridianamente claras dos visiones contrapuestas alrededor del futuro de la nación. Dos miradas distintas, la del candidato aprista basada en la continuidad del modelo neoliberal instaurado por Alberto Fujimori y fortalecido por Alejandro Toledo y la del cambio transformador hacia una economía social de mercado del candidato nacionalista. En el primer caso, como hasta ahora se ha observado, la economía se sustenta en la característica de ser un país primario exportador donde se privilegia el crecimiento sin desarrollo a la espera de un “chorreo” que dinamice el mercado interno; y en el segundo se recurre a la nacionalización de los recursos naturales estratégicos y de los servicios como medidas indispensables para una industrialización del país que origine empleo formal, crecimiento del mercado interno, potenciación del consumo y eliminación de la pobreza.
En otras palabras, Alan García como Alejandro Toledo fundamentan su proyecto económico neoliberal en los mercados externos (TLC, ALCA, Unión Europea) mientras que Ollanta Humala consagra la necesidad de satisfacer y hacer crecer el mercado interno en asociación soberana con los mercados del exterior como elementos dinamizadores de la economía, en la perspectiva de incrementar el consumo y la demanda nacionales elementos sin los cuales no puede haber desarrollo. Y es por esa tesis exportadora en el “cambio responsable” de Alan García que se llega al ridículo con una propuesta como la de “sierra exportadora” o en caso contrario a la ignorancia supina, porque el campesinado peruano de los Andes se mantiene a duras penas por la auto-subsistencia y es incapaz, inclusive, de abastecer de alimentos el consumo de las ciudades costeñas. De allí que ambas posiciones capitalistas en lo ideológico se ubiquen como de centroizquierda la de Ollanta Humala y de centroderecha la de Alan García; y en lo político se expresen entre el cambio y la continuidad; y en lo ético entre el saneamiento y la inmoralidad. Frente a este escenario de las definiciones, la manifiesta hostilidad de la clase política tradicional, los empresarios corruptos y los medios de comunicación, ha formado un callejón oscuro de bajos instintos, insultos y mentiras con la finalidad de blindar al candidato de reemplazo Alan García, vista la derrota de su candidata Lourdes Flores. Pero este blindaje troglodita y salvaje es también contra el progreso soberano del país.
El necesario cambio histórico de la inclusión aparece así, en el imaginario popular, luego de una larga espera, con la precisión de “no cambiar mocos por babas” porque hoy por hoy se trata de una lucha por el poder no solo por el reemplazo del gobierno. Y de la misma forma lo entienden los sectores dominantes, la oligarquía y los partidos políticos tradicionales que, como algo natural a su condición de dirigentes, han manejado perpetuamente los destinos del país a favor de sus intereses particulares en medio de la corrupción y la repartija. Este es el status quo que se defiende frente a un candidato del pueblo como Ollanta Humala, ajeno a la mesa de las reparticiones donde en defensa del neoliberalismo corrupto y corruptor se juntan desde un Mario Vargas Llosa neoliberal ideológico hasta perversos inmorales de la talla de Alan García y Vladimiro Montesinos, pasando por los seudo-izquierdistas y seudo-progresistas que siempre en el esquema establecido juegan a la oposición tibia, consentida y celebrada. Ahora, todos ellos en su conjunto instan a votar por Alan García como el “mal menor” en conocimiento pleno que por sus antecedentes de gobernante incompetente, corrupto e inmerso en crímenes de lesa humanidad, ni siquiera alcanza esa categoría asignada como de rescate al sistema putrefacto, sino al “mal peor” a la de la más nefasta y catastrófica candidatura de la historia republicana.
De acuerdo a esta alianza retrógrada o pacto subterráneo de la derecha y el aparato administrativo institucional con Alan García, se manifiesta en todo su vigor el maltrato a los electores, la amenaza brutal sobre la conciencia ciudadana y la manipulación autoritaria de la prensa, la radio y la TV queriendo imponer sus intereses estrechamente vinculados a la concepción del Estado botín. Arrestos autoritarios y antidemocráticos de un mal uso de la libertad de expresión, por la simple razón de no haber doblegado a Ollanta Humala a quien desde cualquier esquina o recodo llaman “antisistema,” “autoritario,” “confrontacional,” “fascista” “mandón” y hasta “cachaco mediocre.” Sin embargo, para ser sinceros y honestos, debemos llegar a la conclusión de que es imposible transformar nuestra podrida sociedad política e institucional sin confrontar la realidad. Por ejemplo, a la corrupción endémica nacional y sus derivados como fuerzas opuestas a la transformación social y económica, no se le puede tratar con guantes de seda y caer en la impunidad acostumbrada. Si no se confronta una situación real de inmoralidad pública y se concilia con ella, dejamos de ser sinceros y honestos. Si no se toma el toro por las astas mentimos, falsificamos posturas, engañamos porque en una acción transformadora auténtica debe actuarse sin contemplaciones, no por venganza alguna sino por establecer los parámetros de la justicia sin privilegios e igual para todos. Establecer la equidad frente al abuso requiere de mano firme y justa.
La confrontación no es muy agradable. Los comentarios alrededor de ella no son muy simpáticos, pero una democracia que se estime no puede sostenerse en un ambiente consumido por una gobernabilidad forzada y mal entendida, la que establece un consenso con elementos descalificados históricamente por su pasado inmoral y criminal. Por ello el radicalismo del discurso de Ollanta Humala no puede calificarse a priori de autoritario por la única razón de exponer con claridad los problemas nacionales de la pobreza y la exclusión, de mencionar a los responsables y de denunciar el ensamblaje de una clase política tradicional que no permite el bienestar de todos los peruanos. El informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación CVR expone prolijamente la problemática nacional de la pobreza y la exclusión aún no resuelta; además, la señala como el caldo de cultivo de las situaciones violentas, de la guerra y la subversión; y no por ello podemos calificar el citado documento de autoritario y violentista. ¿Podemos siquiera corregir la dirección del país sin confrontar su realidad, sin atacar las raíces que nos condujeron a una situación de violencia y casi guerra civil? ¿Es suficiente la represión masiva del Estado, la intervención militar y las matanzas entre peruanos?
Justamente, la llamada candidatura antisistema, que más que aquello es la alternativa de los desposeídos contra los políticos corrompidos, postula a un cambio, a un viraje dentro del propio sistema capitalista que permita optimizar los recursos naturales y humanos del país en una cruzada nacionalista de sentar las bases del desarrollo auto-sostenido y soberano inscrito en un nuevo marco jurídico. La política seguida por norteamericana inmediatamente después de la segunda guerra mundial, impuesta bajo la declaración de Harry Truman “Estados Unidos no tiene amigos sino sólo intereses” ha sido inalterable. Pero, ¿son esos intereses los mismos que los del Perú, Bolivia, Brasil, Argentina, Venezuela o Cuba; o los de la propia Unión Europea? Por supuesto que no; y si ellos defienden sus intereses hasta con guerras “preventivas” porqué nuestros países deben someterse al consenso de Washington y a la globalización sin dudas ni murmuraciones como lo hacen Alejandro Toledo y Ángel Uribe. Por defender nuestros intereses nada nos va a pasar, tengámoslo presente. De la corriente innovadora hacia la centroizquierda en Latinoamérica, luego de la pertinaz aplicación de las privatizaciones del neoliberalismo corrupto de Menem en Argentina, Cardoso en Brasil, Fujimori en Perú o Sanchez de Lozada en Bolivia, las negociaciones con la superpotencia del norte han cambiado sustancialmente. Sobre todo desenmascarando a los tratados de libre comercio unilaterales (TLCs) que antes que desarrollo nos traerán sumisión y retraso, en tanto se inscriben por una parte en la política neoliberal de las grandes “posibilidades” del mercado norteamericano sobresaturado por las mercancías asiáticas donde la competencia es casi imposible y por la otra en el distintivo del “divide y reinarás” que impide la integración regional independiente.
La formación de la Unión Europea demoró cuarenta años a como ahora se observa. Sus promotores principales hasta integrar en el mercado común a los primeros doce países fueron Alemania y Francia, quienes soportaron la oposición de Inglaterra en alianza con Estados Unidos. A pesar de las diferencias de cultura y lenguaje la integración venció igualmente las barreras del desarrollo desigual o asimétrico de las potencias industriales frente a países como España o Portugal, quienes recibieron ayuda técnica y económica hasta llegar a ser miembros plenos con todos los derechos. Precisamente de lo mismo se trata cuando privilegiamos la integración sudamericana en base a MERCOSUR, donde los países más desarrollados industrialmente de la región, Brasil y Argentina, sirvan de base a un mercado común regional que pueda negociar en bloque los tratados de libre comercio. En esa lucha lógica se apunta con mayor ímpetu Venezuela, utilizando su potencialidad energética, de allí que el presidente Hugo Chávez se haya ganado el título de “desestabilizador” de la “democracia” en América Latina en los discursos de George W. Bush y Condolezza Rice; y por consiguiente, en los de sus ecos políticos y periodísticos alquilados.
El régimen de Hugo Chávez es capitalista pero progresista, democrático, representativo y participativo. Ningún analista serio puede dudar del sistema imperante en Venezuela donde la propiedad privada se ha respetado y el desarrollo se da en términos de una mayor redistribución de la riqueza gracias a las rentas del petróleo pero a su vez de la transformación política y social del país. Sin embargo, siendo el régimen de acumulación capitalista, Hugo Chávez es un enemigo mortal de las oligarquías criollas latinoamericanas porque en su país las ha derrotado electoralmente en once oportunidades. Los partidos políticos tradicionales venezolanos ahogados en su propia decadencia y desprestigio fueron vencidos y arrollados; y esas acciones de participación democrática, de consulta popular permanente, a ojos de los que siempre usurparon el poder convierten a Hugo Chávez en un “dictador” terrible. Y a ojos de Alejandro Toledo, Alan García, Lourdes Flores y el embajador James Curtis Struble, en un hombre que no debe opinar en las elecciones peruanas a pesar de ser insultado y provocado de mil maneras por ellos mismos. El Perú es un país soberano e independiente a pesar de la entrega de nuestros gobernantes a los designios de la Casa Blanca, Ollanta Humala es un líder emergido del pueblo que de ninguna manera va a sujetarse a los dictados de los líderes extranjeros como tampoco a los de los empresarios transnacionales ni al de los comerciantes internacionales como Pedro Pablo Kuczynski. Indudablemente Hugo Chávez es un símbolo del fracaso de los políticos tradicionales corruptos e inmorales en Venezuela y de allí el griterío de elementos de la misma clase por una declaración provocada ante los insultos de que es objeto.
Si Hugo Chávez no fuera Hugo Chávez, jamás nuestros políticos tradicionales le hubieran dedicado una sola línea, menos se habría ganado el retiro del embajador peruano en Caracas debido a una orden de Bush acatada por Toledo. Chávez para Alan García, sus asesores y los políticos tradicionales que lo apoyan es el factor miedo a ser utilizado de la mejor manera. El miedo de ellos ante un triunfo de Ollanta Humala. Miedo que por cualquier medio quieren trasladar a los electores que felizmente no se dejan sorprender por miedos ajenos. La campaña de terror continuará hasta el 4 de junio contra el supuesto eje del mal La Habana, Caracas, La Paz que quiere apoderarse del país; y ¿por qué no meten Quito que acaba de expulsar a la petrolera OXY y firmado un acuerdo para la refinación de su petróleo con Hugo Chávez? ¿Por qué no a Brasilia, Buenos Aires y Santiago que han acordado con el mismo Chávez proyectos energéticos de mutua utilidad? ¿Por qué no contra los trece países que conforman Petrocaribe, una forma de abaratar los combustibles para esos gobiernos? No señores, las cosas están muy claras. Los artificios de la CIA y sus agentes no pasarán. No al miedo… ¡Sí se puede cambiar el destino del Perú.
31 de mayo de 2006
Carlos
Angulo Rivas
reppam@mountaincable.net
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