Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
7 de julio de 2006

Coletillas al Margen

Alan García:
obedeciendo el mandato del imperio

Carlos Angulo Rivas

Se metió miedo por el general Velasco Alvarado, un nacionalista cabal. Se metió miedo por asumir la auténtica democracia participativa. Se metió miedo por ofrecer la gran transformación del país. Se metió miedo por el tan necesario cambio político, económico y social. Se metió miedo por la revolución bolivariana del presidente Hugo Chávez con tan magníficos resultados sociales y otros por venir. Se metió miedo por Cuba. Se metió miedo por la nacionalización de los recursos naturales. Se metió miedo por el triunfo indiscutible del pueblo en Bolivia con Evo Morales. Se metió miedo por la consolidación de un bloque integracionista y comercial distinto al propuesto por Estados Unidos. Y se metió todo ese enorme miedo por los canales de TV, la prensa amarilla y sus columnistas; y también, cómo no, a través de los partidos tradicionales corrompidos y sus líderes, al punto que venció el miedo de los electores frente a la deplorable y triste realidad peruana. De esta suerte el resultado de aquella avalancha de dicterios contra el cambio, en defensa del sistema político putrefacto y de servicio incondicional a la Casa Blanca, dio un triunfo precario a Alan García, abanderado de la oligarquía peruana en decadencia y de la cruzada pro subyugación a los intereses foráneos. En suma un cincuenta por ciento de la población se dejó llevar por el único pánico realmente existente: el miedo propio de la derecha antidiluviana frente a la posibilidad del triunfo nacionalista del comandante Ollanta Humala.

De esta manera sombría, las camarillas políticas tradicionales y las empresariales desnacionalizadas se hicieron del gobierno por escasos tres puntos de diferencia para dar continuidad al proyecto neoliberal y corrupto de Alberto Fujimori y Alejandro Toledo. Sin embargo, el país quedó profundamente dividido entre el centralismo limeño y las regiones del país. El mapa político cambió. Se produjo una división tangible y evidente que haría reflexionar, inclusive, a los políticos más conservadores de una derecha inteligente que desgraciadamente no existe en el Perú. Esa fue la verdad. La presencia masiva de los excluidos creó el remezón del pánico a perder el Estado-botín y los partidos tradicionales estuvieron a punto de ser desalojados del gobierno, no obstante, pasado el temporal, la derecha envalentonada por el triunfo pírrico del cabecilla acusado de latrocinios y crímenes de lesa humanidad, se ha allanado a aprobar el lesivo TLC con Estados Unidos a una velocidad sorprendente e irresponsable. El abrazo entre delincuentes conocidos de alto nivel era de esperarse. Se las habían jugado, el todo por el todo y la hora de la cosecha no podía esperar. Alan García perdonado, aunque maloliente en la versión de Mario Vargas Llosa, se renovó por tradición aprista y antecedentes (Prado, Odría, Dionisio Romero) en representante de la oligarquía peruana y ahora debe honrar sus compromisos con ella y con sus ligazones del exterior.

Siempre los representantes de la derecha han actuado con impudicia y descaro, es más con profundo desprecio a la población y a la clase trabajadora, por ello la aprobación del TLC con Estados Unidos no podía hacer cola y se dio a través de un Congreso insignificante en cuanto a representación ciudadana y lo más grave con el voto de los parlamentarios apristas por indicación de Alan García, sucesor de Alejandro Toledo, que con esa actitud quebró de raíz su reciente promesa electoral de no aceptar el TLC hasta que fuera revisado y discutido por su gobierno. Aquí se cumplió a la luz del día la primera gran falsificación del embaucador de la “escopeta de dos cañones” que llegará por segunda vez a palacio de gobierno el 28 de julio próximo. La segunda felonía será la continuidad del estatuto de Fujimori sin restablecer la Constitución de 1979; la tercera el mantenimiento de los contratos de la privatización con las exoneraciones de impuestos llevada a cabo por Fujimori y Toledo; la cuarta la defensa de la impunidad para los delitos de corrupción y de violación de los derechos humanos; la quinta la entrega del mar de Grau firmando el Convemar. Y todos serán incumplimientos esenciales de promesas que surgieron exclusivamente por la presencia de Ollanta Humala como rival. La campaña de engaños ya ha terminado y el gobierno de Alan García deberá cumplir con los compromisos subterráneos adquiridos con la derecha y con Washington. Ya no necesita mentir descaradamente frente a los electores para ganarle a Ollanta Humala. Sin embargo, corresponde a la vanguardia del pueblo poner fin al doble discurso y a la mañosería aprista de vender gato por liebre.

Antes de asumir la presidencia de la república, dos acciones transparentes caracterizan el andar de Alan García y su compromiso como vocero del imperialismo en América Latina, el mismo que debe evitarse dure cinco años. Una de ellas es la continuación de los ataques a la revolución bolivariana del presidente Hugo Chávez por indicación de la Casa Blanca mediante sus visitas a Brasil, Chile y próximamente a Colombia y Ecuador con la finalidad de hacer la labor de zapa y debilitamiento de la opción integracionista de Latinoamérica sin la intervención de Estados Unidos. O sea que Alan García pretende la imposición de bilateralismo, de país a país, para romper con la aún frágil unidad lograda. La otra concierne a la aprobación del TLC negociado sumisa y traidoramente por Alejandro Toledo, que interesa a los norteamericanos no tanto como negocio sino para continuar la hegemonía y predominio político y económico sobre la región. El TLC no sólo es nocivo para el Perú, en tanto destruye la insuficiente infraestructura industrial del consumo interno y de la agricultura, sino para la región por cuanto debilita la alternativa de los acuerdos en bloque que fortalecerían una opción integracionista propia. Mucho se ha discutido sobre los “beneficios” del tratado que, para seguir con la montura de la farsa, Alan García promete “renegociar” cuando expresamente para hacerlo se requiere el acuerdo de las dos partes y no sólo la voluntad de su gobierno. Tanta es la descomunal mentira frente a su discurso electoral que vuelve a utilizar su desmedido cinismo.

Todos los analistas coinciden en el impacto negativo que tendrá el TLC sobre los medicamentos, el medio ambiente, la agricultura del algodón, la papa, el maíz, el trigo, etc. cuyas exiguas compensaciones (112 millones de soles al año) son una broma de mal gusto; sin embargo, el más grave ilícito del tratado pertenece a la abdicación de la soberanía nacional, a la renuncia de jurisdicción y autonomía legislativa, lo cual impedirá cambios al modelo económico neoliberal y la revisión de los contratos ilegales de la privatización llevada a cabo por Fujimori y Toledo. Situación que nos somete a la pérdida de control sobre nuestros recursos naturales y energéticos y lo que es más grave sobre la posesión y propiedad de ellos, pues en el capítulo 10 del tratado se configura el concepto de “expropiación indirecta” permitiendo a las empresas transnacionales denunciar al Perú ante los tribunales internacionales. De esta manera, el país no podrá revisar los contratos de estabilidad tributaria (no pago de impuestos) ni demandar el pago de regalías o aplicar un impuesto a las sobre ganancias. Y aquí habría de preguntarse ¿qué tiene que ver un tratado de libre comercio con la explotación de los recursos naturales mineros y energéticos? ¿Qué tiene que ver con el saqueo de país? ¿Qué tiene que ver el intercambio de mercancías con las inversiones mineras, energéticas, madereras o de servicios? Absolutamente nada, excepto claro está, el nefasto entreguismo perpetrado por Alejandro Toledo y Alan García que quedará inscrito en la historia el Perú como una capitulación siniestra frente a los intereses del capital transnacional.

Por cualquier lado que se le mire la defensa del TLC es endeble y poco convincente. Para Alejandro Toledo y Alan García, matrimoniados en el entreguismo, la ratificación del TLC significará el acceso a un mercado de 300 millones de habitantes; entonces si se trata del número mejor sería haberlo firmado con China donde se accedería a un mercado de 1,300 millones de habitantes. La verdad es que la cuestión de fondo se quiere ocultar bajo la necesidad de las “inversiones” cuando de lo que se trata es de proteger un modelo económico neoliberal, primario exportador, de interés de la globalización auspiciada fundamentalmente por Estados Unidos en relación a los países pobres. En consecuencia, el comandante Ollanta Humala, representante de la otra mitad del país, nada tiene que conversar con un elemento embustero y sometido a acuerdos de la agenda oculta que comienzan a salir a luz. El hecho que haya sido elegido por escasos votos, en su gran mayoría prestados por los partidos tradicionales de la inmoralidad y la corrupción existente en el país, no le quita a Alan García ni a los apristas que lo rodean la categoría de facinerosos políticos convictos y confesos en el imaginario popular. En este sentido la invitación a Ollanta Humala para conversar no tiene nada que ver con la cortesía ni la educación, menos con la urbanidad y la congratulación sino con los intereses del país, llegando a la conclusión que no se puede dialogar sobre hechos consumados lesivos a la ciudadanía.

Alan García es conciente de su papel continuista, toledista y pro norteamericano. Por ello sus voceros cerraron la tan esperada reunión en la cumbre con Ollanta Humala ante, según dijeron, condicionamientos del comandante que no eran otros que una agenda sobre las necesidades fundamentales del país, porque aparte de aquello nada quiere conversar la mitad excluida del Perú y menos endosar con un saludo gratificante la traición que ya se vislumbra en los primeros pasos del corrupto e inmoral personaje que asumirá el mando de un gobierno hecho a la medida de la baja estofa aprista. El nacionalismo y el llamado a conformar un frente democrático y popular no requiere de la democracia del pupitre, del aparato estatal expropiado, donde los políticos se enriquecen vendiendo el país al mejor postor en medio de un mar de descomposición; la mitad del Perú que votó por el cambio iniciará la gran transformación pese a quien le pese, exigiendo la democracia participativa mediante la resistencia popular a los desmanes del gobierno aprista y la desobediencia civil contra el abuso de la enclenque legalidad, no legitimidad, lograda por un hombre cuestionado por sus crímenes de lesa humanidad y su enriquecimiento indebido, impropio y subrepticio.

4 de julio de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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