Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
20 de agosto de 2006

Coletillas al Margen

Perú: agenda pendiente

Carlos Angulo Rivas

En el discurso de inauguración de su gobierno (28 de julio) Alan García eliminó de un solo tajo el noventa por ciento de las promesas electorales impulsadas por él en la campaña electoral. En el afán desesperado de ganar una porción de votos populares, todos ellos pertenecientes a la opción por el cambio de la política económica neoliberal, el candidato aprista había radicalizado su propuesta sin convicción alguna, llamándola “cambio responsable” y lo hizo debido a la presencia del proyecto nacionalista y antiimperialista de Ollanta Humala. Hoy en día, luego de cuatro semanas en palacio de gobierno no cabe la menor duda en torno a la dirección asumida en representación de una alianza de ultraderecha nacional vinculada a las transnacionales y de sometimiento a la política exterior norteamericana. Los hechos así lo demuestran por cuanto el equipo ministerial (50% de su camarilla corrupta y 50% neoliberal a ultranza) no puede llevar otra política que la del continuismo intencional de los fracasados gobiernos de Alberto Fujimori y Alejandro Toledo, fracasados totales en relación a la invariabilidad de la pobreza extrema y la exclusión. Hasta aquí queda clarísimo que Alan García tiene el encargo de construir el tercer piso de la desnacionalización, la privatización y la subordinación del país hacia la meta de la semicolonización total.

Olvida por completo el hombre encausado por enriquecimiento ilícito y genocidio que el 70% de los electores votaron por las propuestas del cambio y contra la “candidata de los ricos” que él alegremente reemplazó. Olvida que el pueblo aprista, inclusive, votó contra los grupos de poder económico que hoy desde palacio de gobierno Alan García y su camarilla corrupta representan asumiendo el integro del programa de Unidad Nacional de Lourdes Flores, del fujimorismo y de los remanentes del toledismo. En blanco y negro piensa el precario ocupante de palacio de gobierno que si durante la campaña electoral tuvo éxito con las mentiras, también podrá seguir mintiendo al país con jugaditas impactantes como aquellas de la reducción de los sueldos a los congresistas, ministros y altos funcionarios, o con volar en líneas aéreas comerciales en vez de utilizar el avión parrandero de Toledo que también sirvió para el tráfico de drogas en época de Fujimori. Como sabemos la “austeridad” en el gasto público tal como demagógicamente y tramposamente está planteada por Alan García no sirve ni para comprar caramelos. Bien lo sabe el agente financiero internacional Luis Carranza, actual ministro de Economía, quien sirvió de asesor al ministro delincuente Victor Joy Way en época de Fujimori y de vice ministro del ciudadano norteamericano y broker cosmopolita Pedro Pablo Kuczynski. Y bien lo sabe él y García Pérez porque el compromiso es dejar en libertad a las empresas transnacionales mineras, petroleras y de servicios, exoneradas de pagar regalías e impuestos bajo el pretexto de la estabilidad jurídica. Además, conocido el brutal asalto del Estado en medio de la corrupción generalizada llevado a cabo durante su primer período presidencial 1985-1990, que le importa a García Pérez y su camarilla la reducción de los sueldos cuando ellos se agencian el enriquecimiento ilícito, a manos llenas, por otros medios. Así el saludable pero mínimo ahorro del gasto público no pasa de ser un engaña muchachos y nada más. No señores, ni con el apoyo de toda la prensa escrita, la radio y la TV empresariales, los artificios efectistas de la falsificación pasarán en un pueblo donde la inmensa mayoría votó para deshacerse de Alejandro Toledo y entrar en una nueva etapa de cambios fundamentales.

La agenda del 70% del país no es la de Lourdes Flores, la Unidad Nacional y el fujimorismo que asume desvergonzadamente el corrupto Alan García, ungido de presidente con los votos prestados del sistema antidemocrático y manipulador que a través del doble fraude electoral le dio un extraño, débil e incierto mandato de usurpador del poder administrativo del país, usurpador si nos atenemos a la Constitución de 1979, la única válida desde un punto de vista jurídico; la misma que durante la campaña electoral él prometió restituir a fin de recuperar y restablecer el verdadero Estado de Derecho. La agenda de ese 70% de la población no es la de seguir recibiendo las migajas del “chorreo” toledista o de las insignificantes obras públicas del “cállate la boca” de un japonés regalón de los mínimos recursos públicos excedentes de las privatizaciones realizadas, todas ellas escandalosas, inmorales y sin nombre. Por supuesto que NO, la agenda popular es la de la justicia social, la equidad y la de la redistribución de la riqueza nacional expoliada y confiscada por las empresas transnacionales en alianza con una clase empresarial deshonesta y la casta política tradicional impúdica y obscena encabezada nada menos que por Alan García, un individuo con enormes rabos de paja donde destacan el lucro ilícito y los crímenes de lesa humanidad cometidos por él durante su primer gobierno.

No es difícil precisar de conformidad a los mensajes de Alan García y de sus primeras acciones que él gobernará con la derecha y para la derecha; ciertamente si le dejamos la cancha libre. De ahí que el usurpador del mandato popular se prepara a enfrentar las inevitables protestas del movimiento social a través de la represión militar-policial y el endurecimiento de las leyes de la obediencia civil sin contemplaciones, a las que llama de seguridad ciudadana cuando en realidad se trata de castigar a quienes rechacen (trabajadores y pobladores) el exceso de las autoridades (efectivos policiales y militares) y el abuso de los magistrados y jueces corruptos existentes en todos los niveles del sistema de coerción existente. Más aún cuando la intención de García Pérez junto con la derecha y la camarilla de sus incondicionales convertidos en ministros es la de desarmar, fragmentar y destrozar a la oposición de las fuerzas populares de izquierda, a los sectores progresistas y nacionalistas que alrededor del comandante Ollanta Humala lograron el triunfo moral y espiritual de la gran transformación nacional que alcanzó, sin fraude mediático, el 47% de los votos. Tengamos presente, para la lucha que se avecina, este conglomerado de fuerzas activas dispuestas a no esperar nada positivo de Alan García, quien ha modificado su agenda traicionando a las bases apristas y a algunos sectores populares débiles, en conciencia política, que le dieron su voto.

No hay cambio económico y social sin lucha política democrática y participativa, sobre todo ahora que el “cambio responsable” prometido se ha convertido en la práctica concreta en el NO CAMBIO IRRESPONSABLE gracias al inefable, corrupto y soberbio Alan García Pérez. Y decimos irresponsable porque la pobreza extrema, la miseria y el desamparo de los desposeídos no puede esperar cinco años más de farsa, aguantando las mismas mentiras a que nos tenía acostumbrados Alejandro Toledo, las que continuaran con un Alan García desesperado porque las fuerzas de Ollanta Humala y el propio líder rechazan participar en ese aparato embaucador llamado Acuerdo Nacional. Evidentemente, esa mecedora donde se cocinaron las alianzas y los enjuagues para sostener a Toledo en el poder no tiene vigencia alguna en tanto la lucha planteada en la campaña electoral, enunciada por Humala como la gran transformación, fue categóricamente contra el sistema “democrático” de la inmoralidad, la corrupción y la impunidad. Si examinamos con atención estamos, pues, ante una disyuntiva popular determinada cuya agenda pendiente espera ser cumplida por quienes se comprometieron a llevarla adelante a pesar de la eventual pérdida electoral. Y en esta lucha se inscribe el frente nacionalista, democrático y popular en lo fundamental, habida cuenta que la oposición en el congreso es secundaria y encajada dentro del sistema corrupto de las castas políticas tradicionales que justamente se quiere combatir. Y así lo deben entender los congresistas UPP-PNP quienes llegaron al parlamento, apoyados por la corriente del proyecto nacionalista y antiimperialista de Ollanta Humala. Verlo de otra manera sería una traición a la causa que los convirtió en representantes de ese 47% de la población devota del cambio político, económico y social.

De los acápites anteriores se desprende que las agendas del cambio han sido dejadas de lado para dar paso al contubernio del gobierno con los grupos de poder, amparándose a manera de distracción en pequeñas escaramuzas de entretenimiento público (los dispendios de Toledo-Karp, la pena de muerte a los violadores, los decretos de urgencia insustanciales, los nombramientos de encumbrados hombres del neoliberalismo, las relaciones con Chile, etc.) a fin de no tocar lo sustancial de la problemática nacional sacada a luz durante la campaña electoral, la misma que se resume en lo siguiente:

1.- La no ratificación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos pactado por Toledo en agravio del país y de su soberanía.
2.- La puesta en vigencia la constitución de 1979 en reemplazo del estatuto dictatorial de Fujimori.
3.- El cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en la lucha contra la impunidad.
4.- La no firma de la Convención del Mar que sepulta la tesis de las 200 millas marinas de mar territorial.
5.- La de concebir una profunda reforma tributaria basada en la equidad y en la eliminación de los privilegios a los grupos de poder económico.
6.- La revisión de los contratos de la privatización a fin que las empresas mineras paguen las regalías adecuadas.
7.- La renegociación de los onerosos contratos de estabilidad jurídica acerca de la explotación de nuestros recursos naturales.
8.- La descentralización y la autonomía de las regiones.
9.- La cobertura al máximo por ciento de salud, educación y trabajo.
10.- La política internacional de integración soberana y autónoma en el eje sudamericano.

Todas estas y no otras son las prioridades de la agenda nacional postergada que no constan en el discurso inaugural del gobierno ni constaran en la presentación del gabinete ministerial del inepto secretario personal de Alan García, Jorge del Castillo, convertido en primer ministro sin ton ni son. En consecuencia, por decencia política y en correspondencia al caudal electoral recibido los congresistas UPP-PNP deberán votar en contra, unánimemente en contra, de la confianza requerida por el gobierno; y las masas populares deberán organizarse participativamente a fin de consolidar el frente nacionalista, democrático y popular con el objetivo de reafirmar el triunfo electoral en la mayoría de la regiones del país a través de las elecciones de noviembre próximo y también para acabar con la usurpación del poder capturado por una casta de políticos putrefactos y sin remedio posible.

19 de agosto de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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