Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
1 de octubre de 2006

Coletillas al Margen

México: maridajes oficialistas

Carlos Angulo Rivas

A Estados Unidos y especialmente al presidente George W. Bush les cuesta mucho trabajo aceptar el cambio progresista a lo largo y ancho de América Latina, pues cada vez les será más difícil controlar política y económicamente a una región en pie de guerra de liberación. Una guerra sin armas a la vista y sin bombardeos disuasivos. En realidad, una guerra de la democracia y por la democracia, donde los partidos tradicionales de cada país, columnas pilares del imperialismo, vienen siendo derrotados por las corrientes del cambio. Indudablemente este escenario no puede ser del agrado de Washington y su política unilateral de agresión. Unas elecciones se perdieron y otras se ganaron, sin embargo el balance en Latinoamérica es enteramente positivo. Cuba hace casi medio siglo dio el campanazo al convertirse en el primer territorio libre del continente, a los cubanos les costó y les sigue costando un gran sacrificio, pero no están solos porque los pueblos del mundo los acompañan en la misión internacionalista contra el yugo imperial, cuya mano se extiende a casi todos los países por igual. De allí que el principal monstruo de la actualidad, la globalización económica neoliberal y la agresión militar, haya sido rechazado masivamente en la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (118 estados miembros) realizada en La Habana a mediados de septiembre.

Pero veamos este giro a la izquierda cuya invasión imparable ha puesto en alerta a los estrategas de la Casa Blanca, quienes sin más remedio, vencidos con sus propios medios y sus propias leyes, han recurrido al petardo del fraude para imponer a sus títeres de siempre llamados gobernantes democráticos. Así en la lógica de mentiras elaboradas han creado un espanto de pesadilla bautizado como el eje (del mal) Cuba, Venezuela, Bolivia; que por la extensión moderada de sus combates comprendería a Brasil, Argentina y Uruguay. La notable intromisión norteamericana se da en el uso de la fuerza económica, la amenaza, la dominación y la violación de los principios del Derecho Internacional. De esta forma, las recientes elecciones generales de Perú y México, supervisadas al milímetro por el departamento de Estado Norteamericano, se centraron en una “guerra sucia” contra los candidatos contrapuestos al sistema político corrupto, depredador y antinacional de sus respectivos países, Ollanta Humala Tasso y Manuel López Obrador. Pero lo más curioso de esta “guerra sucia” emprendida contra ellos fue que la ofensiva, las agresiones y los arrebatos fundamentales fueron contra el presidente Hugo Chávez de Venezuela, como también ocurrió durante las elecciones en Bolivia donde ganó Evo Morales y hoy ocurre en los procesos electorales de Nicaragua contra Daniel Ortega y en Ecuador contra el nacionalista Rafael Correa. Campaña harto financiada por los intereses de las empresas transnacionales y los fondos de contingencia del gobierno de George W. Bush, pues de lo se trata es de evitar a cualquier precio una política de liberación, independiente, soberana y digna, destinada a desterrar a los inmorales partidos tradicionales plutocráticos, socios entrañables del imperialismo. Queda demostrado con este abierto auxilio desvergonzado que, una vez más, los gobiernos de los Estados Unidos se entienden de maravillas con los elementos deshonestos y putrefactos de América Latina; sin embargo, no pudieron triunfar fácilmente con ellos y en ambos casos (México y Perú) recurrieron al fraude electoral bien montado a fin de imponer a sus candidatos, a pesar del rechazo multitudinario en las urnas.

En el Perú desde el fin de la primera vuelta electoral la llamada candidata de los ricos, la abogada Lourdes Flores Nano, declaró en acusación directa a Alan García y a la ONPE un manejo fraudulento de las actas de votación que la relegaron al tercer lugar por escasos votos “me ganaron en las mesas de sufragio no en las urnas” afirmó contundentemente la dirigente de Unidad Nacional, quien se mantuvo primera en las encuestas por más de un año. Y debió ser muy cierto, porque Alan García estuvo siempre en el tercer lugar lejos de los primeros puestos debido a sus antecedentes de gobernante incompetente, inmoral y ladrón; y los de haber cometido los más horrendos crímenes de lesa humanidad habidos en la guerra interna contra Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA. No obstante el fraude perjudicanda a Lourdes Flores, vino la segunda vuelta electoral donde la misma operación de robo de votos se produjo contra Ollanta Humala, quien perdió por estrecho margen con un aumento anómalo, raro e inaudito de los votos nulos. A diferencia de México los votos en el Perú no se podían volver a contar porque la “ley” obliga a destruir las balotas inmediatamente después del conteo y la elaboración del acta en mesa. Consumado el fraude, el declarado presidente electo Alan García salió de gira a Chile y Colombia, a buscar, malabares y show de por medio, el reconocimiento de la comunidad internacional.

En México la función es totalmente diferente, la batalla contra la usurpación y el fraude permanece en virtud a las especiales y propias condiciones del país. En primer lugar Manuel López Obrador no reconoció la derrota y junto a la coalición “Por el bien de todos” presentó ante el supremo tribunal las pruebas del fraude a través de videos, actas manipuladas y declaraciones del presidente Vicente Fox intermediario y vocero de Felipe Calderón. La exigencia del candidato del PDR, López Obrador, apoyada masivamente mediante la convocatoria a toda la población mexicana fue la revisión y el nuevo conteo “voto por voto y casilla por casilla” que, sin embargo, el tribunal supremo luego de más de sesenta días de deliberaciones (negociaciones con Fox) terminó rechazando, declarando presidente electo a Felipe Calderón. Ante esta arbitraria determinación avalada por el presidente de la república Vicente Fox, los sectores empresariales transnacionales y nacionales, los monopolios de la prensa escrita, radial y televisiva; los multitudinarios seguidores de la coalición “por el bien de todos” y la izquierda mexicana convocaron a una Convención Nacional Democrática, colectividad de democracia participativa, donde se estableció un gobierno itinerante declarando presidente legítimo de México a Manuel López Obrador. En la justa dimensión del fenómeno político, se ha fundado un poder popular de resistencia pacífica y desobediencia civil, enfrentado a un poder oficial manejado por el aparato burocrático del Estado y los partidos perdedores el PAN de ultraderecha y el PRI del paternalismo tiránico y semifeudal desde hace 70 años.

Aplicando el mismo mecanismo del reconocimiento internacional, el candidato impuesto en México, Felipe Calderón, como presidente electo, inicia una gira (4 de octubre) por Perú, Chile y Colombia, qué casualidad los tres países, cuyos gobiernos sostienen estrechos vínculos con Estados Unidos y los tres firmantes de los inverosímiles tratados unilaterales de libre comercio en contraposición a la unidad solidaria de integración soberana latinoamericana impulsada por Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Uruguay, principalmente afirmada en el MERCOSUR. Inclusive la reciente incorporación de Chile como miembro asociado a un esquelético y desahuciado Grupo Andino, después de haber renunciado a esa asociación hace más de treinta años, se inscribe en la geopolítica de Washington contra el bautizado eje del mal Cuba, Venezuela, Bolivia. Pero, la casualidad queda al descubierto cuando observamos la visita de Felipe Calderón, un frágil presidente electo en busca de la anuencia servil extranjera, mientras en su propio país no goza de sustento popular y su administración apunta a ser efímera y transitoria o en su defecto dictatorial, represiva y absolutista apoyándose en la Fuerza Armada, con lo cual se pondría en el trance de una guerra civil. La endeble alianza PAN- PRI no podrá sostener por sí sola el gobierno mexicano ante una dualidad de poderes ya establecida.

La posibilidad de una segunda revolución mexicana basada en los golpes de la insurgencia popular, como han ocurrido ya en Latinoamérica, es real. Un globo de ensayo de las intenciones represivas del Estado corrupto en México se viene dando en Oaxaca, donde se pretende sostener como gobernador al censurado Ulises Ruiz del PRI, en contra de la Constitución que otorga a la población el derecho a deponerlo de su cargo. En este caso, es obvio pensar en las negociaciones de los partidos corruptos que sostienen el sistema político actual, donde el PAN y el PRI se dan la mano para la violencia represiva del estado a través de la Fuerza Armada y la Policía, a fin de evitar una ola de destituciones de malos gobernantes (Oaxaca, Puebla) que alcanzaría de inmediato al declarado usurpador Felipe Calderón. La atención que despierta México en particular y América Latina, se inscribe en la urgencia de avanzar en defensa de la democracia participativa, las relaciones multilaterales de respeto a la soberanía, la independencia y la dignidad de las naciones; y las de asegurar el desarrollo y la paz sin agresiones imperialistas de ningún tipo ya sean políticas, militares, económicas o financieras, las mismas que recurren a decisiones unilaterales y amenazas de “guerras preventivas.”

1 de octubre de 2006

Carlos Angulo Rivas

reppam@mountaincable.net
 
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