Carlos Angulo Rivas - rodelu.net |
27 de octubre de 2006
|
Coletillas al Margen
Perú: referendo revocatorio
Carlos
Angulo Rivas
Un
año antes de la finalización de su gobierno, Alejandro Toledo contó con apenas 4% de aprobación y un 95% de la población se inclinó por el relevo inmediato en la presidencia de la República. La clase política tradicional enquistada en el parlamento hizo lo indecible para sostener a este gobernante caído en desgracia por el incumplimiento de sus promesas electorales, la falla absoluta del famoso “chorreo” hacia los sectores populares debido a la política neoliberal encargada al ciudadano norteamericano Pedro Pablo Kuczynski; la usurpación del poder al continuar con el estatuto dictatorial de Alberto Fujimori sin realizar la ofrecida transición hacia la democracia; la inmoralidad y la corrupción supérstite y la frivolidad de su manejo administrativo. La salvación de este gobierno que estuvo casi en la misma suerte del derrocado Sánchez de Lozada en Bolivia fue obra del APRA, Unidad Nacional y el fujimorismo, en una sola palabra, de la mafia administrativa-militar que hoy en día se renueva a través de Alan García Pérez, el otrora ex gobernante incurso en delitos de enriquecimiento ilícito y crímenes de lesa humanidad. Así fue, la salvación de Toledo se debió a la defensa con uñas y dientes del sistema putrefacto que sus sostenedores querían heredar y de hecho heredaron en un proceso electoral convertido en una “guerra sucia” mediática y fraudulenta, en dos etapas. La raquítica defensa de Toledo se sustentó en la pantomima del resguardo del “sistema democrático” diseñado por la autocracia Fujimori-Montesinos y en el cumplimiento de los cinco años exactos de gobierno sin interesar a nadie que el país entero padeciera los estragos del hambre, las enfermedades y la falta de trabajo.
El clásico comportamiento de la casta política tradicional eludiendo preceptos constitucionales y burlándose de la soberanía decisiva del pueblo tuvo un éxito accidental. Toledo terminó su mandato sostenido precariamente bajo el auspicio de un parlamento que en el último año al igual que él gozaba de apenas 5% de aprobación ciudadana. En ese entonces, la ciudadanía esperó pacientemente la expectativa del cambio de gobierno pero más que de gobierno, de modelo económico y sistema político. Luego de las reñidas elecciones generales de este año ni lo uno ni lo otro se logró. Sin embargo, el amplio triunfo del comandante Ollanta Humala en la primera vuelta electoral, sumado a la votación obtenida por el ambiguo discurso “social demócrata” de Alan García y la de la izquierda partidaria dividida en varias opciones, ratificó palmariamente que más del 60% de la ciudadanía apostó por el cambio político, económico y social. A la luz de los casi primeros cien días del gobierno de Alan García nos preguntamos ¿se está dando este cambio democrático institucional, político, económico y social? Evidentemente NO; a pesar que durante la campaña de la segunda vuelta electoral contra Ollanta Humala, el líder de las mentiras bien elaboradas prometió por calles y plazas el “cambio responsable.” El camino trazado por García Pérez desde el comienzo de su administración significa una traición a la mayoría del pueblo, similar aunque más temprana que la de Alejandro Toledo, con el ingrediente de empeorar la situación de los humildes hogares peruanos a medida que se radicaliza la implementación del tercer piso (luego de Fujimori-Toledo) del neoliberalismo globalizado del capital oligopólico mundial.
Las propuestas fundamentales del “cambio responsable” abandonadas de inmediato por Alan García y su equipo de incondicionales, no sólo significan una alevosa infamia del doblez del individuo sino la apuesta por la inestabilidad futura de la nación, la rebelión y el fomento de la represión ante la falta de solución a los problemas sociales y de infraestructura. El país no puede continuar sin ponerse a derecho en el orden institucional restituyendo la única constitución válida (1979) y realizar la reforma del estado y la Fuerza Armada y Policial; no puede continuar sin la revisión total previa a la aprobación final del TLC con Estados Unidos; no puede continuar sin la revisión de los contratos de la privatización, sin el cobro de los impuestos a las sobre ganancias mineras y la participación de Estado a través de las regalías; sin la eliminación de la renta básica telefónica; sin la reforma tributaria, educativa y de salud; sin la lucha anticorrupción y la aplicación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación contra la impunidad; etc. ofrecimientos desechados por el gobierno actual en estrecha alianza con los sectores plutocráticos de Unidad Nacional y el fujimorismo vinculados al imperialismo transnacional. En todo lo señalado la cuestión es muy clara. Alan García pretende sostenerse como Alejandro Toledo cinco años en el gobierno, administrando la putrefacción existente sin hacer nada que choque con los intereses transnacionales y la corruptela del empresariado nativo indigno, mientras el país se seguirá desangrando en la pobreza y la miseria. Por ello justamente los aspectos fundamentales de la problemática nacional no son discutidos y las elecciones municipales y regionales del 19 de noviembre próximo son prácticamente ignoradas por los medios de comunicación privados con el objetivo de negarles el carácter plebiscitario de la ratificación popular por el cambio pendiente, desechado por el gobierno.
Las maniobras por ignorar el carácter político de las elecciones municipales y regionales es una consigna del gobierno de Alan García, luego de los resultados adversos que obtuvo en la mayoría de las regiones del Perú. Estuvo muy claro, en el proceso electoral de este año, que la unidad de la izquierda por el cambio sociopolítico se produjo en la base social, independientemente de las dirigencias partidarias, inclinándose el voto masivo por el programa nacionalista y antiimperialista del comandante Ollanta Humala, quien perdió por mínima diferencia debido al fraude montado por la casta política tradicional; en primera vuelta sacando de carrera a la ganadora Lourdes Flores “me ganaron en la mesa no en las urnas” y en la segunda vuelta por el sospechoso incremento de los votos viciados. En este sentido, el terror general de la casta política tradicional es que se repita el 47% de los votos a favor del nacionalismo y en contra de esta variopinta especie corrompida representada hoy en el precario gobernante Alan García. Y si bien ha habido una cierta dispersión de candidaturas para las elecciones regionales y municipales a instancias de los frentes regionales oriundos, de las personalidades políticas departamentales, de los dirigentes gremiales, etc; colectivos y agrupaciones que obedeciendo al mandato popular de la unidad de la izquierda desde la base votaron por Ollanta Humala, esto de ninguna manera significa el rechazo al cambio sino por el contrario la reafirmación de los deseos de liberación nacional y social, agregados a las soluciones de problemas imperativos locales y regionales. En consecuencia, la votación en las próximas elecciones municipales y regionales será la misma que se expresó contra los partidos tradicionales corruptos; y así no se vote expresamente por el Partido Nacionalista Peruano de Ollanta Humala, en conjunción natural representará un voto de rechazo a la política continuista neoliberal y traidora de Alan García Pérez. Más aún tratándose del Perú profundo menospreciado por el centralismo capitalino que hizo presidente a un individuo delincuencial prontuariado.
Desde este punto de vista, las elecciones municipales y regionales son eminentemente políticas y deben convertirse en un referendo revocatorio del mandato de Alan García, por ahora moral y simbólico; en tanto y en cuanto su novísima afiliación a la tesis pronorteamericana de las “guerras preventivas” invitando a George W. Bush a creer en el “fundamentalismo andino” similar al "fundamentalismo islámico" según ellos necesarios de extirpar, debe ser rechazada públicamente. Desliz durante la visita de Alan García a la Casa Blanca que no puede pasarse por alto, pues la desafortunada referencia de un ideado “fundamentalismo andino” en el contexto latinoamericano se introduce en la necesidad de combatir, en pocas palabras, a la “indiada” por supuesto de Bolivia, Perú, Ecuador, parte de Colombia y Venezuela, alzada vía el voto democrático contra la casta corrupta de los políticos tradicionales, sumisos porteros del patio trasero de Estados Unidos. “Indiada” malvista por Lima que no votó por Alan García.
Además, porque el referendo revocatorio, tan valioso y fervorosamente auspiciado por los partidos corruptos tradicionales de Venezuela contra el presidente constitucional Hugo Chávez, quien lo ganó ampliamente consolidándose en el poder, servirá para ingresar a la verdadera democracia en el Perú, la de la participación plena de los ciudadanos en los destinos de la nación. Referendo revocatorio contra Alan García que debe ser la antesala de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, la misma que termine de una vez por todas con la usurpación de poderes por gobernantes inciertos, legalizados por la manipulación del aparato estatal administrativo-militar, inmoral y corrupto, sostenido por quienes en más de 150 años de república han hecho del Perú una hacienda particular y exclusiva. Téngase en cuenta que la única posibilidad de sanear la política peruana, inmersa en la corrupción y el libertinaje, reside en el pueblo; ya que este saneamiento no pude efectuarse de ninguna manera dentro del sistema actual sino contra el sistema instaurado y defendido por la casta política tradicional totalmente pervertida.
Carlos
Angulo Rivas
reppam@mountaincable.net
|