Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
26 de marzo de 2007

Coletillas al Margen

Neofascismo y socialismo del siglo XXI (II)

Carlos Angulo Rivas

El neofascismo configurado por la militarización de la política norteamericana, la hegemonía del poder unipolar, el dominio económico monopólico y las amenazas o las guerras de agresión expropiadora y racista, así como el control de las masas pobres del mundo, también tiene su contraparte en el recorte de las libertades en su propio país como se observa en las leyes de seguridad interior contra el terrorismo. La política neofascista de Estados Unidos necesita, pues, el control del mundo y el de su propia casa con una legalidad democrática de nombre pero endeble por cuanto se sostiene en la dureza extrema de la ley y la represión militarizada a espaldas de ella. No por gusto existe el montaje del ejército más poderoso del planeta mediante el reclutamiento de soldados asalariados dispuestos a correr con su suerte en beneficio de una seguridad familiar, donde podrían o no, estar involucrados ellos mismos. Y lo más pernicioso de este reclutamiento de la soldadesca viene dándose en los sectores pobres estadounidenses y en el de los inmigrantes del tercer mundo, centralmente de los “latinos.” En este sentido, la cantera de soldados asalariados puede ser inacabable y la prolongación de las guerras como brazo de continuar con la hegemonía unipolar neofascista también. De allí, la importancia de asumir con valentía el llamado al socialismo del siglo XXI, aún una frase de esperanza en el continente menos explosivo del mundo en cuanto a las relaciones con la Casa Blanca, en comparación al Asia, el África o el Medio Oriente. Y justamente la reciente gira de George W. Bush por Latinoamérica ha mostrado a nivel de los pueblos el acierto de la revolución bolivariana y su llamado a la unidad antiimperialista frente a la envolvente norteamericana de querer sumarnos, como patio trasero, a su política de agresión.

Luego de realizada la visita de Bush a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y Mexico, quedó en evidencia la orfandad de respaldo popular a su presencia, igualmente se palpó el masivo rechazo al intento de acercamiento oficial entre los gobiernos equilibristas (Brasil y Uruguay) y Washington. De los gobiernos de Colombia, Guatemala y México todo estaba dicho por adelantado así las manifestaciones populares rechazaran por igual la visita del inhumano representante del imperialismo. Frente a este recuento, los gobiernos catalogados como progresistas (Lula y Vásquez) quedaron debilitados ante la pretensión de Bush de quebrar el circuito de unidad a través del MERCOSUR y fundamentalmente la de aislar a Hugo Chávez. Indudablemente, el presidente venezolano no sólo opacó sino anuló las repercusiones de la visita de Bush a América Latina, resucitando la polarización de las masas en multitudinarios mítines de impugnación a la globalización y el neoliberalismo, auspiciados por los gobiernos corruptos e inmorales afines a Washington. En efecto los mítines populares de Hugo Chávez y las enormes movilizaciones reprimidas brutalmente en los países visitados por Bush, desenmascararon la real política de Washington de buscar aliados políticos antes que ofrecer una proyecto alternativo a lo avanzado con los acuerdos regionales financieros y energéticos encabezados por Venezuela, Argentina y Brasil, donde por supuesto el gobierno de Tabaré Vásquez quedó en peor situación debido a la pretensión de debilitar MERCOSUR a favor del mercado de Estados Unidos como lo hace Colombia, Chile y Perú. El balance positivo a favor de la corriente antiimperialista que nos deja este periplo formal de Bush, se traduce en la necesidad de los cambios revolucionarios en Latinoamérica a fin de luchar por una integración propia cada vez más amplia y poderosa (MERCOSUR-ALBA) y además pone de manifiesto la exigencia de avanzar con la mayor premura posible en la construcción efectiva del socialismo del siglo XXI inherente al discurso político bolivariano desarrollado en los últimos seis años por el propio Hugo Chávez y los avances en Venezuela de las políticas sociales de educación, trabajo, salud y organización política.

Integración y socialismo son dos aspectos fundamentales muy claros. El tratamiento de la integración económica propia y la construcción de administraciones democráticas alternativas al entreguismo de las viejas y corruptas castas políticas enquistadas en los gobiernos, constituyen los ejes del desarrollo regional autónomo. En ambas orientaciones aquí, la oferta bolivariana resulta la más concreta debido al llamado sistémico hacia la construcción del socialismo del siglo XXI, por el momento una frase convincente, cuyas premisas económicas y sociales cuando menos son específicas. Entonces hoy en día, la lucha política del momento actual se reduce al fortalecimiento de la opción bolivariana combinada con factores externos particularmente no propios. En primer lugar, porque derrotada la integración económica asimétrica y arbitraria propuesta por Estados Unidos a través de ALCA, emerge con fuerza en su reemplazo MERCOSUR-ALBA obligando a la superpotencia hegemónica a controlar el avance soberano de los países latinoamericanos valiéndose de acuerdos bilaterales TLCs con algunos países afines al neoliberalismo a ultranza manejado por Washington; además de ser estos tratados la única manera de debilitar el avance de la unidad latinoamericana con visos de independencia. Y en segundo lugar porque Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, los impulsores del ALBA, responden al llamado bolivariano del socialismo del siglo XXI como una avanzada de superación de la pobreza y el atraso de los pueblos; mientras que la disparidad o distancia al proyecto principal proviene de la acción de pro soberanía económica capitalista de Brasil, Argentina y Uruguay que mantienen compromisos sellados con el neoliberalismo y la globalización, a pesar de haber sido elegidos por las fuerzas populares progresistas. En esta dirección las diferencias entre MERCOSUR y ALBA merecen un tratamiento combinado a fin de compatibilizar intereses.

Trazados los grandes lineamientos, el problema de cómo construir un sistema socialista en el corazón de un mundo globalizado no sólo es un reto descomunal sino un rompecabezas difícil de armar aunque no imposible. En materia de integración el ALBA crece con sus propias características de intercambio solidario y compensatorio entre los países integrantes, pero hacia afuera está obligado a plantearse la competencia, las reglas y el mercado capitalistas, inclusive en ciertos proyectos con el propio MERCOSUR, integración paralela que en el mejor de los caminos tendría que asumir el modelo de la integración europea, reconociendo asimetrías en la eliminación de fronteras comerciales y productivas; modelo europeo gradual y lento, un tanto distante de la velocidad necesaria para enfrentar al imperialismo como el fantasma que puede arrasar con todo intento de soberanía económica competitiva en la región. Por supuesto, Brasil como la economía más grande de la región apuesta a esta salida en condiciones ventajosas negociables, siempre y cuando Argentina siga marcando la equidistancia de mantenerse en el centro aprovechando los proyectos energéticos y financieros (gaseoducto y banco del sur) con el eje venezolano y el ALBA. En este complejo juego de intereses, el presidente Hugo Chávez ejerce un liderazgo regional más valiente pero a su vez mucho más arriesgado, el mismo que necesita sustentarse particularmente en el apoyo popular masivo y en logros sociales y económicos no sólo en Venezuela sino en los países comprometidos en el discurso bolivariano, recordándose que cuenta con enemigos declarados como los gobiernos de Perú y Colombia, ambos agentes preclaros de la Casa Blanca, sin contar la ambigüedad de Chile con la señora Bachelet.

A instancias de este trabajo de integración económica y política en Latinoamérica, el periplo paralelo de Hugo Chávez bañado por las multitudes mientras George Bush cumplía el suyo en medio del rechazo generalizado a su presencia, rodeado de soldados y agentes de seguridad, significa en la ecuación planteada una derrota al neofascismo norteamericano en ambos frentes, el de la militarización, amenaza y agresión y en el de dominio económico absoluto. Y no sólo en América Latina sino en el mundo. Tanto es así que el semanario Times en su última edición marca el declive total de la administración Bush mediante un rechazo a nivel mundial del 51% con 19% de neutrales y apenas 30% de aprobación; en donde en América Latina y África la cifra de impugnación supera ligeramente el 70%; además la encuesta muestra cifras negativas hacia Bush en Alemania con 74%, Francia 69% y Australia 60% (Fuente BBC World Service Poll.) A este rechazo multitudinario de nivel mundial debemos sumar la hecatombe electoral sufrida por Bush en su propia casa cuando en noviembre pasado los demócratas le arrebataron la mayoría en la cámara de representantes y en el senado. Y como la construcción del socialismo del siglo XXI empieza por la unidad antiimperialista, democrática y popular, la revolución bolivariana adquiere forma y contenido no sólo en el discurso de Hugo Chávez sino en los logros internacionales y los propios del proceso venezolano. La reafirmación del proceso acelerado de cambios en Venezuela significa dar claridad y fuerza a los aliados más cercanos Bolivia, Ecuador y Nicaragua; además de la consolidación del ALBA y la participación de la experiencia cubana en materia social, organizativa y revolucionaria. Pero como cualquier proceso histórico el de Venezuela no es ajeno, ni puede ser ajeno, a la lucha de clases inmersa en todas las sociedades atrasadas o modernas como la definió Carlos Marx. De ahí nacen los conflictos sociales y políticos reales ante el avance y las medidas concretas de la transformación bolivariana en sus primeros ocho años; no escapa a los observadores la tenaz oposición de la clase dominante y sus seguidores, desplazada del poder de Estado más no del poder económico vinculado estrechamente al capital inversionista y financiero internacional.

Populismo o socialismo

Líneas arriba mencioné que el socialismo del siglo XXI empieza por la unidad antiimperialista, democrática y popular, cuya característica fundamental en términos marxistas es una alianza de procedencias clasistas (profesionales, medianos y pequeños empresarios no comprometidos con el gran capital, trabajadores, estudiantes, amas de casa, obreros y campesinos, etc.) único sostén multitudinario-representativo de los cambios revolucionarios. Y todo indica que estamos en ese camino a pesar de los ataques de la prensa empresarial y del imperialismo de tachar al gobierno del presidente Hugo Chávez de “autoritario y populista” como una forma de socavar la base ideológica presente en el conjunto del proceso bolivariano. ¿Qué diferencia al populismo del socialismo? Debemos observar con nitidez que el diseño de la sociedad futura en Venezuela a través de la nueva Constitución aprobada en referendo muestra inequívocamente raíces de corte socialista como son la prioridad asignada al desarrollo humano; la democracia participativa para el desarrollo ciudadano individual y colectivo; la propiedad social y la autogestión en las empresas; los valores mutuales y cooperativos en todas sus formas; la responsabilidad social y solidaria en cuanto a la asistencia humanitaria; la salud, educación, alimentación y trabajo convertidos en derechos humanos ineludibles de la sociedad; y lo que es más importante para el cambio de las relaciones de producción, la transformación progresiva de la lógica del desarrollo capitalista. Constitución del Estado, inclusive, sujeta a reajustes como bien ha planteado Hugo Chávez luego de la contundente victoria electoral última cuando lanzó el lema “Viva la revolución socialista,” donde positivamente se privilegia la democracia participativa (popular) en camino a la supresión del viejo estado plutocrático. Indudablemente todo el diseño y los avances ya logrados en Venezuela en los aspectos organizativos, sociales y de las nacionalizaciones de recursos naturales y servicios nada tienen que ver con el populismo. El populismo es una deformación sistémica derivada del régimen capitalista en busca de “clientes políticos” no organizados, ni en partidos ni en comités autónomos de la población; además, el populismo se sustenta en un estado fuerte y represivo “distributivo” de mínimas obras públicas y prebendas de tipo caritativo aprovechando la miseria e ignorancia de los pobladores considerados ciudadanos de segunda categoría. El populismo sabe de las necesidades primarias de la población pero no da salidas o soluciones a la pobreza; además, fomenta esas necesidades que son producto del propio sistema capitalista a fin de facilitar la explotación de los trabajadores por salarios de hambre; para el populismo la educación, la salud, el trabajo, la alimentación, la vivienda, la salubridad, etc. no son obligaciones de la sociedad ni del Estado, en pocas palabras, los servicios indispensables no son vistos como derechos ciudadanos irrenunciables sino como “exenciones” y “prerrogativas” de concesión voluntaria, de puro “buena gente” y si alcanza el presupuesto, otorgadas por el gobernante. Finalmente, al populismo no le conviene el desarrollo de la conciencia en las masas populares, menos su autodeterminación y libertad de decisión, sino el tutelaje y dominio absoluto de ellas.

Si la revolución bolivariana fuera meramente “populista y autoritaria” como señalan los medios de comunicación empresarial al unísono, o sea si fuera como los populismos autoritarios de Alberto Fujimori, de Carlos Menem y hoy el de Alan García ¿no recibiría el gobierno venezolano el beneplácito de la Casa Blanca y el aplauso “crítico” de las fuerzas oligárquicas del continente? Evidentemente, la respuesta cae por su propio peso. La furiosa enemistad contra Hugo Chávez es la misma que la llevada por cerca de 50 años contra el comandante Fidel Castro; y en estos furibundos ataques con intentos de descabezar el proceso, además del golpe de estado conducido por la CIA en alianza con la clase política tradicional, los plutócratas y los empresarios venezolanos, el imperialismo nunca se equivoca. Recordemos a su vez la misma actuación imperialista contra el gobierno constitucional y democrático de Salvador Allende en Chile. Así es, el imperialismo difícilmente se equivoca menos ahora cuando el carácter de la dominación sobre los pueblos del tercer mundo es neofascista, por cuanto como en la guerra de Irak la vida de los pobres no interesa a nadie sino la usurpación de los recursos petrolíferos; ese mismo es el interés de la globalización y el neoliberalismo incautando, expoliando y abusando alrededor del mundo en el objetivo de apoderarse de los recursos naturales de los países pobres bajo el engañoso signo de que la “inversión transnacional traerá más trabajo, progreso y desarrollo,” cuando las estadísticas sociales país por país y de la ONU de demuestran todo lo contrario. Entonces, la revolución bolivariana es de carácter antiimperialista, democrático y popular, es decir, de liberación nacional y camino al socialismo de características propias en el siglo XXI.

El panorama en este sentido es complejo en tanto en los enunciados se abandona la lógica del desarrollo capitalista. Y tan complejo que debe manejarse situaciones internas de estatización y nacionalización de las empresas estratégicas como de socialización de los capitales y la alternativa de las empresas mixtas y cooperativas, siempre en la perspectiva de tener el control hegemónico de la economía nacional en el futuro más cercano posible; esto en cuanto a la necesidad de los cimientos económicos que sostengan la sociedad socialista. Además, debe manejar la situación internacional en el campo económico globalizado; de una parte la integración solidaria y compensatoria del ALBA, la integración gradualista con MERCOSUR; y la de libre competencia capitalista con otros mercados internacionales. Ahora en cuanto a lo organizativo y social, el avance es mucho más claro y se inscribe de cierta manera en las “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática” de Lenin, cuando la mayor exigencia de la dirigencia revolucionaria a las bases sociales (trabajadores, obreros y campesinos) fue la de ampliar y hacer cumplir los propios principios y leyes de la democracia burguesa inherentes a la libertad, igualdad y fraternidad, imposibles de alcanzar y practicar por las clases dominantes en el poder sin entrar en profundas contradicciones. Los procedimientos empleados por Hugo Chávez justamente tienen la eficacia de haber estado dentro del esquema de la democracia representativa diseñada por las clases dominantes y sus partidos tradicionales, donde por efectos de exigirse el cumplimiento de la ley, la constitución plebiscitaria y la ampliación de la participación efectiva de los ciudadanos, la casta de políticos corruptos e inmorales cae derrotada; y hoy el pánico a la democracia verdadera por parte de los oligarcas es auténtico. Y este tipo de democracia participativa marca el punto de quiebre para miles de millones de ciudadanos de todo el mundo en la necesaria búsqueda de una vía al socialismo perfectamente alcanzable, particularmente en América Latina.

La sociedad venezolana es otra, de ello no cabe la menor duda. El avance social y organizativo ha despegado con inusitada fuerza en la atención médica y sanitaria, en las obras de infraestructura, en la educación, en la alfabetización, en el reparto de tierras, en la alimentación y los subsidios, en el abastecimiento y la distribución de bienes de primera necesidad. Y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano en camino al socialismo del siglo XXI, se perfila hoy a través de los llamados cinco motores planteados por el presidente Hugo Chávez: 1) la ley habilitante, donde la Asamblea Nacional autoriza al presidente y al Consejo de Ministros a emitir decretos-leyes con la finalidad de acelerar constitucionalmente la revolución; 2) reforma constitucional hacia la configuración del socialismo; 3) la educación y la cultura integral más allá de la formalidad de la escuela, es decir, en todos los espacios de la vida nacional divulgando los valores éticos, morales, solidarios, económicos, políticos y sociales de una sociedad de carácter socialista; 4) organización del nuevo Estado y la distribución del poder político, social, económico y militar a través del análisis territorial y funcional actual; 5) democracia participativa, protagónica y revolucionaria vinculada a la estructuración del poder comunitario y popular, a la fecha la tarea más importante del proceso bolivariano en el avance e instauración de núcleos poblacionales creativos, productivos y de servicios, eliminando las distintas formas de representatividad tradicional para dar cabida a los Consejos Comunales. En este conjunto de planteamientos decisivos del proceso revolucionario bolivariano se origina la asociación de las grandes mayorías desposeídas como una corriente enérgica dispuesta a luchar por lo ya logrado y por supuesto a defender combatiendo a muerte la conducción y el proyecto mismo del socialismo del siglo XXI ya irradiado y transmitido más allá de las fronteras venezolanas como un ejemplo a seguir en otros países donde la democracia es sólo de nombre y el ejercicio del poder “democrático” una dictadura legalista de las putrefactas oligarquías aliadas incondicionales del imperialismo.

24 de marzo de 2007


Nota anteriore
Neofascismo y socialismo del siglo XXI (I)


Carlos Angulo Rivas
reppam@mountaincable.net
 
PORTADA CARLOS ANGULO RIVAS