Carlos Angulo Rivas Carlos Angulo Rivas - rodelu.net
6 de mayo de 2007

Coletillas al Margen

Navegando a contracorriente histórica

Carlos Angulo Rivas

Los pueblos de América latina están pasando el mejor momento de un despertar democrático ajeno a la farsa acostumbrada. El espíritu de la participación política se amplía de manera inusitada y los ciudadanos van comprendiendo la importancia de las urnas no sólo para elegir a sus mandatarios sino para decidir el destino de sus respectivas naciones. La farsa de la democracia envasada y empaquetada como cualquier producto mercantil por lo partidos tradicionales obedientes a las clases dominantes aliadas al imperialismo, ahora en su configuración neofascista, ha sido desenmascarada y descubierta. Los medios de comunicación masiva, parte de la gran estafa de vender gato por liebre, igualmente han perdido credibilidad en el carcomido intento de enajenar y embaucar la conciencia ciudadana. El abrumador triunfo de Rafael Correa, 81% a favor de la asamblea constituyente en Ecuador, seguido por la reafirmación de Hugo Chávez en Venezuela a fin de proseguir el proyecto socialista del siglo XXI, alienta a los pueblos latinoamericanos a seguir en la lucha. Las derrotas sucesivas de los partidos tradicionales y las castas políticas en el continente hablan de ese despertar ciudadano. Las pruebas están a la vista y nadie se llame a engaño cuando vea a un mandatario insistir en el pasado antediluviano de una derecha descompuesta, corrupta y putrefacta, pues representar ese papel ya no pertenece a la política sino al gangsterismo y los gobernantes ya no son políticos sino rufianes y delincuentes listos a llenarse los bolsillos mientras el periodo les dure. Ejemplos tenemos en los ex presidentes Carlos Menem, Carlos Andrés Pérez, Alberto Fujimori, Salinas de Gortari, Vicente Fox, Alejandro Toledo, etc. y en los defenestrados vía la insurgencia popular Jamil Mahuad, Lucio Gutierrez, Sánchez de Lozada, Fernando de la Rúa. Y si aún se cree que la represión policial y militar es una salida para sostener este tipo de gobiernos bandoleros, los pueblos y los propios militares nacionalistas darán cuenta de ellos porque una cosa es defender a la democracia y otra muy distinta a delincuentes de cuello y corbata antipatriotas disfrazados de demócratas.

El segundo viaje de Alan García Pérez a Estados Unidos, en menos de nueve meses de gobierno, sin invitación anticipada de ninguna clase, tuvo la personal iniciativa de reiterar su ofrecimiento anterior como defensor incuestionable de los intereses estratégicos de la superpotencia hegemónica en Latinoamérica, contra, como ya sabemos, el “fundamentalismo andino” y la corriente revolucionaria bolivariana. La resonancia en la prensa norteamericana frente a esta inesperada y degradante visita de un mandatario latinoamericano fue cero, ni siquiera fue mencionada a pesar de los cinco minutos para la foto dispensados por George W. Bush. Sin embargo, el cometido de García Pérez, en lo personal, trató de cumplirse en el Perú con las primeras planas de la prensa y las imágenes por la TV del sonriente Bush dando la bendición a su donoso servidor de oficio. Indudablemente el viaje de García Pérez fue para la foto de sello indeleble, con el cual quiere dejar sentada su posición de privilegiar sus relaciones “íntimas” con el neoliberalismo transnacional, la ultraderecha nacional y por supuesto Estados Unidos en la tarea de continuar el dominio absoluto en lo político, militar y económico de su patio trasero. No de otra manera puede entenderse esta visita improcedente de Alan García, sin invitación alguna, frente a su ausencia en la primera cumbre energética sudamericana realizada en la isla de Margarita, Venezuela, donde se reafirmó la Unión de Naciones Sudamericanas UNASUR como mecanismo para una verdadera integración económica, política y social; decisión tomada por diez de los doce países asistentes; y donde lo más importante de lo que se venía desarrollando desde las reuniones de Cochabamba y Río Janeiro fueron los acuerdos energéticos y la consolidación del Banco del Sur lanzado por Venezuela y Argentina en febrero pasado en el que ahora se une el poderoso Brasil.

Recordar a Alan García, candidato, opuesto y enemigo al TLC elaborado por el gobierno subordinado de Alejandro Toledo está demás. Recordar el fraude en primera y segunda vuelta con el cual fue elegido presidente de la república, mediante la injerencia abierta de la embajada norteamericana en Lima, también está demás. Los hechos de ahora son los que cuentan y ellos nos comprueban el por qué García Pérez es ahora un fiel cumplidor de los pactos y acomodos, bajo la mesa, con los sectores plutocráticos del país colonizado dejado por Fujimori y Toledo. No cabe la menor duda, su gobierno es de la oligarquía y para la oligarquía, es de la derecha y para la derecha corrupta que no sólo auspicia un TLC perjudicial en la mayoría de sus acápites para el país y los trabajadores, sin modificación alguna prometida, sino porque a su vez apuesta singularmente a contracorriente de la historia peruana reciente. Las elecciones generales a pesar de fraude montado por la derecha, similar al de México, nos mostraron un Perú dividido donde casi el 70% de los ciudadanos votó por el cambio y contra la continuidad neoliberal del proyecto iniciado por Fujimori y continuado por Toledo; García Pérez no fue ajeno a este fenómeno y engatusó asombrosamente con aquello del “cambio responsable” mientras pactaba la continuidad neoliberal con la embajada norteamericana. Justamente por ello, hoy en día, el mantenimiento de una situación social explosiva llana a ser controlada mediante la represión policial y militar es de altísimo riesgo para el país.

Enorme riesgo que parece no importarle a García Pérez, quien acaba de sellar una alianza parlamentaria de ultraderecha con el fujimorismo y la Unidad Nacional de Lourdes Flores, bajo el pretexto de otorgar facultades legislativas al Ejecutivo contra el crimen organizado, el “terrorismo,” el narcotráfico, los “agitadores” y bloqueadores de carreteras, etc. por supuesto en vías de lograr la llamada seguridad ciudadana. Alianza de ultraderecha que constituye el exacto lugar donde se explica por sí solo el curioso viaje a Estados Unidos sin que nadie lo invite. Se trata, pues, de edificar la paz social a punta de represión generalizada contra quienes se opongan a la santidad de dejarse explotar de la manera más vil y arbitraria. No se necesitaba estar presente para conocer que el ofrecimiento de Alan García a Bush, a cambio de la aprobación del nefasto TLC, incluye la formulación de un plan Perú similar al colombiano (narcotráfico como pretexto) con miras a contrarrestar la influencia bolivariana “levantisca” a ojos de la Casa Blanca en la región. Tengamos en cuenta que el gobernante peruano fue a presentar credenciales sumisas ante Bush en medio de un mar agitado en su contra en el Perú. Un paro en Ancash encabezado por el presidente regional, un paro cocalero en la región Huanuco, otro en Piura, una huelga general minera a nivel nacional y una serie de protestas sociales radicales bloqueando carreteras ante el incumplimiento total de las promesas electorales y la incompetencia del gobierno aprista. Siendo la respuesta de Alan García la amenaza represiva, el encarcelamiento de los dirigentes y las duras restricciones de las leyes por crearse con las facultades cedidas por las fuerzas de la derecha.

Si García Pérez y la derecha antidiluviana, hoy en el poder, creen poder gobernar contra la corriente histórica que viene consolidándose en los países vecinos, principalmente en Bolivia y Ecuador, están totalmente equivocados. El ministerio del Interior da cuenta de decenas de “victoriosos” encarcelamientos debido a las movilizaciones populares y la respuesta del pueblo ha sido mayor radicalidad de las masas y solidaridad combativa de otras organizaciones clasistas que incluyen a maestros, campesinos, trabajadores, estudiantes y sindicatos, siendo la trillada mención de “alteración del orden público” una arcaica frase en la que nadie cree, menos en boca de políticos facinerosos y degenerados y los medios de comunicación y TV empresarial sobradamente conocidos. En un país sin empleo seguro como el Perú, de pobreza extrema en vastos sectores populares, de ausencia de asistencia de salud y educacional, de analfabetismo secular, de falta de alimentos, de penurias incalificables y de poquísima o nula esperanza frente a farsantes del calibre de Alan García, el endurecimiento de las leyes represivas y la acción policíaca no pueden ser una solución sino el agrandamiento del problema social que terminará con la tiranía legalizada de los políticos crematísticos encaramados en el poder del Estado. Téngase en cuenta que en Lima siendo la capital de la república, el desempleo es casi total; la encuesta última de la Universidad Católica revela que sólo uno de cada cinco adultos es asalariado (20%), que el 72% no tiene seguro de salud, que el 75% no tiene idea de la jubilación, que de los dichosos asalariados sólo el 32% goza de vacaciones y el 26% de gratificaciones; y para remate el 81% de ese total afortunado 20% de empleados asalariados no tienen compensación por tiempo de servicios. Desolador panorama capitalino que se agrava en el interior del país. Definida la política del régimen aprista en estos inestables condicionamientos sociales, pasados y presentes, no cabe sino la confrontación enérgica y radical, de ninguna manera el colaboracionismo contemporizador con una tiranía disfrazada de democracia. La insurgencia popular fue una salida saludable en Argentina, Bolivia y Ecuador; y de seguir las cosas como están, no esta lejos de suceder en el Perú un estallido social de proporciones a propósito de la ceguera de los partidos tradicionales viajando en la dirección contraria a la impulsada por las masas del continente.

2 de mayo de 2007


Carlos Angulo Rivas
reppam@mountaincable.net
 
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