Carlos Angulo Rivas |
24 de mayo de 2008
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Coletillas al Margen
Bolivia contra el fascismo separatista
Contamos con muchas acciones de corte fascista en América Latina, las suficientes como para estar preocupados y alertas. Las suficientes como para estar en pie de lucha y sobre todo prevenidos. El manto tenebroso del fascismo pretende cubrir la luz de la esperanza, cimentada en los cambios de dirección política asumidos con valentía en buena parte de la región considerada el patio trasero del imperio norteamericano.
Carlos Angulo Rivas
El avance de las fuerzas liberadoras y revolucionarias y del pensamiento social cada vez más claro en lo que el comandante Fidel Castro ha llamado “la lucha por las ideas” ha puesto en acción un plan de desestabilización que va desde el ataque armado Colombia-USA en territorio ecuatoriano, el regreso de la IV flota de la Armada norteamericana a los mares del Caribe y el Atlántico Sur, hasta el intento de dividir o quebrar a la hermana república de Bolivia. Así, mientras nosotros luchamos por la integración de nuestros pueblos, asegurando la Unión de Naciones Sudamericanas, UNASUR; los fascistas batallan por la desintegración.
El fenómeno de crear crisis sociales y económicas, una o varias a la misma vez, no es nuevo en el horizonte de nuestras naciones en la aspiración de ser libres, democráticas, soberanas y revolucionarias. En este contexto regional nos preocupa, cómo no, la intervención norteamericana en la operación separatista del oriente boliviano contra los pueblos indígenas originarios del país, reciente escalada en la tarea de desaparecer del escenario el gobierno de Evo Morales y la nueva constitución política hacia una república plurinacional, soberana e inclusiva de democracia participativa; gobierno soberano de raigambre popular a cargo de la nacionalización de los recursos naturales mineros, agropecuarios y energéticos; y de autonomía frente a los mandatos imperativos de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Organización Mundial de Comercio. Gobierno nacionalista de enorme respaldo ciudadano emergido y elegido luego de dos movilizaciones sociales de carácter insurreccional que derrocaron sucesivamente a dos presidentes constitucionales del gusto de George W. Bush: Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa. Y es que cuando la conciencia política de los pueblos toma carta de ciudadanía y ejerce el poder democrático participativo, convertido en poder constituyente o sea encontrando la esencia fundamental de la libertad y la democracia –el poder emana del pueblo- el imperialismo, las oligarquías nacionales, las clases dominantes, los empresarios antinacionales y los militares corruptos, reniegan del sistema de la democracia representativa que antes defendieron. Se inicia de esta forma el pánico a la democracia real, huyendo raudos de las consultas populares en la perspectiva de defender ilegalmente sus intereses de terratenientes abusivos, rentistas, amos y capitalistas de la peor ralea.
Las crisis artificiales auspiciadas por el imperio son, entonces, la manera de socavar y traerse abajo gobiernos populares nacionalistas y de izquierda. La intervención norteamericana en estas aventuras golpistas, están registradas en la historia más reciente desde la caída de Jacobo Arbenz en Guatemala; la invasión a Playa Girón en Cuba; la intervención militar USA en Santo Domingo en 1965; el golpe militar en Chile contra Salvador Allende; las dictaduras sangrientas de Videla en Argentina, de Bordaberry en Uruguay; de Morales Bermúdez en el Perú; el sabotaje a la revolución Sandinista en los años 80 financiando a los “contras” y paramilitares; el fallido golpe militar en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez en el 2002; el empleo del Plan Colombia financiado millonariamente por Estados Unidos para la guerra sucia, el narcotráfico y las fuerzas paramilitares criminales de Álvaro Uribe. Entre otras, las citadas ingerencias bélicas y políticas son las más notables actividades criminales de varios gobiernos norteamericanos, la CIA y los militares formados en la escuela “Las Americas” en Estados Unidos, aquellos oficiales indignos a sus respectivas patrias.
Con la modernización se unen a estas acciones de sabotaje y fabricación de crisis el gigantesco poder de los medios de comunicación en manos de los oligopolios empresariales de la prensa escrita, radial y televisiva. La acción conjunta de estos enemigos de la democracia participativa, la que no pueden controlar, la vemos todos los días; y la complejidad de nuestra lucha contra estos enemigos materiales e inmateriales, corpóreos e incorpóreos, manifiestos u ocultos, es muy grande, pero mucho más grande debe ser nuestra constancia, nuestra fe y nuestra participación contra el fascismo y todas sus armas, donde el enfrentamiento como señaló el presidente Hugo Chávez, en su visita a Brasil, es una batalla que estamos ganando y no podemos ni debemos perder. Y tanto la estamos ganando que Álvaro Uribe y George W. Bush se han visto obligados a recurrir a la chabacana maniobra mediática de las “computadoras mágicas” del jefe de la FARC, Raúl Reyes, asesinado en la invasión a Ecuador, precisamente para acusar de apoyo al “terrorismo” a los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa. Y en esta nueva versión de la Lámpara de Aladino, el genio responde las palabras que ambos fascistas quieren escuchar, a fin de defender la pretensión del imperialismo de colocar a los gobiernos críticos al sistema en aquel invento diabólico del más diabólico de los gobernantes, el llamado “eje del mal”.
Bolivia enfrenta dentro del tinglado fascista norteamericano, sostenido por Álvaro Uribe en Colombia y Alan García en Perú, apasionados defensores del neoliberalismo y la globalización, la división del país, la desintegración territorial y el caos propiciado por quienes pretenden la creación de un estado independiente a través de referendos ilegales en cuatro provincias orientales. Provincias donde predomina la oligarquía de origen europeo, los grandes terratenientes de ahora quienes fueron aceptados como colonos no muchos años atrás; ciertamente son ellos quienes manipulan y agitan a la población promoviendo el racismo abierto contra la mayoría indígena nacional. Un verdadero apartheid de los Andes similar al de Sudáfrica, donde la gran mayoría negra, por largos años hasta la liberación de Nelson Mandela, no podía elegir a un presidente negro; asimismo, pues, hoy la oligarquía blanca y mestiza de Bolivia se niega a aceptar a cabalidad a un indio como presidente de la república y peor aún porque Evo Morales es un líder alineado a la revolución social bolivariana de la época actual. Sin embargo, la cuestión de fondo es la unidad, la indivisibilidad del país fuera de divergencias políticas; simplemente, porque de ninguna manera puede haber para la Casa Blanca y la oligarquía del oriente boliviano un ordenamiento jurídico para lo que les conviene y otro muy distinto para lo que no les conviene. La constitución política anterior y la recientemente aprobada son una totalidad legal de cumplimiento categórico de todos y cada uno de los bolivianos y en ninguna de las dos se contempla el fraccionamiento territorial. En consecuencia, el referendo de Santa Cruz y los subsiguientes programados en Tarija, el Beni y Pando, son no sólo ilegales sino inaplicables, independientemente del fraude perpetrado en el proceso mismo de la consulta cruceña manipulada, cien por ciento, por los medios de comunicación empresariales.
Contra la aventura separatista y los intentos fascistas de la división de un país hermano como Bolivia, no caben medias tintas sino la defensa de principios aunada a la condena concluyente a los organizadores de este despropósito de típico corte segregacionista y cismático. Corresponde a todos los gobiernos latinoamericanos sacar la cara por la unidad de Bolivia, no simplemente con palabras declarativas formales sino con el desconocimiento y rechazo a cualquier estado en formación, promovido por una minoría de ciudadanos que no acepta la democracia sostenida en la totalidad de un país. Felizmente el presidente Evo Morales mantiene una posición firme y democrática, en primer lugar, alrededor de la unidad indestructible de Bolivia y en segundo lugar, poniendo su cargo a disposición de un referendo revocatorio aprobado por unanimidad en el senado; a su manera de ver única salida a la crisis promovida por los elementos fascistas que cuentan con el apoyo decidido de Washington. Esta decisión de llevar a cabo una consulta popular nacional definirá en las urnas y no a través de la violencia, el conflicto artificial creado por quienes no quieren aceptar la refundación constitucional del país que, inclusive, reconoce de manera jurídica la autonomía regional sin rompimientos territoriales o creaciones de estados independientes como lo ocurrido con el desmembramiento de Yugoslavia. El referendo revocatorio nacional en marcha para dar continuidad al proceso de cambios económicos y sociales en las cabezas de Evo Morales y su vicepresidente y también para observar la permanencia o no de los gobernadores en sus cargos, debe llevarse a cabo de inmediato consolidando, una vez más, la democracia participativa en el continente.
23 de mayo de 2008
Carlos
Angulo Rivas
reppam@mountaincable.net
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