Roberto Bardini |
27 de April de 2003
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Especial
para rodelu.net
Michael
Moore:
Roberto Bardini "Parece
que la administración Bush tendrá éxito en colonizar
Irak. Esto es una gran fantochada que pagaremos en los años venideros.
No valió una sola vida de un chico norteamericano en uniforme, sin
mencionar los miles de iraquíes que han muerto. A ellos se elevan
mis condolencias y rezos. Así que, ¿dónde están
todas esas armas de destrucción masiva que eran el pretexto de esta
guerra? ¡Ja! Hay mucho para decir sobre esto, pero me lo guardo para
después”.
Así comienza
la Carta abierta de un norteamericano disidente, divulgada
el 7 de abril pasado por un simpático gordito cachetón, de
aspecto algo desgarbado, que usa lentes y una casi permanente gorra de
béisbol. Este hombre un poco estrafalario se ha transformado en
un auténtico dolor de hígado para unas cuantas personas ubicadas
en los niveles más altos de la política y la economía
de Estados Unidos.
Actualmente, encabezan su “lista” de blancos móviles el presidente George W. Bush, funcionarios de la Casa Blanca, diputados y senadores. En otro momento, fueron la ONU, directores y gerentes de empresas, magnates de la llamada “gran prensa”, el Banco Mundial, Disneyworld y cuanta ave de rapiña tenga algo que ocultar al público o los contribuyentes estadounidenses. Al mismo tiempo, se ha convertido en un ícono contestatario, globalifóbico y “políticamente incorrecto” para millones de ciudadanos anónimos necesitados de un héroe que los represente. Se llama Michael Moore, nació en Flint (Michigan) hace 48 años y vive en Nueva York. Es periodista, escritor, guionista y director de cine y televisión. Se hizo famoso por trabajos que exhiben los aspectos más enfermos de la sociedad norteamericana, junto con la falta de sensibilidad social de los políticos conservadores y las más poderosas empresas transnacionales. Hasta la noche del domingo 23 de marzo, durante la última entrega de los premios Oscar, Moore era prácticamente desconocido fuera de su país. Su largometraje Bowling for Columbine fue galardonado como el Mejor Documental. El 20 de abril de 1999, un día de primavera, dos estudiantes entraron a la cafetería del centro de enseñanza secundaria Columbine, de Littleton (Colorado), y asesinaron a quince alumnos y una profesora. Dylan Klebold, de 17 años, y Eric Harris, de 18 años, irrumpieron en el lugar con un armamento muy superior al que utilizan los miembros de los grupos SWAT, los marines o las fuerzas de despliegue rápido: un rifle de asalto de nueve milímetros, una pistola automática con un cargador de 36 balas, dos escopetas con los cañones recortados y alrededor de tres docenas de granadas caseras, algunas de las cuales llegaron a lanzar en el ataque. Después, ambos se suicidaron. La reconstrucción de esa historia consagró a Michael Moore. Al subir al escenario para recibir la estatuilla, Moore invitó al resto de cineastas nominados en la categoría documental y pronunció palabras que sonaron como cachetadas. Fue el discurso más duro que se escuchó en esa almidonada ceremonia anual, en la que desde las risas histéricas hasta los llantos de emoción constituyen un lamentable catálogo de efímeras actuaciones: "Me gustaría agradecer a la Academia por este premio. He invitado al resto de los nominados por documentales a subir al escenario. Están acá en solidaridad conmigo porque nos gusta la no ficción. Nos gusta la no ficción porque vivimos tiempos ficticios. Vivimos en una época donde los resultados de una elección ficticia nos dan un presidente ficticio. Ahora estamos librando una guerra por razones ficticias. Ya sea la ficción de la cinta aisladora o las ficticias alertas naranjas, estamos contra esta guerra, señor Bush. Qué vergüenza, señor Bush. Y cada vez que el Papa y las Dixie Chicks estén en contra suya, su tiempo se terminó." Dixie Chicks es una banda country. Su principal vocalista había declarado que estaba avergonzada porque Bush creció en Texas, el estado donde ella nació. Su canción Soldado en viaje es una balada contra la guerra y fue una de las más vendidas en medio de los bombardeos a Irak. En su Carta abierta de un norteamericano disidente, Moore relata: “Cuando Bowling for Columbine fue anunciada como ganadora del Oscar por Mejor Documental, el público se puso de pie. Fue un gran momento, uno que siempre atesoraré. Estaban parados y aplaudiendo una película que afirma que los estadounidenses somos gente violenta que usa sus arsenales para matarse entre sí y usarlos contra muchos países del mundo. Estaban aplaudiendo una película que muestra a George W. Bush usando miedos ficticios para asustar a la gente y hacer que hagan lo que él quiera. Y estaban honrando una película que afirma lo siguiente: la primera guerra del Golfo fue un intento de reinstalar al dictador de Kuwait. Saddam Hussein se armó con las armas de Estados Unidos y el gobierno estadounidense es responsable de la muerte de medio millón de chicos iraquíes durante la década pasada a causa de sus bombardeos y sanciones”. Cuando el cineasta iba por la mitad de su mensaje, algunos de los que estaban en la sala lo alentaron a los gritos. Desde el palco, en cambio, se escucharon algunos silbidos, pero los que respaldaban a Moore callaron a los que silbaban. Desde la sala de control técnico, el descontrolado director de la transmisión le ordenó a los gritos a la orquesta: "¡Música! ¡Música!". Pero el gordito de aspecto estrafalario ya había dicho lo que quería decir. Según el Daily Variety, al día siguiente de la entrega de los Oscar la asistencia a los cines de todo el país en los que se exhibía Bowling for Columbine aumentó un 110 por ciento. Cuarenta y ocho horas más tarde, Amazon.com recibió más pedidos del documental que Chicago, premiada como La Mejor Película. Una semana después, la ganancia en taquilla subió a un 73 por ciento, informó la revista Variety. También fue el lanzamiento comercial con más tiempo en cartel de Estados Unidos: 26 semanas consecutivas. En la semana posterior a la entrega de los Oscar, el sitio en Internet de Moore (http://www.michaelmoore.com) recibió entre 10 y 20 millones de visitas diarias. “¡Un día tuvimos más visitas que la Casa Blanca!”, relata el documentalista. “Los e-mails que recibimos fueron de apoyo y abrumadoramente positivos. Y las cartas de odio han sido desopilantes”. El cineasta, sin embargo, es realista: “Desafortunadamente, Bush y compañía todavía no terminaron. Esta invasión y esta conquista los animará a repetirlas nuevamente en otro lugar. El verdadero propósito de esta guerra fue decirle al resto del mundo: «¡No te metas con Texas. Si tienes lo que queremos, vamos a ir a sacártelo!». Para la mayoría de nosotros éste no es el tiempo para creer en un país pacífico y callado. Háganse escuchar. A pesar de lo que han conseguido [quienes gobiernan], éste aún es nuestro país”. Para la realización de su primer largometraje, Roger and me (1989), Moore persiguió con su cámara durante cerca de dos años por casi todo Estados Unidos a Roger Smith, presidente de la General Motors. Su objetivo era hacerle una pregunta: si la compañía daba superávit, por qué a principios de los años 80 había cerrado las fabricas de autos de Flint, lugar natal del realizador, dejando en la calle a 30 mil trabajadores y convirtiendo la ciudad en un pueblo fantasma. El encuentro con Smith nunca se concretó por una serie de planificados obstáculos, pero la película muestra una radiografía de la ciudad y sus habitantes, mayoritariamente ex operarios de General Motors. La cinta presenta el testimonio de cuatro familias que fueron desalojadas de sus viviendas porque no podían pagar el alquiler. El documental costó 250 mil dólares. Una parte de ese dinero provino de la venta de la propia casa de Moore en 27 mil dólares; otra, de un juicio contra un diario que lo había despedido y que tuvo que indemnizarlo con 58 mil dólares. Roger and me ganó el festival de Telluride y la Warner adquirió los derechos para su distribución en tres millones de dólares. Moore incluyó en el contrato una serie de cláusulas especiales, entre ellas que se repartieran 10 mil boletos gratis para los obreros despedidos en Flint, y que las cuatro familias desalojadas de sus viviendas fueran indemnizadas con 25 mil dólares cada una. Roger and me recibió varios premios y logró una alta recaudación, pero la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ni siquiera consideró la película para nominarla en la categoría de Mejor Documental en 1990. La siguiente producción de Moore fue The Big One, una impactante descripción de los abusos que cometen las empresas multinacionales fuera de Estados Unidos. La firma Nike, expuesta hasta los tuétanos, se vio obligada a suspender el trabajo esclavo infantil en Indonesia. Moore condujo dos programas televisivos, The Nation y The Awful Truth, con satíricos reportajes de investigación sobre la sociedad norteamericana. También es autor de varios libros: dos de ellos, Adventures in a TV Nation y Stupid White Men se ubicaron en las listas de los más vendidos. ©
Roberto Bardini
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