egún informan las agencias de noticias, el martes 7 de marzo el Parlamento de Venezuela aprobó una reforma para modificar dos de los símbolos patrios del país, aprobado por un decreto de 1954. El presidente Hugo había propuesto a fines de 2005 agregar la octava estrella a la tricolor bandera nacional y cambiar la posición del caballo blanco del escudo de armas, para que dejara de parecer “frenado” y pasara a lucir como “libre e indómito”.
Hasta ahí, la información. Ahora, un poco de historia con un final a ritmo de vals peruano:
El patriota venezolano Juan Crisóstomo Falcón (1820-1870) tenía seis años de edad cuando conoció al Libertador Simón Bolívar. Después, siguió la carrera de las armas, participó en 16 campañas militares y llegó al grado de mariscal. Fue presidente de 1863 a 1868 y se lo recuerda por dos cosas: construyó la represa de Coro, al noroeste de Caracas, que fue la primera gran obra hidráulica en el país y uno de los más grandes proyectos de ingeniería del siglo XIX, y diseñó la bandera venezolana de manera casi definitiva.
“Casi definitiva” porque la enseña patria y el escudo nacional de Venezuela sufrieron muchos cambios. En distintos periodos tuvieron franjas verticales, un sol, una luna, las iniciales del rey español Fernando VII, un cóndor (1812), dos cuernos de la abundancia con frutas y flores (1824) y una indígena que sostenía un asta con un gorro frigio (1881).
También hubo una bandera tricolor –fondo rojo y un rectángulo negro dentro de un rombo blanco– conocida como de Guerra a Muerte (1813) que parece creada por el doctor Joseph Goebels, ministro de Cultura del Tercer Reich. Esa bandera simboliza el establecimiento de la segunda republica y se conserva en el Museo Nacional de Bogotá.
Un caballito está en el escudo nacional de Venezuela desde hace 160 años. El decreto que le dio vida el 20 de abril de 1836 lo describe como “un caballo indómito blanco, empresa de la independencia”. Pero desde hace más de un siglo y medio el caballito que avanza hacia la derecha mira hacia atrás. Parece que quiere volver sobre sus pasos e irse a la izquierda.
Según el presidente Hugo Chávez ese equino no es venezolano sino “imperial”, no parece “indómito” sino “dócil” y “entregado”. El martes pasado, la Asamblea Nacional canalizó estas ideas y aprobó una reforma a la ley de los símbolos patrios que, además de agregar una octava estrella a la bandera, dejará que el caballito banco pegue la vuelta entera y que se vaya al trotecito lento hacia donde quiere.
La bandera de Estados Unidos ha sido la que más cambios incorporó, sobre todo estrellas. En 1776 una joven costurera de Filadelfia llamada Betsy Griscom la diseñó –a pedido de George Washington– con trece franjas y trece estrellas que representaban de los estados iniciales de la Unión Americana. Al año siguiente, la enseña se izó por primera vez en Fort Stanwix, estado de Nueva York. Cómo pasó esa bandera de trece a 50 estrellas es otra historia más larga y complicada que la del caballito blanco del escudo venezolano.
Y así, como en el vals peruano Amarraditos, mientras el caballito blanco se va a la izquierda al trotecito lento, Chávez “recorre el paseo y saluda tocando el ala de su sombrero mejor”. Al comandante sólo le falta una dama que “agite con donaire su pañuelo”.